«Juramento Mágico» Fic Toll de MizukyChan

Capitulo 9

Por la mañana, el rastudo despertó temprano, demasiado emocionado por estar en una tierra que por mucho tiempo consideró la más mágica del planeta, la tierra de Santa, de sus duendes, de los deseos y los juguetes que todo niño desea tener.

Miró a su acompañante en la cama cómodamente dormido, así que no se atrevió a despertarlo y decidió dar una vuelta por la casa de Bill para realmente conocerla, ya que la noche anterior, se lo pasó mirando el hermoso trasero de su gatito, moviéndose sensualmente ante sus ojos.

Se vistió sólo con su bóxer (ya se daría una ducha) y comenzó a caminar. La estructura era de madera, con troncos gruesos formando las murallas de lo que parecía una hermosa cabaña. Salió a la sala y se dio cuenta que había una chimenea encendida, se acercó al fuego crepitante, pero no estaba caliente y sólo entonces notó que allí no hacía ni calor ni frío, la temperatura era simplemente “perfecta”, el fuego era sólo un adorno.

Vio los cuadros colgados en las paredes, mostraban a los padres de Bill abrazándole con cariño, cuando él era más joven, lo recordaba bastante bien, después de todo, se conocieron desde que tenían diez años.

Y sólo entonces Tom pudo darse cuenta de que lo que Bill le había mencionado, de ser adoptado, ya que sus padres eran muy diferentes a él. Su madre, una mujer hermosa de cabellos color cobre y ojos azules y su padre, un hombre de piel oscura y ojos iguales. No había por donde sacar una similitud con su apuesto gatito. Tom sintió un ligero estremecimiento y sintió pena por él, debía ser terrible saber que fuiste abandonado por tus padres, pero inmediatamente alejó aquel trágico pensamiento.

Buscó otra habitación y se topó con la cocina, un lugar espacioso y acogedor, con una gran mesa para comer allí y varios muebles, los revisó y no halló mucha comida.

¿Te entretienes? —Oyó una voz a sus espaladas.

Bill, no quise despertarte —dijo sincero el rubio.

Lo sé, pero al no sentirte a mi lado, fue inevitable despertar —susurró el pelinegro abrazando a su novio fuertemente— ¿Te gusta mi casa?

Es hermosa —Le besó la oreja.

Es pequeña, pero tiene lo indispensable —Acarició las rastas del mayor.

Tienes poca comida, por eso estás tan delgado —Le recriminó el rastudo.

No digas tonterías, lo que sucede es que como con Lady Santa —Aclaró el moreno, pero viendo lo sorprendido que estaba el rubio, añadió—. Acaso creías que Santa estaría solo… es un hombre, necesita una esposa.

¿Lady Santa? —La mente de Tom inmediatamente imagino una ancianita de cabellos completamente blancos, muy tierna, revolviendo una gran olla con un olor extraordinario, y su estómago rugió fuertemente—. Tengo muchísima hambre.

Lo suponía… debemos ponernos manos a la obra Tomi.

Claro —Asintió el rastudo, sin tener la más mínima idea de lo que hablaba el pelinegro— ¿Qué haremos?

Iremos a desayunar con Lady Santa.

Mmm —Gimió de puro gusto al imaginar lo sabroso que cocinaría la viejita—. Genial.

Pero primero… —Puso cara de picarón—. Debo disfrazarte.

¿Disfrazarme? —preguntó incrédulo.

Claro Tomi, eres humano, ningún humano ha pisado jamás esta colonia —explicó el pelinegro, robándole un beso a Tom para tranquilizarlo.

¿Y cómo me piensas disfrazar?

De duende —respondió, yendo a su cuarto y volviendo con un estuche de maquillaje.

Está bien, confío en ti.

Bill tomó sus polvos mágicos y comenzó a trabajar en sus orejas, que eran lo que principalmente los diferenciaba de los humanos, la ropa… era secundaria. Tras intentarlo tres veces, quedó conforme con el resultado y le pasó un espejo a Tom para que apreciara su trabajo.

Wow. Son raras, lucen mejor en ti precioso —afirmó, besándolo fugazmente—. Pero se sienten bien y ¿dónde están las mías?

Ocultas, con magia, las dejaré como estaban, cuando regreses a tu mundo.

Bien y ¿ahora?

La ropa.

Antes de vestirme, quisiera darme una ducha.

Claro… te acompaño —Ofreció, tomándolo de la mano y se encaminaron al baño.

Tras ducharse y secarse, Bill chasqueó sus dedos y quedó vestido con su tradicional atuendo gatuno, Tom babeó, por lo sexy que se veía su gatito.

¿Y yo? —preguntó un tanto asustado, una cosa era ver a su hermoso duende ataviado con esas sexis prendas y otra cosa muy distinta era verse él mismo de gato, sería bochornoso.

¿Estás listo? —cuestionó el pelinegro y al ver que el rubio asentía, volvió a chasquear sus dedos.

Unas pantis verdes completamente ajustadas se adhirieron a las piernas de Tom, encima de éstas unos pantaloncillos muy cortos rojos y una playera del mismo tono brillante. El rastudo se miró y arrugó la nariz.

¡Es horrible! —comentó tratando de cubrirse, se sentía sumamente expuesto, pues estaba acostumbrado a sus ropas anchas.

Lo sé, pero son muy pocas las personas que usan otro atuendo, sólo los que son autorizados por Santa —explicó, resoplando el moreno—. Lo siento Tomi.

No te preocupes, además tengo que pasar de incognito, así que esto es lo mejor —dijo tratando de bajarse un poco el pantaloncillo, sentía que cualquiera podría verle el trasero.

Entonces… la prueba de fuego —Se tomaron de la mano y salieron de la cabaña.

No habían dado más de diez pasos cuando un hombre muy apuesto con terno negro y corbata roja los encaró. Bill se puso notoriamente nervioso y tartamudeó.

Da, Da, David… hola —Le saludó, poniéndose rojo como un tomate. Tom pensó que se estaba delatando con su comportamiento y estiró su mano en señal de saludo.

Hola, soy Tom —dijo tratando de calmar a su duendecito.

Hola —Saludó el apuesto hombre, apretando la mano del rastudo y entonces… el mundo se detuvo. Todo lo que estaba alrededor de Tom se detuvo, él miró en todas direcciones y vio la escena con la boca abierta— ¿Así que tú eres Tom? Esperaba conocerte, pero no tan pronto. Déjame decirte chiquillo que sé todo sobre ti y de tus sentimientos por Bill, sé lo que han hecho y lo que harán, y debo advertirte que pronto tendrás que escoger entre lo que quieres y lo que es correcto —El chico de rastas lo miraba fijamente, atento a cada una de sus palabras.

No pienso dejar a Bill —afirmó, completamente convencido.

No he dicho nada de eso Tom. Sólo debo advertirte… tus sentimientos son aún inmaduros, habrá grandes problemas si te descubren aquí.

No me descubrirán —Le aseguró orgulloso.

Cuida a Bill, él es muy importante para mí —Tom frunció el ceño, sus celos lo traicionaban.

No dejaré que nada malo le pase.

Lo sé —Y luego todo volvió a la normalidad, la gente volvió a moverse y el pelinegro habló.

David, él es el amigo del que tanto te he hablado.

Tom, es un gusto, pero chico —Lo miró de arriba a abajo—. Esas ropas no lucen bien en ti —Chasqueó los dedos y unos jeans oscuros y unas playeras anchas le vistieron—. No sé por qué, pero creo que estas prendas te quedan mejor.

Gracias —comentó el de rastas, complacido y cómodo con estas nuevas ropas.

Nataly está cocinando tu platillo favorito Bill, lleva a Tom a probar su mano, seguro le encantará.

Claro, para allá íbamos —agregó, sonrojado el moreno.

Y… los quiero a los dos a las cinco de la tarde en mi oficina. ¿Está claro? —Era una orden y por alguna razón Tom no pudo negarse.

Sí señor —dijeron los dos sonriendo.

Así me gusta, ahora vayan a comer, lo necesitan —Y tal como llegó, se fue. Los chicos se miraron en silencio y luego soltaron una carcajada, ese había sido un momento realmente tenso.

¿Bill?

¿Mmm?

¿Qué crees que quiso decir David Con “tendrás que elegir entre lo que quieres y lo que es correcto? —preguntó el de rastas completamente pensativo.

¿Qué? ¿De qué hablas? David no dijo nada de eso —Le aseguró el pelinegro y Tom sintió un escalofrío… lo había imaginado: no, fue demasiado real, eso quería decir que lo reconoció de inmediato, sabía que era humano y fingió delante de Bill, ¿por qué? ¿Para protegerlo? Le pidió que cuidara a Bill porque era muy importante para él… ¿en qué sentido? Otra vez sus celos.

Olvídalo Bill, vamos a comer, muero de hambre… y ¿quién es Nataly?

Nataly es Lady Santa, David le dice así, porque ella es su esposa —Le explicó el pelinegro caminando por las calles de la colonia.

Tom miró alrededor, las casas eran todas como la de Bill, cabañas de troncos, muy hermosas. De pronto algo le llamó la atención al rastudo y se detuvo en seco. Eran dos duendes enanitos.

Mira Bill —Señaló con la mirada— ¿Por qué son tan pequeños?

Es porque estuvieron trabajando mucho o practicando magia. Cuando un duende se agota físicamente por usar mucho su poder, prefiere reducir su tamaño para recuperar fuerzas más rápidamente —Retomó su camino, dándole la mano a Tom, quien seguía observando a los demás.

Al entrar al gran comedor, Tom se percató de que muchos le miraban raro y se preocupó de que le fueran a descubrir, si eso llegaba a pasar, Bill tendría muchos problemas.

¿Por qué me miran Bill? —Le preguntó al oído.

Es porque David te autorizó a usar otro atuendo, eso significa que te ha escogido —explicó el pelinegro, poniéndose en la fila.

¿Escogido? ¿Para qué?

Te enseñará magia, por eso nos citó a las cinco —respondió el pelinegro, con una tremenda sonrisa.

Hola Billucho, ¿cómo estás pequeño? —Le saludó una hermosa mujer rubia, que le extendía un plato de pasta adornado con una salsa que se veía realmente apetitosa.

Hola Nataly, estoy muy bien, mira él es Tom, el amigo del que te hablé —El de rastas le dio una sonrisa y la chica puso su rostro serio.

¿Tienes entrenamiento? —Le preguntó directamente.

Eso creo —contestó dubitativo, el de rastas.

Será mejor que les sirva doble ración —Volvió a sonreír la mujer y aumentó la cantidad de sus platillos.

Gracias —dijeron ambos y se retiraron, sin percatarse de la atenta mirada de la mujer.

Ha llegado la hora —agregó ella, apenas en un susurro.

Los chicos se acercaron a la mesa común, donde muchos duendes estaban sentados en familia, disfrutando del almuerzo. El aroma de la salsa estaba matando a Tom, quien no perdiendo más el tiempo, tomó su tenedor y probó la deliciosa comida. Soltó un gran suspiro.

Oh Dios mío, creo que morí y estoy en el cielo —exclamó, sonriendo.

Te lo dije, Nataly al ser la esposa de Santa tiene ese don, de preocuparse de la alimentación de la colonia y lo mejor es que aunque ella cocine hamburguesas con papas fritas, éstas tienen los mejores nutrientes que nos alimentan de maravilla —destacó, con la boca llena, lo que hizo sonreír al rubio.

Esto es genial, con razón su raza no quiere mezclarse con la nuestra, los humanos son egoístas —Bajó la mirada admitiendo sus palabras.

Pero aún queda gente buena —Le confirmó el pelinegro.

Sí, y vale la pena luchar por ellos, desearía poder hacer que los humanos fueran así como ustedes: más unidos, más bondadosos, que compartan y sean como una gran familia —comentó, poniendo más pasta en su boca.

Lo lograrás Tomi, algún día.

¿Me puedo sentar con ustedes? —preguntó un chico muy guapo, con un plato en sus manos, vestía unos jeans negros y una playera roja con estampado.

Claro Andreas, ¿cómo estás? —Saludó Bill, dándole espacio a su lado—. Mira, él es Tom, mi amigo.

¿El de la colonia vecina? Si te lo pasas hablando de él —comentó el rubio—. Mucho gusto —Le extendió la mano—. Soy Andreas y veo que te tendremos en el entrenamiento de hoy —agregó, señalándole la ropa diferente.

Claro, mucho gusto Andreas —dijo a modo de respuesta, apretando su mano.

Qué bueno que viniste, Bill siempre habla de ti, apuesto a que son novios —Les molestó, guiñándoles un ojo, ambos chicos se sonrojaron.

Lo somos —Confirmó Tom y apretó la mano del pelinegro.

Lo sabía —Rió el rubio—. Miren allí está Andrej —Hizo señas a una guapa chica que vestía un traje tradicional de santa, pero en lugar de pantalones, llevaba una faldita roja, cortita. Tom se confundió al ver el atuendo femenino y al escuchar el nombre masculino.

¿Es chica o chico? —preguntó con la boca llena, Bill se atoró.

Andrej es especial —Explicó el rubio—. Es hombre, pero le gusta ponerse esa ropa y como es tan lindo, todo le queda bien —Suspiró.

A Andreas le gusta —susurró Bill y el rubio se ahogó con su comida.

¡Bill! —Le reprendió.

¿Qué? Es cierto —El rubio se sonrojó y los tres rieron. A lo lejos el tal Andrej los vio y se acercó a ellos, fijándose minuciosamente en el de rastas.

Hola —Saludó a los tres— ¿Vienen al entrenamiento, esta tarde?

Sí, todos a las cinco —Habló el rubio.

¿Y tú? —preguntó el recién llegado al de rastas.

Soy Tom —Se presentó y le extendió la mano. El chico la tomó y la acarició con el pulgar, Tom se sonrojó y lo soltó.

¿Eres el amigo de Bill? —Le preguntó con interés.

Es su novio —Aclaró Andreas.

¿Novio? ¿Acaso puedes? —Miró fijamente al pelinegro.

Eso no te incumbe Andrej —Se defendió Bill.

Hey, mejor terminemos de comer en paz —Pidió el rubio y todos se enfocaron en sus platos. Después de terminar todos los chicos se pusieron de pie y salieron del comedor.

Bueno chicos, debo ir a hacer mis deberes —Anunció Andrej.

¿Quieres que te ayude? —Se ofreció Andreas.

Claro.

Tom y yo iremos a dar una vuelta antes de ir con David —Anunció Bill, todos asintieron.

Desde atrás de un árbol un hombre alto con mirada decidida, fijaba su atención en el joven de rastas.

Esto es… imposible —Gruñó arrugando el ceño.

& Continuará &

¿Quién es el hombre misterioso? ¿Qué es lo imposible? ¿Por qué David fingió no reconocer a Tom? ¿Y por qué lo citó al entrenamiento? ¿Le hará algo, por ser humano? ¿Lo descubrirá delante de todos? ¿Qué quiso decir con esa frase misteriosa? Todo esto y más en el próximo capítulo >.< nos leemos. Y están invitados a comentar.

por Mizuky

Escritora y traductora del fandom

Un comentario en «Juramento Mágico 9»
  1. Esta es mi parte favorita, cuando llegan a la colonia y aparecen nuevos personajes y situaciones.
    Recuerdo que Andrej no me caía bien pero ahora es diferente que ya se como es él realmente y lo que hace después.

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