Fic Twc de novaficacci. Temporada I
Cap 19: Verliebtheit
Dos semanas pasaron desde que Tom piso al pez piedra y subieron al monte con dios. En todo ese tiempo Bill había cuidado de su hermano. En cuanto se aseguró de que estuviera fuera de peligro y cómodo, bajo a la cueva donde se había estado hospedando su otra parte, recogió todas sus cosas, y volvió con ellas. Desde ese día no había capricho que el menor no le concediera a su gemelo, sentía que era su culpa, y como lo era, debía enmendar ese error. Fue una cosa que hizo muy bien, al final de las dos semanas, Tom podía caminar perfectamente, ya no dolía. Comía y dormía bien. Además ya no tenía fiebre ni nauseas. Estaba completamente curado. Aunque la enfermedad le había dejado huella, su rostro era más fino y anguloso a causa del peso perdido, pero eso no le afectaba y no era algo que no se pudiera arreglar. Por eso, en cuanto el enrojecimiento en la planta del mayor se borró totalmente, salieron a hacer una de las cosas que más amaban: nadar.
En el tiempo que Bill cuidó del otro no hubo peleas, en su lugar hubo mimos, caricias… y besos, los que comenzaron como un agradecimiento por parte del mayor, y se fueron tornando en algo natural y usual. A Tom esto ya no le extrañaba, pero detenía las cosas cuando Bill comenzaba a hacer «cosas extrañas».
Salieron corriendo de la casa tomados de la mano, cosa que se les había hecho costumbre. Las figuras se hundieron en la clara agua y ahí fueron despojándose de sus ropas, como cuando eran niños. Pronto, comenzaron a juguetear. Bill escapaba cuando su hermano trataba de tomarlo por los pies, y éste a su vez, huía de los brazos del otro cuando lo rodeaban por la cintura.
A pesar de que Tom había adelgazado, seguía siendo el que más dominaba, en cuanto a quién tenían que cumplirle sus caprichos se refiere.
En dado momento, ambos se dispusieron a jugar a las «atrapadas» y fueron nadando por el arrecife, procurando alejarse del fondo, los peces les rehuían, y si acaso el mayor pisara otro de aquellos peces, moriría seguramente. Y fue éste, quien temiendo por su vida, decidió llevar el juego a otro plano. Salió corriendo del agua, tal como entró, y se abalanzó contra los arbustos, aunque al final no sirvió de nada escapar. Justo cuando se detenía para tomar un respiro, la alta figura de Bill lo derribó por la espalda, y Tom azotó con violencia sobre las hierbas. Solo en ese momento, al menor se le ocurrió la idea de que podría haberle hecho daño, y rápidamente se hinco para dejar de aplastarlo. Pensó que su gemelo se levantaría molesto, pero éste se dio vuelta riendo a carcajada limpia.
Bill quedó absorto mientras veía el rostro alegre de su hermano. Su sonrisa resplandecía. Su voz grave se volvía aguda con cada carcajada. Sus ojos avellana, idénticos a los suyos brillaban. Y sus mejillas estaban teñidas de rojo. Tom, cuando se dio cuenta de cómo lo miraba su hermano, calló y se puso serio. El menor miró los labios del otro, luego su rostro y lentamente fue acercando su rostro al del otro, que automáticamente cerró los ojo. Sus labios se unieron en un dulce beso.
Comenzaron a restregar sus labios enérgicamente, hasta que se separaron por falta de oxígeno.
– ¡Ya no puedo respirar! – se quejó el mayor con una risita.
– ¡Oh, no te dejaré! – le advirtió el otro y se lanzó a morder juguetonamente su cuello.
Ambos reían y se retorcían por el control… hasta que Bill se separó y lo miró a los ojos, entonces todo se volvió silencioso, sus respiraciones se agitaron.
– Siento algo extraño en el estómago – dijo Bill.
– Yo también – confirmó su hermano mientras miraba sus labios.
Pasó un minuto antes de que alguno dijera algo. Fue el menor el que rompió el silencio.
– Mi corazón late muy rápido.
– El mío también – respondió apuradamente.
No se dijo más. Bill preguntó si podía con la mirada, y fue Tom quién le dio luz verde del mismo modo.
Bill se fue acercando, lentamente por si acaso su hermano se arrepentía, hasta que finalmente estrello su boca con la del otro, quién le rodeó el cuello con ambos brazos.
– Te quiero a ti, Tom – anunció y con cuidado apoyó todo su peso en el cuerpo de su gemelo, quién por instinto abrió las piernas, y lo abrazó con ambos brazos.
– Bill… – susurró cariñosamente.
–Siempre… quise que pudiéramos abrazarnos de esta forma – le confesó escondiendo el rostro en su cuello. Luego se separó un poco y lo beso de nuevo, para reírse cuando se apartó – también siempre quise besarte – comentó con una sonrisa. Tom solo se sonrojó.
– Mm… ahh… – gimió el mayor cuando, la besarse de nuevo, la punta de la lengua de Bill acarició el interior de sus labios, suavemente.
Ambos estaban muy sensibles, y sólo con ese gesto, el rastudo dejó la boca abierta, para que su hermano pudiera recorrerla a su antojo. Tom había bajado sus manos, las cuáles descansaban en la hierba, pero al besarse, Bill tomo una y la guio hasta su espalda, donde el mayor sujetó fuerte y le pegó más hacia sí mismo. Aquel beso le estaba volviendo loco, algo entre sus piernas se sentía caliente, como cuando pensaba en ambos abrazándose y besándose de esa manera, solo que ahora… no podría pararlo. Y volvió cuando el vientre del otro le rozó la punta de su excitación.
Las manos de Bill le acariciaron el pecho, hasta que llegaron a su cintura, donde descendió para tocar con más libertad su vientre. Conforme las manos del menor acariciaban la piel desnuda y erizada, Tom soltó un suspiro.
– Ahhh… – le siguió el ritmo el menor, comenzando a mecerse sobre él.
Bill separó sus labios, y después de lamer su labio inferior, acercó su rostro al cuello el mayor. Comenzó a besarlo ahí, mientras respiraba en su garganta y acariciaba repetidamente la piel desnuda de su pecho. El movimiento era suave pero impaciente, y aceleraba el latido de ambos.
– Tu cabello… aún está húmedo – dijo Bill contra su garganta, antes de lamer su clavícula.
– Ah… – suspiró de nuevo el mayor. Aquello se sentía muy bien. Bill parecía tener algún tipo de experiencia.
Claro, Bill la tenía, en su mente, cada día que imagino lo que hacían. Pero Tom tenía que responder, tenía que hacer algo… subió las manos y trazó cada músculo del abdomen de su gemelo, hasta que llegó a su pecho, dónde tímidamente pellizco ambos pezones, aún suaves, lo que causó que el menor gimiera cuando Tom lo tocó ahí.
Mientras el rastudo tocía levemente su pezón con los dedos, posó su boca sobre los labios de Bill. Los minutos pasaron y su piel comenzó a humedecerse a causa del calor. El menor se separó y observó el cuerpo desnudo de su gemelo, especialmente esa parte, que ya se alzaba vigorosamente. Aquella mirada le causó vergüenza a Tom.
–… ¿Pasa algo? – preguntó dudando.
– No – sonrió – es que… estoy ansioso…
Ambos rieron, nerviosos, y se arrastraron un poco más hacía lo más tupido de las hierbas. Bill se inclinó por completo y Tom lo recibió con gusto entre sus piernas. Sus miembros ya estaban erectos y goteando levemente. Era hora de continuar… pero ninguno de los dos sabía cómo.
– Acércate más… – pidió Bill.
Aunque lo pidiera, ya estaban lo suficientemente pegados como para juntar sus rodillas.
– Tengo que subirme… a tus rodillas.
– Está bien, hazlo.
Tom, obediente, se acercó, y sus caderas rozaron las de su gemelo, pero desvió la mirada, de nuevo con vergüenza. En ese momento Bill rodeó con una mano los miembros de ambos y comenzó a frotarlos.
– ¡Ahh…! – gimió el mayor.
Tenían calor, estaban ansiosos, y cuando comenzó a tocar, sus miembros se endurecieron aún más. Cada vez que Bill movía su mano, un agradable hormigueo envolvía las piernas del rastudo.
– Hey… ¿se siente bien? – preguntó con una sonrisa.
– Creo… hah… que sabes qué se siente… – Bill presionó sus erecciones y la saliva goteo fuera de la boca de Tom. El placer crecía poco a poco en sus caderas. Pero de repente detuvo el movimiento.
– ¿Eh? – Tom alzó la mirada, y vio a su hermano pensativo… seguramente pensaba en cómo continuar, en cómo calmar ese calor sin consumar.
Finalmente sus ojos brillaron al observar el cuerpo de su gemelos y se llevó dos dedos a la boca, donde los lamió y ensalivo.
– ¿Qué…? – le cuestionó, pero este siguió lamiendo sus dedos.
De repente se inclinó y sujetó con fuerza sus caderas.
– ¡Wahh! – se sorprendió al sentirse caer de espaldas, pero eso no pasó.
Bill abrió sus piernas un poco más y colocó una de sus piernas en su cadera, para irrumpir entre sus muslos. Por fin Tom comprendió para qué hacía eso.
– Eh… ¿eh? Bill espera un momen… ¡ghhh! – trató de cerrar las piernas, pero fue muy lento.
Uno de los dedos húmedos de Bill irrumpió en su entrada y comenzó a acariciarlo por dentro. Pudo sentir algo suave y cálido entrar en él.
– Mmm… gh… ahh… – era vergonzoso, mucho, pero no quedaba más, que sujetarse con fuerza de las hierbas que lo rodeaban. Aunque no era del todo desagradable, a pesar de que le dolía un poco.
Bill trató de hacerlo olvidar esa vergüenza con movimientos gentiles de su lengua en su boca. Aquello hizo efecto. Tom estaba nervioso al principio, pero aquellas caricias pacientes que le brindaba su gemelo, después de unos minutos le hicieron gemir.
– ¡Bill! – gimió y le abrazó con fuerza.
El menor, al observar esa reacción, metió un dedo más, y luego otro. No entraban con tanta facilidad, pero tampoco era difícil, se deslizaron muy bien. Tom se excitó de nuevo y comenzó a gemir más fuertemente, su voz se tornó aguda.
Poco a poco se fue relajando y los tres dígitos que tenía adentro se movieron con facilidad. Se podía sentir lo caliente y pegajoso que estaba por dentro. Los dedos dentro de él se movieron contra sus paredes, y el placer que estos habían despertado, hacía arder sus caderas.
– Bill… hah… hazlo… – pidió, sin saber exactamente qué era lo que pedía.
Este no contestó, y por un momento el mayor dejó de sentirlo, sólo por un momento, hasta que sintió algo caliente contra su entrada, luego gimió agudamente cuando Bill entró en él. Su mirada se tornó curiosa, así que eso era lo que seguía…
El calor del menor se sentía intenso dentro de Tom, al punto que este llego a pensar si eso estaba bien, y si llegaría a quemarlo, cosa que no sucedió. Bill le sujetó de la cintura. El corazón de Tom se aceleraba y su nerviosismo aumentaba conforme pasaban los segundos y Bill seguía inmóvil en su interior.
– Ha… – suspiró el menor en cuanto se encontró dentro.
Bill tomó una de las piernas de su gemelo y la puso sobre su hombro, mientras, el mayor lo observaba con los ojos entrecerrados y la boca abierta y ansiosa. Entonces Bill comenzó a moverse lentamente. Tom podía oler el aroma del agua salada mesclada con el sudor de su hermano, eso lo encendía.
– Ah… ah… ah – suspiró con cada pequeña estocada.
Suavemente, Bill rozó sus paredes, mientras empujaba profundo, y su vientre tocaba la punta de miembro erecto cuando presionaba. Cada vez que lo hacía el interior del mayor se estremecía, y sus caderas ardían.
Los dedos de Bill se enterraban en los muslos de Tom cuando sus caderas presionaban. El sonido de la hierba se hizo más fuerte. También el sonido de la piel golpeando contra la piel, los sonidos húmedos de la penetración y los gemidos de Bill. El pre-semen del mayor se derramaba de la punta de su miembro y el calor le recorría la entre pierna por completo mientras flechazos de placer le subían a ambos por la columna.
Sus lenguas se entrelazaron en otro profundo beso, antes de que Bill volviera a moverse sobre su hermano. Acarició el miembro de Tom, sumiéndolo de nuevo en el calor, sus entrañas. Empujo sus caderas hacia él y comenzó a concentrarse en la sensación de estar en su interior.
– Hah… hah… – jadeaba con cada estocada.
Cada vez que el menor se movía dentro del otro, sus ojos se entrecerraban, embelesados. Ambos lo estaban disfrutando mucho.
Los ojos del rastudo se llenaron de lágrimas y su voz se tornó aún más aguda cuando su gemelo golpeo el éxtasis en su cuerpo.
– ¿Aquí? – preguntó dándose cuenta de su reacción, y embistió de nuevo en ese punto.
Tom cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza. Se estremeció cuando lo golpeó ahí, se sujetaba con fuerza a las hierbas cada vez que gritaba.
– ¿…Lo sientes?
Cada vez que entraba en él, sentía un sofocante placer. Respondió a la pregunta de su hermano con varios gestos y gemidos. Cuando le golpeaba ahí no podía pensar en nada más. Se sentía muy bien. Sentía que sus caderas terminarían por derretirse.
El miembro del rastudo se endureció nuevamente, Bill levó una mano ahí para ayudarlo, y ésta se mojó con el líquido trasparente que goteaba.
– Ah… – gimió el menor al sentir como el interior de su gemelo se contraía – Se siente muy bien… dentro de ti… – jadeó con los ojos cerrados.
Bill continuó embistiendo, y Tom estaba a punto de correrse; su cuerpo y su mente se sentían como si fueran a estallar, era casi doloroso.
– Ah… Bill… y-ya…
– ¡Mmgh! – Gimió y bufo, antes de sujetar las rodillas de su gemelo.
Cada vez que Bill golpeaba al mayor, como grandes oleadas, este clavaba desesperadamente los dedos entre las hierbas y la tierra. Bill tomó su miembro, justo antes de eyacular y lo acarició. De repente Tom sintió una enorme oleada de placer que crecía en sus caderas. Entonces gimió lo más fuerte que sus pulmones le permitían, con los ojos cerrados y el sudor empapando su piel. Se vino. Sus caderas se sacudieron y el semen salió de la punta de su erección en gotitas, que fueron a parar a su pecho y al de su hermano.
– ¡Ghhh…! – el gesto de excitación de Bill cambió por un segundo a uno de pánico. No sabía que era eso que salía de su miembro cuando terminaba, y no le parecía correcto dejar aquello dentro de su hermano… aun así aumentó la velocidad de sus embestidas y sujetó sus piernas con fuerza, cuando estuvo a punto de correrse, se detuvo y salió de Tom, eyaculando entre sus muslos.
– Hah… ah… – jadeó el mayor, sumamente cansado de haber visto el cielo por primera vez en su vida.
El sonido de sus jadeos llenó el espacio y Tom abrazó con cariño a Bill, aun en lo alto del clímax. Este acarició su enmarañado cabello y le devolvió el abrazo. Ambos supieron que de ese momento en adelante, podrían superar todos sus problemas, y que no habría más peleas.
No se dijeron más palabras. Después de eso, se quedaron un rato tendidos ahí en la hierba. Tom trazaba los rasgos de su hermano con sus dedos, mientras tenía una sonrisa en su rostro. Bill sonrió también y se movió hacia un lado, para recostarse sobre su espalda con las manos bajo su cabeza. Tom se volvió y se apoyó en un codo, para mirarlo a la cara. Bill subió una mano y colocó una rasta salida de su lugar detrás de la oreja del otro.
– Te amo Tom – dijo seria y dulcemente.
– Te amo, Bill – contestó este de la misma manera.
– Creo que tenemos que ir a bañarnos – sonrió con malicia – tienes algo entre las piernas – se burló de todo el semen que cubría al otro. Se levantó y se fue corriendo.
– ¡Idiota! – gruño el mayor y fue tras él.
Continúa…
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