La laguna azul 22

Fic Twc de novaficacci. Temporada I

Cap 22: A través de los meses

Tom quedó de piedra, con el ceño fruncido y los labios entre abiertos. Sin embargo los ojos delataron sus sentimientos interiores. Estos comenzaron a llenarse de lágrimas, hasta que estas se derramaron y cayeron por sus mejillas. El rostro de Bill se descompuso ante ese gesto de su hermano.

– ¡No! – gritó el mayor de pronto – ¡No, no puede ser un bebé! – Se levantó y comenzó a pasear por la habitación – Seguramente es otra cosa – dijo seriamente – tal vez estoy enfermo.

– ¿¡Por qué lo niegas!? – preguntó el menor, enojado. Se levantó y empezó a seguir a su gemelo.

– ¡Porque es imposible! – le respondió bruscamente y lo empujó.

– ¡Sabes que es posible, y que estás esperando un hijo mío! – Bill ignoró el empujón y siguió detrás de él.

– No. ¡No! – gritó desesperado el de rastas y salió corriendo hacia ninguna parte en específico.

El otro se quedó un momento en su lugar y un segundo después siguió a Tom lo más rápido que pudo. El mayor no pudo avanzar mucho, Bill lo alcanzó en la línea de helechos que dividía la playa de la selva. Le dio alcance y lo tomó lo más gentilmente que pudo de la cintura.

– ¿¡Que te pasa Tom!? ¡Me asustas!

– ¡No recuerdas nada de lo que nos dijo David! – le reprochó mientras luchaba por soltarse del abrazo, cosa que finalmente logro, pero ya no huyó, dio la vuelta y encaró a su hermano – ¿¡No lo recuerdas!?

– ¿De… que? – preguntó éste, dudando.

– ¡Tendrás que abrirme como a un maldito pescado! – explotó y luego cayó sobre el césped, sollozando.

Bill quedó estupefacto, con el ceño fruncido, tratando de comprender lo que el otro le había dicho. Momentos después las palabras de Jost llenaron su cabeza. Recordó lo que les había dicho cuando eran apenas unos niños.

«– Vaya, vaya, pues sí que están informados ustedes dos ¿les dijeron algo más?

– Sí… que los hombres también podían quedar embarazados. Nos lo dijo cuando vimos a dos hombres que se paseaban por la calle tomados de la mano.

– ¿Es eso cierto, señor Jost?

– Sí, pero es muy peligroso.

– ¿Por qué?

– Pues verán. Cuando una mamá se embaraza, el bebé comienza a crecer en su estómago y luego sale naturalmente… por dónde tiene que hacerlo.

– ¿Por dónde?

– Y entonces no hay problema. Pero, cuando un hombre se embaraza, solamente puede hacerlo y el bebé crece dentro de su estómago y aunque en el transcurso de esos nueve meses no pasa nada malo, cuando llega el momento de que nazca no se puede, porque el cuerpo de los hombres no está hecho para tener bebés a pesar de que pueden concebirlos. Así que un médico tiene que abrir con una navaja especial la barriga del padre y sacar al bebé por ahí.

– ¡Suena horrible! – dijo Tom.

– ¡Suena muy complicado! – dijo Bill.

– Créanme, lo es…»

Por primera vez el menor fijo su vista en su gemelo, quien se hallaba a sus pies abrazando sus propias piernas, y lo observó con compasión, y con dolor. Porque justamente después de recordar las palabras de David, rememoró el momento en que éste se cortó una pierna y tuvo que coserla.

– Lo lamento, Tom – le dijo con toda su sinceridad.

Se hincó y abrazó fuertemente a su gemelo, quien sorbió con la nariz y se pasó el dorso de la mano por el rostro para limpiarse.

– Yo también lo siento… es que – hipó – me has tomado por sorpresa.

– ¿Estas alegre por el bebé? – preguntó Bill, esperanzado.

– ¡Claro que sí! – le respondió con los ojos rojos y la nariz tapada – Pero estoy muy asustado – confesó y apretó el brazo del otro que lo rodeaba.

– No te preocupes, ya lo hice una vez, y con seguridad volveré a hacerlo. En menos de lo que piensas tendrás al bebé en brazos y todo habrá acabado.

– Pero te olvidas que antes de eso son nueve meses… bueno, tal vez menos – la conversación le sentaba bien, al menos ya había dejado de llorar.

Bill sonrió y solo atinó a llevar su mano hacia su vientre, ligeramente abultado.

– ¡Ahí está! – Exclamó con alegría – Se mueve.

Tom también sonrió y cubrió la mano de su gemelo con la suya. Ambos lo sintieron moverse y se quedaron unos cuantos minutos ahí, sintiendo como ese pequeño ser se movía dentro de su vientre. Maravillándose por ese pequeño aspecto de su vida. No sabían exactamente por qué, pero aquella bolita les hacía muy felices.

– Biiill… – interrumpió el silencio.

– ¿Quéeee?

– Tengo hambre.

Bill rio y le dio un beso en la mejilla, antes de ponerse en pie e irse en busca de algo que comer, lo cual no sería fácil, ya había oscurecido. El mayor se quedó con una sonrisa en sus labios y se tedió por completo sobre el césped.

Unos minutos después regresó el menor con algunas frutas en sus brazos y encontró a su gemelo profundamente dormido. Le sobrevino una pisca de ansiedad, ¿se había quedado dormido? ¿Se había desmayado? No parecía tener ninguna herida, así que lo más probable era que se hubiera quedado dormido. Soltó un largo suspiro y fue a la cabaña para dejarse libres los brazos, luego regresó por Tom. Lo tomó en brazos y lo llevó directamente a dormir.

&

Y los meses fueron corriendo rápidamente mientras la barriga de Tom crecía cada vez más.

Cuando cumplió los seis meses, las marcas de su abdomen habían desparecido casi por completo y su barriga se hacía notar. A menudo éste contemplaba su reflejo en el agua y torcía el gesto mientras se colocaba las manos en su cintura.

– ¿Qué sucede? – le preguntó Bill un día.

– Me veo gordo – exclamó este con tono ofuscado.

– Vamos, eso no es cierto – quiso animarlo. Tom lo miró como diciendo «¿estás bromando?» en señal de que sabía que no era cierto. – Bueno, tal vez un poco, pero eso no te hace menos atractivo – El mayor bufó y puso los ojos en blanco. Eso de haber perdido su figura lo frustraba un poco. Y sin embargo lo superó.

A los siete meses, Tom comenzaba a sufrir la tortura del peso de su barriga. Las náuseas y la fatiga que sentía en los primeros tres meses fueron despareciendo. Aunque aún seguía desmayándose a veces.

Cuando ambos le hablaban al bebé, éste comenzó de repente a moverse a todas horas, a dar patadas y golpes desde dentro. Una vez, cuando acaba de despertar, Tom acarició su vientre y se sorprendió al encontrarlo… deforme. Casi da un grito, pero sus ánimos se calmaron al ver que solo era una pequeña manita, que se marcaba en su piel. Despertó a Bill rápidamente y éste se sorprendió tanto, que segundos después comenzó a llenarlo de besos, visiblemente feliz.

La cuestión sentimental también fue algo interesante. El mayor comenzó a sentirse ansioso. Le parecía que ya llevaba demasiado tiempo en ese estado, eso lo ponía ansioso.

La ropa comenzó a quedarle pequeña, y tuvo que cortar varias sábanas para poder hacerse prendas más holgadas.

También, durante este mes, sin razón alguna, comenzaba a sangrar por la nariz. Este hecho los preocupo a ambos durante muchas horas, hasta que lograron comprender que era algo normal.

Tom aumentó considerablemente de peso, independientemente del tamaño de su barriga. Ya que demandaba más comida. Esto lo avergonzaba, porque aunque no quisiera comer nada más, su cuerpo se lo pedía. Simplemente no podía quedar tan fácilmente satisfecho.

Sus piernas se hincharon un poco, tan poco que sólo él, que conocía su cuerpo lo notó. Bill jamás fue enterado de esto. Otra cosa que también se hinchó, fueron sus pectorales. Parecía mucho más musculoso de lo que realmente era. Esto compensó el hecho de haber perdido su figura.

A veces tenía cambios de humor bruscos, aunque esto ya no fue sorpresivo para ninguno de los dos. Podía estar riendo un minuto, y al siguiente se tiraba mortalmente al drama. Y Bill trataba de tener paciencia, a sabiendas de que no podía hacer nada con eso.

Otras veces Bill le decía algo y Tom no prestaba atención. Se peleaban comúnmente por eso, nada de gravedad. Esta falta de atención también era algo común en el embarazo, y Bill terminó por aceptarlo, y prefirió repetirle lo que estaba diciendo a su gemelo, en lugar de enojarse.

Estas peleas se compensaron con los gestos que tenía el menor por las noches. Cuando ya se recostaban, acostumbraba a decirle al bebé que lo quería, y que ya vería lo hermoso que era el mundo con sus propios ojos. Este respondía con pataditas, y una que otra vez, con antojos raros. Como esa vez que a media noche, Bill tuvo que ir a buscar piñas y kiwis.

Tom aún podía caminar por sí solo, pero cada vez fue más difícil. También se puso a reflexionar, sobre cómo sería cuando ya lo tuviera entre sus brazos ¿Qué se sentiría ya no tenerlo dentro. Ya no sentir sus pataditas? Sería diferente, pero también algo nuevo. Sería bueno. Confiaba en Bill para… abrirlo, irónicamente hablando. Él era un padre bastante cariñoso. Cada antojo que Tom tenía, él se lo cumplía. También le hablaba al bebé, y le cantaba. Trataba de acariciarlo a través de la piel de su vientre ¡Y el bebé respondía! La piel de su vientre se estiró y se endureció un poco. Su ombligo se botó hacia afuera. Esto le causo risa a ambos y se pasaron horas enteras volviendo a sumirlo, y viendo como salía de nuevo. Su espalda dolía horrores, por eso ya no salía de la cabaña casi nunca. Prefería estar tendido sobre el lecho que compartían.

El dolor que sentía cuando tenían sexo se fue, y pudieron hacerlo de nuevo, aunque con mucho cuidado. Los movimientos que hacía Bill detrás de Tom (cambiaron de posición, el vientre del mayor les estorbaba) eran lentos, pero llenos de energía, que los hacían llegar al clímax tan placenteramente como antes del embarazo.

Al octavo mes no hubo muchos cambios… pero le sobrevino uno muy importante.

A veces, si se movía o hacía alguna cosa en específico le dolía, sí, le dolía el vientre. Era un dolor leve que se le pasaba a los pocos segundos. Estos dolores le preocupaban a ambos, pero como todo, supusieron que era normal.

La barriga le picaba horrores, pero algo le decía que si quería conservar su piel intacta, no se rascara. Así que pasaba mucho tiempo concentrándose solo en aguantar aquella comezón.

Al llegar al final de ese mes ya se sentía ansioso, más ansioso que de costumbre, porque había entrado a su último mes… eso también lo asustaba.

La «cuna» del bebé fue producto de su ansiedad. Casi golpea a Bill cuando lo obligó a crearle una cuna. El menor encontró una tortuga muerta del otro lado de la costa. Quitó su piel y lavó el caparazón, que cubrió con algunas hojas de palmera y con la tela más suave que encontró. Esa sería la cuna del bebé. También fue obligado a crearle ropa, aunque esta no fue abundante, puesto que Tom concordó con su gemelo en que no sabían si le quedaría.

Ya por las noches le costaba trabajo dormir, sobre todo por la actividad que la cría tenía. Para estos momentos estaba Bill, quien con sus cantos lograba apaciguar al bebé y con esto también a su amante.

Tenía calambres en las piernas. Y dolor de cabeza. Se mareaba. Y a veces le costaba trabajo respirar. En estos casos, solo cambiaba de posición. Esto se debía a la presión que su vientre hacía contra sus pulmones. Aunque también se debía a los nervios. Faltaba muy poco. 

Quien diría que finalmente, dos semanas después, justamente cuando llegó al mundo, Bill conocería el porqué de la prohibición que había hecho David años atrás. Sobre el fantasma que residía ahí. Y conocería finalmente a los que provocaban el sonido de tambores cada luna llena. 

Continúa…

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por novaficacci

Escritora del Fandom

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