La laguna azul 27

Fic Twc de novaficacci. Temporada I

Cap 27: Y el tiempo siguió corriendo

Bill se sentó tranquilamente con el bebé en brazos, acariciándolo y mirándolo como el ciego que ve el sol por vez primera: con adoración. Embelesado por completo. Feliz. Y admirando cada uno de los detalles de su piel. Sus deditos, las uñas diminutas que había en ellos. Sus ojos, idénticos a los de él. Sonrió y pasó sus labios por la piel del brazo del bebé, a modo de juego. Su piel blanca era suave, lo más suave que había sentido en su vida. Se dedicó a juguetear con las manitas del bebé. Su manita apenas alcanzaba a rodear el pulgar del mayor. Bill lo observó con mucho cuidado y lo manipulo como si de un jarrón de porcelana, de la dinastía Ming se tratase.

Aunque el menor no era el único que gustaba de adorar a su bebé. Tom era aún más minucioso con sus caricias. Se inclinaba y besaba los párpados del menor, o tomaba uno de sus piecitos y soplaba sobre su planta, haciendo un ruido raro, sonriendo.

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Fue la vez en que ninguno de los dos tenía ninguna intención de salir, que Bill decidió prestarle atención a su llamado físico, que le pedía otra cosa más que solo su palma y su imaginación.

Tom mecía a David mientras lo alimentaba, y el menor se encargaba de juntar leña para hacer un pequeño fuego dentro de casa. Su atención se desvió hasta su gemelo, que mantenía al pequeño contra su pecho.

A Bill se le cayeron los maderos de las manos mientras contemplaba al otro. Tragó y se acercó a Tom y acarició su hombro. El mayor le dejó, no era la primera vez que le demostraba su afecto así… pero Bill se inclinó y comenzó a besar su piel mientras que su mano bajaba suavemente por su costado para pasar por su cadera y finalmente hundirse en su entrepierna.

– ¡Bill! – le llamó, con sorpresa.

Hacía meses que no hacían nada. El cuerpo del mayor reconoció a su hermano y reaccionó a él. Se inclinó y dejo al bebé en su canasta. Entonces se volvió y encaró al otro, con los ojos encendidos. Bill se acerca gateando y coloca su mano sobre la del rastudo. En el momento en que la toca, el corazón del menor parece querer salir de su cuerpo.

El menor acortó la distancia y besó los labios de Tom, suavemente, apenas rozándolos. Sintió como la temperatura de su cuerpo comenzó a aumentar. Bill estrechó sus dedos.

– Te amo – dijo en un susurro.

Un cálido invadió el pecho del mayor y exhaló nerviosamente. Bill tomó la iniciativa y le besó de nuevo mientras lo obligaba con su cuerpo a tenderse sobre el suelo. Pronto el menor comenzó a mordisquear sus labios.

– ¿Estás bien? – Preguntó el menor – No quiero presionarte.

– ¡Cállate! – dijo con voz ronca y le tomó del largo cabello rubio, que le llegaba a los hombros, y le invitó a besarlo de nuevo.

Alternando sus labios, otras veces chupándolos, Tom sintió cómo las sensaciones crecían ahí, un poco más debajo de su ombligo. Bill tomó el rostro del mayor con ambas manos y buscó su lengua, entregándose por completo al beso. Mientras lo besaba, bajó una mano hacia su trasero. Tom se sorprendió un poco y se alejó unos centímetros, nervioso por lo que iba a pasar, después de mucho tiempo.

– Supongo que quieres que me detenga – dijo el menor, algo decepcionado.

– ¡No lo hagas! Es sólo que… – Bill rio al escuchar sus palabras.

– Se de lo que hablas.

El de rastas no dijo nada más, y permitió que su hermano deslizara por sus largas piernas, la única prenda que lo cubría. Luego se llevó velozmente dos dedos a la boca, para lamerlos, mientras el mayor observaba directamente cómo lo hacía. Los separó por fin, después de algunos minutos, de su boca, y los llevó a su destino. Tom se tensó un poco al sentir cómo se introducían.

– ¡Ngh! – se quejó y rodeó el cuello de su amante con los brazos.

En primera instancia le produjo algo de dolor, pero le deseaba, quería seguir.

La otra mano de Bill tomó su miembro, que comenzó a frotar suavemente, y alzó el rostro para besarlo, juntando sus lenguas.

Segundo a segundo la sensación de incomodidad que le producían los dedos del menor, desapareció. Poco a poco su cuerpo se relajó, y no pudo reprimir sus gemidos cuando sintió cómo comenzaba a meter y sacar los dedos. La habitación entera se llenó con el aroma propio del sexo.

– Está… muy caliente aquí dentro – le susurró en el oído con voz afiebrada. Tom frunció el ceño y le soltó un puñetazo en un hombro, pero no dijo nada.

Bill siguió masturbándolo y preparándolo, lo suficiente para convencerse que no iba a lastimarlo de ninguna manera si entraba en él. Después de unos minutos, cambió de dos dedos, a tres, y se abrió paso poco a poco dentro de su cuerpo.

Todo el espacio se llenó de los sonidos húmedos y los jadeos reprimidos de Tom, quien estaba muy mojado en su parte inferior, ansioso por el siguiente paso.

– ¡Haah…! – el mayor soltó un jadeo cuando los dedos de su hermano finalmente salieron de él – ¿B-Bill? … Quiero que lo hagas cómo antes… fuerte…

El menor abrió con sorpresa los ojos, jamás el otro le había dicho tales cosas.

– Parece que tú lo necesitaste más que yo – dijo sonriendo, y le acarició una mejilla.

– Tan solo… date prisa, quiero… hacerlo – le apresuró, mientras desviaba la mirada, totalmente avergonzado.

El menor nada dijo, pero se deshizo de la prenda que lo cubría a él también, y que estaba estorbándole desde hacía un rato. Tom abrió las piernas y el otro se dejó caer suavemente sobre su cuerpo, apoyando su peso con cuidado.

– ¡Ngh! – el mayor podía sentir la erección de su gemelo contra su entrada, lista, hinchada y mojada, ansiosa. Tom se tensó al sentir de nuevo el tamaño tentativo del miembro del otro contra sí. Pero no era el único en ese estado, Bill también estaba nervioso, entonces comenzó a introducirse en el cuerpo del mayor.

Tom se estremeció conforme avanzaba, porque podía sentir como se abría paso dentro de su cuerpo. Bill tuvo que luchar por no venirse al sentir las suaves, húmedas y calientes paredes internas del otro presionándolo.

– ¡Ah!– la voz del mayor salió de su garganta en una mezcla de ligero placer, con un dejo de dolor.

Bill llegó al final y comenzó a moverse poco después. Sin embargo, se dio cuenta de que lastimaba a su hermano, por lo que se detuvo y esperó un poco a que la zona se acostumbrara a su presencia. Para compensar el dolor que le había hecho sentir, llevó una mano hacia el deseo del mayor, erecto entre sus piernas, y comenzó a frotarlo. Entonces comenzó a moverse de nuevo, y la sensación cortante se transformó rápidamente en placer.

–¡Bill…!

Además de los gemidos, el mayor continuó haciéndoselo sin decir absolutamente nada.

El miembro de Tom estaba mojado a causa del líquido pre seminal, y estaba caliente. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos del puro gusto. Mientras era penetrado abrió los ojos y miró a los ojos achocolatados de su gemelo. Sus ojos ardían en deseo y lujuria, y estos eran expresados a través de la fuerza con que apretaba la cadera del otro, y las ganas con que lo embestía.

– Ahh… ¿cómo… te sientes? – preguntó con la voz reprimida mientras se detenía.

– ¡Estoy bien! – respondió rápidamente – Yo… te amo.

– También yo te amo – dijo con una sonrisa. Sujetó de nuevo las caderas del mayor, y volvió a embestirlo.

– Mgh… – jadeó Tom con más fuerza al escuchar los gemidos que salían de la garganta de Bill, quien cambio levemente la posición con la que lo penetraba. Entonces el mayor arqueó la espalda y gimió fuertemente, porque ahí donde alcanzaba a golpear el pene de Bill, se sentía demasiado bien, era un punto que le hacía ver las estrellas.

No podrías aguantarlo mucho más. Ambos sentían que los calambrazos de placer eran cada vez más seguidos, y más fuertes. Poco a poco se iba a cumulando esa placentera sensación dentro de sí, en la punta de sus miembros.

– ¡Bill! Me voy a…

– Yo… igual…

– Por favor… fuera.

El menor comenzó a reírse entre gemidos por el comentario de su hermano, porque ya sabía que tenía que hacerlo. Pronto sus risas dejaron de serlo, para convertirse en gemidos prolongados, haciéndole segunda a los gemidos que soltaba Tom, debajo de él.

Estaban por venirse.

– ¡¡Buaaahhh!!

Bill se detuvo al escuchar el amargo grito que inundó el espacio. Tom abrió los ojos que mantenía cerrados. El orgasmo de ambos se detuvo.

– ¡No ahora! – se lamentó el mayor llevándose las manos al rostro, para cubrirlo.

El menor suspiró con frustración y salió a regañadientes del cuerpo de su amante, solo para inclinarse sobre la cesta y ver a David, pataleando en su lecho mientras lloraba desconsoladamente.

– ¿Tendrá hambre?

– Le di de comer hace un rato, no creo que sea precisamente hambre lo que tenga.

Bill bufó y tomó al bebé en brazos para llevarlo afuera y limpiarlo.

Al regresar encontró a Tom jadeando de nuevo y con una mano sobre su miembro, y otra ocupada en introducir dos dedos en su entrada. El menor se quedó de piedra al verlo y tragó profundamente. Sin perder tiempo dejó al bebé en su cuna y luego se acercó, dispuesto a internarse de nuevo en el cuerpo de su gemelo…

&

A la mañana siguiente ambos estaban en la playa, pero algo lejos de donde estaba la palapa. En un lugar donde, en marea baja, se acumulaba agua en los agujeros de roca, y llenos servían como una especie de piscina.

Ahí estaba Tom con David en brazos, bañándolo. Bill estaba algo más arriba, en un saliente en el que se podía ver toda la extensión de la playa. Llevaba una lanza en mano, dispuesto a asesinar a aquel que se acercara a su gemelo y al bebé.

Tom soltó a David un momento, y este, en lugar de hundirse en el agua, pataleó y logro avanzar unos centímetros. El bebé salió riendo con el rostro empapado.

– ¡Bill ven, corre! ¡Tienes que ver esto!

– Prefiero vigilar – le grito, sin mirarlo si quiera.

– Anda, tienes que verlo.

El menor suspiró y se asomó para hacer contacto visual con su hermano, esperando que le mostrase. Tom dejó a David de nuevo sólo en el agua, y el pequeño repitió su extraña forma de nadar, volviendo a carcajearse al salir del agua. Bill lo miró y fue sonriendo poco a poco para luego bajar corriendo hasta ellos. Una vez ahí no dudó ni un momento y se adentró en el agua, sentándose a un lado del mayor.

– Está nadando.

El bebé repitió una vez más el nado y Tom lo tomó entre sus brazos, sonriendo, y lo acercó a Bill, para que pudiera mimarlo.

En no más de una semana después, David ya podía acompañar a sus padres sin ningún peligro cuando iban a nadar al océano. Las corrientes eran muy leves para que hubiera un peligro real, y el bebé podía aguantar bastante tiempo la respiración. Así, mientras ellos se paseaban algo más profundo, David se quedaba en la superficie, pero nadando.

Eso cambió más pronto de lo que hubieran creído. David, aunque aún necesitaba supervisión, ya podía nadar perfectamente. Para este punto, le había crecido el cabello hasta las orejas, lacio y rubio clarísimo. También su cuerpo había cambiado, ya no era más un bebé.

Habían pasado dos años.

Por esos tiempos estaban comenzando a enseñarle lo esencial con lo que ellos habían sobrevivido. Bill le enseñaba cómo hacer un nudo seguro y fuerte, a lanzar lejos las lanzas, a mirar por el catalejo; y Tom le enseñaba el nombre de las cosas, a hacer castillos de arena, etc. Incluso le enseñaban sus nombres.

– Él es Thomas, y yo soy William. Tom y Bill. Somos tus padres ¿entiendes?

– ¡William! – gritó el niño de pronto, y los gemelos quedaron sin habla por unos segundos. Su voz se parecía a la de ellos de pequeños, era muy aguda.

– ¡Dijo mi nombre! – exclamó Bill emocionado – ¡Dijo mi nombre! – repitió mirando a su hermano, que le sonreía.

– Tho… ¡Thomas! – gritó por segunda vez el niño, pero ahora el nombre del mayor. 

Los gemelos sonrieron más abiertamente y le abrazaron.

Continúa…

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por novaficacci

Escritora del Fandom

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