Ligeramente Embarazado 5

Aqui va el 5° capi!!

Ligeramente Embarazado”

(Fic de VanniaDel) Capítulo 5

Una vez dentro de mi cuarto, me largué a llorar y a contarle toda mi trágica vida, el me escuchaba atento y asentía, de vez en cuando tomaba mi mano y la apretaba con dulzura, eso me reconfortaba. Después de decir mi realidad por primera vez a alguien, me desnudé frente a sus ojos, sin ningún tipo de vergüenza y mucho menos para provocarle; mientras él hacía lo mismo.

Tras ponerme un pantalón de chándal y una camiseta blanca, abrí la cama dejando atrás las mantas, y nos acostamos ahí, cada uno muy quieto a su lado, de costado y con la mirada fija en el opuesto.

Bien yo duermo de este lado y tú del otro—, murmuró acomodándose mejor mientras nos cubríamos y sentíamos ese calor particular al estar uno más cerca.

No lo creo—, sonreí con timidez y me acerqué despacio a su cuerpo, quería darme y darle la oportunidad de tener un lazo más fuerte que el que ya habíamos formulado y que yo portaba en mi vientre.

¿Puedo? —, le susurré bajito, a punto de acurrucarme junto a él, cuando asintió y en un suspiro me atrajo hacia su pecho.

Acarició mi cabeza con dulzura, casi con timidez, el hecho de conocernos de hace un par de días hacia las cosas más difíciles, era extraño tener que compartir cama con el padre de tu hijo, solo por la unión que este requería; pero a la vez tan agradable, podía decir que me sentía en armonía a su lado, con sus inofensivas caricias, como ahora mientras yo solo dejaba salir mi respiración sobre su torso desnudo.

¿Tom? —, le llamé suavemente, alcé el rostro y ya me estaba mirando esperando que continuara. Me incliné hasta sus labios y solo roce nuestros alientos, me sonrió al tanto que posaba su mano en mi mejilla y la otra la dejaba descansar en mi cintura, su mirada era muy atrayente, intensa, cargada de emociones.

Froté con cariño mi mejilla contra su palma en busca de su contacto, entonces acto seguido pegué nuestras frentes para besarle con cautela, solo una caricia de reconocimiento.

Buenas noches—, y alzando mi mano, la acerqué hasta la lamparita de noche que de estar encendida, ahora quedaba dispuesta ante la oscuridad.

Buenas noches Bill—, pronunció débilmente, entonces volví a acomodarme en su pecho, y a recibir sus manos bajo mi camiseta, rozando mi piel con la yema de sus dedos.

Desde ese momento las cosas se volvieron distintas y a suceder con mayor rapidez. A los tres meses tuve que renunciar a mi trabajo en la discotec, debido a que tenía que cuidar con mayor precaución mi salud y la de mi bebé, porque si, ahora yo lo estaba empezando a querer realmente como mi bebé.

Eso de tener que levantarse a devolver todo en forma de un asqueroso vómito, me hacía entrar en la duda de cómo algo tan pequeñito e inocente, podía causar tales cosas. Lo mejor era que ya entrando al segundo trimestre esas odiseas matutinas estaban cesando de a poco, ya no eran tan habituales, sino que se presentaban cuando sentía olores que me ponían a prueba, o comidas con mal aspecto.

Finalizado el primer trimestre y sus torturas, comenzaron a dar paso una nueva serie de conductas, tanto así como unos repentinos antojos o cambios de estado anímico que hasta a mí me sorprendían. Eso en tanto a lo del embarazo. Por otro lado estaba Tom, quien en cuanto podía salir del trabajo se daba una vuelta para vernos a mí y a su hijo.

Alcanzábamos a tener un tiempo bastante largo de intimidad y libertad mientras que mi hermana y su familia llegaban. Conversábamos de todo un poco, entre risas, sorpresas y algunas veces con mimos, porque había que decir que mi lado más bien meloso se estaba dejando ver a la luz.

Dentro de la décima séptima semana, habíamos hecho planes para ir a su casa, realmente no era del todo suya, la rentaba con dos amigos más: Georg y Gustav, que al parecer eran sus mejores amigos desde la infancia.

Era una casa cálida, llena de ese agradable bienestar que se acrecienta en pecho cuando te sientes bien acogido. Sus amigos eran igual de gratos, compartimos muchas experiencias, algunas bastante humorísticas, intercambiando más para así conocernos mejor. La tarde se había hecho infinita, me había desconectado del mundo entero, era como si el tiempo se hubiese detenido y solo nosotros estuviéramos disfrutando mientras los demás no existían.

Llego la hora de la adorable cena y junto a ello mi momento, al parecer. Me preguntaron qué haría con mi vida, ahora que estaba perfectamente involucrada con la de Tom, era algo incómodo responder aquella pregunta al tenerlo a él a mi lado; solo respondí la verdad: “Me gustaría poder formar una familia de verdad” de solo recordarlo me sonrojaba, ellos lo había entendido y aceptado bien.

Luego vino la parte de las curiosidades con respecto al bebé, ¿Quieres saber que es, o vas a esperar hasta el parto?, ¿Cuántas semanas?, ¿Qué nombre le pondrías?, etc. Ya se había hecho de noche, y como al día siguiente entraba más tarde a la universidad, porque de hecho aún seguía con clases y las seguiría teniendo hasta que no pudiera más, me quedé como alojado.

Obviamente que dormiría con Tom, no había otro lado más cómodo, cabíamos bien ambos en la cama, y por nada del mundo lo hubiese dejado ir a dormir él en el sofá por mi culpa.

Me empecé a quitar la ropa, desabotonando con lentitud cada botón de mi camisa en frente del espejo, y viendo a través de este como Tom se descalzaba y se quitaba por la cabeza la suya sin siquiera desprender un botón. Eso me hizo reír por lo bajo.

¿Por qué te ríes? —, me preguntó curioso, bajé la cabeza y sonreí un poco avergonzado. Negué con la cabeza, entonces escuché como se levantaba de la cama y se ponía a mis espaldas abrazándome por la cintura. Me incomodaba el hecho de tener enfrente el espejo, por lo comencé a caminar hasta el lado de la cama, mientras aun me estrechaba y voltee entre sus brazos.

Verlo con poca ropa me ponía un poco nervioso, claro que no sería primera vez que lo vería así, pero ahora se palpaba otra sensación al verlo de esa forma. Algo así como un cosquilleo interno o una ansiedad que nunca antes pude haber sentido. Sin apartar nuestras miradas acaricié sus brazos que me sostenían, lentamente, casi de manera sensual.

Hoy día te ves adorable—, escondió su rostro en la curva de mi cuello y empezó a dejar pequeños besos en la zona, hasta llegar a mi hombro. Subí mis manos hasta sus hombros para masajearlos suavemente, corrió su rostro hasta mirarnos de nuevo, y tuve que ahogar un gemido contra sus labios que se habían apoderado de los míos sorpresivamente.

Cerré los ojos y me sentí flotar en el mismo querer. Me recorrió un escalofrío cuando sus manos se pasaban expertas por mi cuerpo haciéndome temblar. Soltó mis labios, entonces pude respirar jadeante e ir disminuyendo su ritmo.

Dejamos nuestras mejillas juntas entre el abrazo y comenzamos a mecernos como bailando una música imaginaria.

Bill, te quiero—, susurró en mi oído estremeciéndome por el contacto de su cálido aliento en mí. Sonreí de solo escucharlo y alejándome un poco me quité la blanca tela suave que estaba cubriendo mis brazos y espalda.

Esta vez fui yo quien tomó la iniciativa y comencé a besarlo hasta que caímos en la cama, él encima de mí sin despegar un segundo nuestros labios. No era que usualmente nos besáramos, solo en la mejilla, o como alguna travesura un breve beso, pero nada más.

Ahora estábamos cruzando una especie de línea, dejándonos llevar, haciendo que pudiéramos sentirnos mucho mejor. De repente moví mi rostro para tomar aire, dejando a la vista parte de mi desnudo cuello, y Tom supo aprovechar bastante la ocasión para besarlo, incluso pude presentir que dejaría marcas.

Sus manos acariciaban mi vientre de forma tormentosa, estábamos avanzando demasiado, sentía que mi cuerpo estaba respondiendo a su contacto, y no quería hacer algo de lo cual después podía arrepentirme. Con mis manos en su espalda, paseándolas ansiosas y deseosas, puse el fin a la situación.

No podemos—, sentí de inmediato bajar sus revoluciones y pegó su frente a la mía.

Lo siento, he ido muy rápido—, sonreí al escucharlo dulce y con pesar.

No has ido rápido, fui yo quien comenzó, pero creo que aún no debemos—, enlacé nuestras manos y la llevé a mi vientre.

Esperaremos, y nos informaremos para ver que puede suceder—, asentí por la preocupación y aprovechando que ya estábamos acostados, nos apañamos para estar debajo de las sábanas.

Una vez de vuelta en sus brazos le confesé,

Estas empezando a enamorarme demasiado—, y caímos dormidos, abrazados y con nuestras manos sobre nuestro primogénito.

Así estaba pasando el tiempo, yo con mis ganas de comer comidas realmente raras, mientras estudiaba o hacia mis proyectos; viendo películas romanticonas que me dejaban llorando tras la emoción, o simplemente acariciando mí ya notorio vientre.

Cinco meses, ahora entendía y asumía que tenía un sentimiento bastante fuerte creciendo en mí, le quería, quería a Tom. En el último tiempo pasábamos juntos largas tardes, íbamos al parque, comprábamos algunas golosinas y las comíamos de regreso a casa.

Nuestra última conversación de esos días había sido acerca de vivir juntos, no en el ámbito comprometedor para una relación, pero si para ambientarnos para cuando naciera el bebé.

Aun no le daba una respuesta clara, lo pensé bastante, sería necesario, pero a la vez con gran parte de voluntad; pero no se lo diría, sin antes aclararle mis sentimientos, y por supuesto demostrárselos, porque tras hablar con el doctor en nuestra última visita y ecografía, nos había quedado claro que con precaución y cuidado se podía andar en perfectas condiciones.

Lluvia, otra vez dentro de la misma semana con precipitaciones. Eso me favorecía en cierta parte, sabiendo que Allyson y su familia habían ido donde los abuelos paternos de mis sobrinas. No estaba solo y tampoco pensaba estarlo, le había dicho a Tom que se viniera a quedar en casa y de paso ayudarme a hacer un nuevo proyecto.

Ahí estábamos, tirados en el sillón terminando de ver una película, mi espalda en su pecho y sus brazos enrollándome por sobre el abdomen abultado, y yo encima de su regazo. Pasados unos veinte minutos, me impacienté. Apagué la televisión y decidí que era el momento adecuado.

Te quiero—, susurré dándome vuelta y observándole fijamente cada gesto. Se lo había dicho, el solo me sonrió y me atrajo a sus labios apasionadamente.

De a poco nos empezamos a acalorar y la ropa empezaba a sobrarnos, eso era lo que podía pensar en esos momentos, pero Tom no tenía los planes de quitársela.

No Bill, te estas dejando llevar—, le empujé hacia atrás en el sillón y solté una risita por lo bajo.

Hazme el amor—, susurré en su oído y entendió el mensaje, observándome algo ruborizado y sorprendido, le respondí de la misma forma…

Eso fue lo que hicimos el resto de la noche, que finalizó después de gemidos, lánguidos suspiros y apasionados besos.

& Continuará &

Espero les haya gustado. Comentarios y sugerencias son bienvenidos 😉

por VaniaDel

Escritora del fandom

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