Uff! Aquí está 😉

“Ligeramente Embarazado”
(Fic de VanniaDel) Capítulo 6
Suspiré estando entre sus brazos, aun dormía, su rostro desplegaba una clara tranquilidad y paz enorme, no le quise despertar, se veía muy hermoso.
Pasee mis mano por su mejilla llegando a acariciar su mentón, solté una sonrisa al recordar el momento exacto donde me hacía suyo, con cuidado, delicadeza, pero a la vez mucha pasión. Sentí algo revolverse en mi vientre, era extraño, casi nunca le había sentido moverse, y sin previo aviso…
— ¡Auch! — solté un gemido de entre dolor y sorpresa. Intenté sentarme y cuando lo conseguí cerré los ojos y comencé a respirar por la boca, echando la cabeza hacia atrás.
— ¿Todo está bien? — sentí su mano en mi hombro y sonreí sin subir los parpados, disfrutando del instante.
— ¿Bill? — me llamó de nuevo, entonces giré hacia el lado el rostro y mordí mi labio, dejando la cabeza gacha, justo cuando alcanzaba a ver su ceja alzada.
—Dame tu mano—, volví a recostarme mejor en las almohadas y llevé juntas nuestras manos por sobre el bultito.
Se dio a conocer nuevamente a través de otra patadita como la anterior pero está un poco más despacio. Sus ojos estaban brillosos de la emoción, elevó su mano y cogió mi rostro para acercar a besarme con deseo.
— ¿Jessy está muy revoltoso? —, solté una pequeña carcajada suave contra sus labios, y enfaticé.
— ¿Jessy? —, alcé la ceja y solo se rio acostándose a mi lado.
— ¿Quieres que sea niño?.
—Puede ser un compañero de juegos o una princesa a la que cuidar—, pegó su cabeza en mi hombro mientras acariciaba mi vientre haciendo círculos con sus palmas de la mano; yo solo sobaba sus trenzas.
— ¿Tom?
—Dime.
—Si me voy a vivir contigo, ¿sería en la casa que tienen alquilada? —, era una de mis preguntas que debía aclarar antes de aceptar la propuesta que me tenía bastante ansioso y la vez nervioso.
—No, tengo un departamento, es solo mío, pero me fui con los G’s porque así pagábamos entre los tres los suministros, además es más entretenido convivir con tus amigos—, explicó, entonces ahí comprendí que quería que… ¿viviéramos los dos, perdón los tres juntos, solos?
— ¿Viviríamos solo tú, el bebe y yo? —, levantó la cabeza y asintió con una media sonrisa.
— ¿Te vas a vivir conmigo o no?, si aceptas nos podemos ir mañana mismo, así no nos cruzamos con tu hermana—, hizo una mueca de desagrado y solté una risita.
Bueno, eso de que tenía el departamento disponible si lo sabía, pero no tenía muy claro si nos quedaríamos ahí con sus amigos, que por cierto me simpatizaron mucho.
Acepté su petición, ahora compartiríamos un hogar, o intentaríamos formarlo.
Con esos planes en mente dormí todo lo que quedaba de noche, solo desperté a la mañana siguiente cuando mi estómago se revolvía de hambre, un apetito como de tostadas con mostaza y un té amargo, o pastel de fresas recién salido del horno con un poco de salsa para helados y un zumo bien azucarado de naranja, simplemente con cualquiera de los dos estaría bien, solo que fuera un desayuno bastante contundente y muy apetitoso.
La soledad se hacía presente en la casa, de nuevo estaba solo, pero ya no me sentía así, Jessy, o como le quisiera llamar Tom, estaba activo, cada unos cuantos minutos se movía.
Tenía la duda de si irme o no ese mismo día de la casa, estaba claro que desde siempre quise hacerlo, pero ahora que me lo planteaba se había hecho una costumbre compartir con ellos, porque si más bien no lo deseaba o hubiese querido, eran mi familia.
Sin cuestionármelo más, empecé a armar las maletas, como Tom tenia coche podía tirar ahí el resto de las cosas si quería salir pronto, ni siquiera me hice problema al doblar la ropa, solo la saqué del armario y fui metiendo todo en los bolsos y valijas.
Efectivamente, fue un día muy relajante, por suerte tampoco estarían los demás en casa, así que estuve bastante tranquilo para ir a la universidad.
De regreso volvimos con Tom, a recoger las cosas que me llevaría para instalarlas en el departamento.
Era uno muy acogedor, de paredes color crema, comedor de madera, cocina amueblada y con decoraciones en rojo que hacían destacar el mesón. No era muy grande, pero daba la sensación de calor hogareño, eso me gusto principalmente. Ese mismo día Tom había llevado algunas cosas suyas hacia allá, solo lo básico, un poco de ropa, comida entre otras primordiales.
Todo estaba listo, limpio y bien acomodado, llegaba la hora de la cena y debíamos comer algo por lo que empezamos a buscar que podíamos preparar, que fuera especial y muy delicioso. Aprovecharíamos de celebrar el motivo de ambos cambios, sería un nuevo paso hacia enfrente.
—Bill, creo que sería mejor ir de compras al súper—, sugirió sentado a mi lado en el sofá. ¿Al supermercado?, no era lo ideal…
—Sabes, mejor que sí, ya me aburrí de pensar en algo que nos guste a ambos—, me puse de pie, sentí un leve dolor en el vientre bajo, algo así como un tironcito, puse mi mano en la zona y caminé de un lado a otro con respiración profunda.
— ¿Otra vez? —, asentí con la cabeza me abracé a Tom aprovechando que se había levantado.
—Yo voy, tú quédate a descansar, hoy ha sido un largo día—, sonreí y le di un beso de despedida.
Mientras lo esperaba no podía evitar pensar en el cambio que estaba pasando por mi vida: me quedaba embarazado de un extraño casi no extraño, se hacía cargo del bebé, me quería, me ayudaba con los gastos, me mimaba y de hecho me sostenía con un buen departamento.
Si hubiese tenido que cambiar algo de esta historia creo que no lo hubiera hecho, a pesar de todo habían sido los mejores meses de casi toda mi vida.
—Traje un pastel de durazno y piña—, abrí los ojos incorporándome en la cama, ahí en sus manos llevaba la tarta y dos tenedores, ya me imaginaba esa tarta, llena de crema muy dulce, con relleno de la mermelada de durazno…
Tom destapó el envase y no lo pude creer, desde ahí emanó un olor asqueroso, como si una cañería se hubiera roto desde hacía días, o como si acabáramos de echar un pescado podrido al basurero.
—Oh no Tom, aleja esa asquerosidad de mi vista—, tapé mi nariz y me acomodé mejor en el borde de la cama para comprobar que realmente era un pastel. Era cierto, con buen aspecto, pero un olor que de aspirarlo una vez más…
— ¡Córrete! —, murmuré antes de cubrir mi boca e ir directamente al baño a vaciar todo lo que tenía contenido.
Ahí enfrente del inodoro, extrañaba la sensación de votarlo todo, habían pasado unas dos semanas que no me ocurría algo similar, y sin esperármelo, mientras sostenía mi cabello con la mano, Tom se apareció a mi lado haciendo una coleta en lugar de estar mi mano, cerré los ojos con fuerza al sentir otra repentina arcada, pero como ya no tenía nada más que devolver, entonces largué el chorro de agua fría y me enjuagué el rostro.
Tom se sentó en el inodoro, no sin antes largar la cisterna, y me entreabrió los brazos estirando la toalla. Me senté en su regazo aun pálido, podía verlo en el espejo que tenía frente a mis ojos.
Estábamos los dos en ese reflejo, abrazados, mientras el acariciaba mi espalda y yo solo tenía la intención de no devolver nada y respirar entremedio de suspiros algo cortados.
—En mi vida no quiero saber más de tartas de durazno con piña—, escuché una risita, y me hizo alzar el rostro.
—Tal vez prefieras una de fresas—, alcé la ceja al instante que se encogía de hombros
— Hay de esa si quieres, en la cocina.
Claro, yo había sugerido que comprara la de fresa, pero no se me tentaba tanto, aunque si lo decía ahora.
—Después, cuando estemos en la cama—, sonreí con un poco de esa sensualidad nata, al momento era besado por esos labios que me volvían loco.
—Sabes, a veces pienso que te conozco de algún lugar—, entrecerré los ojos y le vi los suyos con detenimiento.
—Quien sabe—, fue lo único que dijo.
& Continuará &
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