Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 10

Me encuentro en una placita pequeña con Adrianne, comiéndome un helado de paleta de vainilla, sentados en una de las bancas de asfalto que están un poco destrozadas mientras observamos la fuente grande que hay al frente. La llaman la fuente de los deseos, los críos que creen en esas cosas siempre vienen a tirar sus moneditas y pedir deseos.

Esta plaza es más bien un sitio para pasear y hacerse fotos, no tiene ni columpios ni esas cosas. Solo hay suelo de asfalto, varias bancas que necesitan un repaso y que se ven feas por la humedad. La fuente, una estatua de algún alcalde o lo que sea, y la gente que pasa por aquí. Este helado es lo más sano que hemos comido Adrianne y yo desde que salimos a esa discoteca, no hemos probado comida decente, solo esta paleta de helado. Sana, sana, no es. Pero, ¿a quién le importa?

—No sé qué hacer…— susurro después de relamerme los labios, con la mirada fija en el agua que cae en la fuente —Lo quiero ignorar pero… no sé, es como si eso no fuese suficiente. Quisiera borrarle la memoria al corazón y dejar de «amarlo»— digo entre comillas —Pero hay algo que me lo impide, y no sé qué es…

—¿Las ganas?— sugiere ella. No nos miramos, no hace falta, estamos viendo la fuente como si fuese lo mejor del mundo.

—¿Ganas de qué, mani?

—De estar con él, supongo— me dice.

Pero yo no termino de comprender a qué va con eso. ¿Ganas de estar con él? ¿Cómo puedo tener ganas de estar con él después de todo lo que pasó? Sabiendo que lo nuestro no puede ser ni aunque lo intentemos, porque somos familia, porque compartimos la misma sangre. Porque no hay ni una sola posibilidad de que podamos estar juntos, ni aunque nos escapemos. Nada serviría porque tarde o temprano lo que sea que lleguemos a construir se va a derrumbar. Lo tengo clarísimo, y esa mierda duele.

—¿Por qué lo dices, Adrie?— pregunto, para después morder un trozo de mi helado.

Adrianne alza una ceja, jugueteando con su paleta antes de responder.

—Porque se nota, Billie.— suelto un bufido —Tú sabes que no hablo por hablar, te digo esto desde mi experiencia con Andreas— me dice —Se te nota cuando lo mencionas, cuando intentas hacer ver que no te importa. Te brillan los ojos igual que cuando hablas de algo que te dolió pero que todavía te importa un poquito.

—Eso no tiene sentido, Adrianne— murmuro, tratando de esquivarla.

—Sí que lo tiene— replica, con esa mezcla de ternura y fastidio tan suya —Esas «ganas» de las que te hablo no son de volver a estar con él ni nada por el estilo. Son las ganas de entender por qué duele todavía, mamona. A veces no queremos a la persona, pero seguimos queriendo todo lo que fuimos o quisimos tener con ella. Te quedas atrapado en los recuerdos, en lo que te hacía sentir vivo, aunque ya no quieras volver ahí.

Sus palabras me descolocan al instante, la miro un momento, sin saber qué decir, solo escuchándola hablar.

—Simplemente las ganas…— murmura —Estamos condenados, Billie. Amamos a la persona equivocada y aun así no podemos dejar de amar— suspira —Yo sé que Andreas puede hacerme todo el daño que quiera, yo también se lo puedo hacer. Si me engaña, yo me voy con otro. Pero siempre acabo volviendo… por eso, por las ganas. Siento que solo él me entiende, y que solo con él puedo sentir algo bonito aunque esté construido sobre una base de mentiras que siempre acaba derrumbándolo todo…

—Pero siempre volveís a reconstruir todo con los escombros…— agrego yo, ya comprendiendo su punto —Es apego emocional.

—Así es…— ella asiente con la cabeza —Tú quieres dejar de querer a Tom, pero hay algo que te lo impide y eso son los recuerdos de lo que tuviste que fue muy especial para ti aunque no lo hayas querido ver— asiento lentamente —Es una condena, Billie… porque los recuerdos permanecen siempre.

—Yo pensaba que ya había pasado— admito en voz baja —Que todo eso fue solo costumbre o… no sé, nostalgia.

—Pues no, cariño— dice, encogiéndose de hombros —No se supera tan fácil algo que te marcó. Tú puedes seguir con tu vida, salir, reírte, conocer a alguien más… pero si lo que tuviste con esa persona fue real, siempre queda un trozo. A veces ni lo notas hasta que te lo tocan otra vez.

Mi abuela me habló de esto, de cómo uno puede pasarse años creyendo que está bien, que ya cerró el capítulo, cuando en realidad solo se dobla con cuidado para no mirar dentro. Que el amor no desaparece cuando uno quiere, sino cuando deja de tener dónde sostenerse. Y lo mío… nunca desapareció. Solo se quedó escondido entre todo lo que fingí no sentir, porque aun no acepto el hecho de que estoy enamorado hasta la médula. No lo acepto del todo porque ya no quiero amarlo, ¿cómo se deja de amar?

Suspiro, con algo de tristeza y resignación.

—Supongo que eso es el amor— murmuro —No lo que soñé, ni lo que quise tener, sino lo que me queda después de perderlo— me paso una mano por el rostro, intentando reírme de mí mismo —Pero ya no quiero sentirlo. No quiero seguir amando algo que ya no está, algo que solo me recuerda lo que no pudo ser.

El silencio se va alargando entre los dos, solo roto por el sonido del agua cayendo de la fuente, el murmullo de la gente que pasa cerca, el silbido del aire que agita las ramas de los árboles, el canto de algunos pajaritos. Adrianne se termina su helado mientras que el mío siento cómo se derrite y se escurre entre mis dedos.

—¿Sabes qué es lo jodido de todo esto?— comenta ella de pronto, sin levantar la mirada.

—¿Qué cosa?

—Que uno puede decir mil veces «ya no quiero sentir», pero el corazón no te pide permiso. Va por libre, el muy idiota— se ríe —Tú puedes ponerte mil excusas, distraerte, engañarte con otros, pero siempre acaba volviendo donde se sintió vivo.

Río con amargura. —Entonces estamos condenados de verdad.

—Así es— responde, encogiéndose de hombros —Somos humanos, Billie. Al final, todo el mundo ama a alguien que no puede tener, lo raro sería lo contrario.

Me quedo en silencio, masticando sus palabras. No sé si me consuelan o me hunden aún más. —¿Y tú?— pregunto al cabo de un rato —¿Tú todavía lo sientes por Andreas?

Ella suelta una risa bajita, sin alegría. —A veces— aprueba con los labios apretados mientras suspira —Hay días en que lo odio con toda mi alma, y otros en que me acuerdo de él y me da hasta ternura. Supongo que eso es lo que queda cuando ya no hay amor, pero tampoco olvido.

Asiento despacio. —Entonces no se supera, solo se aprende a vivir con eso, ¿no?

—Exacto— dice, ladeando la cabeza para mirarme —Aprendes a vivir con el huequito y un día, sin darte cuenta, ya no duele tanto. No porque se haya ido, sino porque tú cambiaste.

La miro fijamente. Hay algo en su voz que noto diferente en ella, es esa mezcla de tristeza y sabiduría sin pretensiones. No conocía este lado de mi mejor amiga, pero me ha hecho entender que quizá eso es lo que me toca ahora, aprender a vivir con el hueco que me ha dejado Tom. Supongo que algún día me estaré riendo de esto, estando seguramente casado con alguien que sí me quiera, quizás con Evan, siendo felices o al menos intentándolo.

Suspiro y esbozo una sonrisa leve. —Eres una jodida sabia, Adrianne.

—No— contesta ella, sonriendo también —Solo soy una idiota que se ha enamorado más veces de las que debía del mismo gilipollas.

Reímos bajito.

Ahora es mi turno de hacer mi análisis psicológico, pero mental.

Observo detenidamente y me doy cuenta de que todo a mi alrededor me grita lo que no quiero admitir. Miro la plaza, con las bancas viejas, el asfalto húmedo, la fuente que parece resistirse a secarse del todo. Es como si reflejara lo que llevo dentro. Nada está del todo roto, pero tampoco del todo bien. Solo seguimos aquí, igual que esa fuente vieja, intentando fluir aunque el agua ya no tenga brillo.

Y esa fuente de los deseos… los niños tiran sus monedas creyendo que algo mágico va a pasar. Yo los miro y pienso que ya perdí esa parte de mí, la inocente, la que creía que podía arreglar las cosas con lo que fuese si me esmeraba. Así me lo enseñó mi padre, pero supongo que me he olvidado de muchas de sus lecciones. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, juro que esta vez sí le prestaría atención.

Adrianne y yo somos el mismo reflejo en el agua: ella con su Andreas, yo con Tom. Ella amó a alguien que la rompe cuando le da la gana, y aun así lo sigue amando. Yo amo a alguien que, se supone, nunca debí amar, y aunque intento soltarlo, no puedo. Lo sabemos, los dos. Sabemos que está mal, que no tiene lógica, pero ¿de qué sirve la lógica cuando el corazón no obedece?

Por eso hablamos de los otros como si no fuéramos nosotros.

Fingimos que solo estamos desahogándonos, cuando en realidad nos estamos confesando sin decirlo.

Cuando ella dijo eso sobre las «ganas», me quedé pensando. No hablaba solo de querer estar con alguien, era más que eso. Eran las ganas de sentirse vivo, de volver a ser importante para alguien, aunque te haya destrozado. Lo entiendo, porque yo también tengo esas ganas. No de volver con él, sino de entender por qué sigo sintiéndolo, por qué duele todavía.

Y me odio por eso.

Porque quisiera poder borrarle la memoria al corazón, desconectar lo que siento de lo que sé.

Sé que lo nuestro no puede ser, que no hay manera de que algo así acabe bien.

Compartimos sangre, apellido… un pasado que no se puede borrar. Lo sé. Y, sin embargo, sigo aquí, hablando de amor con una chica rota, porque ella es la única que podría entender lo que es amar lo imposible. Una chica rota que es mi mejor amiga…

A veces creo que el verdadero castigo no es no poder tener a alguien, sino seguir sintiéndolo cuando ya sabes que no deberías. Mi mente quiere soltar, pero mi corazón… mi corazón no entiende de razones.

Y esa mierda duele, joder, duele porque lo siento y no quiero sentirlo, porque sé que no tiene sentido y aun así no se va. Duele porque el amor no siempre cura. A veces solo te deja una herida que aprendes a llevar sin que te mate.

Mierda, soy muy bueno en esto.

—Tom me dijo que lo mejor era hacer como si no hubiera pasado nada— digo, recordando esas palabras que creo que nunca podré olvidar —Yo le dije que lo haría. Así que debo ignorarlo para poder ayudarme a mí mismo a superarlo, ¿verdad? A aprender a vivir con este hueco.

—¿Quieres ignorarlo?

—Sí.

—Billie…— ella suspira, como pensando bien si debe preguntar o no, pero al final lo hace, porque es Adrianne y es una metida. Lo digo en el buen sentido —¿No crees que quizá Tom te dijo esas cosas por algo?— pregunta —Quiero decir… yo no creo que lo que te dijo lo dijera en serio. Quizá hay otras razones detrás de todo.

—No me vengas con eso, Adrie…

—Solo piénsalo— me dice y yo la miro; mi expresión le grita que no siga, pero ella me ignora, como siempre —Me dijiste que fue detrás de Heidi para evitar que fuese a contar lo que vio; ¿y si ella lo chantajeó? Ya sabes, quiso amarrar a Tom con un embarazo cuando se enteró de su «amante». Eso deja más que claro que ella quiere a Tom para ella y nada más; entonces, quizá solo le dijo algo como: «si no quieres que le cuente al mundo la asquerosidad que has hecho, entonces déjalo y asume tu papel a mi lado como el padre de mi hijo y mi futuro esposo».

Me echo a reír. —Si eso fuese cierto, ¿entonces por qué me dijo esas cosas feas?

—Quizá ella le dijo que lo hiciera así.

Me quedo en silencio unos segundos. —No lo creo…

—Bill…

—Basta, mani— bufo con desgana —Yo no me voy a poner en esas, ilusionándome con que realmente hayan pasado así las cosas. Él no me ama, nunca me amará y solo fui un pasatiempo para él. Me lo dejó más que claro, y las miradas no mienten— le digo —Me miró como si no le importara lo que yo fuese a sentir al escucharlo, como si yo no le interesara; y es así, yo no le importo. Yo lo seduje, él vio la oportunidad de tener a alguien con quien divertirse y no la desaprovechó. Punto final.

—Vale…— ella asiente con la cabeza, respetando mi opinión —Pero si llegase a ser verdad mi sugerencia y Tom realmente llegase a sentir lo que tú sientes por él, ¿qué harías?

—¿Te soy sincero?

—Completamente.

La miro; el viento se hace fuerte por unos segundos y mueve nuestro cabello. Varios mechones van a parar a mi cara pero yo los aparto. —Acabaría con Heidi— le respondo —La mandaría a matar porque sería un estorbo. Sin ella en el camino, él y yo podríamos estar juntos en secreto sin que nadie se entere— musito —La mandaría a matar o la mato yo con mis propias manos.

—Me da un poco de miedo eso— dice ella con el ceño ligeramente fruncido, mirándome con algo de horror que se desvanece y sonríe de repente —Pero yo te apoyo; te ayudaría a enterrar el cuerpo donde nunca la encuentren.

Me echo a reír. —¿Qué tal si vamos algún día a la iglesia?— le propongo —Nos hace falta Jesús…

—Es cierto, llevamos diciendo eso desde que tenemos dieciséis— me dice y nos echamos a reír porque tiene razón —Ha llegado la hora de hablar menos y hacer más, así que vamos a organizarnos para ir a misa y hacer las cosas bien.

—¿Hacemos lo de confesarnos con el padre?

—¡Lo vamos a traumatizar!— se ríe ella —Si le cuento lo mío con mi primo y tú le cuentas lo tuyo con tu tío, seguro que no vuelve a escuchar confesiones nunca más.

—Pero, ¿qué importa? Si somos unas cabronas, mamona…

—¡Vamos allá entonces!

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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