Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 11

Okay, ahora sí. He pasado dos semanas seguidas ignorando a Tom Kaulitz, sí, ha sido un puto desafío pero yo puedo con todo.

Con Heidi, ¿qué puedo decir? Ella realmente intenta joderme pero no lo consigue. Cuando me encuentra solo me suelta comentarios que no vienen a cuento, de verdad, porque no tienen ni cohesión, ni coherencia, ni lógica. O sea, ella me tira pullitas por cualquier tontería. Me odia por vete a saber qué. Porque Tom ya no está conmigo, se quedó con ella. La única razón que tiene para soltarme indirectas y querer fastidiarme, y lo sé porque me lo ha dejado claro muchas veces, es porque le vi la cara de estúpida fingiendo ser su «amigo» o, mejor dicho, haciendo la versión «tía y sobrino» para después lanzarme encima del pene de su pareja.

Debo admitir que me hace cierta gracia, porque tiene razón. Mis planes estando en Los Ángeles eran hacerme su amigo, mientras follaba con Tom en un hotel.

Creo que lo que le duele es que Tom prefiriera usar las vacaciones que le dio su jefe para estar conmigo, en lugar de estar con ella y compartir ese momento cursi de pareja al saber que serán padres y esas ñoñerías ridículas. No es mi culpa que Tom prefiriera el cachondeo antes que su propia pequeña familia, ¿eh? Podría haberse apartado aquella noche en la que todo empezó, cuando le hice una mamada. Pero no hizo nada hasta correrse, ¿y la culpa es mía? No señor. Jamás será mi culpa.

En fin, ya es trece de agosto, ¿qué tiene de especial? Bueno, que hoy es el cumpleaños de mi abuela. Se suponía que papá vendría hace una semana, pero no pudo; está metido de lleno en esa colaboración que hace con quién sabe quién. Aun así, se disculpó con mi abuela por no poder estar. Mi abuela lo entendió, sabe lo importantes que son los negocios. Yo sí me desanimé un poco, la verdad, echo de menos a mi padre…

Mis tías gemelas llegaron justo un par de días después de que vinieran mi madre, Tom y la bruja. Se quedaron boquiabiertas con mi cambio de look, me llenaron de elogios y eso sólo hinchó mi ego.

Aún no he comprado mi móvil; me la he pasado con Adrianne dando vueltas por el pueblo para distraernos y esas cosas. He estado hablando con Evan por el móvil de mi madre; ella no tiene problema en prestármelo si es para hablar con él. Siempre me ha dicho que Evan es buen chico, que me quiere mucho y que, si todo sigue así, igual más adelante nos casamos. Tiene razón en varias cosas: Evan es un amor… es igual de tóxico que yo, encantador y detallista. Me quiere. Pero lo del matrimonio… no lo sé…

Con mis tíos y primos mantenemos las cosas lo más «en paz» posible. Todo por mi abuela Charlotte, que se ha estado encontrando un poco mal últimamente. Me preocupa; a su edad tendría que estar haciéndose chequeos médicos, pero no sé si los hace. Nosotros no podemos obligarla.

Para su cumpleaños decidimos vestirnos de dorado, su color favorito, y le organizamos una reunión como ella quiso, en el jardín trasero de la hacienda.

El jardín quedó precioso, tengo que admitirlo. Todo decorado en tonos dorados y blancos, con pequeños detalles que hacen que el ambiente se sienta cálido y elegante sin pasarse de pretencioso. Sobre el césped pusieron mesas redondas con manteles marfil, y en el centro de cada una hay arreglos de rosas blancas, tulipanes y unas ramitas de eucalipto que huelen increíble.

Las copas de cristal reflejan la luz como si fueran pequeñas llamas y las sillas, con sus lazos dorados, parecen sacadas de una boda de revista.

A los lados, unas guirnaldas de luces cálidas cuelgan entre los árboles, dándole ese toque romántico que tanto le gusta a mi abuela. Con el murmullo de la gente y el sonido del agua de la fuente al fondo, todo parece una postal antigua. Hay una mesa larga, cerca de la terraza, donde colocaron la tarta de tres pisos, con detalles dorados comestibles y flores naturales, junto a un par de botellas de vino y copas listas para el brindis.

Yo acabo de terminar de arreglarme y ahora mismo voy caminando hacia la fiesta con todo el glamour que puedo reunir. No voy a mentir, me he superado. Si mi abuela pidió que todos fuésemos de dorado, yo iba a cumplir… pero a mi manera, obviamente. No pienso ponerme un traje soso ni parecer un adorno navideño; lo consulté con ella y me dijo que si quería ir en tanga que lo hiciera, joder. Pero que fuese dorada, coño.

Así que opté por algo que grita mi nombre en todo su esplendor. Un top cruzado negro con destellos dorados, pegado al cuerpo y con el brillo justo para que las miradas se queden pegadas un par de segundos más de lo normal. El short, dorado metálico, refleja la luz como si cada paso fuera un destello. Es ceñido y corto, que los complejos no van conmigo, y con una cadena gruesa en la cintura que acentúa la figura. Todo el conjunto tiene ese aire entre provocador y sofisticado que sólo yo sé llevar sin parecer vulgar.

Para rematar, unas botas negras hasta el muslo, de charol brillante, y unos guantes largos del mismo material que suben hasta el codo. No hacen falta más joyas; sólo un par de collares dorados de eslabones grandes, lo justo para que cualquiera entienda que no he venido a pasar desapercibido.

¿Y el colgante de cuarzo?

Me lo quité y lo guardé en el cajón de la mesita de noche. Siempre lo llevo puesto, oculto entre las camisas, pero esta vez decidí no usarlo y ha sido lo mejor. No quiero que Tom lo vea, si es que llega a verme, y piense que lo llevo por nostalgia o vaya usted a saber. Puede que sea verdad, pero no tiene por qué enterarse. Además, ni siquiera sé si él se habrá deshecho del suyo. Lo más probable es que sí.

—Bill…— mi madre me llama y me hace detenerme a medio camino, donde me estaba imaginando en una pasarela —¿Vas a estar en la fiesta de cumpleaños de mi madre vestido así?

Asiento con la cabeza. —A mi abue no le molesta. Se lo enseñé ayer cuando lo compré y le encantó— le digo —Me dijo que el short marcaba muy bien mi trasero, ¡y tiene razón!— chillo sin gritar mucho, me pongo de lado para enseñárselo —¿Ves qué bonito me queda, mamá? Creo que las caminatas con Adrie estos días me han sentado de lujo, que me ha crecido el trasero cantidad.

Ella suelta una exhalación nasal divertida y niega con la cabeza. —Sí, te ves bien— me dice —Y me alegra que no hayas vuelto a beber desde aquella vez. Que estés aprovechando el tiempo aquí, que salgas a conocer el pueblo, a mover las piernas, respirar aire fresco y conectar con la naturaleza. Esas semanas sin el móvil te han venido bien— cuenta con calma —Ya no estás tan pálido, tienes de un color rosita las mejillas; te ves mejor— repite esas últimas tres palabras.

—Mamá, yo siempre me he visto bien— sonrío, acariciándome el pelo con suavidad —Por cierto, mañana voy a montar a caballo con Adrianne y Gustav; él nos va a enseñar.

Mamá alza las cejas, visiblemente sorprendida. —Me parece perfecto— dice —A tu amiguita también parece gustarle aquí…

—Hmm…— hago un pequeño morrito y luego niego con la cabeza —Sí, le gusta, pero no mucho. Como hace tanto calor le fastidia, igual que a mí. Ella está aquí por mí, nada más— le respondo —Por cierto, ¿para qué me llamabas? ¿Ibas a decirme algo o me lo estoy inventando?— pregunto —Ahora no lo recuerdo.

—En realidad, iba a decirte que necesito que me ayudes a traer el resto de los bocadillos— me dice —Las chicas están ocupadas atendiendo a los invitados, hay que darles una mano.— ay no. Hago una mueca; no quiero ponerme en eso. No me he vestido así para acabar trayendo bandejas —Ve donde está Tom y pídele que te eche una mano, son muchas bandejas.

—¿Qué? No— espeto rápidamente, negando con la cabeza —Mejor se lo pido a mi tía Nicki…

—Ella todavía se está arreglando.

—Entonces a mi tía Tammy…

—Salió con Heidi a traer a los músicos— ah sí, yo los contraté —Al parecer se han quedado atascados; con estas lluvias el autobús no pasaba. Y les han exigido que lleguen puntuales— me mira con una ceja alzada; yo sonrío con la poca inocencia que me queda. Yo les exigí eso…

—¿Y Álvaro?

—No sé dónde se han ido él y los demás— dice —Los únicos que se han quedado son Gustav, que está liado con un problema en los establos; Shermine, Stuart y Eloy me están ayudando a rematar lo del escenario— comenta —Todos están ocupados, y tú no.

—¡Claro que estoy ocupado!— exclamo en voz baja.

—Ah, ¿sí?— se cruza de brazos —¿En qué?

—Existiendo, por ejemplo— le respondo —¿Crees que caminar por este mundo siendo el ser tan maravilloso que soy, irradiando luz, aguantando las miradas de la gente que se queda flipando por mi asombrosa belleza, iluminando sus patéticas vidas, no es nada?

—Bill, por Dios…— mamá se echa a reír —Ve con Tom ahora mismo.

—No…— gimoteo —Lo haré yo solo.

—No podrás; te vas a cansar solo con traer una bandeja— me dice —Y además tienes que bajar las hieleras para servir el ponche, cariño. No vas a poder solo. Ve y pídelo a Tom; él no se negará.

Me cruzo de brazos. —No quiero… ¿por qué con él?— susurro —Maldito universo de mierda, solo una vida de porquería me dio.

—¿Decías algo, Billie?

—Nada— respondo rápido —Iré a buscar a Tom— digo, carraspeando un poco —¿Dónde está?

—Junto a tus abuelos— me contesta, señalando una mesa con buena vista al pequeño escenario que mis primos están limpiando. Miro a mi madre suplicante, sin darme cuenta —¿Qué pasa?— agacho un poco la cabeza —¿Acaso pasa algo entre tú y Tom? Porque desde que llegamos lo has estado ignorando; no le hablas como antes. Ni siquiera lo miras o lo saludas— muerdo mi labio inferior —¿Qué ocurre, Bill?

—No es nada, mamá— levanto la mirada y la miro a los ojos —Simplemente ya no soy un crío. No puedo ponerme a hacer las mismas tonterías de antes, estar pegado todo el rato pidiendo cosas— relamo los labios —He crecido y creo que lo mejor es mantener distancia con todo.

—¿Estás seguro?— me pregunta, entrecerrando los ojos.

—Sí…— afirmo, dándome una palmada en los muslos para disimular; intento sonreír pero lo único que me sale es una línea recta —Iré a buscarlo y traeremos todo lo que haga falta— no espero respuesta y me doy la vuelta para empezar a andar rápido e intentar escapar de su interrogatorio. He estado evitando a Tom, no lo he disimulado y no me importa.

Si mi madre se ha dado cuenta, entonces significa que él también lo ha notado. Sin darme percatarme voy en dirección a donde están mis abuelos y, cuando me doy cuenta, ya es tarde para prepararme y dirigirle la palabra después de todo lo que pasó. El único acercamiento que hemos tenido fue aquella vez que llegué ebrio y acabamos hablando mientras me llevaba a mi habitación; sí, recuerdo algunas cosas. Pero nada más ha pasado, y así debe quedar.

—Cariño…— exhala mi abuela al mirarme de pies a cabeza —Tan radiante como siempre.

—Gracias, abue, aunque tú tampoco te quedas atrás, ¿eh?— comento —Menos mal que me dejaste escoger lo que te pondrías hoy. Soy bueno con todo lo que tiene que ver con la moda, y bueno, entre otras cosas más— sonrío, ella también lo hace.

—Billie, siempre destacando— dice mi abuelo, sonriendo mientras bebe de su copa de champán —¿No te ha dicho nada tu mamá? Porque conociéndola seguro que ha querido regañarte.

—Ahg, sí— pongo los ojos en blanco —Claro que lo intentó, pero no llegó a los gritos. De hecho, ha estado bastante tranquila todos estos días…

Mi abue Charlotte sonríe. —Ya sabe que debe dejarte ser— me dice —¿Vas a sentarte con nosotros, cielo?— pregunta.

—Oh, no, abue— le respondo —Solo venía a… a decirle al tío Tom que mi mamá manda a decir que me ayude a traer unas cosas que hacen falta— digo, pasando de mirarla a ella a mirar a Tom. Se me hace difícil; él ya me está mirando cuando nuestros ojos se encuentran. Tiene esa mirada tranquila, que… que nada, que nada. —Aunque no estas obligado, ¿eh? Yo podría hacerlo solo, pero mi madre no quiere.

Él bufa, deja sobre la mesa su copa de champán, ya vacía tras tomarse el último trago —Te ayudaré, Bill— dice —No es nada que no haya hecho ya.

Claro. Y yo que tenía la esperanza de que se negara… pero no.

—Bien…— chasqueo la lengua. Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia el interior de la hacienda, justo con dirección a la gran cocina, donde no hay nadie. ¿No deberían estar cocinando lo de la cena? Joder —¿Dónde mierda están todas?— pregunto más para mí mismo, pero Tom me responde sin que se lo pida.

—Afuera, haciendo de meseras— dice a mis espaldas —Pero otras están en la cocina de leña, preparando la cena— oh, claro.

Además de esta cocina, hay una al aire libre con un horno de leña y utensilios que usaban los indios antes… ¿eran los indios? No lo recuerdo porque no estuve en esos tiempos. Pero sí sé que hay una parrilla y seguramente están haciendo la cena rápido para todos los invitados. ¿Cómo se me olvidó ese detalle? Suelto un suspiro y me pongo las manos en la cintura. Tom sigue detrás de mí; solo oigo su respiración.

—¿Qué es lo que te mandó llevar Simone?— pregunta.

—Los bocadillos que faltan— respondo —Y las hieleras…

Miro hacia el mesón donde están las hieleras, pero están vacías. Suelto otro suspiro. Las bandejas no están listas; yo pensaba que al menos ya tendrían los bocadillos bien colocados, pero no. Tendré que hacerlo yo… junto a Tom. Nos tomará un poco de tiempo, quizá media hora. Joder, media hora compartiendo el mismo aire que este hombre que aún logra volver loco a mi corazón.

Pero no voy a dejar que los sentimientos me dominen.

Continúa…

Que no se note que me encanta hacer edits de Billie 😍😈.

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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