
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 13
No puedo creer lo que acaba de pasar conmigo ahí dentro, en esa cocina. ¿Cómo puñetera mierda me quedé callado, mudo, como un idiota tras todas las cosas que me dijo? Yo no soy así, joder, yo siempre tengo algo que decir, algún comentario borde, con toda mi educación, que soltar. Algo para dejar por los suelos a quien intenta humillarme.
Entonces, ¿por qué no lo mandé a la mierda cuando pude?
No voy a negar que estoy a nada de venirme abajo del todo, porque nunca esperé que Tom, alguien a quien consideraba importante en mi vida, llegase a formar parte de ese círculo de la familia que piensa lo peor de mí. Jamás pensé que pudiera ser como ellos, decirme esas cosas tan hirientes que fueron las que me dejaron sin nada que decir. Porque nunca imaginé que algo así me pasaría con él. Con los demás es fácil, puedo soltarles sus mierdas sin ningún tipo de remordimiento. Pero con Tom… joder, no pude. No pude simplemente porque me dejó sin palabras.
¿Tom intentando hacerme sentir mal? Todavía no me lo acabo de creer.
Pero fue real, vi su cara, sus ojos sin ni un rastro de remordimiento al soltarme esas cosas. Su expresión dura, cabreada, amenazante. Esas palabras salieron de su boca, con su voz. Y la prueba de que todo eso sí pasó son las marcas en mis brazos de sus dedos, que apretaron mi piel con fuerza. Las veo en el reflejo del espejo de mi tocador.
Están de un color rojo clarito, y con solo verlas me entra una punzada en mi corazoncito. Me hubiese gustado que me las hubiera hecho en… otras circunstancias. Haciendo otras cosas… de las cosas que acaban con nosotros desnudos, piel con piel, jadeando, sudando. Seré más específico… con su pene dentro de mí. Pero no, ha sido de otra forma que ahora odio recordar. ¿Cómo se le ocurre tratarme a mí, ¡a mí, joder!, de esa puñetera manera? Fue muy cruel, un imbécil, un idiota, un completo cabrón.
Cuando terminamos de llevar todas las bandejas y esas cosas afuera, decidí venir aquí para mirarme y asegurarme de que en mi cara no hubiera ni un mínimo rastro de la tristeza que sentía en ese momento. Tristeza que ahora es rabia.
—Maldito seas, Tom Kaulitz— murmuro, mirando fijamente mi reflejo en el espejo —Ojalá pudiera odiarte con todas mis fuerzas, te lo juro.— con el puño cerrado le doy un ligero golpe a la mesa del tocador, haciendo que algunas cosas se muevan de sitio. Cierro los ojos y suelto un suspiro profundo —Maldigo el momento en el que empecé a enamorarme de ti. No te mereces algo tan fuerte y real como eso…
Abro los ojos y me encuentro con el reflejo de los mismos en el espejo, me relamo los labios resecos y bufo. ¿Cómo se supone que voy a ocultar estas marcas sin arruinar mi conjunto? Mierda.
—Bill…— escucho la voz de Adrianne seguida de la puerta abriéndose y cerrándose, quedándose ella dentro de mi habitación. La miro a través del espejo, de pie detrás de mí, con los brazos cruzados y una mirada preocupada —¿Qué ha pasado ahí abajo?— me pregunta.
—¿Acaso no estabas ahí escuchando?— le pregunto, sonando desganado. No quiero hablar ahora y, aun así, tengo que hacerlo para soltar un poco.
—Sí, pero ¿por qué ha pasado? Es lo que no entiendo— me responde —Yo solo llegué y, antes de entrar, escuché cómo Tom decía que primero él jode a tu padre antes de que pueda hacer algo en su contra— suelta, hecha un lío —¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué te ha dicho esas cosas tan feas?
—Él empezó— susurro yo. Me alejo del tocador con un suspiro y me doy la vuelta para mirarla. Ella se fija en las marcas de mis brazos y me mira con pena. Prefiere dejarme hablar antes que interrumpirme, y sinceramente lo prefiero así —Mi madre me pidió que llevara unos bocadillos fuera y las neveritas— espeto con ironía —Me dijo que le pidiera a él el favor de ayudarme; no se negó y aceptó. Cuando estábamos en la cocina, salió con su «hagamos esto rápido». Y me cabreé…— refunfuño.
—¿Qué le dijiste tú?
Camino hacia mi cama y me siento sobre ella, en una esquina. Adrianne no aparta la mirada de mí.
—Le dije que a mí tampoco me gustaba la idea de estar cerca de él— contesto —Con eso que dijo me dio a entender que no me quería ver, prácticamente, y no es como si yo quisiera lo contrario, así que se lo dejé claro.
—¿Eso desató la pelea?
—No…— resoplo, negando con la cabeza y con el ceño ligeramente fruncido —Él me dijo que ya sabía eso, y que se lo he dejado claro con estas dos semanas que lo he estado ignorando. Le recordé lo que le dije en Los Ángeles, que nada sería igual que antes… Él dijo que gracias a que yo lo ignoro, mis tías gemelas le hacen preguntas al respecto. Me dijo que tenía que disimularlo, que fuese «esta vez» más precavido.
—Hala…— exhala mi mejor amiga, sorprendida —Literalmente dio a entender que como no lo fuiste antes, que al menos lo hagas ahora, ¿no?
Yo asiento con la cabeza.
—Sí…— tomo aire —Yo le dije que lo iba a ignorar como me diese la gana… un montón de cosas, y también que le iba a hacer la vida una completa mierda— murmuro, mirando un punto invisible en el suelo —Entonces eso lo alteró, o qué sé yo, y me salió con todas esas cosas. Incluso me dijo que si le quería dar celos, que no lo intentara acostándome con otros hombres porque no iba a funcionar…
—Yo me fui después de escucharlo decirte que tu orgullo le besaba los pies al suyo…
Suelto una risa seca, sin pizca de humor.
—Esa gilipollez— digo con amargura —¿Por qué te fuiste?
—Porque escuché que alguien se acercaba, eran unas chicas del servicio— me cuenta —Tuve que hacer de todo para que no se acercaran a la cocina, porque esa discusión que teníais vosotros dos no es normal entre un tío y su sobrino. Tuve que salir afuera mientras las convencía de cualquier cosa para que no fueran allí. ¿Qué pasó después, Billie?
—Me dijo algo sobre que el juego lo había inventado él— comento, recordando con claridad sus palabras —No sé qué quiso decir con eso, la verdad.
—¿De qué juego habla?— pregunta Adrianne, extrañada, mientras camina hacia donde estoy y se sienta a mi lado en la cama, mirándome.
—Ni idea, Adrie…— respondo —Creo que con «juego» se refiere a todo lo que ha pasado entre nosotros, ¿no crees? Porque no le veo otra lógica. Igual… sigo sin comprender del todo cómo es eso de que lo «inventó» él, si está más que claro que fui yo quien lo sedujo hace dos años.
—Ay, mani…— suspira ella —Yo no entiendo nada, pero sí sé que si te dijo esas cosas fue porque seguramente se molestó por lo que le dijiste de que le harías la vida una mierda— comenta, pensativa —Pero no tiene ni pies ni cabeza, la verdad. ¿Con qué fin te soltó esas cosas tan feas?
—Intentó manipularme…— susurro.
—¿Qué? No lo creo…
—Estoy cien por cien seguro— la miro a los ojos —Eso estaba haciendo, no sé.
—¿Por qué querría Tom manipularte, mani?
—¿Para que no haga lo que le dije que haría?— digo, sin estar del todo seguro de mis propias palabras —Joder, no sé, no tengo ni la menor idea, pero lo intentó. Tom me conoce perfectamente desde que soy un crío, e intentó manipularme diciéndome esas cosas, pero ¿sabes qué es lo raro, Adrianne? Que yo no permito que ese tipo de cosas me afecten… pero de alguna forma, viniendo de él…
—Sí te afectó…— completa ella por mí. Yo asiento.
—Me sentí tan… no sé— resoplo, visiblemente frustrado —Entré en una especie de shock al escucharlo hablarme de esa forma que no pude responderle como siempre hago con los demás. Adrianne, me quedé callado, ¿eres consciente de la magnitud del problema?
—¿Que parece que eres débil ante él?
—Sí— afirmo —Pero no solo eso. Él sabía que yo me iba a quedar así al escucharlo…
—Oh…— Adrianne vuelve a exhalar. Su cerebro parece procesarlo todo muy bien porque entiende perfectamente lo que estoy diciendo —¿Te refieres a que él, de alguna forma, sabe cuál es tu punto de derrumbe? Ese que te hace quebrarte…
—No, mani…— niego ligeramente con la cabeza —Yo no tengo puntos débiles, porque si los tuviera, los comentarios malos sobre mí, mi forma de ser o mi físico me afectarían. Pero no lo hacen. Alguien puede decirme que soy un descerebrado y yo pasarme su opinión por el culo porque me da exactamente igual— aclaro, aún analizando la situación en mi cabeza —De alguna forma… él sabía que, al yo verlo como alguien incapaz de hacerme daño, yo reaccionaría así.
—Entiendo…— mi mejor amiga frunce el ceño, aún pensativa —Pero sigo preguntándome el «por qué».
—Tampoco lo sé— contesto —Pero Tom me ha dicho que él sabe perfectamente lo que hace, también me ha dicho que si yo creía que él quiso lastimarme con lo que me dijo en Los Ángeles, estaba equivocado. Que él hace las cosas por mí. Pero no sé con qué fin…
—Es todo un lío…
—Pues tendré que desenredar el asunto poco a poco— le digo —Porque siento que algo no va bien, Adrianne.
—Yo también…
Me quedo en silencio unos segundos. Tom mencionó también que yo soy ajeno al porqué él toma las decisiones que toma, y de alguna forma, me dejó con la intriga. ¿Cuál es la razón por la cual hace lo que hace? No lo pillo. No comprendo del todo lo que está pasando, y no voy a conseguirlo a menos que averigüe qué narices está ocurriendo y qué de alguna forma tiene que ver con mi padre. Porque eso de que él puede destruirlo antes de que mi padre le haga algo… también es inquietante.
¿Qué está pasando, joder?
Suelto un suspiro leve. —No puedo quedarme aquí y perderme la fiesta de mi abuela— le digo a mi amiga —Pero mira las marcas que tengo en los brazos…
—¿Quieres que te las tape con maquillaje?— pregunta.
—¿Puedes hacerlo sin que se note?
Ella sonríe un poco. —Creo que sí— dice, y yo me pongo de pie igual que ella. Nos acercamos a mi tocador y empieza a buscar el maquillaje que usará para taparme un poco las marcas y que nadie las vea, porque es obvio que me van a hacer preguntas. —Bill, ¿qué tienes pensado hacer ahora?
—Seguir actuando como si Tom no existiera mientras averiguo qué pasa— le respondo.
—¿Y qué vas a averiguar exactamente?
—Ni idea…
—Pero, mani…— resopla —No puedes investigar algo que desconoces. Es como intentar ver hasta dónde llega el límite del espacio, si es que lo hay— me dice —No sabes qué buscas, pero aun así lo vas a hacer. Es confuso.
—Conseguiré información…— le aclaro, con una sonrisilla —Pero primero haré que Tom pague por esto. Ese es mi objetivo principal, ya después averiguo qué pasa.— me dan cosquillitas cuando pasa las brochas por mis brazos. —El problema es que para eso tengo que sacarle algunos datos a Tom, y no creo que vaya a dármelos así como así. Por eso tengo que darle su lección y luego usarlo, o yo qué sé. Ya veré qué hago.
—Bueno…— exhala resignada y se aparta —Ya tienes los brazos libres de las marcas de los dedos de Tom y ni se nota que van tapadas con maquillaje.— me miro en el espejo y sí, efectivamente no se nota, gracias al cielo. Sonrío un poco. —Ahora sí podrás bajar. Te aviso ya de que tanto Heidi como tu tía Tamara han llegado con los músicos hace rato— me dice —Te lo digo para que luego no te quedes flipando.
Pongo los ojos en blanco. —Esa bruja…— gruño, con todo el asco del mundo —Me voy a encargar de arruinarle la noche.
—¿Qué vas a hacer?— pregunta Adrianne, mirándome con esa sonrisa pícara de cuando ya sabe que lo que planeo no es nada bueno, y tiene razón. No lo es. Nada de lo que pienso es bueno. Todo es malo y no pienso arrepentirme de nada. —¿Bill? Conozco esa mirada, maldito ser de alma oscura.
Suelto una risa suave. —¿Quieres saberlo?
—¡Obvio, mamona!
—Vale…— me humedezco los labios antes de contarle mis perfectos planes —Tom ha dicho que no intente darle celos porque no va a funcionar…— susurro, pasándome la lengua por los labios con calma —Muy seguro sonaba, ¿no? Como si de verdad no le importara lo que yo haga con mi vida o con mi cuerpo.
Adrianne arquea una ceja, esperando lo que viene. Yo sonrío, porque lo que tengo en mente no tiene nada de inocente. Bueno, nada lo es.
—Entonces tendré que buscar otro método para joderle la existencia— continúo —Y uno que sí funcione. Nada de acostarme con otros, eso sería perder mi tiempo, y él no se merece ese privilegio.— me inclino hacia el tocador, cojo mi brillo labial y lo destapo para ponerme un poco y volver a darle vidilla a mis labios —Voy a ignorarlo, pero no como estas dos semanas— explico con calma, mientras Adrianne parece impaciente —No voy a desaparecer de su vista, no voy a esconderme, no voy a huir. Voy a hacer lo contrario: estar ahí. Cerquita, a metros, lo justo para que me note, lo suficiente para que se le revuelva algo por dentro… pero sin darle nada. Ni una mirada directa, ni una palabra, ni una reacción.
Adrianne abre muchísimo los ojos al entender la jugada. —Billie…— sonríe, encantada con mi plan y con cada palabra.
—Exacto— sonrío de lado —Voy a provocarlo sin tocarlo, sin hablarle. Voy a hacer que sienta mi presencia en cada puta habitación, que me vea riendo, hablando con todos, brillando como siempre. Como si él fuera… irrelevante. Invisibilizarlo, pero sin desaparecer yo, Adrianne. Ese será su castigo.
La miro mientras cierro el brillo labial y lo dejo en el tocador. Mis labios ahora brillan más.
—Voy a dejarle claro que ya no me afecta. Que lo que teníamos, o lo que fuese, ya no pesa en mí, que me ha perdido. Y eso le va a doler más que cualquier escena de celos cutre.
Adrianne sonríe, incrédula. —¿Y luego qué?
—Luego…— mi sonrisa se vuelve peligrosa; adoro mi faceta de malvado —Vendrá a mí. Va a caer, lo conozco, es cuestión de tiempo. Y cuando lo haga, cuando venga con su actitud de siempre, cuando quiera tocarme o hablarme o lo que sea…— chasqueo los dedos —…ahí es donde lo voy a parar. Le voy a hacer currarse cada centímetro de cercanía, cada palabra. Le voy a hacer querer cosas que ya no pienso darle tan fácil, voy a hacer que se doble un poquito. Que sea él quien ceda primero, que me busque él, que se arrepienta.
—Que se arrodille.
—Ajá…— asiento, con esa sonrisa que sé que impone, mientras paso mi lengua por mis dientes superiores —No literalmente, aunque tampoco me molestaría. Pero sí emocionalmente. Antes de que pueda siquiera rozarme, voy a hacer que entienda que ha perdido privilegios conmigo. Que el control lo tengo yo ahora.— me acomodo el pelo, satisfecho. —Ese es mi plan, mani. Castigarlo, provocarlo, romperle el orgullo. Y cuando caiga, porque va a caer, entonces decidiré yo qué hacer con él.
—Joder, me flipa.
Suelto una risita entre dientes. —Eso va a molestar a Heidi, porque no va a soportar que Tom me mire más de la cuenta después de todo lo que ha pasado. Me pondré en marcha esta misma noche— pongo mis manos en la cintura y sonrío otra vez, pero con chulería —Se va a cabrear muchísimo esa idiota.
Adrianne ríe conmigo, sin montar escándalo. Una risa contenida en nuestros labios que solo escuchamos nosotras. —A ver si así consigues quitarla de en medio.
—Y ganas no me faltan, mani— le digo, y luego respiro hondo. Me encanta el olor a triunfo aunque todavía no haya ganado, pero tengo la certeza de que la victoria la voy a tener en mis manos como siempre —Algo me dice que Heidi no tiene un papel muy importante en esto, porque para ser la mala hay que saber hacer las cosas y hasta ahora… no ha hecho absolutamente nada más que burlarse de mi físico. Y yo, que soy perfecto— digo, mofándome.
—El papel de villano lo tienes tú ahora, cariño— me dice Adrianne —Ellos lo quieren así… pues sé un villano digno.
—Oh, lo seré, claro que lo seré— digo, confirmándolo con un leve asentimiento de cabeza que casi ni se nota —Si voy a ser el problema de alguien, al menos que sea inolvidable. Voy a perfeccionar ese papel a mi modo. Va a ser increíble, mamona.
—Y entretenido— añade ella.
—Sí, muy divertido. Esto es como pasar al nivel tres de un juego… se pone cada vez mejor y aún más difícil, pero puedo con ello.
—Yo sé que sí— afirma Adrianne —Pero venga, vamos abajo, no vaya a ser que Tom piense que ha conseguido dejarte mal.
Suelto una risa nasal. —Ya nadie puede ponerme mal, y se lo voy a recordar porque, al parecer, se le ha olvidado— trago saliva —Conmigo nadie se mete. Le voy a demostrar que no estaba de coña cuando le dije que le haría la vida imposible.— entrelazo mi brazo con el de Adrianne —Vamos, hay un juego que continuar y terminar.
Ella sonríe conmigo. Adrianne siempre me sigue en mis locuras, no hay nada a lo que me diga que no. Y eso me encanta. Me siento aún más imparable que antes, joder.
Continúa…
Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉 Esta es Adrianne