Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 18

Salimos de las caballerizas cuando elijo al caballo negro precioso que es guapísimo en toda regla y me pega perfecto con alguien tan bonito y flipante como yo. ¿Lo de Tom? Pues normal, le dejé las cosas claritas y tiene una cara de mala hostia que flipas, señal de que está cabreadísimo, seguramente porque las cosas no le salen como él quiere o porque de verdad se pensaba que no iba en serio lo que le dije mientras le dejaba que me follara.

Por cierto, me ha quitado el mono sexual del cuerpo, así que puedo tirar otras tres semanas más sin catar sexo, y durante esas tres semanas le voy a hacer la vida imposible poniéndome sexy sin esforzarme ni un pelo, porque ya lo soy de serie. Aunque todavía puedo llamar a mi novio y pedirle que venga, eh.

Bueno, lo de montar a caballo fue la hostia, de verdad. Me pillé el truco rapidísimo con las explicaciones de Gustav, montaba como un pro y con mi sonrisa radiante en la boca. Súper contento porque es otro logro más y dejé a todos con la boca abierta, a las sanguijuelas de la familia… digo, a mis tiastros y primos, perdón, que se me adelantan las voces de la cabeza y al final lo suelto todo, ¡ja!

Estoy feliz de cojones y encantadísimo porque me da que ya no me va a pasar nada malo, porque yo siempre puedo con todo. Si gané una carrera contra millones de espermatozoides, ¿cómo no voy a poder con los marrones de la vida? Como digo yo siempre: «nada es imposible para Bill Wieger Kaulitz».

Obviamente, de tanto montar a caballo al final me entró una sed que te cagas, menos mal que mi abuela guapísima mandó traer algo de beber y en cuanto llegaron las chicas con bandejas y jarrones llenos de zumo de manzana con un montón de hielo, no lo dudé ni un segundo: me bajé de mi precioso Kodiak, que por cierto es un caballito súper educado, y cogí uno de los vasos; ese zumo me supo a gloria en cuanto me refrescó la garganta.

Y como era de esperar, Adrianne se me acercó con esa cara que pone cuando quiere enterarse de algo. Apoyo la espalda contra la valla y suelto un suspiro mientras le doy otro trago al zumo, que ya casi se me ha acabado. Ella se acerca con pasos sigilosos o eso cree ella, porque hasta la Pantera Rosa lo hace mejor. La miro de reojo y pongo los ojos en blanco soltando un bufido. —No te voy a contar nada, así que ni lo intentes, tía— le suelto rápido. Sé perfectamente lo que quiere saber.

—¡Qué injusticia!— exclama ella, dándole un pisotón al suelo de tierra donde se forma un agujerito no muy hondo por el tacón de sus botas y pone un morrito con los labios —Se supone que soy tu mejor amiga y que no nos guardamos nada ni tenemos secretos, ¿por qué no me cuentas?

—Porque cualquiera puede escuchar— le respondo como si fuera obvio mientras intento disfrutar de la vista del corral, la tierra húmeda y a mis primos haciendo sus movidas raras. No, imposible disfrutar. Ellos joden cualquier foto con sus caretos, imagínate ahora la vista del corral con caballos que están tirados en el suelo descansando. Hago una mueca con la boca y niego con la cabeza —No me puedo arriesgar.

—¡Ahg!— suelta como loca, entonces me coge del brazo y me arrastra hacia un extremo del corral sin mi permiso y pillándome totalmente desprevenido.

—¡Adrianne! ¡Joder!— grito yo, intentando zafarme de su agarre sin éxito —¡¿Qué coño te pasa?!

—Pasa que me tienes que contar qué pasó dentro de esas caballerizas— me exige, señalando a la nada con el dedo índice y con una cara de seriedad que me dice a gritos que si no se lo cuento no me va a dejar en paz —Tú y Tom os demorasteis un huevo, y luego sales sin brillo de labios y con el sombrero mal puesto porque así como lo llevas no va.— señala mi sombrero y yo rápido me lo arreglo, Adrianne se cruza de brazos —Tú crees que no, pero a simple vista parece que te han dado una buena revolcada. Ni siquiera te molestaste en disimularlo un poquito, perra.

Sonrío con picardía —Eres mejor que un puto detective para fijarte en la chorrada más tonta— le suelto de halago, ella levanta la barbilla y sonríe toda orgullosa.

—Gracias, es de nacimiento— dice.

Yo me parto de risa negando con la cabeza —Eres una tonta, Adrie. Y una persona muy, muy cotilla.

—No es mi culpa— musita con un tonito de voz inocente que de inocente no tiene ni un pelo —Ahora cuéntame, mamona. ¿Qué pasó ahí dentro?

Me acabo lo que queda del zumo y sonrío mirándola —¿Quieres saberlo?— ella asiente rápido —Bueno, lo que pasó fue que…— me acerco un poco y ella también, como preparada para oír un secreto susurrado —Que…— nos acercamos un poco más —Que…— un poquitín más —Que le confesé que soy el maestro Fu, guardián de los miraculous.

—¡Hijo de puta!— exclama con asco e indignación por mi respuesta mientras yo me descojono de risa —¡Hablo en serio, Bill! ¡Joder!

Me seco una lágrima falsa para meterle más drama al momento y cojo una buena bocanada de aire para calmarme. —Vale, vale, pero no chilles— le aviso de entrada, echando un vistazo alrededor, viendo que nadie nos está mirando fijo ni está lo bastante cerca como para oír. Ni siquiera Tom. Él está hablando con mi abuela. —Lo que pasó fue que echamos un polvo— se lo suelto de sopetón, sin filtro ninguno y es que nunca he tenido filtros, que os jodan. Adrianne abre la boca que flipas, igual que los ojos, su cara merece un Oscar a la mejor reacción del mundo. —Bueno, más bien fue un rapidín.

—Pero… pero… pero…— dice, como si le faltara el aire para terminar la frase. —Yo pensaba que primero le ibas a hacer la vida imposible, ¿o es que no lo pillé bien? Es probable, que mis neuronas casi nunca se sincronizan con el cerebro.

—Eso lo sé, pero que lo digas tú es raro— le comento, con el ceño un poco fruncido. Está como una cabra de verdad. —A ver, sí, ese es el plan. No lo oíste mal, loca. Es solo que se me ocurrió algo para que todo coja carrerilla— le digo y ella levanta una ceja toda descolocada, no pilla nada y suspiro preparándome para explicárselo. —Tú has notado cómo me mira sin disimular ni nada, incluso cuando tiene a la bruja esa al lado— ella asiente con la cabeza confirmando lo que digo aunque no hace falta. —Pues bueno, estando en los establos me di cuenta de que él también lleva en abstinencia igual que yo, porque fue él el que me besó primero.

—¿Eh? ¿Qué? ¿Cómo?

—Sí, él me besó primero y aunque me resistí un rato, al final cedí yo también.

—Qué facilote eres.

—¡Oye!— le reprocho todo indignado. —¿Has visto a ese tío, Adrianne? Sácate de la cabeza esa vaca que tienes por mente y enfoca la mirada en ese pedazo de hombre— le pido con un poco de desesperación. —Ponte gafas de una vez para que veas las guapuras que tienes alrededor y no al oxigenado ese de Andreas, por favor.— Adrianne pone los ojos en blanco. —Tom es demasiado sexy, y yo caigo en la tentación como Eva cuando se dejó liar por la serpiente para comer la manzana. Y yo estaba necesitado, no me eches la culpa. Solo él puede quitarme el mono por mucho que me joda decirlo y aceptarlo. El caso es que sé sacarle partido a esto…

—Vale, ¿y cómo?

—Tom va a querer repetir un montón de veces y yo lo voy a llevar al límite para luego dejarlo colgado, con una erección que ni follándose a Heidi, por mucho que le duela, se le va a bajar— le explico. —No te creas que me dejé solo porque necesitaba sexo urgente, todo tiene sus motivos ocultos.

—Mmm, sí— ella chasquea los dedos. —Algo me dice que antes de pensar en usarlo en su contra, caíste por puro calentón.

—Sí, pero lo importante es que lo voy a usar en su contra.

—Ojalá no acabes abriéndole las piernas al instante, Bill.

—¿Por quién me tomas?

—Te conozco, ¿se te olvida? Eres adicto al sexo, y más cuando es con Tom porque te pone lo prohibido ya que es tu tío— dice en un susurro pero con firmeza, arrugando un poco la nariz. —Y cuando empieces a provocarle, a lo mejor tú también te pones cachondo y caes en tu propia trampa.

—No, no, no, no— le digo negando con la cabeza. —Eso no va a pasar.

—Claro…

—Hablo en serio, Adrie.— ella me mira sin creerme una mierda, idiota. —También le dejé un par de cositas claritas. Le he tirado la primera piedra multiplicada por cinco. Aún queda un montón por hacer.

—Bien, yo quiero venganza— me dice gruñendo, como una villana de peli Disney. Haciendo ese gesto con la mano donde cierra el puño y baja el brazo de golpe pero sin bajarlo del todo, solo hasta donde se dobla. —Pero ahora que ya me lo has dejado claro, creo que se te está olvidando algo que es súper importante.

—¿Qué?

—¡Tu cumpleaños!

Oh.

—Aún no has planeado nada y queda poco, Billie— me dice. —Queda una semana y media. Y se supone que tu fiesta va a ser la hostia, pero no te veo haciendo las listas típicas que has hecho estos últimos años.

—Es verdad— asiento despacio con la cabeza mientras me paso los dedos por la barbilla como si tuviera barba. —Pero yo estaba esperando a que llegue mi padre con mi asistente, si es que de verdad lo trae y aceptó mi petición de un esclavo para su hijo único. A lo mejor cambia de idea al final por lo que sea que le diga mi madre. Y yo quería al asistente para que me ayudara.

—Yo creo que sí lo tendrás— me dice ella con una sonrisa, asintiendo un poquito con la cabeza. —Y será muy guapo.

—Espero que sí… porque si es feo, lo despido ipso facto— aclaro con una mueca de asco en la boca. —En fin… ya sabes lo que tanto querías saber, perra, ahora déjame en paz que tengo que planear mi próxima jugada— me río como cualquier villano, empezando con el «Mua…» y siguiendo con el «jajaja…» pero a mitad de mi risa malvada me atraganto con mi propio veneno… quiero decir, con mi propia saliva y eso hace que Adrianne se descojone de risa asmática en toda mi cara.

Quise poner cara de cabreado pero es que su risa, que suena como si se estuviera desinflando un globo, es contagiosísima, así que me uno a ella pero yo sí me río como Dios manda.

—¡Chicos, ya está bien por hoy y los caballos tienen que descansar!— grita mi abuela desde un lado de la valla cuando termina de hablar con Tom. —Llevad a los caballos a las caballerizas y seguid con vuestros trabajitos de siempre, ¿vale?

—Yo me encargo de que sea así, abuela— le responde Gus con una sonrisa suave en los labios y luego aplaude. —¡Los caballos a las caballerizas, ya!

Adrianne pone un pequeño morrito. —¿Ya? ¿Esto ha sido todo? Yo quería seguir montando, jo…

Pongo los ojos en blanco. —Puedes quedarte con Gustav si quieres, loca— le sugiero y ella me mira fijamente. —Si lo convences bien a lo mejor te deja seguir montando alguno, mientras no estén mis primas por ahí, todo guay. O si quieres yo hablo con Gus, no sé, decide rápido que me quiero ir a dar un baño. Estoy todo pegajoso y sudado, no me mola nada.

—Yo me quedo— dice, poniendo una sonrisa enorme. —¿Con «saberlo convencer» te refieres a que tengo que seducirle? Porque eso se me da de puta madre…

—No, Adrianne, no me refiero a eso— le aclaro de una vez. —Pero si tú quieres, adelante. No tengo problema con que seamos familia formalmente de ese modo, es más, si hay boda futura pues yo quiero que me dejes elegir el vestido y ser tu única «dama de honor» y que el primer bebé lleve mi nombre.

Mi mejor amiga se parte de risa. —¿Yo? ¿Casarme y tener hijos? Creo que el primero en hacer eso serás tú, mamona.

—¿Por qué me deseas el mal?— le pregunto poniendo la mano dramáticamente en el pecho mientras la miro con mi mejor cara de decepción total. Adrianne alza las cejas, no se retracta, al contrario, de verdad piensa que yo seré el primero. —Ni de coña— suelto al instante. —Yo no voy a casarme ni tener hijos, eso sería crucificarme yo mismo, loca, y masoquista no soy… en el sexo sí, pero en lo otro no. Y… no es como si yo pudiera tener hijos, ¿sabes? Quizás por adopción, pero la respuesta sigue siendo: «no».

—¿Quién dice que no puedes tener hijos tú mismo?— pregunta ella con el entrecejo un poco fruncido mientras nos alejamos de la valla. Todos ya se están yendo y algunos se quedan a seguir con sus trabajitos en los establos, cuidando las vacas y demás.

—La naturaleza, tonta— le respondo. —¿Te tengo que recordar que tengo pene? No soy una mujer…

—No necesitas ser una mujer.

Ahora yo la miro como si me hubiera dicho que vio un ovni por la noche y habló con el mismísimo capitán extraterrestre que le pidió que le dejara pasar las vacaciones aquí porque había oído que en Hawái se lo pasan de puta madre pero ella le recomendó que visitara las Maldivas porque es mucho mejor. Y ahora mismo el capitán extraterrestre está en el agua, nadando feliz mientras disfruta de sus tan ansiadas vacaciones. Y… y estoy perdiendo la cabeza otra vez imaginando cosas random que… nada que ver, mi ciela.

—¿Qué coño dices, muchacha?

Ella aprieta los labios para no soltar una carcajada. —¿Sabes qué es el hermafroditismo?

—Obviamente no, idiota.

—Pues…— se frota los labios y chasquea la lengua para seguir contestándome. —Yo tampoco lo sé del todo, pero una vez me salió un TikTok en donde un doctor explicaba un caso de un chico que llegó con una panza enorme al hospital a punto de dar a luz, ¡¿Puedes creerlo?! ¡Un chico, Billie! ¿Te lo imaginas?— me llevo la mano a la frente, frotándola suave mientras pienso en lo paciente que soy con esta niña que tengo al lado que suelta unas cosas tan ridículas. —El doctor explicó que por fuera tenía toda su masculinidad intacta, pero que por dentro, al parecer… tenía un útero, mamona. Y bien desarrollado, ¿eh? Y que podía gestar sin problema, aunque el parto fue súper arriesgado y el chico casi palma.

—¿No fue inteligencia artificial?— pregunto, porque puede ser. Últimamente la IA está que flipas…

Ella frunce el ceño. —¡Claro que no!— asegura. —Es real, tonto. Y yo lo investigué por Google, resulta que hay un pequeño porcentaje de probabilidad de que algunos chicos nazcan con esa condición y se llama… hermafroditismo.

—Ah, vale…— asiento con la cabeza. —Tu fuente es Google, la misma app en la que si buscas: «me duele el estómago, ¿qué puede ser?» te dice que es «cáncer de ano»— musito con un tono de obviedad total. —¿Va en serio, Adrianne?

—Ay…— ella resopla. —Que no es mentira, tonto.

—Sí, claro— bufo rodando los ojos con un cabreo evidente. —Yo no puedo tener hijos, ¿vale? Sácate esa idea del «hermafroditismo» de la cabeza, ¿de acuerdo?

Adrianne se ríe. —Solo era una sugerencia, cariño— me da un empujoncito. —Puede que sea real, como también puede que sea mentira. Y si te pones a pensar, ¿cómo es que tienen a los bebés?— pregunta, mirando a la nada de repente con los dedos sujetando suave la barbilla. —Porque se supone que no tienen coño, en el mundo omegaverse, los omegas hombres tienen que sacar a sus bebitos por el culo… ¿en el mundo real, los chicos que tienen útero los sacan por ahí también?— sus ojos se abren como platos y aspira aire haciendo un sonido tan dramático que me hace mirarla con preocupación.

Algo me dice que esta loca está mezclando la ficción de los manhwas de gays que lee con la realidad. ¿Qué coño es eso del omegaverse? Cada vez pierde otro tornillo, algún día la veré vestida de blanco, pero en un manicomio.

—¡Les ha de doler un huevo!— exclama entre risas. —Se les debe de abrir el culo de forma exagerada para que salgan los bebés, dios mío, qué loco, el diablo…

—Adrianne, repite conmigo:…— la cojo de los hombros y la hago mirarme a los ojos, ella asiente, preparada para escuchar los consejos sabios de su mejor amigo. —La ficción y la realidad son dos mundos diferentes, en uno las cosas son exageradas, locas, anormales, antinaturales y lejos de ser reales. En el otro, las cosas son normales, como deben ser, ¿vale? No las mezcles.

Ella asiente con la cabeza otra vez y luego, muy despacio, va frunciendo el ceño. —¿Por qué me dices eso?

—Por nada, solo… deja de leer un poco esas cosas raras y locas que lees, ¿sí? Ya te está afectando…

—¿Es un insulto o…?— ladea la cabeza confundida.

Sí, Adrianne, es un insulto. Pero no te voy a llamar «loca» a la cara, porque tendré que aguantar todo un berrinche tuyo donde intentas explicarme que las movidas que dices sobre «hermafroditismo», «hombres que se embarazan», «omegaverse», «omegas hombres», «bebés saliendo de culos» son reales, y no estoy para eso.

—No— le miento, sonriendo un poquito. —Es un consejo, loca. Ya deja de leer, por favor…

Me doy la vuelta para seguir andando porque ella se queda con Gustav, yo, en cambio, me vuelvo a la hacienda para darme una ducha. No me mola nada sentir los muslos pegajosos por el semen de Tom que todavía lo tengo impregnado en la piel. Joder… solo de pensar en lo que pasó en las caballerizas me recorre un escalofrío placentero por todo mi cuerpo sexy hasta pararse en la punta de mi miembro. Me relamo los labios y suelto un suspiro. Fue increíble, no lo voy a negar, fue la hostia.

Nunca me imaginé que echaría un polvo en las caballerizas, con la familia fuera en el corral grande montando a caballos mientras yo tenía la polla de Tom dentro, clavándoseme deliciosamente en el culo. Coño… fue espectacular.

Haré que se repita, pero no ahora… primero tengo que asegurarme de que Tom se arrastre y sufra. Mientras hago eso, me ocupo de joder un poco a la bruja…

Veo cómo todos van dejando a los caballos donde los encontraron, a mi abuela y a mi tío Tom en la entrada del establo, todavía hablando. No sé qué ha sido de mi madre, tampoco sé qué ha sido de mi abuelo Gordon. Creo que volvió a sus cosas en los cafetales, él se pasa el día ahí. Sigo caminando hacia la hacienda y me quito la chaqueta vaquera, porque hace un calor que te cagas y la llevo colgada del antebrazo mientras me quito el sombrero y me echo un poco de aire.

Tengo que ir a ver a Jesse, necesito que me arregle las rastas antes de mi cumpleaños. Quiero estar guapísimo, hablaré con Valerie, le pediré que me eche una mano con la lista de invitados. Buscaré un sitio guay para hacer la fiesta, porque aquí en la hacienda, ni de coña. Tiene que haber algún lugar chulo por aquí. Esperaré a que llegue mi padre con mi asistente, y a lo mejor me trae el móvil también. Ya me hace falta sacarme fotos para Instagram, ver los comentarios que me dejan todos los tíos que me siguen, los likes… joder.

—Un gatito en el techo, solo sin su lady…— empiezo a cantar en voz bajita. —¿Cat Noir?— digo con la voz un poco aguda. —Ah, ¿mi lady?

Sí, he visto Miraculous, ¿y qué? ¿Algún problema, coño?

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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