
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 2
Bueno, digamos que nada salió tan mal como pensaba.
Jesse, el estilista que resultó ser un tío en vez de una mujer, atendió mi pelo de maravilla. Como si se tratara de una operación a vida o muerte y él fuera el cirujano. Pero es que prácticamente sí era una operación urgente. Cometí un crimen contra mi melena y ahora estoy aquí, en un salón de belleza, si es que se le puede llamar así al sitio, haciéndome un cambio radical para soltar a mi versión llorona y que vuelva la de antes, pero más empoderada, más perra, y que haga que todos los que me odian, me odien todavía más.
Gustav está sentado en uno de los bancos que hay al lado de la puerta, justo donde hay también una ventana llena de polvo y hasta con telarañas. Me estremezco sin querer, es que me dan pánico las arañas. Puedo soportar cualquier otro insecto, pero con las arañas es como si mi cabeza me dijera que esas cosas se harán enormes y me comerán vivo. O saltarán hacia mí y me caminarán por todo el cuerpo…
Eww, joder… es horrible.
—Tu cabello es negro natural, ¿verdad?— me pregunta Jesse mientras examina cada mechón mal cortado de mi cabeza.
—Sí— respondo, mirándolo a través del espejo.
—Vale, está perfectamente cuidado, ignorando que te lo has trasquilado todo— me dice, y yo sonrío.
—Siempre me ha encantado cuidármelo más que nada— le digo —Mantenerlo limpio, protegido del frizz y todo eso. En la ciudad voy una vez a la semana con mi estilista cuando lo noto reseco. Ella sabe perfectamente cómo tratarlo y salgo de ahí con el pelo siempre reluciente.
—Eso está muy bien— me comenta con un pequeño asentimiento de cabeza —Para nosotros los estilistas, el cabello es el reflejo del alma. Que te lo hayas cortado así solo significa desesperación. ¿Estás pasando por algo que te haya cambiado emocionalmente y te haya hecho tener alguna crisis o algo así?— pregunta, y yo asiento con un puchero triste en los labios. —Vaya… pues debe de ser horrible, sea lo que sea por lo que estés pasando.
—Lo es…
—Pero yo te lo voy a arreglar— me asegura —Y volverás a estar radiante, ¿eh?— sonrío ensanchando la boca, es justo lo que necesito oír ahora. Que mi pelo puede salvarse —¿Has probado hacerte algunas cosas en el pelo? ¿Como mechones, reflejos rubios o algo así?
Asiento con la cabeza —Sí, de hecho… antes de que se me metiera el demonio y acabara haciendo esta atrocidad, tenía unas mechitas rojas— le digo —Pero se fueron junto con la mitad de mi pelo— añado con tristeza —¿Por qué?— pregunto a la vez.
—Todo esto es fundamental, no te preocupes— dice —Me has dicho que puedo usar extensiones contigo— se lo confirmo con un gesto de cabeza —Bueno, creo que tengo algo en mente que te vendría genial. Y me voy a guiar por el color de tus uñas, el blanco y el negro, ¿vale?— dice —No te preocupes, estás en buenas manos. Saldrás de aquí siendo una persona nueva.
—Vale…
—Bien, vamos a relajarnos un poquito— musita, sonriéndome a través del espejo —Sí, sí, sí… vas a quedar espectacular con lo que tengo en mente.
Eso espero…
Porque realmente necesito quedar maravilloso, volver a ser yo, recuperar mi brillo. Ser el jodido Bill Kaulitz al que nadie soporta, al que la familia ve como la oveja negra. Necesito volver a ser yo: un ser egocéntrico, orgulloso a más no poder, duro, sarcástico, diva en todo el esplendor de la palabra. Con mi brillo esta vez al cien por cien, para que al verme la gente me envidie aún más. No puedo creer cómo pasé cuatro días de mi vida llorando, perdiendo horas de mi valiosísimo tiempo lamentándome por todo lo que pasó en Los Ángeles. Sintiéndome como una mierda.
Pero yo no debería sentirme así, ¡es Tom quien tendría que estar agonizando en su dolor! Pero no, el muy cabrón no puede sufrir porque, en realidad, nunca le importé.
Y sí, en mi cuello aún cuelga ese colgante de cuarzo rosa que compró para los dos. Ese que simboliza un amor pasional, real, puro e infinito. O al menos eso dijo la gitana, aunque yo creo que se equivocó. Ese amor solo lo sentí yo, y de alguna forma no consigo quitarme el colgante. Lo intenté muchísimas veces, pero nunca pude. Le prometí a Tom que nunca me lo quitaría, y de alguna forma, cuando mis dedos tocan el pequeño broche que une ambas partes, no soy capaz de hacerlo. Así que todavía lo conservo, oculto entre las camisas que uso.
La gitana me dijo muchas cosas, y algunas ya las he olvidado. Después de todo lo que pasó no he tenido cabeza para pensar en nada más que en lo desgraciado que soy, porque solo me pasan cosas malas. Y eso que soy un ser de luz…
Hago cortocircuito a veces, pero un ser de luz al fin y al cabo, ¿no?
El caso es que necesito cumplir mi palabra. Necesito hacer que Tom se arrepienta de todo lo que me dijo. O bueno, en realidad no tengo que hacer nada: él solito vendrá a mí como un perro con la cola entre las piernas, a lamerme los pies y a pedirme perdón por todo. Y yo, obviamente, no lo voy a perdonar tan fácil, nah, nah, nah. Le daré un poco de su propia medicina, igual que pienso hacerlo con la bruja plástica de Heidi.
Porque sí, mamá me confirmó que ellos vendrán a quedarse un tiempo aquí y que se irán el próximo año, a inicios de enero. Como van a estar aquí para el cumpleaños número cincuenta y nueve de mi abuela, también para el mío, el de mi abuelo, que se celebra el mismo día que Acción de Gracias, a finales de noviembre, y luego Navidad. Estará toda la familia reunida. Qué coñazo…
Heidi dijo que me haría la vida imposible, y no puedo evitar reírme cada vez que lo recuerdo. Es tan estúpida. Si ya todos me han hecho la vida imposible desde que era un crío, ¿qué coño importa si ella también lo intenta? Sé defenderme; no necesito pegarle para humillarla. Y no voy a tener piedad solo porque está embarazada, ¿eh? Me da exactamente igual si esa cosa no nace, no quiero niños con las similitudes de esa arpía que se cree que por quedarse con Tom ha ganado el paraíso.
¡Ja! Es tan idiota…
O sea, Tom es extremadamente atractivo, ¿vale? Con su cuerpo corpulento, su pelo en rastas negras que siempre lleva recogido en una media coleta, la ligera barba que adorna sus mejillas y su mentón, el piercing del labio inferior, su nariz respingona, sus ojos marrones, su forma de sonreír, de hablar, de caminar… sus manos fuertes, sus cejas gruesas, su piel bronceada por la que más de una vez pasé mi lengua y… joder, ¿por qué siempre acabo pensando en él?
¿Por qué el universo me odia?
¿Por qué no hace que él piense en mí, mejor?
¿Por qué hace que le recuerde siempre y que empiece a echarle de menos como nunca en mi vida lo he hecho?
Siempre es lo mismo, pero no puedo hacer nada contra eso. La gitana me dijo que sufriría, pero también mencionó que llegaría a la cima y no solo, sino acompañado de la persona que mi corazón ya eligió. Pero creo que mi corazón se equivocó de persona…
Necesito una lectura de cartas que me aclare mejor lo que me dijo la gitana. Aunque no creo en esas cosas, la verdad: me parecen una mentira, una estafa, y siempre he pensado que las personas que creen en eso están fatal de la cabeza, no sé. Pero ahora, la idea de ir a uno de esos sitios y que alguna mujer me lea las cartas me llama la atención, al cien por cien. Quiero saber si lo que dijo la gitana es verdad o solo una mentira. Una broma de Tom cuando fingía que yo le importaba. Quizás…
Siempre está el «quizás».
—Bill…— la voz de Gustav me saca de mis pensamientos. Sacudo un poco la cabeza y le veo detrás de mí —Te estaba hablando y parecías desconectado del mundo— me dice —Ya este buen hombre ha terminado su trabajo, ¿quieres ver?
¿Qué?
¿En qué coño he estado pensando todo este rato?
Frunzo el ceño, confundido. —¿Qué hora es?
—Las once y media…— me responde.
Llegamos aquí a las ocho. Joder, he estado pensando un montón durante todas estas horas, ¿eh? Tengo que dejar de hacer eso. No puedo venir a disociarme de la realidad así, y mucho menos para acabar pensando en el desgraciado de mi tío.
—Has quedado divino— me dice Jesse —¿Quieres ver el resultado?
Asiento con la cabeza, y mi pelo, que estaba todo echado hacia atrás, él lo acomoda hacia adelante justo cuando me pongo de pie y me miro completamente. Me quedo totalmente embobado al verme. Mi cabello, reluciente y liso como siempre, ahora está adornado con finas rastas, negras y blancas, que me hacen ver demasiado bien. No, «demasiado bien» se queda corto para cómo realmente me veo.
Joder… sonrío y chillo de la felicidad que me recorre entero, dando pequeños saltitos mientras doy rápidos aplausos. —Me encanta…— digo en un grito contenido —Me encanta, me encanta, me encanta.
—Sí que has quedado bien, ¿eh?— comenta Gustav, cruzándose de brazos con una pequeña sonrisa en los labios —Ahora ya no queda ni rastro de que te mochaste el pelo.
—Y eso gracias a que te lo corté un poco más para nivelarlo. Por suerte lo conseguí, y con las extensiones te hice las rastas y rellené un poco los huequitos donde faltaba cabello— me cuenta Jesse mientras acomoda mis rastas de mejor forma sobre mis hombros —Tu pelo original volverá a crecer con el tiempo, procura venir cada dos semanas para que se mantenga así, ¿vale?— dice, señalando la maravilla que ha hecho con mi cabello.
—Me has salvado la vida— le digo, dándome la vuelta para verle de frente —Eres un gran estilista, ¿eh? Te voy a pagar el doble por esto que has hecho, me has dejado mejor que antes.
—Oh, no… no hace falta —me dice.
Pero yo lo ignoro por completo, sacando mi móvil del bolsillo del pantalón con rapidez. —No sé cuánto cobras, cariño, pero esto merece el doble… o quizá el triple— comento —Dame tus datos para poder hacerte la transferencia.
Él cruza una mirada con Gustav, que solo se encoge de hombros, dándole a entender que haga lo que le pido. Así que Jesse suspira y me da sus datos, y cuando lo tengo todo listo, le hago una transferencia de dos mil euros. Sí, es demasiado. Tengo entendido que un estilista cobra unos cuatrocientos euros por un cambio completo. Jesse me hizo eso, pero me ha dejado demasiado bien, así que debo pagarle como se merece. Con esto, queda oficialmente nombrado por mí como el mejor estilista del año en la vida de Bill Kaulitz, futuro dueño de las empresas de mi padre y, próximamente, del mundo entero.
Muejejeje.
Claro, Jesse ve la notificación de la transferencia y me mira con los ojos como platos. —Es mucho dinero…
—No te preocupes— le digo, agitando la mano en el aire para restarle importancia —Para una persona adinerada como yo, eso no es nada. Suelo gastar más cuando voy de compras…— suelto una risita, y mi primo a mi lado niega con la cabeza; sabe que no miento —Vendré cada dos semanas, los lunes. Y recibirás buena propina, seré tu mejor cliente— guardo el móvil en el bolsillo de nuevo —Gracias por esto— señalo mi cabeza —Realmente me has salvado.
—Me alegra que te haya gustado— dice, aún sin recuperarse de la emoción por el pago que le he hecho —Y gracias a ti por esto, no me lo esperaba…
—Lo sé, soy una bendición en la vida de muchos.
Él ríe suavemente. —Eres un ángel caído del cielo.
Sonrío de oreja a oreja, cerrando los ojos brevemente. En realidad, sí soy un ángel caído del cielo. Soy un ser de luz que ama el caos, hacer y decir cosas que no están bien, porque así es mi personalidad: políticamente incorrecta. Pero eso no me importa.
Después de despedirme de Jesse y asegurarle que vendría dentro de dos semanas, Gustav y yo salimos de la peluquería y subimos al coche. Me pongo de nuevo el cinturón de seguridad, por si acaso ocurre algún accidente, porque con la mala suerte que tengo últimamente, no espero menos. Al menos, si muero, me veré guapo de todos modos. Estoy seguro de que arreglarían muy bien mi cadáver para que quedara sexy. Hmm… yo hablo de estas cosas como si nada, ¡ja! Mejor me calmo un poco. Me pongo otra vez las gafas de sol mientras Gus pone el coche en marcha.
—Dos mil euros es bastante dinero, sobre todo por un cambio de look, ¿eh?— comenta Gustav, echándome una mirada rápida antes de volver a mirar al frente.
—Lo sé…— respondo —Prácticamente solo le faltó hacerme un altar y nombrarme «cliente del año»— comento entre risas.
—Viniendo de ti, ni me sorprende— responde Gustav.
—Bueno, a Jesse solo le faltó desmayarse…
Estallamos en risas camino a la hacienda. Como vinimos sin desayunar, comeremos nada más llegar. Por cierto… faltan dos días para que mi madre, junto a los otros imbéciles, vengan.
Debo estar listo mentalmente para eso.
Continúa…
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