Notas: Antes que nada quiero agradecer por aquí a mi bella Meli por la hermosa canción qué me compartió al priv. Es demasiado bella y quisiera que la escuchen mientras leen el capi, Please, esta «All of me» John Legend describe a la perfección lo que Tom siente por su Billie y viceversa, 💗🥺.

Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 24

By Tom

Su confesión me ha dejado sin palabras, no sé qué puedo contestarle. Pero veo tanta tristeza en sus ojos al mirarme que siento una opresión en el pecho que me hace sentir su dolor también. ¿De verdad no me di cuenta de esto? ¿No me di cuenta de que lo he hecho daño, no solo a su ego, o a su orgullo, no… a él? Al chaval vulnerable que todavía sigue en su alma…

¿Yo soy la causa de esa mirada triste que ahora me está dedicando?

¿Qué es peor entonces… el odio o la decepción? No lo sé. No sé qué es peor. No sé qué hacer ahora, ¿debería pedirle perdón por todo? Pero es que todavía no es el momento, podría hacerlo ya, pero tengo un plan que tengo que seguir porque…

—¿No vas a responderme?— su tono de voz tan apagadito me pone fatal a mí también.

—Lo siento…— le confieso.

Al carajo mis planes. No puedo permitir que me siga mirando así, no puedo.

—Lo siento mucho, Bibi…— susurro. —Yo solo quería… solo buscaba la forma de que tú y yo pudiéramos estar juntos, ¿vale? Porque es lo único que quiero, estar contigo, no solo para acostarme contigo. Sino para tenerte a mi lado de por vida, despertarme contigo al lado y hacerte feliz. Es lo único que quiero— me acerco a él, su cara muestra tanta confusión que se la cojo por las mejillas. —No sé qué coño está pasando por esa cabecita tuya ahora mismo, pero joder, yo realmente te amo. Con toda mi alma. Te amo desde hace muchísimo tiempo, más del que imaginas. ¿Por qué crees que acabé largándome a Los Ángeles?

Su desconcierto es aún más visible, cosa que me hace sonreír porque está para comérselo.

—Porque no aguantaba tenerte cerca y no como yo quería. Tú eras un crío, y yo me sentía fatal pensando en ti como mi pareja— mi confesión le está pillando por sorpresa, cada palabra mía hace que me mire como si no estuviera hablando en serio. —Pero siempre me has atrapado, Billie. Eres todo para mí. Y con lo que pasó con Heidi vi lo nuestro en peligro, solo quise arreglarlo todo…— sus cejas se suavizan… —Quiero que estemos juntos sin que nadie se meta entre nosotros, porque ahora sé cosas que me ayudarán a estar contigo. Pero necesito saber si tú quieres estar conmigo…

Sus ojos se mueven, no sabe dónde fijarlos. Se le nota el nerviosismo, lo sé, estos temas del amor y esas movidas lo ponen así y más si soy tan directo como ahora.

—Dime si quieres o no, Bibi. Porque si me dices que sí, haré todo, lo que sea para que estemos juntitos los dos. Pero si no quieres, si me dices que no y que no me quieres cerca nunca más, por todo lo malo que te he hecho, entonces igual seguiré intentándolo hasta que me ames como yo te amo a ti porque no me voy a rendir tan fácil— le suelto de una vez y juro que vi algo como una sonrisa pasar por sus labios. Pero fue tan rápida que creo que me lo imaginé. —Dime…

—¿Tú… me amas?— me pregunta, mirándome a los ojos de esa forma tan… curiosa. Como si fuera un crío al que le están contando que existe la magia si crees en ella. —¿Me amas, Tom? ¿Me amas más allá de lo que siente un tío por su sobrino?

—Te amo más allá de eso— confirmo.

Sus ojos parecen llenarse de lágrimas pero parpadea tan rápido que se le van. —Mentiroso…

—No estoy mintiendo, Bibi.

—Sí lo haces… tú nunca podrías amarme de esa forma. Porque eres mi tío y…

—¿Y qué? Te amo igual.

—Es una broma, ¿verdad? Quieres hacerme creer eso para que yo caiga y confiese que también lo estoy para después reírte de mí.

—¿Lo estás?

—Sí… ¡No!

Me río por su torpeza. —¿Estás enamorado de mí, Bibi? Dime, ¿te has enamorado de tu tío favorito?

—No…— dice en un suspiro, cerrando los ojos, negando con la cabeza despacio aunque la tengo entre mis manos mientras lo miro a los ojos. —No…

—Oh, sí lo estás. Me amas, cosita…

—No, no, yo… yo soy una bitch, yo no amo a nadie más que a mí mismo.

—Pero amas a mi madre.

—Mi abuela es mi adoración, mi abuela, mi abuela favorita— me dice. —Es un amor muy diferente y solo para ella de mi parte.

—¿Y no hay un amor único para mí ahí? Así como lo es el mío para ti…

Abre los ojos y me mira. —No…— dice. —Y ya deja de mentir, tú no me amas.

—Sí te amo, todo de mí ama todo de ti…

—No sigas ya, no caeré en tu sucio juego.

Me río otra vez. —No es un juego…— me acerco más a su cara y rozo la puntita de su nariz con la mía. —Me vuelves loco, débil delante de ti, haces que baje la guardia cuando estoy contigo. Estás en mi cabeza a todas horas, me descolocas, ¿qué más quieres que te diga?

—Que soy tu puto dueño…

Sonrío. —Sí, soy tan tuyo como tú eres tan mío.

—¿De verdad?— me pregunta con esperanza, yo asiento con la cabeza, cerrando los ojos y dejándome llevar por el aroma dulce a vainilla de su loción. —¿Sientes todo eso por mí?

—Y todavía no te lo he dicho todo…— abro despacio los ojos para verlo. Sus ojitos últimamente se ven como… muy dilatados. Tiene una mirada dulce aunque finja ser duro. Una mirada que lo muestra vulnerable, que me dan ganas de protegerlo de todo el mundo. Me siento en la obligación de ponerme posesivo. —¿Tú sientes algo así por mí?

—Yo siento mucho por ti— me confiesa con una voz muy suave. —Pero quiero que me digas primero lo que sientes por mí del todo…— se aparta, se acerca a la puerta y le echa el pestillo para luego mirarme con esa picardía en los ojos. —…mientras me haces tuyo una vez más.

—¿No dijiste que me harías sufrir?

—Si no logras ganarte mi perdón esta noche, entonces sí, seguiré con mis planes en tu contra…

—Tus padres…

—No llegarán todavía.

—¿Cómo lo sabes?

—La intuición— se acerca a mí, contoneando sexy las caderas. Alza los brazos y me los enrolla al cuello mientras me mira fijamente a los ojos. —¿Seguirás buscando más excusas o me cargarás hasta tirarme en la cama para aprovecharme al máximo? Seré tu pornstar esta noche, tío Tommie.

No sé por qué, pero me flipa cuando me llama así. Aunque no soy su tío del todo. Me encanta que me llame de esa forma.

—¿Sí?— pregunto mientras le pongo las manos en la cinturita, pegándolo a mí.

—Sí…— me confirma con un asentimiento de cabeza y un pequeño pucherito en sus labios tan carnosos y bonitos, mientras aletea sus pestañas largas y curvadas. —¿No quieres ser mi daddy?

—Joder, sí quiero.

En un abrir y cerrar de ojos Bill acaba sobre la cama conmigo encima, mis labios devoran los suyos con un hambre brutal. Sus manos se deslizan por mi espalda, las siento aunque la camisa evita que note su tacto del todo. Pequeños jadeos se le escapan de la boquita, los soniditos que hace me ponen la polla aún más dura. Joder. Las caricias no son suficientes.

Mis labios no se cansan de los suyos, los muerdo, los chupo, los invado con la lengua como si quisiera grabarme en cada rincón de su boca. Bill gime contra mí, un sonido bajito y necesitado que me recorre la espina dorsal y se me clava directo en la polla. Sus manos tiran de mi camisa con urgencia, como si quemara, y yo me aparto solo lo justo para quitármela de un tirón y tirarla al suelo. Vuelvo a él inmediatamente, piel contra piel. Su pecho sube y baja rápido bajo el mío, cálido, suave, con ese aroma a vainilla que me vuelve loco.

Mis manos bajan por sus costados, rozando la curva de su cintura, sintiendo cómo se estremece cuando mis dedos se cuelan bajo la tela de su camisita de seda. Se la arranco con la misma prisa, y ahí está mi Bibi, expuesto, con la piel erizada y los pezones endurecidos por el aire y por mí.

—Joder, eres tan precioso…— susurro contra su cuello, lamiendo la línea de su mandíbula hasta llegar a esa zona justo debajo de la oreja que sé que lo vuelve loco. —Nunca dejaré de decirte lo guapo que eres.

Él arquea la espalda, empujando su cuerpo contra el mío, y siento su erección frotándose contra mi muslo. Está duro, tan duro como yo, y el roce me arranca un gruñido bajo.

Mis labios bajan, besos húmedos y mordiscos suaves por su clavícula, por su pecho. Llego a uno de sus pezones, el que tiene perforadito, y lo rodeo con la lengua antes de chuparlo con fuerza. Bill suelta un gemido agudo, sus dedos se enredan en mis rastas y tiran, no para apartarme, sino para mantenerme ahí. Lo complazco, lo torturo con la boca mientras mi mano libre baja por su abdomen, trazando cada músculo tenso hasta llegar al botón de sus pantalones.

—Ah, ah…— gime entre jadeos. —Mmm, Dios… uhm, Tommie… por favor…— su voz sale ronca, temblorosa, y me mira con esos ojos grandes y brillantes, llenos de deseo y de algo más profundo que me aprieta el pecho.

—No te preocupes, bebito… voy a cuidarte— le prometo, mientras le bajo el short junto con el boxer en un solo movimiento impaciente. —Todo esto sobra, joder— su miembro salta libre, duro y húmedo en la punta, y no puedo evitar chuparme los labios al verlo. Me encanta la idea de pensar que todo él es mío.

Me inclino y lo beso, solo la punta primero, saboreando esa gotita salada que me hace gruñir de puro placer. Bill jadea fuerte, sus caderas se alzan buscando más, pero lo sujeto con una mano en la cintura.

—Quieto, Bibi… déjame disfrutarte— ordeno con voz grave, y él obedece, aunque tiembla entero.

Bajo más, lamiendo toda su longitud desde la base hasta la punta, lento, tortuosamente lento, mientras mis ojos no se apartan de los suyos. Lo veo morderse el labio, contener los gemidos, y eso me enciende aún más. Lo meto en la boca de golpe, profundo, hasta que siento su punta golpear el fondo de mi garganta. Bill grita mi nombre, sus manos aprietan las sábanas, y yo empiezo a moverme, chupando fuerte, con un ritmo salvaje pero controlado. Quiero que se vuelva loco, quiero que sienta cuánto lo amo, cuánto lo deseo.

Mis manos suben por sus muslos, abriéndolos más, y uno de mis dedos, húmedo de mi propia saliva, busca esa entrada apretada que sé que lo hará suplicar. Lo rodeo primero, suave, presionando apenas, mientras mi boca no para de devorarlo. Bill se retuerce, sus gemidos se vuelven más altos, más desesperados.

—No hagas tanto ruido, Bibi…— le digo, poniendo una de mis manos sobre su boca.

—¡Mhmnm!— joder.

Sonrío contra su piel, levanto la cabeza solo un segundo para mirarlo, rojo, sudoroso, completamente entregado. Me dice algo pero sus palabras suenan amortiguadas por mi mano en su boca, así que la quito y él me sonríe.

—Deberías follarme ya…

—Qué impaciente eres— le digo burlándome un poco, él gruñe con fastidio. —Vale, haré lo que me pidas— meto el dedo despacio en su entrada, sintiendo cómo se abre para mí, cómo me aprieta caliente y ansioso. Él gime largo, arqueándose, y yo añado un segundo dedo, abriéndolo más, preparándolo mientras mi boca vuelve a su polla para distraerlo del leve ardor.

Lo trabajo así hasta que está temblando, hasta que sus caderas se mueven solas buscando más, hasta que me suplica con esa voz rota que me destroza. —¡Oh, puta mierda! ¡Sí! ¡Fóllame ya! Mmm… por favor, daddy… hazme tuyo…

Si sigue gritando alguien podría oírlo, ¿pero cómo le pido que se calle si me gusta tanto oírlo?

Sus palabras son mi perdición. Me quito lo que me queda de ropa en segundos, mi polla palpita dura contra mi abdomen, y me coloco entre sus piernas. Lo miro a los ojos mientras me unto de saliva el pene, y posiciono la punta en su entrada. —¿Esto es una especie de reconciliación?— le pregunto con la voz ronca, antes de empujar despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me recibe, cómo me aprieta, cómo se abre solo para mí.

—Aún no me dices cuánto me… ¡Ay!— gimotea ronroneante cuando entra toda mi longitud en su culo.

Billie gime, sus uñas se clavan en mis hombros, y cuando estoy completamente dentro, hasta la base, nos quedamos quietos un segundo, respirando agitados, mirándonos.

—Qué forma más única de confesarte todo lo que llevo guardando por años…— susurro con una sonrisa divertida en los labios cuando lo veo sonrojarse. Estos temas son algo… ¿delicados? Para él. —Hmm, qué bonito estás, cosita.

—Yo estoy guapísimo desde todos los ángulos…

Sonrío, claro que sí. Empiezo a moverme. Primero lento, profundo, sintiendo cada roce, cada contracción. Pero pronto el instinto gana y lo embisto fuerte, rápido, con esa necesidad animal que solo él despierta en mí. La cama cruje, nuestros cuerpos chocan con sonidos húmedos, sus gemidos se mezclan con mis gruñidos.

Lo abrazo fuerte, lo beso con desesperación mientras lo follo sin piedad pero con todo el amor del mundo. Es mío. Mío para proteger, mío para amar, mío para romper y volver a armar.

Y esta noche, voy a asegurarme de que nunca lo olvide.

Me muevo dentro de él con embestidas profundas y firmes, sintiendo cómo su calor me envuelve, cómo se aprieta alrededor de mí cada vez que salgo y vuelvo a entrar hasta el fondo. Bill está debajo de mí, con las piernas abiertas y enrolladas en mi cintura, los talones clavados en mi espalda como si no quisiera dejarme ir nunca. Sus manos me recorren los hombros, los brazos, las uñas arañando justo lo suficiente para marcarme, para recordarme que también me está reclamando.

Lo miro a los ojos y joder… esa mirada. Esos ojos grandes, negros, brillantes de lágrimas contenidas y de puro placer, me atraviesan el alma. Me mira como si yo fuera lo único que existe en el mundo, como si cada embestida mía le confirmara que esto es real, que no estoy mintiendo cuando le digo que lo amo.

—Dime…— no termina de decirme lo que quiere porque un espasmo de placer lo interrumpe, pero no hace falta que lo diga, ya sé a qué se refiere.

—Te amo, Bibi… te amo tanto que duele como no te imaginas— gruño contra su boca, besándolo entre palabras, mordiendo su labio inferior hinchado. —Amo la carita tan perfecta que tienes, con esa sonrisa traviesa que me desarma…

Él suelta una risita entrecortada, medio gemido, medio risa nerviosa, y el sonido me aprieta el pecho. Esa risa suya, tan ligera, tan de crío todavía, incluso ahora que lo estoy follando como un animal.

—Ahh… Tom…— gime la primera vez, agudo y tembloroso, cuando giro las caderas y lo golpeo justo en ese punto que lo hace arquearse entero.

—Amo tu cuello, tan delicado que me muero por morder— susurro, bajando la boca para chupar fuerte justo donde late su pulso rápido. Dejo una marca roja y él jadea más fuerte.

—Mmmh…— el segundo gemido sale más largo, ronco, mientras mis manos bajan por sus costados, acariciando la curva de su cintura estrecha, esa piel suave que se eriza bajo mis dedos.

—Amo cómo tu pecho sube y baja tan rápido por mí… cómo tus pezones se ponen duros solo con mirarlos…— mi boca baja, lamo uno, lo chupo fuerte, y él se retuerce. Mis embestidas no paran, más rápidas ahora, más salvajes. El sonido de nuestros cuerpos chocando llena la habitación, húmedo, obsceno, perfecto. Sus piernas tiemblan alrededor de mí, esos muslos delgados pero fuertes que me aprietan, que me piden más. —Amo tus piernas largas, que me vuelven loco… con este culo perfecto, joder, Bibi, este culo que me aprieta tan rico…— mis manos bajan, agarro sus nalgas con fuerza, las abro más para entrar más profundo, más duro.

—Oh… Dios…— echa su cabeza hacia atrás, exponiendo todo su cuello mientras sus caderas se alzan para recibirme.

—Amo cuando tu voz gime mi nombre como si fuera una oración… como estas manos tan finas me tocan como si yo fuera algo sagrado…— agarro una de sus manos y la llevo a mi boca, beso sus dedos, chupo uno mientras sigo follándolo sin piedad.

—Tommie… por favor…— su gemido es una súplica, sus ojos se cierran un segundo pero los abre de nuevo para mirarme, siempre mirándome, como si tuviera miedo de que desaparezca si parpadea.

—Te amo entero, mi vida… cada rincón de ti, cada lunar, cada pestaña, cada risa tonta que me regalas… te amo con todo lo que soy— mi voz sale ronca, casi quebrada, porque estoy al límite, sintiendo cómo él se aprieta más, cómo su cuerpo empieza a temblar fuerte. —Amo todo lo que me haces sentir…

—¡Mmm!… yo… ahhh… ¡Tom!— grita ahogadamente, largo, mientras se corre entre nosotros, caliente y pegajoso contra mi estómago, su cuerpo convulsionando alrededor de mi polla, apretándome tan fuerte que me arrastra con él.

No puedo más. Me entierro profundo una última vez y me corro dentro, gruñendo su nombre contra su cuello, llenándolo mientras lo abrazo con fuerza, como si quisiera fundirme con él. Nuestros cuerpos tiemblan juntos, sudorosos, pegados, respirando agitados. Lo beso lento ahora, suave, por toda la cara, la frente, las mejillas, la nariz, los labios.

Él sonríe débilmente, esa sonrisa cansada y feliz que me derrite.

—¿Tú me amas?— le pregunto, solo quiero que me confirme lo que ya sé.

Él asiente con la cabeza.

—Dilo…

—No, Tom, no…

—Venga, dilo, joder— me río porque parece un niño pequeño con vergüenza. Y Bill teniendo pena, sintiendo vergüenza… es raro. —Dime: «Te amo»

Muerde su labio inferior, está teniendo una batalla interna porque quiere decírmelo pero su orgullo no lo deja. Yo lo sé. Veo la pena en su mirada y me parece más adorable que nada, se le está haciendo difícil. —No puedo…

—Sí puedes…— le digo.

Niega con la cabeza.

—No voy a parar hasta que lo digas— musito. —Solo tienes que decirme lo mucho que me quieres.

—Ya lo sabes.

—No, no lo sé.

Pone los ojos en blanco. —T – te…— gruñe apretando los labios, sus mejillas se inflan. —¿Para qué quieres que te lo diga? ¿Para qué te burles? ¿Para que te rías con la vieja de tu mujer?

—¿Para qué le voy a contar, amor?

Hace un pucherito con los labios. —Tommie, ¿si te pido que la dejes lo haces?

Cómo cambia de tema.

—¿Quieres que la deje?— él asiente con la cabeza despacio. —Necesitaré un poco de tiempo para eso, bebé.

—¿Por qué?

—Porque tengo que arreglar un asunto, ¿vale?

—¿Qué asunto?

—Te lo contaré pronto.

—Odio que me dejes con la intriga.

Río suavemente. —Lo sé, pero te prometo que la voy a dejar en cuanto solucione lo que tengo pendiente. Además, recuerda que está embarazada…

—Ese bebé no debe ser tuyo.

—¿Por qué lo dices?— me muevo despacio para salir de su interior, me acomodo en la cama abrazándolo en el proceso. Su cabeza queda apoyada en mi pecho y resopla.

—Da igual, si es tuyo deberías dejarlo en un orfanato…

—¿Qué cosas dices, Billie?— le digo con diversión en la voz. —No puedo hacer eso. No podría. Si no es mío, quizás, pero si tiene mi sangre se quedará conmigo y contigo. ¿No quieres ser mami?

—¡No!— exclama horrorizado. —No quiero tener a alguien que se parezca a esa bruja.

—Entonces lo mejor será que salga igualito a mí.

—Sí, que tenga tu mismo rostro cuando eras jovencito… aún recuerdo cuando llevabas trenzas… qué guapote— ronronea con gusto, frotando su mejilla con mi pecho. —O cuando llevabas rastas rubias, ¡qué guay! Pero me gustas más ahora.

—¿Mucho?— asiente rápido. —¿Y si me amas o no?

—¡Tom!— exclama de nuevo, me recuerda a cuando mi madre le decía que se iba a enamorar y se iba a casar y a tener una familia y él chiflado diciendo que no, que nunca. —Sí te amo pero ya deja de preguntar.

—Repítelo otra vez, a ver…

—Me costó media dignidad decírtelo y, ¿todavía quieres que lo repita? Ni de coña, ¿eh?

—Cuando nos casemos tendrás que decirlo en público.

—¿Nos vamos a casar?

—Claro, ¿por qué no?

—No me voy a ilusionar para que después no me duela si me sales con que no.

—Pff…— dejo un beso en su cabeza, acaricio su espalda suavemente. —Llevarás un vestido precioso, ¿a que sí?

—No sé, hay que ver si acepto o no.

—Tendrás que aceptar.

Se ríe brevemente, como un niño picarón que ha hecho una trastada. —¿Qué van a decir ellos cuando me pidas matrimonio? Pegarán el grito en el cielo, y la amargada de Sabine seguramente dirá que nos iremos al infierno y no sé qué cosas que según dice en la Biblia— se ríe con voz gangosa. —Me preocupa más lo que piensen mi abuela y mi padre, ¿sabes?

—Créeme que no habrá complicaciones…

—¿Cómo lo sabes?

—Intuición…— repito sus mismas palabras y lo siento sonreír.

—Entonces… ¿somos novios? Aunque no me lo hayas pedido— frunce el ceño. —Deberías. Yo no seré el segundo plato de nadie, ¿entendiste?

—Pero tú… estás con Evan— le recuerdo.

—Oh… es cierto— chasquea la lengua. —Le voy a dejar, pero no todavía. Cuando tú dejes a esa vieja, yo dejaré a Evan.

—No puedo discutir contra eso.

Se pega más a mí, dejando un besito en uno de mis pectorales, luego en mis labios, y después vuelve a poner su cabeza en mi pecho. —Entonces ya está, daddy.

Sí, ya está. Solo tengo que asegurarme de que todo siga yendo como lo acordé con Isabella…

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!