Isabella

Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 27

Pov’s Tom

Cada palabra que soltó Isabella me dejó en blanco, flipando, en shock total.

No me creo que haya pasado realmente todo lo que cuenta, que Jhörg haya sido capaz de hacerle un desplante así. Que haya tenido los cojones de quitarle a su hijo, cuando lo más normal y sano era que el crío creciera con su madre de verdad y no siendo criado por Simone, a la que le quedó grande ese papel. De verdad me cuesta creer que Jhörg fuera tan cruel, ¿por qué? Porque lo conozco, ¿cómo pudo decirle un día que la amaba y al siguiente soltarle que se había enamorado de otra? Eso no tiene lógica ninguna.

Aun así, me callo mi comentario. No quiero que Isabella piense mal. Pero algo me dice que detrás de todo esto hay algo mucho más gordo y peligroso, algo oscuro. Y no sé si está mal por mi parte, pero creo que Jhörg es otra víctima en todo este lío.

Dejando ese tema aparte, hay algo que me dejó loco del todo. ¿Cómo coño que Bill nació con útero? ¿Qué mierda es esa?

—Es de locos…— murmuro, pasándome los dedos por mi barba escasa mientras pienso —Necesito averiguar la otra parte de la historia, saber el trasfondo de todo esto porque realmente me he quedado confundido a lo grande— digo con algo de torpeza en la voz. Isabella parece un poco desconectada pero aun así me mira fijo y asiente con la cabeza —Sobre lo de mi sobrino… ¿Cómo va eso de que tiene útero? No lo pillé.

—¿En serio?— me mira con cara de póker, yo solo alzo los hombros sintiéndome gilipollas por no entender bien el tema. Ella bufa, poniendo los ojos en blanco —Presta atención porque no lo repetiré, ¿vale?— asiento despacio —Recuerdo perfectamente las palabras del médico en ese entonces. Mi bebé nació con una condición intersexual poco común. Externamente desarrolló genitales masculinos, según lo que me contó, no puede producir testosterona con normalidad y tiene apariencia masculina completa… pero internamente conserva órganos reproductivos femeninos. Un útero.

Siento cómo se me cae el estómago al suelo. Literalmente.

—Cuando nació no estaba completamente desarrollado— sigue —El médico explicó que podía ir formándose con los años. A estas alturas ya debe estar desarrollado, junto con tejido ovárico funcional.

Mierda.

Mierda.

Mierda.

—No funciona como en las mujeres— añade, con calma, soltando un suspiro —Si su útero ya está apto para gestar, no va a menstruar como nosotras. En él todo es diferente.

—Ah…— asiento completamente descolocado sin mostrarlo en la cara o eso creía.

Mi semblante era de puro miedo y no era para menos, nunca he usado condón con Bill. Y nunca es nunca. Pero Bill no ha dado señales de nada así que no puedo deducir que tal vez su útero ya esté completamente formado. Tendré que llevarlo a algún hospital donde lo revisen sin que él se entere, porque si Bill se entera de que tiene útero mandará a que se lo saquen. Conociéndolo como lo conozco, joder, para él sería algo «anormal» y ya me lo imagino montando el berrinche solo por eso.

—¿Qué? ¿Por qué tienes esa cara?— pregunta muy seria mi suegra. Porque es mi suegra, ¿no?

Bueno, bueno, ahorita no porque su hijo está cabreado conmigo y muy ocupado en hacerme la vida imposible, cosa que le ha salido de puta madre porque el muy cabroncete ha sabido provocarme y dejarme a medias. Lo peor es que yo me dejo como un idiota porque no sé contenerme cuando se trata de una droga tan adictiva como Bill.

—Ay, no me digas que…

—No hablaré de esos temas contigo— le digo rápido, mirándola con el ceño un poco fruncido y una sonrisa muy tensa aunque quiera evitarlo —Son personales.

—¿Te has metido con mi hijo sin usar protección, Thomas?— su voz es demasiado seria, suena a «te mato» pero literalmente, o eso espero.

—Yo solo cumplo sus caprichos, ¿vale? No es mi culpa…

Cierra los ojos, resopla y trata de contenerse para no darme un buen guantazo. —Me abstengo de decir algo al respecto porque entiendo que nadie sabía de ese detalle de la intersexualidad de mi hijo, solo yo. Y también porque yo tampoco usé protección en mi primera vez, pero eres un adulto. ¿Cómo vas a negarte a usar protección solo para cumplirle algo a mi hijo? Aunque ahora que lo pienso… ¿no le gusta…?

—No hablaré de esos temas contigo. De verdad, Isabella— aclaro poniendo las manos delante para que deje la conversación —Cuando tengas a Bill contigo, puedes hablar con él de lo que quieras. No tiene pelos en la lengua y es bien directo. Más aún cuando coge confianza.

—¿Y cómo voy a tenerlo conmigo?— pregunta —Porque yo quiero que eso sea pronto, Thomas. Quiero a mi hijo.

—Y lo vas a tener. No te preocupes— le digo rápido, relamiéndome los labios —Necesito que primero entres en su vida y te ganes su confianza. Claro que aún no puede enterarse de que eres su madre, pero sí puedes hacerte su amiga…

Isabella alza una ceja. —¿Me ves cara de niña? Tengo treinta y cuatro años, ¿cómo esperas que me haga su amiga? O mejor dicho, ¿crees que me verá como una?

—Activa tu instinto maternal, mujer— le digo con simpleza —Toda madre, más que eso, es la única persona que siempre está para sus hijos. Su única y fiel amiga y compañera para siempre, la única que nunca defrauda. Eso es lo que quiero que hagas. Necesito que Bill encuentre en ti ese refugio que tanto ha estado necesitando, que entres en su vida y seas como su salvadora. Que te ganes su cariño, su afecto, su confianza. Que te vea como alguien a quien le puede contar sus problemas sin miedo a que lo juzguen. Porque actualmente mi relación con él no está muy bien, y eso es culpa mía, ahora me odia. Pero sabré recuperarlo.

—¿Qué le hiciste?— pregunta con ese tono peligroso.

—Ya después te cuento— musito sin darle mucha importancia —El punto es que quiero que Bill te tenga desde antes de que se entere de todo. Así cuando sepa que eres su madre no se sentirá incómodo viéndote como una desconocida, ¿me pillas?

—Sí— me dice asintiendo despacio con la cabeza —¿Qué tienes en mente? ¿Cómo voy a entrar en la vida de mi hijo?

—Bueno, pues primero yo debo hablar con mi madre sobre esto. Le explicaré todo y sé que ella me contará lo que sepa de la otra parte que falta de todo este rollo— carraspeo un poco la garganta —Luego cuadramos un día para vernos los tres en persona. Así ella misma, cuando la convenza, te cuenta todo lo que sabe. Sé que se pondrá de nuestro lado y me ayudará a que puedas acercarte a Bill. En poco es su cumpleaños número diecinueve, la idea es que vosotros ya os conozcáis antes de eso. Simone no se puede enterar y Jhörg muchísimo menos. Tengo todo planeado, déjalo en mis manos.

—Voy a confiar plenamente en ti. Pero solo lo hago porque quiero tener a mi hijo, y agradécelo, porque me estoy conteniendo de coger las llaves del coche, conducir hasta la hacienda de los Kaulitz y buscarlo yo misma para que esté conmigo.

—Lo estoy, estoy muy agradecido contigo por tener paciencia, Isabella. Por tener en cuenta la relación que él tiene con mi madre y con su padre… no quiero que los odie, quiero que los siga viendo como su familia.

—Jhörg me da igual. Si por mí fuera, dejaría que lo odie…

—No digas eso, Isa… no sabes lo mucho que Bill ama a Jhörg. Es su héroe. El mejor padre del mundo para él.

—Pues al menos ha sabido hacer algo bien ese bueno para nada, ¿no?— comenta con absoluto disgusto —Y no me pidas que no piense mal de él, me es imposible después de todo lo que me hizo junto a la maldita de Simone. Ellos no tenían derecho a quitarme a mi bebé, Simone no tenía derecho a criarlo como si fuera suyo y Jhörg no tenía derecho a hacer lo que hizo. No puedo creer la mente retorcida que deben tener ambos como para hacerme creer que mi hijo murió para llevárselo y mantenerlo oculto.

Sigo pensando que Jhörg es una víctima en todo esto, y que la única con mente retorcida es Simone. Pero aún no voy a decirlo ni aceptarlo del todo porque no lo he comprobado.

—Pero bueno…— respira hondo —Vuelve a Heidelberg, haz lo que tengas que hacer y me mantienes informada de todo. Pero antes, quiero que me pases todas esas fotos que tienes de mi hijo y me hables de él. Quiero conocerlo— sonríe, como si el simple hecho de pensar en su hijo le quitara toda la amargura. En sus ojos aparece un pequeño destello, ese brillo que tanto le faltaba y que le habían quitado. Como si su alma hubiera salido de entre los escombros que quedaron de todo lo que le quitaron y ha sufrido, y volviera a la vida.

Ella me pasa su número y yo le paso cada foto, menos las comprometedoras. Apenas le llegan las guarda y mira cada una con los ojos vidriosos, y esa sonrisa sin desvanecerse.

—Es tan hermoso…— dice con añoranza —Esa miradita, la sonrisita… que mocoso más lindo, joder…

—Oh, lo es— confirmo —Coqueto, refinado y caprichoso.

Le cuento todo sobre Bill, cómo es y cómo es su vida ahora. Respondo cada pregunta suya, y también le hablo de cómo mis hermanastros le han hecho la vida imposible, de cómo mis hermanas gemelas fueron su escudo, yo su refugio y mi madre esos brazos que siempre lo abrazaban para calmar su llanto. Ella queda flipada con todo lo que le digo de Bill, y llena de rabia cuando le cuento todo lo malo que ha tenido que pasar el nene desde pequeño. Esa misma mirada fría que pone es la misma que pone Bill cuando quiere hacer alguna maldad. Y sé que ella va a desquitarse y hacerle la vida imposible a quienes se la hicieron mierda a su hijo siendo solo un crío. Incluyendo a Simone y Jhörg.

Ella y mi pequeño Bibi son tal para cual.

Bueno, es su madre y Bill, además de su belleza, heredó su mal genio.

—¿Cuánto tiempo crees que tardará todo esto?— me pregunta.

—No mucho, Isabella…

—¿Cuánto es «no mucho»?

Ruedo los ojos. —Algunas semanas si lo hacemos todo bien. No puedo darte un tiempo exacto con fechas, pero sí asegurarte que será antes de lo que piensas.

—No es suficiente, pero bueno…— suspira —Ya deberías irte si no quieres llegar a medianoche a Heidelberg. Son muchas horas de viaje.

Es verdad. —Vale— me pongo de pie y sacudo la camisa, más por costumbre que por otra cosa —Fue un placer hablar contigo, ¿eh? Estaremos en contacto estos días.— le tiendo la mano y ella la toma, después de levantarse también, y nos damos un apretón de despedida —Y haz lo que te pedí, gánate la confianza de Bill.

—Tendría que viajar a Heidelberg.

—¿Lo harás?

—Por tener a mi hijo conmigo haré lo que sea necesario— asegura y soltamos las manos —Igual tengo asuntos que resolver en Devilish, iba a mandar a Thania pero ahora con todo esto lo mejor es que vaya yo personalmente.

—¿Qué es Devilish?

—Un sitio para eventos privados, tengo varios que quieren reservarlo y debo asegurarme de que esté en buenas condiciones.

—¿No tienes a nadie que lo cuide?

—Buff, sí— me dice —Pero no confío en ninguno de esos, ni siquiera en Thania.

—Me imagino…— sonrío ligeramente.

Tras despedirnos, yo retomo mi camino a Heidelberg, son seis horas de viaje y calculo que llego sobre las ocho de la noche. Todo mi plan va mejor de lo que esperaba, si todo sigue bien, tendré a mi nene conmigo y no habrá ningún problema de por medio. Heidi tendrá al bebé y luego me desharé de ella porque no pienso tener marrones. Ese es otro tema que debo pensar muy bien para no tener que darle explicaciones después a sus familiares.

Cuando llegue a casa lo primero que haré es buscar a mi madre. Tengo que hablar con ella desde ya. Y sí, debo contarle sobre mi «relación» con Bill, para que entienda el porqué de mis acciones. Ella me entenderá, yo lo sé.

El tema con Bill es lo que más me importa ahora, y sé que también debo pedirle disculpas por todo y que el rencor que parece tenerme se vaya. En realidad no soporto pensar que me odia, que me ignore, y que cuando estamos solos unos segundos, se aproveche, me seduzca con mucha facilidad y me deje a medias. Además de que me provoca sin hacer mucho. Conozco sus planes porque me los dijo, y aunque para cualquiera puede parecer «descuidado» de su parte contármelos, en realidad fue una jugada maestra suya. Porque sé que le flipa saber que, aunque yo sepa lo que trama y lo que quiere, caiga en sus manos igual. Eso le deja claro que siempre me tendrá pillado. Y eso le gusta. Le encanta.

Yo puedo intentar mil veces no caer, pero es imposible si lo tengo cerca. Mi razón se va y quedo sin escudo.

Hmm… Bill no sabe lo embobado que me tiene realmente. Pero sí sabe que soy débil cuando se trata de él y que siempre, a pesar de todo, me tendrá cuantas veces quiera.

Bill es una mala costumbre.

Podría ignorarlo yo también. Normal. Pero la verdad es que no es tan fácil, no es tan simple como decir «ya no más» y listo. He perdido la cuenta de las veces que me prometí que esta sería la última, que no iba a dejarlo jugar con mi cabeza, que iba a cerrar la puerta y tirar la llave. Me lo juraba en serio.

Cada vez que me besa se me va la cabeza, literalmente me destroza todo lo que intento construir cuando no está. Me deja hecho mierda de buena manera, pero al mismo tiempo no puedo vivir sin eso. Cuando ve que voy a llegar al límite simplemente me deja así, se va sin explicación, desaparece como si nada hubiera importado, y yo me quedo intentando recomponerme. Me tiene tan mal acostumbrado que ya no sé estar tranquilo si no lo tengo cerca.

Él se aprovecha, lo sé perfectamente. Aparece cuando le da la gana, me provoca con solo estar ahí, con su cuerpo, con esos besos que me convencen aunque sepa que son traicioneros. Y lo loco es que yo me dejo, porque el deseo me gana siempre. Digo que no, pienso que no, pero termino diciendo que sí. Pienso en él todo el día, en las noches que pasábamos juntos, en cómo amanecíamos juntos, en cómo mi mente lo imagina aunque jure que quiero sacarlo.

Estoy muy seguro de que puedo decir que no quiero más, pero cuando llega, siempre sigo. Y sí, sé que después pago caro, que me quedo peor que antes, pero en el momento no importa. Porque Bill es eso para mí… una maldita mala costumbre que no logro romper. Me daña la cabeza cada vez que me besa, y yo, como idiota, siempre lo dejo hacer. Así soy con él, y no sé cómo explicarlo mejor.

Llegué a la hacienda a las ocho y media. Me imaginé que todos ya habían cenado, y la verdad es que yo no tenía hambre.

Pude haber ido a buscar a mi madre en ese preciso instante, pero sé que estaría durmiendo en esos momentos. Últimamente se siente más cansada que antes, y no sé si son ideas mías pero ha bajado de peso y se le nota pálida. Tengo miedo. Obviamente sí. Es mi madre, la amo y temo que algo malo le pase, pero ella es tan terca que no quiere ir a que le hagan sus chequeos. Lo sé. Siempre me dice que sí, que irá, que reservará cita, pero no lo hace y cuando le pregunto me pone las excusas más tontas que he oído en mi vida. Me preocupa que tenga algo malo.

—¿Dónde estabas, Tom?— es la pregunta que me hace Heidi cuando entro en la habitación, cansada relativamente de todo y necesitando urgentemente acostarme a dormir —Has estado perdido todo el día, todos me preguntaron por ti y no supe qué decirles.

—Hablamos mañana.

—¿Por qué?— se cruza de brazos, tiene puesto su albornoz de seda rojo y el pelo rubio recogido en una coleta baja. Su cara no tiene ni rastro de maquillaje, está seria, mirándome fijamente mientras yo solo me dignó a darme la vuelta y empezar a quitarme la camiseta —Estoy cansándome de tus tratos. Siento que no merezco lo que me haces, realmente no merezco que me hagas a un lado cuando muy pronto seré tu esposa. Nos vamos a casar y…

—No vamos a casarnos, Heidi— le digo seco, con mucho desdén. Detrás de mí oigo cómo suelta una exhalación contenida —Desde el principio debiste saber que todo lo que hice fue solo para proteger a Bill de ti— tiro la camiseta a un lado de la cama y sigo quitándome el cinturón —De tus amenazas de mierda que en esos momentos me podrían meter en un marrón gordo si alguien se enteraba de lo que viste.— desabrocho los pantalones mientras me doy la vuelta para verla a la cara.

Sus labios están entreabiertos, el inferior tiembla ligeramente. Sus ojos están llenos de lágrimas y la forma en que tiene contraídas las cejas muestra el dolor que está sintiendo por lo que le estoy diciendo.

Y no solo dolor. Impotencia también.

—Tuve que lastimar a Bill para asegurarme de tenerte controladita. Y te soy sincero, si no fuera por el bebé que estás esperando, ya te habría matado.

—¿Qué cosas dices…?— su voz sale colgando de un hilito. Mientras una lágrima gruesa se le derrama por la mejilla.

Podría sentirme mal por verla así pero, realmente no me nace. Es decir, no siento ningún tipo de culpa o algo parecido mientras la veo y escucho, quebrándose. Por quien sí siento mucha tristeza es por mi pequeño, pero ya arreglaré eso más adelante. —No nos vamos a casar.

—Entonces todos aquí se van a enterar de que te follas a tu sobrino— intenta amenazarme. Quiere verse firme e intimidante pero no lo consigue, solo veo a una mujer desesperada por encontrar algo con lo que mantenerme atado a ella. Ya que con el bebé que lleva dentro no le funcionó —Tú y yo quedamos en algo y no lo estás cumpliendo. ¡Todos van a enterarse!

—No me amenaces— espeto rápido, sin mostrarme preocupado. No me siento así. Al revés, estoy muy tranquilo ahora —¿Acaso no te quedó claro lo que te dije antes? ¿Quieres que te golpee de verdad para que entiendas? Puedo partirte la puta cara ahora mismo si me sacas de quicio, Heidi.

—¡No es justo! Yo voy a darte un hijo…

Suelto un suspiro pesado y me quito los pantalones para luego caminar hacia el armario y buscar los pantalones del pijama que uso.

—¡Tom!

—Vas a despertar a todos con tus gritos.

—¡No me importa! ¡No vas a dejarme! ¡Mucho menos para irte con ese…!— detiene sus gritos cuando ladeo la cabeza para verla con mi expresión más seria, respira profundo para calmarse —No puedes hacerme esto, Tom. He estado haciendo lo que me pediste. No puedes abandonarme. ¿Qué será de nuestro bebé? No merece crecer con sus padres separados.

Sonrío ligeramente. —No estarán separados, créeme.

Heidi me mira confundida mientras me pongo los pantalones del pijama. Su desconcierto es palpable en su rostro cuando la miro, no despega sus ojos de mí, su respiración es lenta. Está intentando asimilar mis palabras sin éxito alguno. —¿A qué te refieres?

—Duerme, Heidi.

—T-Tom, dime… ¿a qué te refieres con que «no lo estarán»? ¿Es una broma eso de que no te casarás conmigo? Dime que sí, por favor…

No le respondo, solo me acuesto en la cama y cubro mis ojos con el antebrazo del brazo derecho.

—Tom, por favor…

—Duerme.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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