Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 30

Pov’s Tom

La cara de Jhörg es para foto de álbum familiar, en serio. Porque sí, se ha quedado flipando después de lo que le ha soltado el doctor. Bueno, yo también me quedé así cuando me enteré. Al final, las sospechas de mi madre eran ciertas: esos malestares del peque no eran más que síntomas de embarazo y ella ya había pillado antes esa miradita radiante y llena de brillo que tiene Billie. Y claro, los antojos, los vómitos, los cambios de humor…

Cuando estuvimos hablando ayer del tema, salió lo del malestar de Bill y por eso estamos aquí ahora. Obviamente, ni Jhörg ni Simone saben que mi madre y yo ya lo sabíamos y que lo habíamos planeado todo para estar presentes en este momento.

Y que parezca que todos nos estamos enterando ahora mismo.

—…tiene aproximadamente dos semanas de embarazo— sigue diciendo el doctor Villamizar —Les cuento que es la primera vez que llega un chico a mi consulta con útero, aunque sí sé lo que es la intersexualidad. Pero se supone que ustedes son los padres, y el doctor que atendió el parto tenía que haberse dado cuenta de este detallito. ¿Cómo es que no lo sabían?

Mi mirada se va directa a Simone, sus labios se mueven casi sin que se note diciendo alguna maldición. Tiene el ceño fruncido, se le ve muy cabreada con el asunto. —Ese doctor no dijo nada— fue su respuesta.

Mis manos se cerraron en puños sin querer, sintiéndome tan cabreado con ella.

Desde que me enteré de la otra parte de la historia no puedo mirar a mi hermana como antes. Ahora veo a una auténtica loca capaz de hacer lo que sea con tal de salirse con la suya, aunque eso ponga una vida en peligro de muerte. Dejando que la mente de Jhörg sea manipulada por una jodida bruja y su magia negra. Simone es una enferma. Pero tengo que mantenerme tranquilo, indiferente al tema. Mientras ella no sepa que yo ya lo sé todo, y que en unos momentos mi madre y yo nos vamos a reunir con Isabella para contarle el rollo, todo irá bien. No debe enterarse de que estamos jugando en su contra.

—O no hizo las revisiones necesarias— argumenta Villamizar. Toma aire y entrelaza los dedos sobre la mesa del escritorio. Mirando a Jhörg y a Simone con esa cara de profesional total —Sé que para ustedes debe ser impactante enterarse de…

—Mi hijo tiene un bebé formándose dentro— interrumpe Jhörg, con la mirada perdida. Aun así se pone de pie y se lleva una mano a la frente —¿Cómo es que yo…? Mierda— suspira en algo que parece un sollozo bajito —Es que no, no puedo asimilarlo— niega con la cabeza —Yo no sabía que existía eso de la intersexualidad, mucho menos me imaginé que podría ser abuelo. Ahora resulta que mi pequeño tiene dos semanas de embarazo, ¿usted sabe la gravedad de esto, doctor? ¿La complejidad? ¿Cómo le voy a decir a mi hijo, con lo vanidoso que es, que está embarazado?

Humm…

Eso sí que es un problemón.

—Lo mejor es que no se entere por ahora— le respondo yo, y Jhörg me clava la mirada con total desconcierto ante mi idea. Simone solo me mira con desaprobación pero a mí me la suda —Dejemos que pase su cumpleaños tranquilo, si se lo decimos ahora se va a hundir en una depresión, créeme. Lo conozco tanto como tú y sabes que tengo razón.

—Ajá, no se lo contamos ahora pero, ¿y después?— pregunta, demasiado preocupado y lo entiendo. Perfectamente —Él querrá deshacerse del bebé.

Eso es verdad. Otro problemón.

—Hay que hablarle con calma— le responde mamá.

—¡¿Con calma?!— Simone también se pone de pie, cortando a mi madre sin importarle —Mamá, ¿cómo puedes decir eso? ¿Cómo pretendes que le hablemos con calma?— dice exasperada —¡Joder! Está embarazado, vete tú a saber de quién. Obviamente querrá abortar y obviamente no voy a permitir que se deshaga de ese bebé que está esperando, ¿por qué? Porque ya es un adulto, tiene que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos tan inmaduros.

—Bájale un poco al tono— le digo a Simone. —Le estás hablando a nuestra madre, no ha una desconocida. Respeta— ella me mira fatal al instante, va a soltarme algo pero mi madre la corta.

—Él no sabe que puede gestar— ataca con severidad —No debes referirte a él de esa forma, Simone. Como si fuera un saltamontes que va tirándose a quien se le pone delante.

—¿Y no es así?— el tono sarcástico en la voz de Simone me llena de rabia.

—Bill puede ser tan rebelde como quiera pero jamás andaría en esas— asevero yo.

Simone chista —¿Y qué?— me dice con desprecio. Intento calmar la ira respirando hondo. Ella mira a mamá —Ese tema no es crucial aquí. Ya, Bill tiene una condición donde puede tener bebés. Listo, asimilado. Aquí las preguntas que tenemos que hacernos, Jhörg, son…— mira al nombrado con mucha seriedad. A él se le nota que aún no ha pillado el tema tan rápido como Simone —Hace un mes que no se ve con ese chico, su novio, Evan. Y tiene, según el doctor, dos semanas de embarazo, ¿con quién se metió durante este tiempo, eh?

Conmigo.

—¿Quién es el «padre» de esa criatura?— sigue enumerando Simone —¿Se hará cargo? ¿O lo dejará tirado? Te recuerdo que Bill asumirá su papel como tu sucesor en las empresas Kaulitz, su imagen se va a ver jodida desde ya, Jhörg. Y con esos planes que tienes de llevarlo a una de tus galas y mostrar su rostro después de mantenerlo en la incógnita desde que nació, será aún peor.

¿Llevarlo a una de sus galas? ¿Mostrar su rostro? ¿Acaso Jhörg está pensando en por fin revelar la identidad de su hijo, que ha mantenido oculta durante tantos años por culpa de Simone?

¿Por qué? ¿Por qué ahora?

Mi madre y yo nos cruzamos una mirada rápida en ese preciso instante. Ella se hace la misma pregunta que yo, ¿por qué Jhörg quiere hacer eso? ¿Hará Simone algo para impedirlo?

—Señores— interrumpe el doctor con las manos alzadas en plan paz —Entiendo que estén abrumados ahora pero tengo más pacientes que atender. Pueden seguir debatiendo el tema fuera, por favor— pide amablemente y yo no me hago de rogar, cojo a mi madre para salir del consultorio cuanto antes. La tensión ahí dentro ya me estaba agobiando, ahora entiendo. Entiendo por qué Simone siempre se ha esforzado por hacer sentir mal a Bill desde que lo trajo en brazos aquella vez hace diecinueve años. Ahora comprendo el trasfondo y es más horrible de lo que imaginaba.

Cuando salimos, veo que el peque está sentado en las sillas de la sala de espera. Con las piernas recogidas contra el pecho y la cabeza apoyada sobre las rodillas, ahora que sé lo de su embarazo tengo que cuidarlo aún más. Así no habrá ninguna complicación.

Sé que está cabreado conmigo porque anoche lo «rechacé» cuando me pidió tener intimidad. Pero es que ajá, mi madre me metió la duda del embarazo en la cabeza y no quería hacerle daño al bebé, aunque en ese momento no lo tuviera claro del todo. Quería ir con cuidado. Y ahora que sé que sí lo hay, tendré que tomar medidas extremas. Nada de sexo. Por el bien del bebé. O al menos hasta que averigüe si pasa algo malo si lo hacemos.

Recuerdo que una vez acompañé a Heidi a una de sus ecografías y ella le preguntó a la doctora sin ningún pudor si se podía tener relaciones durante el embarazo. La doctora le dijo que sí, pero yo no quiero arriesgarme con Bill. Prefiero ser súper cuidadoso, hipercuidadoso.

—Estos problemas no me están gustando nada— oigo murmurar a Simone a mis espaldas.

Claro que no le gusta.

—¿Ya?— Billie levanta la cabeza para vernos cuando se da cuenta de que estamos ahí. Se ve pálido y mi instinto protector se activa al momento, las ganas de ir a abrazarlo y cuidarlo me pueden pero intento mantenerme tranquilo, en mi papel de «tío». Aun así, me quedo satisfecho cuando Jhörg se acerca a él rápido.

—Sí, cariño. ¿Te sientes bien?— le pregunta, acariciándole la cabeza con suavidad.

—No— Bill niega con la cabeza, parece que los párpados le pesan un montón. Se le ve cansadito —Siento que voy a desmayarme en cualquier momento. Y, uhm… me duele un poco la cabeza, pá… me siento mal. Incluso tengo ganas de vomitar y, odio vomitar.

—Ven, vamos a casa— él le ayuda a ponerse de pie.

Quisiera ser yo quien lo haga, pero ahora mismo no puedo. Ya cuando estemos a solas, haré todo lo que él me pida. Menos tener sexo. Eso queda en un «no» rotundo hasta que averigüe si se puede o no.

—Dejen que duerma un poco cuando lleguen a casa— les dice mi madre mientras salimos del hospital a pasitos lentos. Bill está a nada de desmayarse de verdad, ¿eso es normal? No quisiera que sufra durante esta etapa de su embarazo de la que aún no es consciente —Denle tecitos de manzanilla, nada de pastillas. Y quédense con él hasta que se duerma, echadle ojo de vez en cuando por si acaso.

—¿A dónde irás tú?— interroga Simone, mirando a mi madre con los ojos entrecerraditos.

—Tom me acompañará a hacer unas diligencias— le responde sin darle muchas explicaciones, ignorando por completo esa mirada de detective que le echaba Simone —No vayas a agobiar a Bill, ¿estamos? Quiero que él esté tranquilo, y sobre ese tema de quién es el padre o no, no debe importar. Aquí lo que realmente importa es la salud de Bill, que te quede claro, Simone.

—¿Agobiarlo? Mamá, ¿qué…?

Jhörg ya ha dejado a Bill en los asientos de atrás del coche. El niño me mira a través de la ventanilla, me hace señas con el dedito índice para que vaya hacia él y obviamente le hago caso. Me aseguro de que nadie esté mirando, mamá y Simone se han quedado discutiendo el tema y Jhörg se ha alejado del coche para ir a por Simone y evitar una bronca. Rodeo el coche y me inclino sobre la ventanilla abierta de los asientos traseros. —¿Por qué no subes?— me pregunta con un tonito de voz algo cansado.

Le sonrío —Iré a hacer unas cosas con mi madre, nene.

—Ah…— asiente despacito con la cabeza —Vas a dejarme solo otra vez, entonces.

Ay.

—No, en cuanto llegue a casa iré a verte, ¿vale?

—¿Seguro?

—Sí— echo un vistazo al frente y veo que Jhörg está calmando el mosqueo de Simone. Están discutiendo, como ya era de esperar —Cuando llegues a casa, descansa, ¿okay? Quiero que duermas, y estés tranquilito. Nada de exaltaciones, estrés o movidas de esas.

—¿Por qué?

—Solo haz lo que te pido, ¿sí, Bibi?

Pone los ojos en blanco —Ya, pero dame un beso.

—¿Quieres que nos vean?— niego con la cabeza porque él asiente juguetón en respuesta. Lo cual me hace reír un poco —Te daré los besos que quieras cuando estemos solos, ahora no.

—Uno chiquitito, Tommie. Nadie prestará atención— se relame los labios de forma tentadora —Anoche no quisiste follarme y ahora no quieres besarme, ¿acaso ya te has aburrido de mí? Si es así entonces dime para mandarte a la mierda de una vez, por favor.

—Baja la voz, te pueden oír— le pido y vuelvo a sonreírle —Y no, jamás me aburriría de ti, es más probable que tú te aburras de mí.

Abre la boca con toda la indignación del mundo —Eso no es cierto.

—Humm— río bajito ante su expresión adorable, se ha cruzado de brazos todo enfadadito. El embarazo lo hace ver aún más mono, supongo, o serán cosas mías —Escucha, bebé. Ahora mismo tengo que cuidarte mucho, ¿eh? Así que ayúdame, estaré pendiente de ti mucho más que antes. Sé buen chico y pórtate bien.

Me sonríe inocentemente. Meneando las pestañas. Joder, es que es tan lindo que me muero por apretujarle las mejillas para que sus labios queden como los de un pececito y poder besarlo mil veces. Pero no, me obligo a calmarme —Yo siempre he sido buen niño, Daddy.

—No juegues así.

—¿Yo? ¿Jugar? ¡Para nada!— se arrodilla en los asientos, pone los brazos cruzados sobre el borde de la ventanilla y queda cerquita de mi cara —Quiero un beso tuyo, pero como no quieres…— el puchero que hace me pone fatal, con ganas locas de rendirme y darle lo que pide. Miro por encima de su hombro, a través de la ventanilla del otro lado, y veo a Jhörg viniendo con Simone agarrada del brazo, diciéndole un par de cosas. Están distraídos, así que aprovecho que no miran y le doy un beso fugaz en los labios. Él sonríe victorioso —Por eso te amo…— rápidamente que dice esas palabras se tapa la boca —¿Lo dije o lo pensé?

Sonrío ligeramente —Lo dijiste. También te amo, bebé. Ahora, sé buen niño como te pedí, ¿sí?

—Sí, Tommie. No te preocupes…

Ese tonito juguetón no me ha gustado nada. Es señal de que no me va a hacer ni caso, así de pillín es.

Me alejo del coche y lo rodeo otra vez, veo cómo Jhörg entra y se pone al volante, y Simone, antes de subirse al asiento del copiloto, me mira. Su mirada no dice nada, o eso me parece a mí, le dedico una sonrisita pequeña que borro en cuanto me doy la vuelta y le doy la espalda al coche. Escucho cómo arranca el motor, miro a Bill, mis ojos no se despegan de él. Me lanza un beso al aire justo antes de que el coche arranque, y lo único que consigo hacer es sonreírle.

Él cree que al lanzarme el beso mi madre lo verá como algo normal. Porque no es secreto para nadie que soy su tío favorito y lo mucho que lo quiero. Sin embargo, él no sabe que mi madre ya sabe lo que supuestamente nadie debía saber.

—Ahora entiendo…— susurra mi madre.

—¿El qué, mamá?— le pregunto todo confuso, ¿es que no lo había entendido antes?

—Billie y yo tuvimos una charla hace tiempo— me dice —Antes de que tú y tu hermana llegarais. Ahora entiendo de quién me hablaba…— y el tortazo que me suelta me pilla desprevenido y obviamente duele. Por eso gimoteo bajito —¿Qué fue lo que le hiciste para que el niño llegara hecho mierda de Los Ángeles, eh?

—Mamá…— suspiro, frotándome la nuca donde me ha dado. Ella arquea una ceja, dejándome claro que conteste antes de que me caiga otro. Bufo —Cuando Heidi se enteró de lo mío con él, amenazó con contárselo a todo el mundo. Yo no podía permitirlo, no podía dejar que se supiera porque aún no era el momento. Entonces, para convencerla de que cerrara el pico, me dijo que tenía que cortar con él. Me lo exigió. No me quedó otra, ella me dictó exactamente qué decirle y estaba escuchando cuando lo solté.

—¿Qué fue lo que te dijo que le dijeras?— mi madre está seria.

—Que él solo había sido un entretenimiento. Ya te puedes imaginar el resto…

Ella se lleva la mano a la boca apenas —¿Heriste a Bill solo para callar a Heidi? Qué tonto eres, Tom. Ahora entiendo por qué estaba tan cabreado contigo, si lo lastimaste… le rompiste el corazón…

—No fue intencional…

—¿Esa es tu excusa?— pregunta, alzando las cejas con desaprobación total.

—No— suelto en un suspiro —No es una excusa, mamá. A mí también me jodió decirle eso, pero ¿qué podía hacer?

—Hablar conmigo.

Pongo los ojos en blanco —Mamá…— resoplo con desgana —¿Cómo crees que iba a hacer eso? Todavía no había confirmado mis dudas en ese momento.

Ella suelta una exhalación —Bueno, sí, tienes razón.— miro al cielo agradecido. Al menos ha pillado mis motivos. Hice lo que hice porque me sentía acorralado. No porque quisiera. —Vamos, Isabella debe estar esperándonos.

—Le dije que nos veríamos a las diez en la hacienda Cascabeles— susurro, echándole un vistazo rápido al reloj de la muñeca. Entorno los ojos un poco para ver la hora —Faltan veinte minutos, llegaremos a tiempo.

—Para un taxi, cariño.

Y bueno…

&

Después de parar un taxi, nos subimos, le dijimos dónde tenía que llevarnos y llegamos a la hacienda en menos de quince minutos. Le pagamos con algo de propina y, tras avisar a los de seguridad de la entrada, pasamos. Nos llevaron a la parte de atrás, donde había un jardín precioso. Y ahí estaba Isabella, sentada en una de las mesas que estaban puestas con mucho estilo en el patio. De metal, con formas monas. Ella nos daba la espalda, su pelo negro caía en ondas suaves por la espalda. Parecía estar leyendo unos documentos.

Su asistente, Thania, fue quien le avisó de que habíamos llegado. Ella se puso de pie, le dio los papeles que estaba leyendo y se dio la vuelta.

La miré de arriba abajo y, la verdad, imponía un montón.

Lleva un vestido blanco ajustado, de manga larga, con un escote redondo discreto, y una falda corta que marca sus piernas firmes. El vestido va ceñido a la cintura con un cinturón ancho blanco, tipo corsé, que acentúa su silueta y le da ese aire de «patrona» como le dicen sus trabajadores, que no pide permiso para nada. En los pies lleva botas vaqueras blancas, impecables, altas, con tacón ancho. Lleva incluso un sombrero vaquero del mismo color que todo lo demás, perfectamente colocado, sin pasarse, pero dejando claro que no es disfraz. El maquillaje es pulcro, elegante. Daba exactamente esa impresión de tener carácter fuerte, experiencia y cero ganas de aguantar tonterías.

—Buenos días— saluda Isabella con una sonrisita pequeña —Señora Charlotte, es un placer volver a verla.

Decir que mi madre se mantuvo tranquila al verla y escucharla sería mentir. Porque en cuanto sus miradas se cruzaron y salieron esas palabras, a mamá se le llenaron los ojos de lágrimas y no pudo contener las ganas de abrazarla, así que lo hizo. Isabella le correspondió con un poco de retraso, quizás tampoco se lo esperaba o no estaba preparada mentalmente, pero incluso ella también se notaba emocionada de ver a mi madre.

Mamá me había contado lo triste y culpable que se sentía por todo lo que pasó. Ahora le toca a Isabella enterarse de toda esa verdad de la que yo ya estoy al tanto y que aún me tiene descolocado.

—Qué guapa estás— le halagó mamá, mirándola como si fuera una hija más para ella. Con mucha añoranza y felicidad contenida.

—Muchísimas gracias, señora Charlotte— fue la respuesta de Isabella —Créame que… superar todo lo que me pasó fue muy difícil, pero sí, guapa sí soy. Eso nadie me lo quita.

Ah, madre de mi pequeño tenía que ser.

Sonrío cuando se fija en mí —Hola, Isabella— la saludo mientras le doy un abrazo breve.

—Thomas…— susurra —No esperaba que llegarais tan pronto.

—Bueno, salimos antes de lo previsto del hospital— comento y ella, al instante, me mira confundida. Recuerdo que no le conté lo de Bill, y, siendo sincera, Isabella me da un poco de yuyu. Dijo que sabe usar un arma, si se entera de que va a ser abuela, ¿qué me hará? No lo sé. Y créeme, tampoco quiero saberlo —Llevamos a Bill a hacerse unos análisis para confirmar ciertas cosas.

—¿Qué cosas?— pregunta rapidísimo con mucha inquietud en la voz y, no solo eso, en la mirada también —¿Está enfermo? ¿Por qué? ¿Qué tiene? ¿E-es grave?

—Enfermo no está— le responde mi madre con voz suave, limpiando las lagrimitas derramadas —Solo ha tenido malestares esta última semana y bueno, con las cosas que me contó Tom ayer, tuve una duda que se volvió realidad. Y el culpable de dicha cosa es nada más y nada menos que este de aquí— me dice y yo frunzo el ceño, ahora todo me lo quieren echar a mí. Muy bonito —Resulta que… tiene dos semanas de embarazo.

—¿Q-qué?— Isabella pone exactamente la misma cara que puso Jhörg cuando el doctor le dijo que su hijo era intersexual —¿Cómo que…?— su pregunta se queda en el aire y me mira, el entrecejo se le frunce a lo bestia —¡¿Embarazaste a mi hijo, pedazo de animal?!— me grita tan flipada como cabreada. Ay no, yo ya lo sabía, lo sabía. Se me viene encima a darme y por instinto me echo para atrás. Estoy huyendo de mi suegra, ¿quién celebra conmigo mi cobardía?

—¡Apenas una semana atrás me enteré de que puede quedarse embarazado, Isabella!— intento defenderme y es en vano —¡Si me hubiese enterado antes te juro que habría usado métodos de seguridad para evitar un bebé!

—¡¿Es que no conoces la existencia del condón?!

—A él no le gusta.— ante mi respuesta mi madre solo se lleva una mano a la frente.

Avergonzada, supongo.

—¡Serás un…!— se contiene de soltarme una burrada —Agradece que no puedo hacerte daño como quisiera por idiota, ¿eh? No quiero que mi hijo me odie por hacerte algo, te salvas por ahora.— me amenaza, apuntándome acusadoramente con su dedo índice.

Yo solo trago saliva —Vale— susurro —¿Por qué no vamos al grano? Hablemos de lo que vinimos a hablar…

Se aleja de mí, no sin antes dedicarme una mirada super-mega-hiper asesina.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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