Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 32
Pov’s Bill
—¿Qué te pasó?
Tom ha entrado en mi habitación y tiene el labio partido, bueno, cerca de la comisura, pero ajá. Me preocupo al instante y me aparto de la cama, donde están tiradas todas las bolsas de compras que me han llegado. Son todas las cosas que me trajo mi papi de sus viajes. Y mi cama está llena de ellas, hasta en el suelo hay un montón más. No he podido verlas todas pero lo haré después. Mi prioridad ahora es saber qué le ha pasado a mi Tommie bonito para que llegue así de jodido.
—No me digas que os asaltaron a ti y a mi abue— pregunto horrorizado mientras me acerco a él a toda prisa. No me sorprendería que esos vándalos pobretones y sin oficio sepan quiénes son los Kaulitz y hayan querido atacarles para robarles. Sin embargo, la sonrisita pequeña que me suelta Tom me deja claro que no ha sido eso.
Igualmente la preocupación no se me va.
—Digamos que fue culpa mía— me dice y yo frunzo un poco el ceño —No hablemos de eso.
—Pero es que tienes el labio partido, joder.
—Sí, pero no es nada. Mejor dime, ¿qué son todas esas cosas?— pregunta, señalando la cama.
—Ah, pues…— resoplo ligeramente mirando hacia donde señala —Son algunas cositas que me trajo mi papá de sus viajes de negocios. Lanzará una nueva línea de ropa pronto y lo hará junto a uno de los mejores diseñadores de París. Estoy triste porque tiene que irse pronto, ¿puedes creerlo? Después de mi cumpleaños hará una gala y se tendrá que ir otra vez. Me quedaré solito otra vez…
Desvío la mirada al suelo, con un pucherito en los labios.
—No te pongas mal por eso— me susurra y yo solo puedo suspirar con mucha tristeza. Mi papá acaba de llegar y ya se tiene que ir pronto, odio eso. Siento las manos de Tom tomar mi rostro por las mejillas suavemente y levanta un poco mi cabeza para que lo mire a los ojos. Me sonríe con mucha dulzura —No estarás solo porque me tendrás a mí.
Esas palabras hacen que mi corazón palpite como loco.
Le devuelvo la sonrisa, siento mis mejillas arder pero no le presto atención a eso. Sé que debo parecer un tomate de lo rojo que estoy —Es cierto, pero es mi papá…
—Lo sé, Bibi, pero volverás a verlo.
—Quizás…— bufo.
—»Quizás» no, amorcito. Vas a verlo de nuevo, no te pongas mal— me dice y, ay no, ¿cómo explicar lo que sentí cuando me llamó «amorcito»? ¡Seguramente el rosa en mis mejillas se intensificó! Y por la sonrisa que ensanchó en sus labios, sé que es así. Me siento avergonzado y eso es raro. Yo nunca me siento avergonzado —¿Ya has preparado todo lo de tu cumpleaños?
—No— niego con la cabeza —Estoy procrastinando mucho, ¿verdad?
—Yo diría que sí.
Suspiro —Es que no sé por dónde empezar. Me siento extraño…— le digo en voz baja —No sé qué hacer, no tengo ideas.
—¿Qué tal si vamos a ver ese lugar que consiguió Adrianne, eh? Ella ya fue a verlo, según lo que sé.
—Sí, y dijo que es precioso. Tal cual como se muestra en las fotos…— contesto —Devilish es un lugar perfecto para mi cumpleaños, Adrianne logró reservarlo, habló con la dueña del lugar. Solo falta la decoración. Estaba esperando a mi asistente para eso pero, estuvimos hablando y no me llegan ideas.
—Necesitas relajarte un poco— sus manos pasan de tomar mi rostro a deslizarse hasta mis hombros y frotar ligeramente, en un intento de calmar lo que me agobia. Pero ni siquiera yo sé qué es lo que me tiene así. Solo sé que me siento cansadito la mayoría del tiempo y eso no me gusta. Quiero planear todo para mi fiesta de cumpleaños, pero a la vez siento que no tengo la energía suficiente para hacerlo —¿Qué tal si salimos un rato?
—¿A dónde?— le pregunto rápidamente, sé que mis ojos se han iluminado al escucharlo decirme eso.
—A donde sea…
Una pequeña sonrisita se forma en mis labios —Mmm, ¿como una cita?
—Como una cita— afirma mis palabras y mi sonrisa se ensancha mientras suelto una risita nerviosa. Me siento tonto. Más tonto que nunca. Pero no de una manera desagradable, simplemente, es bonito —Haremos lo que tú quieras.
—Yo quiero follar.
—Bill…— dice en modo de reproche, cosa que me hace reír estruendosamente.
—¡¿Qué?! Es la verdad.
—Haremos de todo menos eso.
Hago un pucherito de inmediato —Tommie…
—Todo menos eso— repite nuevamente con un tonito más serio.
—¿Ya no quieres? ¿Por qué?
—No es que no quiera, bonito…— aparta una de sus manos de mis hombros y la alza, llevando uno de mis mechones de pelo detrás de mi oreja —Es por cuestión de tu salud y esas cosas.
—Pero solo es gripe lo que tengo— le recuerdo. Ya estoy cabreándome de nuevo, así que me aparto de él dando dos pasos atrás sin dejar de verlo con el enfado evidente en mi expresión —¿Acaso la gripe se contagia si me metes el pene o qué?
Cierra los ojos y suelta un ligero resoplido —No es eso.
—¿Entonces?— alzo ambas cejas y me cruzo de brazos. Ya me siento muy indignado, anda rechazándome como si yo fuese qué —Dime, ¿por qué no quieres follarme? ¿Te doy asco o algo así?
—¡No!— dice alarmado, acercándose a mí rápidamente —¿Cómo puedes pensar algo así?
—No puedo pensar en nada más— le digo con simpleza —Si es eso, dímelo, ¿eh? Puedo llamar a Evan ahora que tengo móvil nuevo y pedirle que venga por mí. Nos vamos a cualquier lugar y tendremos sexo muchas veces ya que tú no quieres. Y para joderte, te mandaré fotos de lo bien que lo estaré pasando para que te arrepientas una y otra vez de rechazarme.
Él se relame los labios —Ni se te ocurra hacer eso.
—Yo hago lo que yo quiera, ¿okay?
Me he acercado tanto que nuestros rostros están cerquita el uno del otro, puedo sentir su aliento tibio chocando con mis labios y sé que él puede sentir el mío. Mis ojos van de sus labios a sus ojos, igual que los suyos. Yo me muero por besarlo, pero no voy a ser yo quien lo haga. Quiero que sea él quien tome mi rostro y estampe sus labios con los míos, que me bese vorazmente mientras yo me encargo de que nuestros miembros se friccionen y así acabar en la cama, follando encima de todas esas bolsas de regalo que están ahí. No me importa. O incluso en el suelo. Lo que sea.
Pero él no lo hace. No me besa. Se contiene de hacerlo y se aleja rápidamente de mí. Cosa que me llena de mucha tristeza.
—No puedo, bebé— susurra.
—Entonces, vete a la mierda, Tom— escupo con mucha rabia. Lo miro mal antes de darle la espalda y caminar hacia la mesita de noche, donde está mi móvil nuevo, sobre la encimera al lado de la lámpara que nunca enciendo. Es que tiene telarañas y me da miedo que al encenderlo las arañas decidan salir, iuhg… no me agradan las arañas. Soy tan aracnofóbico que hasta la más pequeña me hace chillar del miedo —Llamaré a Evan.
—No lo harás.
—Ya estoy buscando su número.
—Bill…
—Mira…— le muestro la pantalla, enseñándole que ya le estoy marcando. Lo pongo en manos libres para que se escuchen los primeros dos tonos antes de que él me coja la llamada.
—Billie, ¿qué sucede, cariño?— la voz varonil de Evan se escucha al otro lado de la línea. Muerdo mi labio inferior al ver la expresión seria de Tom.
—Evz, te extraño mucho…— le digo con la voz más suavecita que puedo tener —Me siento muy solito y te necesito, ¿no quieres venir aquí y consentirme un poco? Ya sé que estás estudiando para la semana de exámenes que tienes a partir del tres de septiembre, pero falta bastante para cuando llegue el día. Así que pensé que quizás tendrías tiempo de venir, pasarte unos días conmigo, la pasamos bien juntitos, y después te vas…— le suelto con voz melosa. Todo sin dejar de mirar a Tom a los ojos, quien se ha cruzado de brazos ya…
—¿Estás pasando por tu celo, como le llamas a las ganas que te entran de tener sexo?— me pregunta con un tonito parsimonioso que me encanta. Su voz suena excitantemente gruesa. Aspiro aire.
—Sí, ¿vas a venir o no, Evz?
—Okay, mándame la ubicación y allí te llego, amor.
Una sonrisa triunfal se forma en mis labios al oír la respuesta de Evan. Él nunca se niega a ningún pedido mío, siempre estará para mí cuando lo desee. En cambio, Tom se muestra muy disgustado por eso. —Está bien, mi amor, te enviaré la ubi. Ven lo más pronto posible, ¿okay? Te estaré esperando.
—Llegaré pronto, bebé— dice entre risitas —Sabes que hago lo que sea por ti.
—Sí, por eso te amo. Mucho.
Cuelgo la llamada, y pongo mi expresión de pesar falsa. Mis labios forman un ligero pucherito —Qué lástima, Tommie. Yo quería que fueras tú, pero ni modo.— resoplo con fingida tristeza y desánimo —Por suerte tengo a Evz, ¿no?
—Eres bien cabroncete, ¿no?— me dice. Rodea la cama a pasos lentos, sin apartar sus ojos que muestran cabreo e impotencia de los míos. Su mirada no me asusta, me excita, pero como él no quiere hacerme sentir bien me toca acudir a mi otro hombrecito —No comprendes la magnitud de lo delicado del asunto, pero, ¿cómo puedo culparte? Si ni siquiera lo sabes.
—¿Y qué es lo que debería saber?
Niega con la cabeza —¿Quieres que te folle? Bien, voy a hacerlo.— me dice ya cuando me está acorralando contra la mesita de noche.
—No es cuando tú quieras.
—¿Y eso a mí qué?— acerca su rostro al mío, sus manos se aferran a mi cintura y yo, en completa sumisión, separo las piernas y él se posiciona entre ellas. Mis ojos yacen fijos en los suyos. Exhala antes de chocar sus labios con los míos y darme un beso ruidoso. Yo vuelvo a sentirme tonto.
—Eres un idiota, Tom— un suspiro se escapa de mis labios cuando siento sus manos escurrirse bajo mi camisa y acariciar con sus pulgares mi cintura —¿Para qué esperar a que llamara a Evan, mmm?
—Prefiero darte yo y asegurarme de ser cuidadoso a que lo haga él y por cumplir tus caprichos en el cachondeo, te lastime— es la respuesta que me da, siento sus labios rozar con los míos mientras me habla. Eso me hace desfallecer de puro gusto. Ya siento como voy perdiendo el control de mí mismo, mi respiración se ha vuelto exhalaciones, Tom deja muchos besos sobre mis labios, besos húmedos que producen un chasquido delicioso cuando chocan.
—¿Serás muy, muy, muy cuidadoso, Tommie? ¿Qué edad tienes? ¿Cincuenta?
—Yo sé por qué hago las cosas, no me cuestiones.
—Pero a mí me gusta rudo.
—No. Me. Cuestiones. Bill Nikklas…
Suelto un gruñido —No me llames así, joder.
—Okay, entonces deja de cuestionar mis acciones, ¿estamos?
—Estamos.
—Bien.— se aleja de mí, y antes de que pueda reprochar, se ha dado la vuelta y ha caminado a pasos rápidos para acercarse a la puerta y cerrar con pestillo. Sonrío, mordiendo mi labio inferior y extiendo mis brazos cuando vuelve a mí. Me carga y yo enrosco mis piernas en su cintura, acomodo mi pelo hacia atrás y sujeto sus mejillas con las palmas de mis manos para comenzar a besarlo lentamente. Él quiere hacerlo suave para no lastimarme según lo que entiendo, entonces yo también quiero probar para ver cómo se siente.
No sé cómo pero logra tirar una de las bolsas que hay en la cama al suelo. Solo escucho el golpe seco de estas cayendo pero no presto atención a nada. Tom me deja sobre la cama, mi espalda choca contra el suave de las sábanas, con él entre mis piernas. Nuestros labios se separan del beso y veo cómo se quita la camisa azul de manga corta que estaba usando, dejando a la vista su delicioso torso, pecho y abdomen al descubierto. Todo muy bien trabajado. Relamo mis labios.
Tom se queda ahí, encima de mí, su torso caliente y duro se presiona deliciosamente contra el mío mientras me mira con esa mirada libidinosa que me derrite. Siento su pene duro ya rozando el mío, los siento palpitando entre nosotros. Acerca su boca a mí, yo me preparo para recibirlo. Me besa en los labios, lento, profundo, metiendo la lengua despacio en mi cavidad bucal como si quisiera saborearme entero. Siento su saliva mezclándose con la mía, sus labios suaves pero firmes cerrándose contra los míos, y yo abro la boca más para dejarlo entrar todo lo que quiera.
Luego baja, besa mi barbilla y sigue directo al cuello. Su boca se abre contra mi piel, lame despacio creando una línea desde la base hasta debajo de la oreja, y cuando llega ahí chupa suave, succionando con la lengua plana.
—Mmmh…— se me escapa un gemido bajito, porque joder, ese calor húmedo me pone la piel de gallina y me hace arquear el cuello para darle más acceso.
Él sigue chupando, lento, cuidadoso, dejando besos abiertos y lamidas largas que me hacen sentir la saliva resbalando por mi piel. No muerde fuerte, no me deja marcas, solo me lame y chupa como si fuera lo más delicioso que ha probado en su vida. Y es así. Como yo ninguno y eso está más que claro.
Sus manos bajan por mis costados, acariciándome la cintura, los costados, mientras su boca sigue viajando. Baja un poco más, lame mi clavícula, chupa justo en el hueco donde late mi pulso, y yo ya estoy respirando pesado, sintiendo cómo mi pene se moja dentro de mis boxers, presionado contra su abdomen.
—Ahh…— succiona un poco más fuerte mi piel, pero sigue siendo suave, como si estuviera adorando cada centímetro de mi piel en vez de devorarla.
Realmente está siendo cuidadoso y me gusta.
Me quita la ropa, lentamente, dejándome completamente desnudo a su merced. Se quita sus pantalones, sus boxers, y obviamente disfruto de la vista de su pene rebotando hacia afuera cuando sale de su prisión. Amo ese pedazo de carne grande, grueso y venoso, que me genera el mejor de los placeres y orgasmos que podría experimentar nunca.
Me abre más las piernas con las rodillas, se acomoda mejor entre ellas. Siento cómo me empapa enterito, manchando con su líquido parte de mis nalgas a propósito, y el perineo en busca de mi entrada. Su pene está caliente y ya mojadísimo de precum. Baja una mano, me acaricia el miembro despacio, lo masajea con cariño mientras su boca vuelve a subir a mi cuello y sigue lamiendo, chupando suave, dejando la piel brillante de saliva. Yo estoy perdido, mi culo se contrae solo de ganas, quiero sentirlo dentro ya.
—Quiero entrar despacio, Billie…— murmura contra mi piel, pero yo solo puedo jadear porque su voz ronca me vibra en el cuello.
Se escupe en la mano, se lubrica la polla. Ay, lo rico que es ver cómo se acaricia él mismo a su amigote, es difícil de describir. Frota la cabeza contra mi agujero, dando vueltas, presionando poquito a poquito. Cuando empuja la punta, siento cómo me abre lentamente, centímetro a centímetro, estirándome rico y sin dolor. Es grueso, caliente, me llena de una forma que me hace apretar las sábanas con las manos.
—Mmmh… joder…— gimo bajito cuando ya está medio dentro. Presiona sus labios con los míos en un beso.
Sigue empujando, suave pero constante, hasta que sus huevos chocan contra mi culo y está todo adentro. Me llena completo, palpita dentro de mí, roza ese punto que me hace ver estrellas. Empieza a moverse, saliendo casi del todo y volviendo a entrar profundo, lento, como si quisiera que sienta cada vena, cada pulso. Cada embestida es cuidadosa, pero joder, se siente tan rico que mi pene gotea sin parar contra mi estómago. Sus caderas giran un poquito al final de cada empujón, rozando mi próstata perfecto, y yo ya estoy perdido en el placer.
Sus labios no paran de besarme y lamerme los labios, chupándolos suave mientras me folla así de rico y profundo. Una de sus manos baja y me agarra el miembro, masturbándome despacio, al mismo ritmo que sus caderas. El sonido húmedo de su polla entrando y saliendo de mi culo es obsceno, me pone más cachondo todavía. Siento cómo mis paredes lo aprietan, cómo lo succiono cada vez que sale, queriendo retenerlo dentro.
Trato de no hacer tanto ruido, de no gemir tan alto, pequeñas exhalaciones salen de mi boca.
Acelera solo un poquito, nunca fuerte, solo más profundo, más constante, golpeando mi próstata una y otra vez. Mi respiración son puros jadeos, mi culo se contrae alrededor de él, y él sigue lamiéndome el cuello, chupando mi piel como si quisiera comerme vivo pero sin lastimarme nunca.
—Ahhh… sí…— me masturba más rápido y me folla más profundo al mismo tiempo. —Tommie…— suspiro, echando mi cabeza hacia atrás. Mis manos se deslizan por su espalda, entierro mis uñas, arañando su piel mientras muerdo mi labio inferior con cada penetración que me genera intensos espasmos de placer.
Siento que voy a correrme, todo el placer se acumula en la base de mi pene y en el fondo de mi culo. Tom lo nota, porque acelera las caricias en mi miembro y sigue empujando profundo, constante, cuidándome pero haciéndomelo tan rico que no aguanto más. Me corro fuerte, de mi pene salen disparados chorros calientes entre sus dedos, manchando el abdomen de ambos mientras mi culo se aprieta alrededor de su pene como un vicio.
—Mmmh… joder…— gimo largo, temblando entero.
Él sigue moviéndose un poco más, lento, profundo, hasta que se tensa encima de mí, me besa el cuello una última vez y se corre dentro, llenándome con chorros calientes de su semen espeso que siento pulsar contra mis paredes. Se queda quieto un rato, todo dentro, besándome suave el cuello, lamiendo la piel que ya dejó marcada de saliva y chupetones suaves.
Cuando sale despacio, siento su semen resbalar caliente por mi culo, y él se deja caer a mi lado, me atrae contra su pecho sudoroso y sigue besándome el cuello con besitos suaves ahora, como si no pudiera parar de adorarme.
—Ay, joder…— suspiro con muchas ganas, tratando de regular mi respiración.
Ha sido increíble, pero me gusta más cuando es rudo. Cuando me aprieta las nalgas, se entierra dentro de mí con fuerza y me llama su puta. Eso me gusta. El sexo duro.
Pero no voy a negar que también le he cogido gusto al sexo suave.
—Quiero hacerlo de nuevo— le pido, y Tom suelta una exhalación en una risa.
Continúa…
Gracias por leer.