Notas: Outfits de Billie al final 😉

Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 33

Todavía estoy temblando del primer polvo, mi culo me palpita lleno del semen espeso, caliente y resbaladizo de Tommie, pero joder, no me basta.

Lo observo desde mi posición, tirado en la cama, como su pecho va subiendo y bajando ligeramente agitado, su pene todavía medio duro y brillante entre mis nalgas resbalando, frotándose contra mi entrada, mientras me deslizo de adelante hacia atrás, y se me hace agua la boca sentir toda su longitud con cada fricción que hago. Se va poniendo dura y eso me encanta. No digo nada, solo suelto suaves jadeos. Mis rodillas permanecen a los lados de sus caderas. Me levanto, agarro su pene con la mano. Ya tío Tommie se está poniendo cachondo de nuevo con tan solo verme así, ansioso y sin vergüenza.

Solo y exclusivamente para él.

—¿Por qué siempre te sales con la tuya, eh?— me pregunta y yo sonrío.

—Si tú no sabes yo tampoco, Tom— le respondo —Creo que solo es cuestión de poner mi mejor carita, ¿no crees?

Siento cómo su miembro se hincha entre mis dedos, cómo late. Con la cabeza rozando mi agujero ya abierto y sensible, y bajo de golpe, lento pero sin parar. La punta entra fácil, luego el resto se desliza dentro de un tirón suave porque estoy empapado de él.

—Mmmh…— siento toda su longitud hasta el fondo, sus huevos pegados a mi trasero. Su pene me llena otra vez, estirándome deliciosamente —La próxima vez que me niegues el sexo te juro que te vas a arrepentir, ¿me has escuchado?

—Perfectamente, Bibi…

Yo le dije que quería hacerlo de nuevo y se echó a reír, ¿qué pensó? ¿Que estaba bromeando? Humm…

Empiezo a moverme arriba y abajo, saltando sobre su polla como si fuera lo único que necesito en la vida. Y es así. Cada bajada es profunda, siento cómo me roza la próstata directamente, cómo me hace ver chispitas frente a mis ojos. Subo casi hasta sacarla del todo y bajo fuerte, el sonido húmedo y chapoteante de mi culo tragándosela entera me pone más loco todavía. Tom me agarra las caderas con las manos, no para detenerme, sino para ayudarme a bajar más profundo, guiándome sin apretar fuerte.

Sus ojos están clavados en mí, en cómo mi miembro rebota duro contra mi estómago con cada salto, en cómo mis muslos tiemblan del esfuerzo pero no paro. Baja una mano y me acaricia el pene despacio, masturbándome al ritmo que yo marco. La cabeza está hinchada, sensible de la corrida anterior, y cada pasada de su puño me hace apretar el culo alrededor de él nuevamente.

—Ahhh…— gimo bajito cuando gira la muñeca en la punta, untando el presemen que sale sin parar por toda la base.

Sigo saltando, más rápido ahora, sintiendo cómo su pene entra y sale, cómo mis paredes la succionan cada vez que subo. Él se incorpora un poco, apoyándose en los codos, y acerca la boca a mi pecho. Empieza a lamer mis pezones, primero el que tengo perforado con su lengua plana dando vueltas lentas, luego chupa suave, succionando con cuidado para no morderme fuerte el pircieng. Oh, se siente bien. Pasa al otro, lame la piel alrededor, chupa el pezón hasta que se pone durito y sensible.

—Mmmh… joder…— sale otro gemido mío mientras sigo montándolo sin parar —Oh sí, mmhm…— aprieto mis labios para no gritar.

Sus manos suben por mi espalda, me acarician la nuca, enredan los dedos en mi pelo y me acerca a su cara para besarme profundo. Meto la lengua en su boca, saboreo el sudor y el sabor de nosotros dos, mientras sigo bajando y subiendo sobre su pene. Cada embestida mía hace que él empuje hacia arriba un poquito, encontrándose conmigo a mitad de camino, golpeando profundo sin ser brusco. Siento cómo me llena más y más, cómo su verga palpita dentro, hinchándose todavía más.

Bajo el ritmo un segundo, me quedo sentado encima con él todo dentro, moviendo las caderas en círculos lentos para sentir cada centímetro rozando mis paredes. Él gime bajito contra mi boca y me besa el cuello otra vez, lamiendo mi piel sudorosa, chupando suavemente justo donde late mi pulso. Sus manos bajan a mi culo, coge mis nalgas apretándolas con sus dedos encerrándose en la piel, y las separa un poquito más, ayudándome a bajar más profundo en la siguiente embestida.

Vuelvo a saltar, más fuerte, más rápido, sintiendo cómo el placer se acumula otra vez en la base de mi pene y en el fondo de mi culo. Tom me masturba más rápido ahora, y yo ya no aguanto. Me corro nuevamente, y toda mi esencia sale disparada manchando nuestro abdomen otra vez. Contraigo mi esfínter como loco muchas veces.

—Ahhh… sí… mmmh…

Él no para, sigue empujando hacia arriba despacio, profundo, hasta que se tensa debajo de mí. Me besa el cuello una última vez, lame la piel con cariño, y se corre dentro otra vez, llenándome con más semen caliente que siento pulsar y desbordarse un poco por los lados. Se queda quieto, respirando pesado contra mi piel, y yo me dejo caer sobre su pecho, todavía con su polla dentro, sintiendo cómo late suave ahora.

Nos quedamos así un rato, sudados, pegajosos, con su semen blanco resbalando por mis muslos y el mío manchándonos a los dos. Él me acaricia la espalda despacio, besándome la sien con besitos suaves, y yo solo sonrío contra su cuello, pensando que podría pedir una tercera ronda en cualquier momento.

Pero sé que Tom va a negarse esta vez.

—¿Salimos, precioso?— oh, recuerdo que me lo mencionó hace rato.

Obviamente la idea de salir con él como «pareja» me hace mucha ilusión. Somos novios. Oficialmente novios y eso me encanta. Me emociona mucho referirme a mi Tom como mi novio, como mi pareja. Y sí, ambos ya tenemos pareja pero esos son accesorios nada más. Tom sabe que tiene que dejar a Heidi si quiere que yo deje a Evan. Ellos no me importan, lo siento mucho por Evan, pero amo a Tom. Quiero a Evan, pero no tanto como quiero a mi tío-novio oficial.

—Me arreglaré…— susurro antes de reincorporarme aún sobre él. Le muestro mi más hermosa sonrisa, aunque todas mis sonrisas son hermosas, ¿o no? Ja.

—Pero no te demores.

—Es que tengo que verme bien.

—Tú siempre te ves bien, perfecto, hermoso, Bibi…

Reprimo un suspiro de tonto enamorado, y relamo mis labios —Lo sé, pero no puedo salir a la calle sin ponerme más guapo, ¿entiendes? Además, no me voy a demorar tanto, solo será una media horita. ¿No me puedes esperar?— hago un pucherito con mis labios, cosa que lo hace sonreír ladeadamente con sus bellos labios —¿Mmm?

—Vale, te espero.

Muerdo mi labio inferior mientras me bajo de su cuerpo. Mis pies tocan el suelo frío y camino desnudo por la habitación hasta encontrar mi ropa esparcida por cada rincón. Humm, tan concentrado en mi placer estaba que ni siquiera me di cuenta de cuándo tiró la ropa por ahí. Él me mira, acostado en la cama, con un brazo bajo su cabeza para levantarse un poco. Sus ojos están puestos en cada uno de mis movimientos mientras me visto rapidito para salir de la habitación y ir al baño. Tengo que ducharme rápido. Tengo mi mano en la perilla, a punto de abrir cuando escucho que tocan a la puerta. Mi corazón se detiene por un segundo, es uno de esos minis paros cardíacos que uno tiene cuando pasa algo que asusta.

—¿Quién es?— pregunto, apartando mi mano del picaporte.

—Yo…— responde la voz chillona, horrible e inconfundible de Heidi.

Tom bufa y rápidamente se levanta de la cama, busca sus boxers, se los pone y recoge su ropa presionándola contra su pecho. Se esconde detrás de mí. —Ábrele— me susurra.

Asiento lentamente y me preparo para abrir la puerta y que Tom quede oculto detrás de ella. Quito el pestillo y abro la puerta a medias, mirando a esa mujer detestable al otro lado con una cara seria —¿Qué quieres, Heidi?— le pregunto con desdén. Ella me mira de arriba abajo y entrecierra los ojos.

—¿Estás con el idiota de Tom, verdad?— me pregunta.

—No, ¿por qué?

—Tu mamá me dijo que subió aquí en cuanto llegó de la vuelta que estaba dando con mi adorada suegra.— me dice, haciendo hincapié en «mi» cosa que casi me hace reír estruendosamente. Pero solo atiné a sonreír de medio lado con burla —Así que no me mientas, llámalo.

—Tom estuvo aquí, sí, pero ya se fue, querida— le respondo.

—No mientas, imbécil.

—No estoy mintiendo.

—Mírate, ¿ya te viste a un espejo? Te ves como cualquier puta después de tener sexo, Tom debe estar aquí.

Tomo aire antes de responderle con mucha calma en mi voz. —Primero que todo, sí, todo el tiempo me veo a un espejo y sé que me veo jodidamente sexy para tu desgracia. Segundo, aquí la puta eres tú. Y tercero, tengo consoladores, y uno tiene sus necesidades sexuales, querida. Yo, a diferencia de ti, aún estoy joven y libre de arrugas o celulitis.— frunce el ceño indignada —Tom estuvo aquí, pero ya se fue.

—¿Y qué vino a hacer, eh?

—A tratar de rogarme para que lo perdone— le respondo, pasando mi lengua por mis dientes superiores como un gesto de victoria al ver cómo resopla de enojo —Claro está que me extraña y no puede vivir sin mí. Pero tranquila, yo siempre lo mando a la mierda, porque pienso en ti y me invade una gran lástima. Pobrecita Heidi, quedó embarazada para atrapar a un hombre que no la ama y ni así lo pudo tener porque me prefiere a mí.— formo un pucherito falso en mis labios, soltando un gimoteo lastimero que casi me hace reír.

Su expresión de rabia se acentúa —Estás mintiendo.

—Ay no— pongo los ojos en blanco soltando un suspiro con desgana. Me aburre esta vieja —Tú siempre estás detrás de él como una perrita, buscándolo para que te dé la más mínima atención, y eso que sabes que ni le interesas. Ya quiérete, mujer, das asco con la poca dignidad que te tienes.

—Cállate.— me dice en un gruñido entre dientes —Aquí «la perrita» eres tú.

Suelto una pequeña risita —Cada vez se nota más tu ausencia de cerebro.

—Eres un…

—¿Un qué?— la insto a decirme cuando se queda callada, con las palabras en la boca. Aprieta sus labios fuertemente, creando una mueca que la hace ver horrible —Ten cuidado con lo que me dices, ¿eh? Quién sabe quién te esté escuchando… si te oye mi padre insultándome, da por arruinada tu vida. O peor, si te escucha Tom… ssss— siseo —Bueno, pobre de ti.

Muerde su mejilla interna —¿Dónde está Thomas?

—Ya te dije que no sé— le digo —Él se fue hace rato, ¿sabes qué puedes hacer para encontrarlo?— ella alza una ceja, esperando por mi respuesta mientras se cruza de brazos. Yo sonrío con chulería —Usar tu hocico de perra para olfatearlo.

—Eres un jodido cabrón, Bill.

—¿Qué? A ver, ladra mejor que no te entendí.

Ella suelta un chillido de rabia mientras golpea el suelo con el tacón de sus botas altas. Yo la miro con horror, esta mujer necesita atención médica mental rápidamente —Si Tom no está aquí, entonces déjame pasar.

—No, y adiós.— le cierro la puerta en la cara y rápidamente veo a Tom, quien ya se ha vestido del todo y yo ni cuenta me di. Oigo cómo Heidi suelta otro gruñido de fastidio y rabia y a continuación sus tacones sonando contra el suelo mientras se va —»Es una demente»— articulo con un movimiento de labios sin hablar del todo.

Él me sonríe ligeramente y se acerca para dejar un beso en mis labios, antes de que sus labios rocen mi oreja y me diga algo en un susurro. —No le prestes atención— me dice bajito, muy, muy bajito. Su tonito me encanta —Ve y arréglate. Tenemos que salir antes de que se haga de noche…— esta vez habla con normalidad. Heidi ya se ha ido.

—¿Y Heidi? Ha dicho que quiere hablar contigo.

—Pues que espere.

Sonrío con ganas. Le doy la espalda y abro la puerta, me aseguro de que ella no está y dejo que Tom salga primero. Cuando él se va, no sin antes quedar en vernos fuera de la hacienda para que no pregunten y nos retrasen más, yo me dirijo al baño. Me doy una buena ducha para quedar bien limpiecito, como siempre. Me paso la barra de jabón con olor a frambuesa y vainilla por todo el cuerpo. La esponjita de baño. Mi jabón exclusivo para la cara. Todo lo hago tomándome mi tiempo. Le dije a Tom que me demoraría media hora pero ni yo me creo eso. Ja.

Cuando salgo de la ducha, atándome la toalla muy bien para que no se me caiga, camino hacia mi habitación. Busco algo que ponerme, que sea bonito y perfecto para mí. Aunque toda mi ropa es perfecta para mí, sino, no estaría en mi closet. Hasta la ropa debe sentirse afortunada de estar colgada en percheros y doblada en mi closet.

Siempre he sabido cómo usar la ropa para provocar… aunque finja que no.

Llevo un top negro ajustado, corto, de esos que dejan el abdomen al descubierto. Tiene una estrella blanca grande en el centro, llamativa, casi desafiante… muy yo. Se pega a mi piel lo suficiente para marcar mi silueta sin necesidad de exagerar nada. Sutil, pero imposible de ignorar. El pantalón es ancho, de tiro bajo, cayendo con descuido sobre mis caderas. No se ajusta, no aprieta; fluye. Es de mezclilla oscura, con esa vibra urbana que parece relajada, pero está pensada al milímetro. Se queda justo en el límite, dejando ver apenas la pretina clara y el pequeño tatuaje de estrella en la parte baja de mi vientre. No es coincidencia.

Lo combino todo con unas zapatillas negras gruesas, tipo chunky, con suela amplia. Algo que le dé peso al conjunto, que equilibre lo delicado del top con un toque más rudo.

Me veo sexy en cuanto me pongo todo.

Me maquillo bien ligero, sin exagerar mucho. Acomodo bien mi pelo, para que las rastas queden libres de enredo con mechones de mi cabello. Que quede rebelde pero no tanto. Amo el piercing en mi ceja, a Tom le gusta el que tengo en uno de mis pezones. Y el que tengo en la lengua. Bueno, a él le gusta todo de mí. Jum…

Me echo un poco de loción, tiene un olor suavecito y dulzón que me encanta. Yo soy un chico muy refinado y hermoso. Que quede claro.

Cuando estoy listo, salgo de mi habitación. No sin antes tomar mi móvil. Descubro que tengo un par de mensajes de Evan, resulta que olvidé enviarle la ubicación de la hacienda. Ya sé que Tom me ha complacido pero quiero ver el mundo arder, así que igualmente le envío la ubicación a mi segundo novio. Pidiéndole disculpas por no responder antes, mintiéndole al decirle que estaba con mi abue y se me pasó enviarle la ubi. Por suerte Evan me cree todo.

Bajo las escaleras con calma, mientras termino de escribirle a Evan. Pero la voz de mi abue hace que levante la vista de la pantalla. —Cariño, mira por donde pisas. No vaya a ser que resbales.

Le sonrío —Ay, abue, es que estoy hablando con mi novio.

Ella alza una ceja y sonríe —¿Y a dónde vas que estás tan arreglado, eh?

—Por ahí, a dar una vuelta abue.

—Pero así vas a conquistar a medio pueblo.

Muerdo mi labio inferior —Estoy lindo, ¿verdad?

—Siempre, mi amor.— me dice y yo ladeo la cabeza, sonriendo con mis labios y cerrando mis ojos, muy inocente de mi parte. Como un niño que se sonroja bonito cuando le dicen cosas bonitas. Que se achicopala bonito —¿Ya le dijiste a tus padres que saldrás?

—No, no hace falta, abue. Vuelvo antes de que anochezca.

—Tom también acaba de salir, si lo alcanzas, pídele que te lleve a donde sea que vayas, ¿sí?

—Okay.— me acerco a ella y dejo un beso en su mejilla, ella lo deja en mi frente, con mucho cariño —Hueles delicioso, ¿qué loción usas?

—Se llama Valentino, una de las que me trajo mi papá de sus viajes.— le respondo. Realmente es increíble la loción. Me fascina. Hace que huela delicioso, dulce como mi alma. Ja. Sobre todo mi alma —He decidido probarla y bueno, huele bien.— mi abue asiente en aprobación —Si preguntan por mí, ¿puedes decirles que salí y ya? No les digas que regreso en la noche, quizás me demore más.

—¿Vas con tu amiga?

—No, ella está muy entretenida oyendo a Gustav sobre los animales y todo eso.

—Bueno— me dice —Yo me encargo de tus padres. Ya ve. Con cuidado, cariño.

—Sí, abue…

&

—Por poco pienso que te arrepentiste.

Miro a Tom con indignación, ¿cómo se le ocurre pensar eso de mí? Si soy yo el más emocionado de salir con él como una pareja de novios felices. Cierro la puerta del coche y me pongo el cinturón. Tom maneja, él también se ha duchado y huele delicioso, a hombre. A macho alfa. Ay, ya parezco un tonto adicto a hombres de pecho peludo. Y eso que Tom no tiene el pecho peludo, sino que muy trabajado y sexy. Soy adicto a lo varonil que luce Tom. Hombre sexy.

Grrr…

—¿Todo bien?— me pregunta cuando nota mi mirada en él. Ya ha puesto el coche en marcha y yo ni pendiente. Ando muy despistado últimamente.

—¿Qué quería Heidi?

—No sé, no dejé que me dijera nada. Sé que sólo fue a buscarme a tu habitación por molestar…

—Qué tonta.— murmuro, optando por mirar por la ventana —Pero no quiero hablar de ella. ¿A dónde vamos a ir? ¿Vas a darme una pista?

—Iremos a donde sea, ya te lo había dicho, bebé.

—Sí, pero… ¿dónde queda «a donde sea»?

—»A donde sea» queda por ahí.

—¡Tom!

—¿Qué?— suelta en una risita —Solo daremos una vueltecita por ahí, corazón.

—Bueno, ¿puedo elegir?

—Claro que sí.

—Bueno…— froto mis labios mientras pienso —Quiero comer helado, un banana split, se me antojó.

—Vale, iremos a la mejor heladería que hay por aquí. La más presentable.

Una risita se escapa de mis labios —Okay.

Amo a Tom, espero que no se le ocurra romper mi corazoncito de nuevo. No lo soportaría.

Continúa…

Outfit de Billie:

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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