Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 34
Tom y yo pasamos una tarde muy linda y agradable. Fuimos a esa heladería, comimos helado. Dimos una vuelta en el coche por el pueblo, me enseñó varios lugares que yo ya había visitado con Adrianne, pero contándome lo que él hacía en su adolescencia cuando no entraba al instituto y se iba por ahí a hacer de las suyas con su grupo de amigos.
Monté un burro. Vimos una bonita cascada, que por cierto, se conecta con el riachuelo que queda cerca de la hacienda de mis abuelos. Nos tomamos muchas fotos juntos. Comimos algodón de azúcar. Me llevó a un mini zoológico que no sabía que había por aquí. Fuimos a la plaza, vimos a las palomas y obviamente me tomé mi foto justo en el momento en que salieron volando.
La pasamos bien porque no hubo momento en que dejara de hacerme reír con las cosas que me decía. Hubo tema de conversación en todo momento. Es simplemente espectacular tener su compañía, su presencia, oírlo, tenerlo cerca.
Siento que eso alimenta el amor que siento por él. Además de lo detallista que es. Porque sí, me compró un par de cositas, incluso rosas a una niña que pasaba por ahí vendiéndolas, y me las obsequió a mí. ¿No es eso hermoso? Tom no solo me demuestra con palabras que me ama verdaderamente, sino que con hechos también. Me siento afortunado de estar experimentando el amor, algo a lo que le tenía miedo, porque temía salir lastimado. Pero Tom derribó esos muros que creé alrededor de mi corazón, dejándome expuesto, y bueno… ahora se lo ha robado. Es suyo.
Ahora mismo nos encontramos en el parque, sentados en el césped mientras comemos obleas. Él está sentado, yo estoy acostado de lado, con mi cabeza sobre una de sus piernas. Tengo las mías flexionadas. He logrado despejar mi mente pero ahora no puedo evitar pensar en varias cosas que me ponen un poco desanimado.
—No quiero irme a Londres, realmente no quiero — susurro con pesar, Tom pone toda su atención en mí. No es la primera vez que lo digo, pero bueno. —No quiero encerrarme en esa universidad que me escogió mamá. No sé por qué se esmera en decirme que lo mejor es que me vaya, odio eso. Mi papá me dice que puedo escoger libremente pero sé que si mamá se lo pide, él cederá. Ella siempre consigue que mi padre acepte sus porquería de decisiones.
—Yo no voy a dejar que te envíe a Londres, no te preocupes.
Lo miro desde mi posición, observando su bonito rostro a la perfección —No tendré opción y tú no puedes hacer nada. Mamá no dejará que te entrometas en sus decisiones.
—Soy tu tío, y tú eres mayor de edad. Puedes decidir si te quieres ir o no…
—Mamá ya me dijo una vez que eso no estaba en discusión. Me dio dos opciones, o me voy a Londres, o ella se encarga de convencer a mi padre de no dejarme a cargo de las empresas— comento —A veces pienso que mi mamá hace todo esto realmente para deshacerse de mí. No la entiendo. Ya la harté, creo, y no me soporta. O quizás quiere tener otro hijo con mi papá y conmigo aquí con ellos no puede porque yo no quiero hermanos. Ahora, conmigo lejos, tiene el camino libre.
—Eso no pasará.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Lo intuyo.
—Eso no me tranquiliza, Tommie…— suspiro ligeramente —Yo quiero estar contigo.
—Y yo contigo.
—¿Entonces qué vamos a hacer? No la tenemos fácil, ¿sabes? Aunque a mí no me importa que la familia se entere de lo nuestro, me da igual si hablan o critican. Eres mi tío pero no me importa, ¿a ti sí? ¿Sigues teniendo miedo de que se enteren?
—Mi miedo no es que sepan que estamos juntos, Billie— me dice —Mi miedo es que tu madre haga algo en mi contra. O en el peor de los casos, que te haga algo a ti. Conozco a Simone, ahora más que antes, y no puedo dejar que sepa de lo nuestro. Por tu bien.— con su mano libre acaricia mi cabeza, jugando con mi pelo suavemente —Por eso he estado todo este tiempo asegurándome de arreglar unos asuntos.
—¿Cuándo vas a decirme esos asuntos tan «importantes», eh?
Tom no me responde. Su silencio me abruma, así que me levanto, apartando mi cabeza de su pierna para sentarme bien. Con mis piernas flexionadas contra mi pecho. Lo miro fijamente, su mirada yace en los alrededores. Sus pupilas se mueven por todo el lugar, pero no me mira, como vacilando. Le da un mordisco pequeño a su oblea, su mandíbula se mueve casi imperceptiblemente mientras mastica lo poco que mordió. Observo su perfil detalladamente, aunque ya lo he visto miles de veces. No sé cómo, pero puedo sentir que está preocupado por algo. Se le nota a leguas. No hace falta que diga algo para yo darme cuenta. Se le ve… ¿afligido?
¿Es esa una buena palabra para describirlo?
No sé nada de lo que él está haciendo para que ambos estemos juntos. Ya me ha mencionado un par de veces que todo lo que hace es por mí, para que estemos juntos sin nadie que vaya a jodernos. Y yo he pasado eso por alto, tomándolo como algo trivial, pero… ¿y si realmente el tema es serio? Porque para que Tom se ponga así tiene que ser algo sumamente delicado, ¿no?
¿Qué es eso que a él lo tiene así? ¿Cuál es ese tema que aún no me quiere contar?
¿Qué es lo que él tiene que arreglar para que estemos juntos?
Un suspiro sale de mí y eso llama su atención, me mira con una expresión de pena. Como disculpándose con la mirada por no poder decirme… yo solo atino a darle una sonrisita ladeada. —Vale, entiendo que no puedas decirme todavía— le respondo y en su expresión veo el alivio —¿Es tan complejo?
—Lo es, bebé…— me dice en voz baja, acompañando sus palabras con un asentimiento de cabeza leve —Pero no te preocupes. Lo vas a saber pronto…
—Con tal y no sea nada raro y loco, todo bien…
—Loco sí es.
—Ay…— bufo, poniendo los ojos en blanco. Él me sonríe y extiende su mano, sus dedos rozan mi mentón y con su pulgar deja suaves caricias en la línea de mi mandíbula. Suelto una risita nasal. Estas cositas hacen que mi pecho se llene de… no sé, ¿alegría? Soy muy malo hablando de sentimientos y más cuando soy nuevo en este terreno peligroso del amor. Siento que si estoy con Tom todo estará bien —Oye…
—¿Mhmm?
—Recuerdo lo que me dijo esa señora en Los Ángeles, cuando compramos los colgantes de cuarzo, ¿te acuerdas?
—¿Seraphine?— Tom aparta su mano lentamente sin dejar de mirarme.
—Sí, ella…— susurro asintiendo con la cabeza —Recuerdo que me dijo muchas cosas, entre ellas que voy a sufrir mucho. Y que perderé a alguien que es importante para mí…— tomo aire y lo expulso con calma por la boca —Que hay muchos secretos en la familia, ¿con eso se refería al misterio que tienes por ese tema que tienes que resolver?
—Sí.
—Oh…— vuelvo a asentir con la cabeza —Temo que eso sea verdad del todo, quiero creer que son puras mentiras pero… no sé.
—Puede que sea verdad, como también puede que sea falso, bebé. Cero preocupaciones, por favor…
—¿Y si realmente alguien a quien quiero se muere?— pregunto —¿Quiénes son importantes en mi vida? Mi abuela, mi papá, mis tías gemelas, mi abuelo Gordon, tú…— enumero con algo de preocupación —¿Acaso con «perder a alguien importante» se refirió a que me dejarán solito por ser como soy? De mi abuela no lo creo, ella siempre ha estado para mí y hasta se ríe de mis locuras. De mi abuelo, bueno, también me quiere. De mis tías gemelas, ellas aman que yo sea como soy. Me crearon. Mi papá… no creo que él me abandone. Y tú… tú no me abandonarías, ¿o sí?
—Claro que no, Bibi…— él se acerca a mí impulsándose con sus manos —Yo jamás te dejaría solo, lo sabes. Soy yo quien más te quiere en este mundo…
—¿Seguro?
—Segurísimo…
—Humm…— una mueca de puro desgano aparece en mis labios —Yo no soportaría que me dejes solo en algún momento que más te necesite.
—Eso no va a pasar— me dice —¿Acaso no recuerdas lo que dijo Seraphine? Que no ibas a caminar nunca solo porque tendrías a tu lado a la persona que eligió tu corazón, a menos que no sea yo esa persona, ¿amas a alguien más o qué?
—Obvio no— respondo en una risita breve.
—Bueno, entonces no te preocupes porque yo siempre voy a estar contigo. En todo momento, ¿mmm?— acuna mi rostro con sus manos y deja un beso en mi frente con mucho cariño —No voy a dejarte solo.
—¿Me lo prometes?
—Te lo prometo.
El beso que da a mis labios me deja tranquilo. Confío en Tom, quiero creer que no va a dejarme solo pero, igualmente las palabras de esa señora ahora empiezan a dar vueltas en mi mente. ¿Por qué ahora? ¿Por qué pienso en esto ahora? Quisiera no hacerlo pero es inevitable. ¿Es esto un mal presentimiento? Humm… no.
No lo creo.
&
Me dejo caer de espaldas sobre mi cama, soltando un pequeño suspiro mientras mantengo una sonrisa en mis labios. Miro al techo, y sí, realmente me siento tonto. Tonto cuando se trata de Tom. Mierda, esto es uno de los efectos del amor. Eso lo sé. Pero me siento tan tonto que me da vergüenza, ¿cómo es posible que me sienta nervioso y que mi corazón palpite de la mera felicidad solo por tener algo de la atención de Tom?
—Soy un imbécil…— murmuro, cubriendo mi rostro con ambas manos. Suelto un suspiro fuerte —Un completo imbécil.
—¿Por qué?— pregunta Adrianne.
Esperen. ¿Adrianne?
Rápidamente me siento en la cama y miro a la dirección de donde provino la voz de mi amiga. Ella está sentada en el taburete acolchonado que hace parte del tocador, con sus piernas cruzadas y su móvil en sus manos. Lo usa con una mano, la otra yace sobre sus piernas, y su mirada está fija en la pantalla. ¿En qué momento…?
—¿Desde cuándo estás aquí?— le pregunto con mucho asombro. Yo no la vi cuando entré. ¿Tan perdido ando?
Ella se alza de hombros, levanta la mirada de su móvil, hace un mohín con sus labios mientras piensa entrecerrando sus ojos, mirando a la nada —Mhmm…— emite pensativa —En realidad no lo sé, pero es poco el tiempo que llevo aquí, ¿por qué?— me mira, como si nada, ella muy tranquila. Condenada.
—Me has asustado, Adrianne…— le hago saber, poniendo mis ojos en blanco.
—No, tú me asustas a mí— me dice —Cuando entraste te dije: «hola» pero ni me escuchaste. Tenías una cara de atontado y parecías fuera de órbita, ¿todo bien?
Bufo y vuelvo a sonreír —Más que bien— le digo con un pequeño asentimiento de cabeza —He tenido una cita con Tom, ¡fue increíble, joder!— vuelvo a dejarme caer de espaldas en la cama, pero esta vez con mis brazos extendidos —Y nos besamos mucho. Fue muy bonito… y estoy sonando como un idiota, ¿verdad?
—Sí— me responde con simpleza, sus labios se juntan en un puchero mientras asiente con la cabeza —Pero es normal, estás enamorado.
—Esa palabra me provoca ganas de vomitar.
—¿Por qué?
—Yo prometí nunca enamorarme, mucho menos de Tom y mira… todo me salió mal y aun así, no puedo evitar amarlo cada vez más, y más, y más— bufo con mucha frustración acumulada —Saldré herido de todo esto, vas a ver.
—Tampoco seas tan pesimista, mani.
—Es la verdad.
—Lo que pasa…— ella se levanta y a pasos rápidos se acerca para sentarse y tirarse a mi lado. Ladea la cabeza para verme con una sonrisa pequeña —…es que tú estás acostumbrado a que solo te pasan cosas malas, es por eso que siempre andas diciendo que el universo te odia, y cuando estás teniendo algo bueno, piensas lo peor. Pero tienes que dejar de hacer eso. Debes disfrutar del momento, es todo.
—Imposible— musito, negando con la cabeza rápidamente —No puedo. Voy a volver a pasar por una depresión por culpa suya…— estoy claro en que así será, joder —Me está dando felicidad ahora para luego quitármela.
—¿Por qué piensas eso?
—Mani…— resoplo y ladeo la cabeza para verla a ella —Algo está pasando.
—¿Qué exactamente?
—Eso… eso es lo que no sé— respondo —Pero sé que algo no anda bien y tiene que ver con lo que Tom está haciendo para que estemos juntos. Él me dijo que tenía que resolver unas cosas, ¿qué tiene que hacer él tan «importante» para que podamos estar bien y sin nada que nos joda? Hoy le pregunté cuándo iba a contarme y se quedó callado. Me di cuenta de que el tema lo pone pensativo y preocupado a la vez. ¿Qué tan delicado es el asunto, pues? O sea, si fuese solo por Heidi sé que él ya habría resuelto eso. ¿Me entiendes?
—No.
—Ahg…— no sé cuántas veces he bufado, pero lo he hecho de nuevo —A lo que me refiero es… ¿qué es eso que tiene que resolver Tom para que él y yo podamos estar bien y tranquilos juntos?
—Oh…— ahora sí entiende mi punto —Ahora que lo dices sí es algo extraño.
—Me dijo que era complicado.
—Deberías dejar que él se encargue, ¿no? Porque si no te quiere decir es por algo…
—No, no, no…— niego con la cabeza de nuevo, reincorporándome para sentarme y mirar a los alrededores de la habitación —Algo me está ocultando, lo presiento. Y ahora que lo pienso, ese problema que está resolviendo tiene que ver con la familia, porque no podremos estar juntos si la familia se interpone. Y la gitana me dijo que habían secretos en mi familia que pronto saldrían a la luz. Que iba a sufrir. Que iba a perder a alguien importante en mi vida. Es todo confuso pero…— trago saliva lentamente —Mani, siento que todo se conecta de algún modo.
—Sí lo dices así hasta a mí me da intriga— dice Adrianne mientras se reincorpora —¿Y si buscamos entre los recuerdos familiares? Tu abuela tiene que tener un montón de cosas guardadas, ¿no?
—Sí, en el ático…
—Quizás ahí haya algo.
—Ahí lo que hay es polvo y arañas, Adrianne. Si de pequeño no entraba ahí, mucho menos ahora.
—¿Y no quieres saber qué es lo que te ocultan? Tenemos que ir en orden y resolver el caso— dice con un tonito dramático en su voz —Activemos modo detectives.
Chisto al instante —¿Estás loca, verdad?
—Eso no es secreto para nadie.
—Es cierto… buff…
—¿Modo detectives?
La miro por unos segundos. Sí, quiero saber qué es lo que está pasando pero, no sé. Siento que es mejor que me mantenga al margen, es lo que me dice mi subconsciente, pero yo no me hago caso ni a mí mismo, así que, ¿qué más da? Si Tom no me dice qué es lo que ocurre, entonces tengo que averiguarlo yo pero sin que se dé cuenta.
—¿Y…?
—Vale…— digo con resignación —Modo detectives.
—¡Iiiihhhh!
Después de ese grito creo que tendré que ir a que me chequeen los tímpanos, joder.
&
—¿Para qué quieres entrar al ático, Billie?— es la pregunta que me hace mi abuela, mirándome algo extrañada.
He venido a preguntarle porque no quiero que me pillen y me tomen como un entrometido. Prefiero que mi abuela sepa y me dé su autorización para evitar malos entendidos con la plaga… digo, con mis tiastros y primos. Porque siempre son ellos el problema. Pero para ellos el problema soy yo. ¿Quién dice la verdad y quién dice la mentira? Obviamente yo soy el bueno aquí, porque si no me hacen nada, ¿qué les voy a hacer yo? Ahora, si me hacen algo, ¿qué me impide hacerles algo a ellos también?
Buena lógica, ¿no?
—Es que estoy tan aburrido, abue…— le digo, pero es una mentirita blanca nada más.
Ella alza una ceja —Yo pensé que estarías entretenido con las cosas que te compró tu papá durante sus viajes.
—Son muchas, apenas he abierto la mitad de las bolsas— le digo —Mañana continúo, pero ahorita no tengo ganas. ¿Puedo ir? Solo quiero enseñarle a Adrianne el álbum de fotos.
—Bueno…— asiente con la cabeza, dándome su aprobación —Ve y haz lo que quieras, quizás encuentres algo que te guste o a Adrianne. Hay algunas cosas que eran de Tammy y Nicki cuando estaban jovencitas, quizás las quieran.
—Vale, abue, gracias— tomo su rostro y le doy un beso en la mejilla con toda mi euforia al cien —Eres la mejor.
Ella suelta una risita mientras yo salgo corriendo de la habitación donde se encontraba, pero cuando cierro la puerta oigo cómo tose fuertemente y las ganas de entrar me llegan de inmediato. Pero su tos cesa y carraspea un poco, quizás le he pegado la gripe a mi abuela. ¿Por eso cuando entré estaba una de las chicas de servicio dándole una pastilla? Humm, no lo sé, pero decido no molestarla más y me voy.
Corro escaleras abajo, encontrando a Adrianne en la sala de estar. Le está sonriendo mucho a la pantalla, ¿acaso ha regresado con el cara de vaca de Andreas?
Ay no.
No tengo ánimos para lidiar con la migajería y tontería de Adrianne. De verdad que no.
—Vamos— es lo único que le digo. Ella levanta la mirada del móvil, la sonrisa aún sigue intacta en su rostro pero, muerde su labio inferior. Ese gesto se lo conozco muy bien, es cuando se trae algo entre manos. ¿Qué ha hecho? —¿Todo bien, Adrianne?— pregunto, en un tono de voz muy pasivo, pero a nada de cambiarlo a agresivo cuando me salga con alguna tontería relacionada con el rubio oxigenado que debería estar bloqueado por todas sus redes —¿Mmm?— alzo una ceja cuando suelta una risita picaroncita.
—Te tengo una sorpresa— me dice con la emoción apenas contenida —Pero todavía no es momento para que sepas cuál es.
—¿Buena o mala?
—¿Qué?
—La «sorpresa» Adrianne.— le digo poniendo mis ojos en blanco —¿Es buena o mala?
—¡Ja! ¡Buenísima, mani! Te va a encantar, créeme.
—Humm…— entrecierro mis ojos, mirándola con mucha desconfianza —¿Debo creerte?
—Obvio microbio— es su respuesta.
Yo suelto un pequeño suspiro —Bueno, mañana veré si mereces que te lance un ladrillo a la cabeza o no— ella me mira con fingida cólera, llevándose una mano al pecho como si la hubiese ofendido. Tiene las cejas fruncidas exageradamente, la boca abierta en indignación total. Cosa que me hace reír —Vamos rápido, ya casi es hora de ir a cenar.
—¡Okay! Pero sí me has ofendido, ¿eh?— se pone de pie y se acerca a mí —¿Cómo se te ocurre desconfiar de mí? Si te digo que es buena, es buenísima. Quedarás flipando cuando veas qué tengo preparado.
—Ya veremos.
La guío hacia el ático. Prácticamente no es mucho el camino. Debajo de las escaleras hay una puerta, yo no sé por qué hicieron el ático ahí, es de películas de terror. Pero bueno. Abrí la puerta y oprimí el interruptor de la luz, todo el ático se iluminó de inmediato. Por suerte no hay tanto polvo y arañas como pensé. Adrianne entró primero, luego lo hice yo y cerré la puerta a mi detrás. Bajamos escaleras hacia abajo, como son de madera, crujen ligeramente por nuestro peso. Temo que se rompan y caigamos al suelo muertos. Ja.
«Murieron por inestabilidad de una escalera.»
Qué ridícula forma de morir.
Será que si se me aparece la muerte y le pido algunos minutos para arreglarme, ¿me los daría? Es que yo quiero verme bien sexy cuando encuentren mi cuerpo, aunque qué miedo da pensar en la muerte. Igual, quiero verme lindo para cuando venga a buscarme, je.
El ático está lleno de checheres.
Un montón de cosas que, a mi parecer, deberían estar en la basura. No guardadas, joder.
Hay algunas cosas que tienen una sábana blanca encima, seguramente para cubrir del polvo y esas cosas. Hay cajas apiladas perfectamente, estantes llenos de libros y de figuras chiquitas de cerámica. Hay cuadros. Bueno, muchísimas cosas. Si nombro cada una estaría perdiendo el tiempo. Vinimos a lo que vinimos y nos vamos cuando lo consigamos.
¡Rimó!
—Vaya…— silba mi amiga a mi lado, mirando todo —Acá hasta guardan herramientas de carpintería y todo.
—Sí, y de jardinería— le respondo con un pequeño asentimiento de cabeza —Aquí hay de todo, pero no vinimos a ver. Busquemos el álbum.
—¿Y dónde está? ¿Sabes dónde lo guardan?
Miro los estantes —Debe estar aquí.— los señalo vagamente —Ayúdame.
Empezamos a buscar, separando los libros para dar con el álbum pero no estaba en ninguno de los estantes. Lo único que encontramos fueron libros del instituto, seguramente los que usaban antes mi mamá, tíos, tiastros… y seguramente los que ahora usan mis primos. No tuvimos otra opción que buscar en las cajas, por suerte estaban marcadas. A mi abuela le gusta mantener todo así. Habían unas cajas marcadas con «juego de tazas de cerámica» y así sucesivamente. Las fuimos bajando todas con mucho cuidado hasta que dimos con una que decía «cosas familiares».
Habían varias marcadas así. Entonces abrimos una por una. Y tal y como había dicho mi abuela, habían cosas que antes eran de mis tías gemelas. Entre esas una cámara instantánea muy bonita que Adrianne probó y aún sirve, así que decidimos llevarla con nosotras. Algunos anillos. Bueno, cada cosita bonita la tomamos.
Dimos con carpetas llenas de papeles que obviamente revisamos. No encontramos nada. Dimos con dibujos que rápidamente identifiqué como los míos. Los que me dibujaba mi tío y que yo coloreaba. Debo admitir que para tener cinco años en ese entonces, coloreaba muy bien. El nivel de perfección en mí nadie lo iguala. Muak.
Cuando dimos con el álbum ya me estaba rindiendo de realmente encontrar algo entre tantas cosas que hay aquí. Pero Adrianne me convenció de seguir buscando. Así que echamos un vistazo a los álbumes, porque sí, eran varios. Como seis, gruesos y grandes. Estaban marcados con fechas de años, por ejemplo, desde mil novecientos setenta en adelante. En cada álbum había como siete años resumido en fotos. Yo echo un vistazo al álbum que decía mil novecientos ochenta y tres a mil novecientos ochenta y ocho. No había nada bueno, solo fotos de mis abuelos. Adrianne tenía otro del cual realmente no vi fecha.
—¿Quiénes fueron estos?— preguntó mientras veía una fotografía en específico.
—A ver…— me la muestra y veo a mis abuelos con otras dos personas. Una mujer y un hombre, creo que de la misma edad que ellos. Mi abuela se veía joven y estaba embarazada, casualmente la otra mujer joven también estaba embarazada. Los cuatro tienen una sonrisa grande en sus labios mientras miran a la cámara —No sé— respondo a la pregunta de Adrianne cuando no los identifico —¿De qué fecha es?
—Mil novecientos ochenta y nueve.
Hay más fotos de ellos cuatro.
—Amigos, ¿no?— sugiere Adrianne.
—Quizás…
Mientras pasamos de página vemos fotos de un par de niñas, fotos de mis tiastros, dos gemelas bebés que identifico como mis tías Támara y Nickole. Mi abuela sostiene en sus brazos a un bebé, supongo que es mi tío Tom. La otra mujer, que ha aparecido en las otras fotos, solo tiene a una niña de su lado que, al quedarmele viendo le encuentro un parecido con alguien. Decido sacar la foto y verla más de cerca.
—Dice algo por atrás— me avisa mi amiga y rápidamente me doy la vuelta a la foto.
«Recuerdos.
Familias Von Stein & Kaulitz.
Celebrando la llegada y bautizo del
nuevo integrante de la familia Kaulitz, Thomas.»
—Von Stein…— repito ese apellido mientras una mueca de confusión aparece en mis labios.
Dejo la foto en su lugar. Más páginas pasamos y vemos más fotos, pero la cosa cambia y vemos fotos de mi mamá con una joven pelinegra. Se ven muy unidas. En una salen ambas frente a una iglesia. En otra frente a lo que parece ser un instituto, pero visten un uniforme muy horrible. Parecen monjas, joder. Saqué esa de su lugar y chequeé por la parte de atrás.
«Último día de clases, antes del verano.
Simone, quiero que tengas esta foto para que guardes en nuestro álbum de recuerdos. Ya quiero que sea verano, ¡iremos a la playa! Nos vemos en dos días en Berlín.
Te quiere, tu amiga, Isabella.»
—¿Amiga? ¿Mi mamá tuvo amigas?
—¿Por qué se te hace extraño?
—No sé, es que mira…— señalo el álbum —Hay fotos de una pareja con mis abuelos, parece que fueron amigos, Von Stein es el apellido de esa familia y al parecer mi mamá y esta niña crecieron juntas por las otras fotos que hemos visto, ¿sabes lo que eso significa? Que quizás se trataban como hermanas, entonces. ¿Por qué mamá no la menciona?
—Seguramente dejaron de estar en contacto.
—Pues qué extraño.
Dejo la foto donde estaba y sigo viendo junto a Adrianne, por alguna razón, los Von Stein han llamado mi completa atención. Vimos otra foto donde aparece la tal Isabella solita, vistiendo de una forma muy bonita, y luego otra foto de ella y mi mamá. Saqué ambas fotografías y miré a Adrianne muy confundido. ¿Por qué siento que debo saber sobre la familia Von Stein? ¿De dónde viene la familiaridad?
Jamás he oído a mi madre mencionar a ninguna mejor amiga. Es más, nunca la he oído hablar de su pasado en general. Y no es que se lo haya preguntado tampoco, porque sinceramente me la sudaba bastante. Siempre me imaginé que la vida en el campo tenía que ser un coñazo: vivir en medio del monte, en un cerro de mierda, donde lo único medio decente era la hacienda de mi abuelo Gordon y ese río pequeñajo que había por ahí cerca.
Nunca le pregunté sobre su pasado porque no me apetecía aguantar el rollo con sus historias aburridas de pueblo. Pero ahora… ahora sí que me intriga. Y no poco, precisamente. ¿Quién es esta chica tan increíblemente guapa que aparece en esta foto con mi mamá? Las dos sonriendo a la cámara, radiantes, felices… Vale, ya sé que fue su mejor amiga, pero ¿qué coño pasó con ella? ¿Por qué nunca la menciona?
Es preciosa. Jodidamente preciosa. Tanto como yo. Y sí, sé que suena prepotente viniendo de mí, pero es la verdad como un templo.
¿Quién eres, Isabella von Stein?
Continúa…