Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 35

El nombre de esa persona no paraba de darme vueltas en la cabeza una y otra vez. Casi no pegué ojo en la noche por la rayada que tenía, y que sigo teniendo, porque la imagen de esa familia Von Stein no se me va de la mente ni a tiros. ¿Cómo coño dejo de pensar en eso? ¿Cómo le obligo a mi cabeza a que lo borre y no le dé tanta importancia?

Por más que lo intento, no puedo. No consigo ignorar esa sensación de que me sonaban de toda la vida cuando los vi. Y más todavía cuando mis ojos se pararon en esa foto donde sale mi madre con Isabella.

No sé por qué ahora, cuando me miro en el espejo, en vez de verme a mí, la veo a ella.

Estoy fatal, ¿verdad? Es que somos tan idénticos… quiero decir, no, eso es tan extraño.

Suelto un suspiro chiquitito. Abro el grifo y me echo agua fría en la cara a lo bestia. A ver si así despierto un poco, porque creo que estoy flipando por la vagancia. Me acabo de despertar a la fuerza y encima me doy cuenta de que es mediodía ya. Esto es lo que pasa cuando me trasnocho como un loco. Y me arrepiento mil de no haberme obligado a dormir, porque ahora tengo ojeras. ¡Ojeras en mi cara preciosa! Es horrible. Muy horrible.

Además, Adrianne y yo quedamos anoche, antes de irnos a dormir, en ir hoy a Devilish. Para empezar a organizar lo de mi cumple. Ya tenemos el sitio, sí, pero obviamente tengo que decorarlo y soltar pasta para que mi madre se quede loca del todo. Y es algo que llevo posponiendo porque he estado con cero energías.

Quiero preguntarle a mi madre por esa tal Isabella y por qué se parece tanto a mí.

Yo no puedo estar loco, ¿verdad? El parecido entre esa chica y yo es… no sé. No sé. Tengo la cabeza hecha un puto lío por ese detalle. Es la razón por la que no dormí una mierda y las consecuencias son estas ojeras y este sueño del carajo. Para las ojeras hay apaño, con maquillaje se tapan, pero ¿y el sueño? Me tendré que meter una bebida energética ya mismo, rapidito. Me arreglo en condiciones después de lavarme los dientes y darme una ducha, obviamente.

Hoy me he puesto algo súper guapo. Un top ajustado de camuflaje, sí, rollo militar. Una minifalda vaquera sencilla y un jersey marrón anudado a la cintura porque hace un calor de la hostia y si me lo pongo voy a sudar como un cerdo. Por suerte el jersey me marca la silueta sin que parezca que lo estoy intentando demasiado. Me he puesto también una gorra camuflada con un lacito rojo delante que rompe todo el verde. Me mola porque no pega perfecto, y justo por eso mola más.

Se me ve el tirante rojo que hace juego con la gorra, del bóxer que asoma apenas por encima de la falda. En el cuello llevo varias cadenas; una más pegadita, otra más larga con una cruz plateada y un collar con un colgante rojo oscuro que resalta un montón sobre la piel. Ya después usaré de nuevo el colgante de cuarzo. También pulseras, anillos… lo normal. Me flipa que suenen cuando muevo las manos. En los pies, calcetines blancos altos y zapatillas blancas. Cómodo, pero con estilo.

Y me veo de muerte. Bueno, ¿cuándo no?

Salí de mi habitación echando leches cuando vi la hora en el móvil. Adrianne y yo habíamos quedado en salir de la finca a la una y media para llegar a Devilish a la hora que quedamos con la dueña. Pero como me he retrasado, llegaremos tarde fijo. Y claro, Adrianne está cabreadísima, porque cuando salgo al jardín, al no verla por ningún lado en la casa, la pillo caminando de un lado a otro con muy mala leche mientras se toma un té frío con pajita. La cara de mala hostia que pone…

Resulta que afuera está toda la familia. Unos en las tumbonas, otros sentados en las mesas que han puesto monísimas en el césped alrededor de la piscina. Que ahora mismo la están limpiando los empleados que se encargan de eso.

—Entonces…— digo en cuanto me acerco a mi amiga, que al oírme gira la cabeza de golpe. Como si tuviera un demonio dentro —¿Qué pasa?— suelto con una risita que a ella no le hace ni pizca de gracia —¿Nos vamos o qué?

—No sé qué parte de «tenemos que ser puntuales» no te quedó clara anoche, Bill— me suelta, mirándome con los ojos entrecerrados como si me quisiera matar —Vamos a llegar tarde, ¡muy tarde! Porque te has quedado dormido, joder.

—Ay, no es para tanto— bufo y ella me mira como si no se creyera que lo digo en serio —Nos vamos ahora mismo, en vez de quedarnos aquí para que me eches el sermón. Además, no es culpa mía haberme quedado dormido. No podía dormir bien, ¿sabes? Agradece que me he levantado, porque tenía pensado pasarme el día entero durmiendo.

Ella suspira. —No tienes remedio— murmura, negando con la cabeza —Venga, rápido.

—¿A dónde?— pregunta mi madre desde la mesa donde está sentada con mi padre y mi asistente. No está tan lejos —Bill últimamente sale y no dice a dónde va— esta vez se lo dice a mi padre, que levanta la vista de unos papeles que estaba mirando y me clava la mirada. Se le dibuja una sonrisa en la cara.

—¿No le das los buenos días a tu padre o qué?— me suelta.

Pongo los ojos en blanco mientras sonrío y me acerco a la mesa. Le doy un beso en la mejilla y le susurro un «Buenos días, papito hermoso. Mi vida, mi rey, mi todo, te amo mucho» y luego lo mismo con mi madre para que no piense que tengo favoritos, solo que a ella no la halago como a mi papá. Aunque bueno, sí, prefiero a mi padre antes que a ella. Eso ya es vox populi. También saludo a mis tías gemelas, a mi tío Tommie con un besito en la mejilla para que la idiota de su mujer arda en furia, a ella también la saludo para que no digan que la ignoro y a la plaga y, claro, a mi asistente también. Pero a quienes no veo son a mis abuelos. Frunzo el ceño confundido al instante.

—¿Y mis abuelos?— pregunto. Miro a mi madre, pero antes de que conteste, habla mi tía Nickole.

—Salieron tempranísimo esta mañana, pero no dijeron a dónde— dice.

—Ah…— caigo rápido —Bueno, yo me tengo que pirar. Adrianne, vámonos…

—¿A dónde vas? Nunca me contestaste— dice mi madre y yo suelto un bufido suave. Me mira fijamente a los ojos, esperando respuesta.

—A Devilish.

—¿Y qué coño es «Devilish», Bill?

Ruedo los ojos. —Es el sitio donde voy a celebrar mi cumpleaños, mamá. Adrianne y yo vamos a ver qué decoramos, por cierto— miro a Oliver —Tienes que venir conmigo, ¿vale?— él asiente con la cabeza, que lo ha pillado perfecto. Vuelvo a mirar a mis padres —Tendré una charla con la dueña para que me explique mejor lo del alquiler, porque Adrianne no me lo contó bien. Y para firmar lo que haya que firmar y pagarle. Papá, espero que mi tarjeta siga funcionando, ¿eh?

—Pues yo no la he cancelado, cariño. De todas formas ahora miro…

—Genial— sonrío de oreja a oreja.

—¿Y quién es la dueña?— pregunta mi madre —Debería ir contigo para ver qué estás tramando, porque tú solo te gastas todo el dinero de tu padre, ¿y si es una estafa?

—Ay, mamá, por favor… no soy un crío, ¿sabes?— le recuerdo, cruzándome de brazos de muy malhumor —La dueña se llama… se llama…— no tengo ni idea, se me ha olvidado el nombre —Adrianne, ¿cómo se llama la dueña de Devilish?

—Ah, ella se llama Isab…

—Isadora— completa mi tío Tom, poniéndose de pie de golpe.

Adrianne frunce el ceño. —No, no, se llama…

—Isadora, recuerda…— insiste Tom otra vez, acercándose. Él y Adrianne se miran de una forma que… no sé si me lo imaginé, pero fue una mirada de «calla la boca» muy bien disimulada —Fui yo quien le habló a Adrianne del sitio. Sabía que Bill estaba buscando dónde hacer el cumple.— mi madre nos mira a los tres con cara de desconfianza. Sobre todo a Tom. Pero al final se lo traga.

—¡Ah, sí, es verdad!— exclama Adrianne rápido, soltando una risita nerviosa —Isadora…

—¿Y el apellido?— pregunta mi padre como si nada.

—Monterreal— suelta Adrianne. La conozco, sé que se lo ha sacado de la manga —Isadora Monterreal.

—Nunca había oído ese apellido por aquí— comenta mi madre.

—Es que es nueva por la zona— responde Tom, como si tal cosa. No se le nota nada la trola. Pero por cómo está Adrianne ya sé que estos dos están tramando algo —O sea, ella mandó a construir lo que ahora se llama Devilish. Es un sitio para eventos de todo tipo. Tiene de todo. Pero ella tenía a otra gente cuidándolo, viene de vez en cuando para asegurarse de que todo esté bien.

—¿Y cómo sabes tú eso?— pregunta mi madre, mirando a mi tío como si supiera que le está mintiendo pero no estuviera segura.

—Porque la conozco…

—Ah…

—Sí…— susurra mi tío —Si quieres acompaño a Bill y a la señorita…— señala con la cabeza a Adrianne.

—Te lo agradecería, Tom— acepta mi madre. Ya soltando la paranoia con mi tío. Aquí pasa algo gordo y no saber qué es me está poniendo de los nervios —Mantenme al tanto, ¿vale?

—Claro.

—Pero, Tom… tú y yo quedamos en pasar el día juntos— le dice Heidi con un tonito cariñoso que colaría con cualquiera menos conmigo, sé que le jode que Tom venga conmigo. No sé si ya sabe que él y yo estamos juntos. A lo mejor Tom todavía no le ha dicho que la boda se va a la mierda porque me tiene a mí —Recuerda que tenemos que ir planificando nuestra boda, cielo.

—Lo haremos después, no te preocupes— le contesta mi tío. Y, para mi sorpresa, sonó súper feliz el cabrón. Muy natural. Como si no le costara nada hablarle bonito a esa tipa.

—Sí, Heidi, no te preocupes— le suelto yo, con un tonito cínico pero sin pasarme —Solo te lo voy a robar un ratito.

Ella me sonríe con cara de mala leche disfrazada.

—Venga, vamos que ya vamos tarde— dice Adrianne con prisa.

—Bill, ¿no vas a comer nada?— me pregunta mi padre.

—Tranquilo, Jhörg, haré que coma algo por el camino— le asegura Tom y mi padre le responde con un asentimiento de cabeza, agradecido por lo majo y lo cuidadoso que es mi tío conmigo. Humm. —Venga, vamos.

Oliver se levanta de su sitio y nos sigue, va un paso por detrás. Yo solo puedo pensar en lo rarísimo que está siendo todo… no sé. ¿Cómo coño voy a enterarme de qué pasa si ni siquiera sé por dónde empezar? ¿De verdad solo tengo que quedarme de brazos cruzados esperando a que Tom se digne a contarme qué narices ocurre? Porque intento ser comprensivo, pero no me sé el idioma de esa palabra, así que me resulta jodidísimo quedarme quieto sabiendo que algo pasa, que me están ocultando algo y no tengo ni puta idea de qué es ni quiénes me lo ocultan.

Al puzle le faltan piezas, y por más que las busque es difícil porque no fui yo quien las perdió.

Buf…

—Oye, Billie…— me llama Adrianne, con el dedo índice me da toquecitos suaves en el hombro y es ahí cuando caigo en que ya estamos en el coche y el coche ya va en marcha. ¿En qué momento, joder? ¿Cómo no me di cuenta de que subimos al coche y arrancamos? O mejor dicho, ¿hace cuánto que salimos de la finca? —Bill— vuelve a llamarme.

Ladeo la cabeza y me encuentro con Tom conduciendo, con la mirada fija en la carretera de tierra. Adrianne está atrás, sentada al lado de Oliver, que está tecleando algo en la tablet. Muy concentrado. Se ve muy sexy, obvio. Al verlo pienso que, si Tom y yo no hubiésemos arreglado las cosas todavía, ya estaría pensando en tirarme a mi asistente. Pero como ya tengo a Tom solo para mí y en exclusiva, no tengo cabeza para liarme con nadie más. También pienso en Evan. Todavía no le he dicho a Tom que él viene y que llega hoy, no sé a qué hora, pero es hoy.

¿Se va a cabrear? Yo creo que sí.

—¡Biiiill!

Me pego un susto de muerte con el grito que ha pegado Adrianne, y no soy la única. Oliver, a su lado, la mira como preocupado por su garganta. Hasta algunos pájaros han salido volando de los árboles. Y Tom… Tom solo suelta una risita burlona. Cabrón. Se está riendo de mi despiste.

—Ay, Adrianne, ¿qué quieres?— digo mosqueado por el grito, pasándome las manos por las orejas como si eso fuera a calmar el dolor en los tímpanos.

—Joder, que te estoy hablando y no me haces ni caso, tío— me suelta, escandalizada perdida por lo desconectado que estoy del mundo real. No es mi culpa que mi cabeza me saque de la realidad, coño.

—Vale, ya te estoy haciendo caso, ahora dime qué quieres, mujer— bufo.

—Te preguntaba si estás sordo o qué, porque tu móvil no para de sonar y tú ni caso.

Frunzo el ceño y miro el móvil que tengo en las piernas. Lo cojo y al encender la pantalla veo las notificaciones de llamadas perdidas de Evz, y como si no fuera poco, también mensajes suyos. Rápido desbloqueo y entro al chat de mi otro novio… ja, qué raro suena eso. Pero bueno, veo un montón de mensajes. Son cinco, pero para mí son un montón.

«Billie, ¿por qué no coges las llamadas?»

«Bueno, da igual. Iba a decirte que ya he dejado todo listo en la uni para poder ir a verte como me pediste»

«He pensado en no decirle nada a mis padres porque si no, montarán el pollo y empezarán con la misma cantinela de siempre. Ya sabes.»

«Como son solo unas horas de viaje iré en mi coche. Ah, y de paso te llevo mi regalo de cumpleaños. Te lo daré por adelantado, ¿vale?»

«Responde cuando puedas. Te amo.»

Miro de reojo a Tom. Ya que anda de tan cariñosito con la lechuga mustia, bruja y vieja de Heidi, que se atenga a las consecuencias. Y sí, ya sé que delante de los demás tiene que mantener la fachada de novio perfecto, pero a mí me la suda. Ese tonito cariñoso con Heidi no sonó nada falso. No a mis oídos. Y de malas. No entiendo para qué sigue teniendo a Heidi en su vida, ¿solo por el bebé? Ese crío o cría no va a ser querido y va a tener una vida de mierda porque no fue planeado ni hecho con amor.

Mejor le hago un favor y le saco a Heidi ese bebé de una patada bien dada. O la dejo caer por las escaleras, quién sabe.

Pero bueno, volviendo al tema, me decido a contestarle rapidito a mi segundo novio.

«Ay, mi amor, te juro que no oí el móvil. Qué bien que estés a punto de venir, me muero por verte. Y me parece perfecto que no le cuentes nada a tus padres, ya sabes que siempre me echan la culpa a mí de todo porque soy ‘una mala influencia’ para ti.»

«Ya quiero ver el regalo que me tienes. También te amo, muak.»

—Ay, qué cursi puedes llegar a ser, por favor.

—¡Adrianne, deja de leer lo que escribo!

—¡Nunca!

&

—Muy buenas tardes…— nos saluda una mujer afroamericana guapísima en cuanto llegamos a Devilish. Tiene una sonrisa perfecta que deja ver unos dientes blanquísimos —Bienvenidos a Devilish. ¿El joven Bill Kaulitz?— pregunta, mirándonos a los cuatro con algo de confusión. No sabe cuál soy yo.

—El mismo— le respondo y me sonríe nerviosa cuando posa los ojos en mí.

—Oh, bienvenido, joven— me dice ahora solo a mí. Me hace una leve inclinación como saludo que me infla el ego, lo admito —Mi jefa ya los está esperando.

La mujer nos guía por todo el sitio hasta llevarnos a una especie de oficina. No tuve tiempo de mirar alrededor porque, sinceramente, estoy un poco agobiado. La mujer toca la puerta cuando llegamos, y yo miro de reojo a Adrianne, que está nerviosa perdida. Ella nota mi mirada y me la devuelve, intenta sonreír pero se le ve el canguelo a kilómetros. Ella y Tom están compinchados, pero ¿en qué coño? Necesito interrogar a Adrianne. En ningún momento me dijo que Tom le había propuesto Devilish para mi cumple. Y encima mintieron con el nombre real de la dueña.

No se llama Isadora. Eso es mentira.

—Adelante…— se oye una voz de mujer, pero algo dura, desde el otro lado. La afroamericana me dedica una sonrisita antes de abrir la puerta y dejarme pasar.

—Siga, por favor, joven Kaulitz.

Intento devolverle la sonrisa pero no me llega a los ojos. Me siento incómodo y no sé por qué. Cuando entro veo que la oficina es enorme, parece una mini sala de estar, porque tiene mueble bar, sofás, cuadros… un montón de cosas.

Dentro hay dos mujeres. Una pelirroja con cara de mala leche y una postura súper recta que me recuerda a los militares que veo en vídeos de TikTok. Es guapa, pero la otra lo es aún más. Es morena de pelo negro, y va vestida de lo más elegante. Joder. Refinada total.

Lleva un traje sastre en tono marrón chocolate, súper pulido. Arriba un chaleco entallado sin mangas, con escote en V profundo y botones delante, que marca la figura pero sin pasarse. Es de esos cortes que estilizan y dan rollo de jefa poderosa, de empresaria millonaria que no necesita gritar para que la obedezcan. Abajo, pantalón de tiro alto, corte recto, un poco holgado, con caída perfecta que alarga las piernas. Se ve estructurado pero cómodo, nada apretado.

Lo combina con tacones negros cerrados, clásicos, que mantienen el look limpio.

Los accesorios lo petan. Lleva puesto un collar dorado con un colgante llamativo, anillos finos y el pelo largo, ligeramente ondulado y perfectamente peinado le dan esa vibra sofisticada y segura.

No grita, impone. Como yo.

Sin embargo, su cara me suena de algo. Me mira y no sé cómo describir su expresión: es como si se estuviera conteniendo al verme. Los ojos vidriosos, una sonrisa en los labios que no llega a los ojos. Como si se obligara a no sonreír del todo. Parpadea rápido, aprieta los labios y se los moja. Respira hondo y se pone recta, me sonríe pero de forma profesional. Yo decido ignorar el calorcito que me abraza el corazón al verla. No sé, pero siento que la conozco de toda la vida.

—¿Isadora Monterreal, no?— pregunto dudando mientras le tiendo la mano. Ella frunce un poco el ceño, confundida, mira hacia atrás por un segundo y asiente torpemente volviendo su mirada hacia mí.

—Eh, sí, sí— dice con retraso en la voz. Me coge la mano y lo que siento al tocarla es algo que no puedo explicar. Es una sensación de calidez que me abruma un poco. Como una extraña conexión que no sé de donde proviene pero que no me desagrada, y eso es lo que me asusta y confunde a la vez. —Y tú eres Bill Kaulitz, el cumpleañero que ha alquilado Devilish para celebrar sus diecinueve años a lo grande. Es un placer conocerte… en persona— hay mucha añoranza, felicidad, emoción en su voz. Obviamente contenidas. Se le nota un ligero temblor al hablar, como alguien que se está esforzando por no hacer lo que de verdad quiere. Se le ve muchísimo.

Sonrío y me paso la lengua por los labios —El único e inigualable— le respondo con calma y clase —He decidido venir en persona a hablar con usted, señora Monterreal, porque mi mejor amiga no me explicó bien lo del precio del alquiler por veinticuatro horas. Si tengo que firmar algo, no sé.

—Claro que sí— me dice —Toma asiento, por favor— me pide mientras ella va hacia el conjunto de sofás negros. Yo rápido miro hacia atrás, a Adrianne y a Tom.

—¿Por qué no dais una vueltita por ahí?— les sugiero, y sí, los estoy echando.

Adrianne me mira indignada —Pero Billie, esto lo estamos haciendo juntos. Lo sabes— se cruza de brazos con un puchero.

—Tú y yo vamos a hablar en cuanto termine lo que vine a hacer— le aclaro y de inmediato pone cara de mustia, mira a Tom mientras yo también lo miro —Y tú, también vamos a hablar. Ahora salid. Chu, chu…

—Bien…— es lo único que dice Tom, y antes de salir le dedica una mirada a «Isadora». Ya sé que ese no es su nombre, pero ¿por qué dijo que sí? ¿Tiene que ver con Tom?

Adrianne lo sigue, Oliver se queda conmigo porque es mi asistente y tiene que estar al tanto de todo. Cuando me quedo solo, me giro hacia «Isadora», que ya está sentada esperándome.

Qué situación más rara. ¿Por qué me siento tan… conmocionado?

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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