
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 38
Pov’s Bill
Estoy de rodillas en el suelo, justo delante de la cama, con el albornoz blanco abierto de par en par y colgando flojo de mis hombros. El pelo todavía me gotea agua por la cara, por el cuello, y unas gotitas me resbalan por el pecho hasta llegar a mis pezones que ya están duros del frío y de la excitación. Tom está sentado en el borde del colchón, con las piernas abiertas, el vaquero bajado hasta los muslos y su polla gruesa y tiesa apuntándome directo a la boca como si fuera lo único que existe en el mundo.
La tengo metida hasta la garganta desde hace rato. Tom me agarra del pelo mojado con las dos manos, me mueve la cabeza como le da la gana, y yo solo dejo que me folle la boca con fuerza, sin resistirme. Cada empujón me hace gorgojear, la saliva se me escapa por las comisuras y me chorrea por la barbilla, cae en goterones calientes sobre mis muslos desnudos. Mis ojos se humedecen, pero no paro de mirarlo; le clavo la mirada con esa carita de ángel inocente que ya hace parte de mí mientras mi lengua se enreda alrededor de su glande cada vez que retrocede.
—Joder, Billie…— gruñe él, y yo solo gimo alrededor de su verga, la siento muy profundo en mi garganta.
Suelto un segundo para respirar, toso un poquito con la boca abierta, hilos de saliva conectan mis labios hinchados con la punta roja y brillante de su pene. Le sonrío dulce, con los ojos brillosos y la voz toda ronquita y mimosa —Tommie…— le llamo y él me mira fijamente —¿Sabes? A mí me encanta cuando me usas así…
Eso no debe ser un secreto. Yo creo que él ya lo sabía. Pero igual quise decirlo porque sí, porque se me da la puta gana, ¿y qué? Al menos yo sí puedo tener a Tom cuantas veces quiera.
—Me vas a romper el culo hasta que no pueda sentarme mañana. ¿Verdad que sí?— pregunto con mi voz ligeramente aterciopelada, batiendo mis pestañas adorablemente.
Él suelta una risa baja, no me responde, pero me empuja de nuevo hacia abajo para que me trague su polla otra vez y hasta que mi nariz se pega contra su pubis. Me quedo ahí, ahogándome un segundo, tragando alrededor de él, sintiendo cómo palpita en mi garganta. Cuando me suelta, jadeo fuerte, toso otra vez, pero vuelvo a metérmela entera sin que me lo pida, chupando con ganas, lamiendo las venas gruesas, metiendo la lengua en la rendija para saborear el pre-semen salado que no para de salir.
Mis manos suben por sus muslos, le araño un poco la piel mientras mi culo se mueve solito en el aire, arqueándome como perrito en celo. El albornoz ya se me resbaló del todo por los brazos, estoy desnudo y empapado, con mi pene despierto y goteando contra mi vientre, pero ni lo toco; esto es para él, para que me use hasta que quiera.
—Levántate un poco, Bibi— me ordena, y yo obedezco al instante, me incorporo sobre las rodillas para que pueda verme mejor la cara, mis labios rojos e hinchados, mis mejillas mojadas de lágrimas y baba, y el pelo pegado a la frente.
Me agarra la mandíbula con una mano, me obliga a abrir más la boca y escupe directo dentro. Yo trago su saliva como si fuera lo más rico del mundo, le sonrío con los dientes perfectos —Escupe más, Tommie… quiero que me llenes la boca de todo lo que tengas antes de que me folles. Después métemela entera de un empujón… quiero que me duela bonito y que me hagas llorar mientras te monto como la putita tuya que soy— le pido, con esa vocecita adorable y sucia a la vez.
Yo puedo ser muy sucio, sexualmente hablando, si me lo propongo, ¿eh?
Él me mira con sus ojos marrones encendidos en lascivia, me suelta la cara y me empuja hacia atrás hasta que caigo sentado sobre mis talones. Se pone de pie, se quita el vaquero del todo y me agarra del pelo otra vez, me arrastra hasta el borde de la cama.
—Date la vuelta y pon ese culo en pompa, Bibi— me ordena con un tonito dominante que me encanta. Yo me giro rápido, me pongo a cuatro patas sobre la alfombra, el albornoz queda hecho un nudo debajo de mí, y empujo el culo hacia arriba, abriéndome con las manos para que vea mi agujero rosado, todavía brillante por la ducha.
—¿Me lo vas a meter ya? Porque estoy tan cachondo que me duele… por favorcito— suplico con un pucherito en mis labios.
Y entonces siento su mano en mi cadera, la otra guiando su polla contra mi entrada, y el primer empujón lento pero implacable que me saca un gritito agudo y feliz.
—SÍ… joder… así… métemela toda…
Siento cómo la punta gruesa de su polla me abre despacito al principio, pero Tom no es de los que espera mucho. Empuja de golpe, fuerte, y entra hasta la mitad de un solo tirón que me saca otro grito agudo, en parte por dolor y en otra parte por placer puro. Mi agujero se estira alrededor de él, arde bonito, y mis uñas se clavan en la alfombra mientras arqueo la espalda más, empujando hacia atrás para que me la meta toda.
—Joder… Tommie… ¡sí!— gimo con la voz temblorosa, pero sonriendo como idiota —Mmmhm…
Él gruñe algo bajo, me agarra las caderas con fuerza, los dedos se hunden en mi piel, y empuja otra vez, esta vez sin parar hasta que está completamente dentro. Siento cómo me llena entero, cómo su polla palpita dentro de mí, gruesa y caliente, y mis paredes se contraen alrededor de él como si quisieran tragárselo más profundo. Empieza a moverse, sale casi del todo y vuelve a entrar de golpe en mí, a un ritmo brutal que me hace rebotar hacia adelante con cada embestida.
Yo solo gimo y jadeo, con la boca ligeramente abierta, la baba todavía me chorrea por la barbilla de la mamada de antes. Mi pene se sacude solo contra mi vientre con cada empujón, goteando pre-semen en hilitos que caen al suelo. El albornoz ya es un desastre arrugado debajo de mí, pero no me importa; estoy desnudo, expuesto, y me encanta que me vea así, todo mojado, rojo, temblando de ganas.
—Más fuerte, Tommie…— le suplico con esa vocecita dulce y rota.
Él suelta una risa breve, me suelta una nalgada fuerte que me hace gemir más alto, y acelera. El sonido de piel contra piel llena la habitación, húmedo y obsceno, mezclado con mis gemiditos y sus gruñidos. Me agarra del pelo mojado otra vez, me echa la cabeza hacia atrás para que lo mire por encima del hombro mientras me folla sin piedad. Menos mal que cerramos la puerta bien. Y menos mal que estoy intentando no hacer nada de ruido porque quién sabe quién anda por ahí. Aunque a estas horas todos están en los establos haciendo sus respectivos trabajos y mis abuelos aún no llegan.
—Mírame— me ordena, y yo giro los ojos vidriosos para obedecerle, le sonrío con los labios entre lágrimas de placer —¿Te gusta? ¿Te gusta que te use como mi muñequito sucio?
—SÍ… joder, sí… me encanta… soy todo tuyo, Tom…— respondo entre jadeos, con la voz toda temblorosa y mimosa —No pares… métemela más profundo… quiero que me llenes de leche hasta que me chorree por las piernas…
Sí, mierda. Eso quiero.
Él cambia el ángulo un poquito, me roza justo ese punto dentro que me hace ver estrellas, y grito su nombre como loco. Mis piernas tiemblan, casi no me sostengo en las rodillas, pero él me mantiene en posición, clavándome contra la alfombra con cada embestida.
—Voy a correrme dentro de ti, Bibi…— me avisa, con la voz ronca —Y después te voy a hacer lamer lo que se te escape… ¿quieres eso, príncipe?
Yo asiento rápido, desesperado, empujando hacia atrás contra él. —Oh, sí… por favor… córrete dentro… lléname… quiero sentir cómo me marcas…— le digo, y justo en ese momento siento cómo se tensa, cómo su polla se hincha más dentro de mí. Me propina un último empujón brutal, profundo, y se corre con un gruñido largo dentro de mí. Siento el calor de su leche llenándome, chorro tras chorro, hasta que se me escapa un poco por los lados, caliente y espeso, resbalando por mis muslos. Él se queda dentro un rato, jadeando, moviéndose despacito para ordeñarse hasta la última gota.
Cuando por fin sale, lentamente, siento cómo mi agujero queda abierto, palpitando, y un hilito blanco se me escapa y cae por mi perineo. Me dejo caer de lado sobre la alfombra, temblando, con una sonrisa boba y satisfecha.
Rápidamente llevo mi mano atrás, él me mira pasándome un dedo por mi agujero para recoger un poco de su semen y llevármelo a la boca. Lo chupo despacito, mirándolo a los ojos. —Quiero repetir…
Él se ríe, se agacha y me besa la boca sucia, metiéndome la lengua para saborearse a sí mismo. —Eres un desastre, Billie… pero eres mi desastre favorito. Sin embargo, ya fue mucho por hoy.
—Pero yo quiero más, joder…
—Y yo ya te dije que no— me responde, sus labios rozan los míos y me quedo con las ganas de comerle la boca a lo bestia —Hazme caso y no me contradigas, yo hago lo que tú quieras pero no debes aprovecharte de eso, ¿eh? Ahora descansa…
—Evan llegará pronto.
—Lo sé, mi amor, y no me interesa. Descansa…
Me levanta entre sus brazos y me deja sobre la cama. Obviamente así desnudo me quedo y me acurruco entre las sábanas. Realmente he quedado hecho polvo, pero siento que aún puedo aguantar un segundo round. Pero Tommie no quiere, ugh, qué pesado. No puedo decirle nada porque realmente puede que me deje sin sexo y no puedo permitirlo. Tengo a Evan, sí, pero nadie se compara a lo lindo que es Tommie conmigo. Así que, satisfecho, satisfecho, no quedaría del todo.
—¿No quieres quedarte conmigo?— le pregunto en un susurro, sintiendo mis párpados pesaditos por el cansancio. Aún así, lo observo vestirse lentamente —Te quiero conmigo en todo momento.
—Sí, bebé, pero tengo un asunto que resolver con Heidi— me dice y rápidamente una mueca se me instala en los labios. ¿Por qué tiene que joder mi paz de esa forma? —Tranquilo, solo iré a escuchar lo que me tiene que decir desde que vino a buscarme aquí, ¿recuerdas?— asiento con la cabeza —Puedo volver en un rato, ¿qué te parece?
—Perfecto— murmuro. Abrazándome a una almohada —No te demores.
—Vale.
Deja un besito cortito en mis labios y yo sonrío ligeramente. Me susurra un «te amo» que me deja demasiado feliz.
Yo también lo amo. Como lo amo, ¿eh? Nadie lo entendería, solo yo solito.
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Pov’s Tom
Salgo de la habitación cerrando con mucho cuidado la puerta. Bill me descoloca demasiado, hace que mis propios juramentos de ser «cuidadoso» me importen una mierda. Eso me asusta. Literalmente. No quiero que pase algo mientras estamos en medio del acto que lastime al bebé que crece dentro de él. Que se irá formando con el tiempo y nacerá siendo una copia de Billie. Sí, sigo queriendo que sea idéntico o idéntica a él. A mi pequeño mocoso caprichoso.
Me hubiese gustado quedarme con él, acompañándolo, pero el asunto con Heidi me tiene con una espinita clavada. Al menos sí sé cómo controlarla. De lo contrario sí sería un problemón gordo.
En cuanto bajo completamente las escaleras, mi móvil dentro del bolsillo del pantalón vibra. Sin dejar de caminar, lo saco y miro qué es. Solo es una notificación flotante de un mensaje.
«Nos veremos las caras nuevamente, ¿eh?»
Ruedo los ojos y le respondo rápido.
«Tenemos una charla pendiente, gilipollas.»
Apago la pantalla y vuelvo a guardar el móvil en el bolsillo. Tomo el pasillo de la derecha tras cruzar al bajar el último escalón, y quedo en el pasillo donde están las otras habitaciones de la casa. Entre esas está la mía, es grande pero no tanto como la que tenemos en mi casa en Los Ángeles. Entro en ella y encuentro a Heidi tirada en la cama, con una bata negra de seda, las piernas flexionadas mientras ojea una revista de moda que no sé de dónde sacó. Tiene el pelo recogido en unos ruleros.
Podría compararla ahora mismo con doña Florinda y no poder evitarlo.
Ella se da cuenta de mi presencia y se pone de pie, dejando la revista sobre la cama. —Qué bueno que ya estás aquí, ¿acabas de llegar de hacer de perrito faldero de aquel mocoso irritante?— me pregunta con un tonito arisco y desafiante que no me mola nada, pero no le presto atención a eso.
—No, llegué hace rato— le respondo con mucha simpleza, encogiéndome de hombros.
Ella frunce el ceño —¿Estás follándotelo, verdad?— inquiere con una mueca en sus labios de puro disgusto —Qué asco me das. Te metes con tu propio sobrino, te lo follas, ¿qué haría Simone si se entera de eso? ¿Qué haría su esposo? ¿Tus padres y tus otros hermanos? Te mirarían con asco, ¿verdad? Por eso quieres que lo tuyo con ese bueno para nada se mantenga oculto.
—Mis razones para estar con Bill y que nadie se entere son otras, Heidi— le respondo.
—¿Y cuáles son, eh?
—Eso no te concierne en absoluto.
Curva sus labios hacia abajo, y asiente con la cabeza poniendo las manos en la cintura —¿Desde cuándo eres gay? ¿Estabas conmigo para que tu familia no lo supiera o qué?
—No soy gay.
—Te follas a un chico, Tom.
—Solo a él, ¿y? Eso no me convierte en gay, no me gustan los hombres en plural. Puedo ver a otro tipo, a otro chico en la calle y resultarme para nada interesante— le contesto con calma —Solo me gusta Bill, él me produce un millón de sensaciones, es alguien importante para mí. Mi todo. Pensé que ya lo tenías claro, pero veo que ese cerebro de gallina que tienes no logra procesar bien mis palabras.
—Sigue siendo enfermo, Tom, por Dios…— se acerca a mí a pasos rápidos —No te metas en la boca del lobo, ¿sabes que te pueden demandar por eso? ¿Por estar con él? Tom, piénsalo.
—¿Qué se supone que debo pensar si ya lo tengo todo resuelto?
—Estar con él te será muy difícil.
—Es más fácil de lo que crees.
—No— suelta una risita sin nada de humor, sarcástica en todo el sentido mientras niega con la cabeza —Bill es un niño inmaduro, parece que su cerebro aún no se ha desarrollado bien. Es altanero, grosero, mimado, parece un niño de cuatro años. Con él las cosas no serían fáciles para ti, porque a él lo defienden mucho, y tú acabarás mal en todo esto. Hazme caso, lo digo por tu bien, lo mejor para ti soy yo. Te daré un hijo y…
Y ahí ha empezado con la misma retahíla de siempre, cosa que realmente me estresa. ¿Cuántas veces le he dicho que no voy a tener nada con ella y sigue intentando e intentando que «lo nuestro» se arregle, sin éxito alguno? Ya estoy harto de tenerla aquí conmigo, yo necesito sacar a Heidi del camino de una vez por todas. Pero está el tema del bebé. Joder. Tengo que esperar, a la fuerza, tengo que obligarme a soportarla un poco más. Pero también tengo que dejarle claro nuevamente las cosas porque creo que aún no comprende. Qué dolor de cabeza, coño…
—Mira, Heidi…— le interrumpo su palabrerío, aparto sus manos de mí, ya que sin darme cuenta ha puesto sus manos en mi pecho —Te he sido muy claro muchas veces pero no entiendes. Es como si despertaras y olvidaras lo que te dije el día anterior y me cansa, me fastidia que sigas de intensa cuando muchas veces te he dicho que no me interesa volver a tener algo contigo. Mi prioridad ahora es Bill. Lo amo a él y, si te soy sincero, no me interesa si te parece asqueroso lo que tengo con él porque no sabes cómo son realmente las cosas. Me da igual tu opinión.
—Pero, Tom… yo solo quiero asegurar que tú y yo podamos darle una buena vida a nuestro hijo.
—Ni siquiera te importa ese bebé.
—¡Claro que me importa!
—Si fuese así no estarías fumando a cada rato, Heidi. Te provocarás un aborto espontáneo, aunque no sé si eso sería algo bueno o malo para mí— comento y ella me mira con horror absoluto en los ojos.
—Estás hablando de tu hijo, Tom, ¿cómo puedes decir esas cosas?
—Lo siento, pero realmente no siento ningún tipo de afecto por ese bebé.
—¡Es tu hijo!— exclama con furia.
—No deseado, que es diferente.
—Eres una gran escoria, esto lo sabrán tus padres…
Ella intenta pasar por mi lado para salir de la habitación, pero yo la agarro rápido del brazo —Quédate quieta, Heidi. He sido muy paciente, créeme, no quiero volver a levantarte la mano porque me siento como un patán cuando lo hago. Así que ayúdame a que sigamos en una sintonía tranquila y no haya golpes de por medio. Sigue como has estado últimamente, tranquila, fingiendo que todo está bien, y te aseguro que tú estarás bien. De lo contrario, si veo que sigues dándome dolores de cabeza, tendré que hacer algo que no te va a gustar mucho.
—Eres un enfermo, Thomas. Mira nada más cómo actúas solo por ese mocoso de mierda. ¡Incluso llegando a rechazar a tú hijo! ¡nuestro hijo!
—No lo insultes, y sí, soy capaz de hacer lo que sea con tal de poder tenerlo conmigo. ¿Crees que es algo reciente? Llevo queriendo tenerlo como lo tengo ahora desde hace muchísimos años atrás, no voy a pasar la oportunidad que me ha dado la vida— le aclaro con fiereza —Y antes de que intentes irle con el chisme a mi madre, déjame decirte que ella ya sabe que lo nuestro es una farsa y que amo a Bill, lo ha aceptado.
—¿Que tu mamá qué…?— pregunta Heidi con la voz ahogada —Toda tu familia está loca, ya veo que no eres el único. ¿Cómo puede tu mamá aceptar que te folles a su nieto?
—Hay una buena explicación para eso, que tampoco te concierne.
—Enfermo…
—Di lo que quieras, me da igual— la suelto y me relamo los labios. Ella mantiene una mirada de enojo y desagrado en su rostro —Recuerda irte a dormir temprano, no quiero llegar y encontrarte despierta. Ahorramos eso, ¿listo?
—¿A dónde irás otra vez? ¿Estarás con él?
—Sí, eso haré. Pero antes, hay alguien a quien debo recibir primero antes de ir con él— me doy la vuelta, me acerco a la puerta y tomo el picaporte —No quiero que hagas más escándalos. Mientras menos te vea por la casa, mejor, y por favor, ya deja de meterte con Bill. Donde me entere que has ido a decirle cosas en su habitación o en cualquier punto del puto mundo, te irá muy mal.
Abro la puerta y finalmente salgo de mi habitación. Heidi es demasiado manipulable.
Camino hacia afuera, y justo cuando estoy llegando al salón lo encuentro a él siendo recibido por una de las empleadas, que le explican que Bill está durmiendo. Seguramente fueron a llamarlo. Él está siendo saludado por Jhörg y por Simone, al parecer no sabían que el novio de su hijo vendría. No sé dónde están mis hermanas gemelas, esas dos locas ahora se la pasan en un club de campo que queda a dos horas de aquí.
—¿Ves que Bill hace sus cosas y ni siquiera comenta nada?— oigo murmurar a Simone —Hay que hablar muy seriamente con él.
—Pensé que lo había mencionado— comenta Evan, su aura despreocupada se nota a leguas.
—No, no lo hizo, pero seguro se le olvidó— musita Jhörg, restandole importancia al asunto —Iré a llamarlo…
—Una de las chicas dijo que estaba dormido— susurra el chico mientras sonríe ligeramente —No quisiera despertarlo.
—Créeme, si te pidió que vinieras se pondrá contento de saber que ya estás aquí— es la respuesta de Jhörg —Vuelvo enseguida— se da la vuelta y sus ojos se encuentran con los míos en el trayecto —Thomas…— dice mi nombre mientras sonríe ligeramente —Ya te hacía en los establos, no te vi cuando llegaste. ¿Qué tal todo con el tema del cumpleaños de Billie?
—Todo bien, no te preocupes— le respondo —¿Ese quién es?— le pregunto, señalando con la cabeza al pelinegro que charla animadamente con Simone.
—Ah, es el novio de Bill. Al parecer, él le pidió que viniera y el condenado no dijo nada— suelta una risita bajita mientras niega con la cabeza —Es bien olvidadizo, pero voy a llamarlo para que venga a recibirlo.
—Okay.
Ojalá Bill esté bien cubierto con las sábanas.
Continúo con mis pasos hasta quedar más cerca de los otros dos. Simone le dice a Evan que irá a pedir que le traigan algo de tomar, además le pregunta si ya comió. La respuesta de Evan es negativa, así que Simone le dice que pedirá que le sirvan algo de comer. Cuando pasa por mi lado apenas me mira y sigue con su camino, yo no le presto atención a ella, mis ojos están fijos en los azules de aquel gilipollas.
—Thomas…— murmura mi nombre —Ya sé que mi presencia no es de tu agrado, pero debes saber que solo estoy aquí porque Bill me lo pidió. Al igual que tú, yo hago todo lo que él me pida.
Esbozo una pequeña sonrisa que no me llega a los ojos, apenas perceptible —Te advertí que no te enamoraras de él, idiota. ¿Se te olvidó cuál es tu papel aquí o qué?
—Es imposible no amarlo, y no, no se me ha olvidado cuál es mi función en toda esta película. Tranquilo— me dice, sonriendo ligeramente —Sigo firme con nuestro trato. En cuanto él sea tuyo completamente, y todo el asunto se arregle, yo me desaparezco. Sé que es lo que tengo que hacer.
—Qué bien.
Continúa…
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