Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 39

By Bill

Evan y yo estamos fundidos en un pedazo de abrazo de oso. Así se dice, ¿no?

Obviamente nos dimos un buen beso de bienvenida porque él me echaba de menos y, bueno, yo también echaba de menos otras cositas suyas. Claro que me contuve de meterle lengua durante el beso porque Tom me estaba mirando con cara de asesino desde el otro lado de la sala. Y no quiero que se enfade, pero es que tiene que entenderme. Evan es mi novio, tengo que tratarlo como tal. El pobre no tiene ni idea de todo lo que pasa a sus espaldas y me siento un poco mal por eso. Bueno, solo un poco. No me arrepiento de serle infiel. Porque en realidad no es infidelidad del todo. ¿O sí?

Porque, o sea, somos novios. Nada más. Y estamos dejando que las cosas fluyan, así que serio al cien por cien no es. Pero bueno…

A mí me despertó mi padre, menos mal, y yo estaba bien tapado con las sábanas. Y no se notaba para nada que me habían follado un rato antes. O al menos eso creo yo, ¿no? Y bueno, cuando me dijo que Evan estaba aquí tuve que esperar a que saliera de la habitación para levantarme y arreglarme a toda hostia. Ahora estamos terminando ese abrazo después de que lo haya regañado por tardar tanto en llegar. La idea era que llegase más temprano y no en medio de mi siesta. Odio que me despierten cuando estoy durmiendo, me levanto con un humor de perros. Pero ahora no estoy tan cabreado, solo un poco irritado porque sí que estoy cansado y sí que quiero seguir durmiendo.

—Entonces…— mi madre se aclara la garganta. Lleva de mal humor desde que bajé. ¿Por qué? Ni idea. ¿Cuándo será el día en que ya no esté enfadada por todo? ¿Es que no sabe que eso le arruga más la cara? Humm. —¿Cuándo pensabas decirnos que tu pareja venía, Bill?— me pregunta.

Suelto un bufido y pongo los ojos en blanco, apartando la mirada de Evan para mirarla a ella. Veo que está de pie, tiesa como un palo, con los brazos cruzados, una ceja levantada de forma sugerente y esa cara de seriedad total. La misma pose que ponía cuando me iba a echar la bronca de pequeño por cosas que no había hecho yo, sino mis primos, que eran los que me jodían. Pero ella siempre se ensañaba conmigo, como todos.

—No pensé que fuera necesario— respondo, muy simple y directo.

Mi madre levanta las dos cejas, alucinada por lo que he dicho. Le doy la espalda a Evan, pegándome contra su pecho, y él me abraza por la cintura. Siento su barbilla sobre mi hombro. Sonrío con cara de inocente mirando a mis padres. —¿Acaso he hecho algo malo, mmm?

—No, no, cariño…

—¿No? ¡Claro que sí!— exclama mi madre, cortando a mi padre de golpe —¿O sea que tú invitas a quien te da la gana aquí y lo haces sin consultarlo antes?

—Lo hablé con la abuela.

—Nosotros somos tus padres, Bill— dice ella, y yo la miro raro porque, ¿qué tiene de malo que haya traído a mi novio número dos aquí? Por Dios —Primero debiste comentarlo. Y no me enfada que Evan esté aquí, porque bueno, bienvenido sea. Al fin y al cabo es tu novio, ¿no? Pero no dijiste nada, o sea, como si tu padre y yo estuviéramos pintados en la pared. ¿Qué es eso, por Dios?

—Mamá…— suspiro. Quiero cortarla y acabar con la discusión, pero ella no me deja.

—No, «mamá» nada— espeta con firmeza —¿Dónde se supone que va a dormir?

—Conmigo.

—¡Eso es una falta de respeto! ¿Cómo se te ocurre?

Bufé otra vez. Mi madre me saca de quicio, joder. —Mamá, no estamos en la Edad Media, ¿vale? Evan puede dormir conmigo, no pasa nada. Tú misma lo has dicho, es mi novio. Además, es el siglo veintiuno, actualízate, por favor.

—A mí no me hables así, jovencito…

—Simone…— mi padre coge a mi madre del antebrazo, evitando que se me eche encima con el sermón de siempre sobre el respeto porque ella es mi madre y no sé qué hostias más que me la sudan —Déjalo, es su pareja.

—Y tú como siempre consintiéndoselo todo— refunfuña mi madre —Como si yo no conociera cómo es Bill. Se va a poner con sus cosas.

—¿Te refieres a follar?— pregunto.

Mi madre me mira rápido, entrecerrando los ojos. Me pone una cara que me da la risa. No sé por qué se pone así si he dicho algo que es completamente normal. «Follar» es algo que hace todo el mundo. —De verdad que eres un imprudente, ¿no?

—¿Qué tiene de malo lo que he dicho? ¿Qué tiene de malo lo que hago?— le pregunto ahora. Digamos que no estoy de humor para aguantar las movidas de mi madre. Me han levantado mientras dormía tan a gusto, soñando con algo superbonito justo antes de comerme el postre que tenía en las manos, todo raro, pero que me moría por comer en el sueño. Y ahora me ha entrado antojo de algo dulce otra vez. No estoy para sermones, me voy a cabrear más de lo que ya estoy, me voy a enfadar, voy a gritar y va a haber bronca.

—¿Y todavía preguntas?— contraataca mi madre.

—Basta, no empecéis— pide mi padre con calma —Evan puede dormir en una de las habitaciones de invitados.— mira directamente a mi novio —¿No hay ningún problema, verdad?

—No, señor Wieger— responde mi Evz.

—Vale, ya está.— suspira mi padre —Fin del problema.

Pongo los ojos en blanco otra vez y me separo del abrazo de Evan. ¿Por qué mi madre tiene que ser tan amargada? Siempre intentando joderme todo lo que me hace feliz y consiguiéndolo. Me tiene hasta los huevos. Siento que la única forma de calmar este cabreo reciente es comiendo como un loco algo dulce y rico. —¡Quiero comer!— exclamo haciendo pucheros —¡Necesito algo dulce, joooo!

—Deja de gritar— me regaña mi madre.

—¡Es que tengo hambre!— gimoteo otra vez.

—Yo te he traído algo— me dice Evan, y esas palabras me captan toda la atención. Lleva una mochila a la espalda, se la quita, abre el bolsillo grande y saca unos bombones de chocolate que, obviamente, me hacen la boca agua y que, obviamente también, le arrebato de las manos para sentarme en el sofá, abrir la caja y empezar a devorarlos como un desesperado. Un muerto de hambre. Iuhg… qué mal sigue sonando eso. —De nada, bebé…— murmura Evan sorprendido por mi actitud.

Pero me da igual.

—Evan, ve con Sonia para que te enseñe la habitación donde te vas a quedar, ¿sí?— susurra mi madre. Noto un toque de disgusto en su voz, seguro porque sigue cabreada conmigo. A mí me da igual. Ella y Evan se alejan despacio mientras parece que hablan, ¿o era Evan diciéndome algo que no pillé?

Bueno, vaya uno a saber.

Ahora que lo recuerdo… Adrianne me dijo que me tenía una sorpresa. Y luego está el rollo ese que se andan ocultando ella y Tom. Y también está lo que Tom me oculta a mí. El tema de Isabella. Y hablando de mi novio número uno, mi hombre, mi macho alfa, mi chucurrumin de pene grande…

Levanto la mirada y lo encuentro todavía plantado en un extremo de la sala, con los brazos cruzados, mirándome fijamente con una expresión que no sabría describir del todo. Mi padre… miré a mi alrededor y no está, ¿a dónde se fue y en qué momento? Joder. El hambre me nubla la mente.

—¿Qué?— le pregunto a Tommie con voz pequeña después de tragar lo que tenía masticado.

—¿Qué de qué?

—Qué de queso.

Él pone los ojos en blanco.

—No tengo tiempo para tus gilipolleces, me voy.

—¿Qué? ¿P-pero por qué?

—No lo sé, ve y besa otra vez a ese idiota y luego vienes y me haces la pregunta otra vez— me dice con un tonito borde en la voz. Ya entiendo. Está cabreado por el besito que le di a Evan. Pues ¿qué esperaba? ¿Que girara la cabeza cuando se acercó a abrazarme y besarme? Eso no se vería bien y Evan no se merece algo así.

—No hice nada malo. Es mi novio.

—No quiero que lo siga siendo— me ordena —Así que piensa en cómo lo vas a sacar de tu vida, pero rápido. ¿Me has entendido?

Me quedo cortado por su orden mientras lo veo marcharse tal y como había dicho. Parpadeo con retraso porque él y yo ya habíamos hablado de esto. Yo le dije que no iba a dejar a Evan a menos que él dejara a la momia esa que tiene por «prometida». Porque aún no ha anulado el matrimonio con ella que yo sepa, todavía no la ha echado a patadas de su vida. ¿Y espera que yo sí lo haga con Evan? ¡Está loco si piensa que voy a hacer eso! Joder, ¿qué le pasa? ¡Es inaceptable! ¡Ahg!

—Puta mierda— murmuro.

Me pongo de pie rápidamente y el movimiento hace que me maree un poco, así que vuelvo a caer sentado en el sillón. La caja de bombones se me resbala de las manos y cae al suelo. Ni siquiera me molesto en recogerla porque primero quiero que se me pase el mareo y me deje en paz. ¿Qué hice yo para que me estén pasando estas cosas? ¿Es porque soy bonito?

Lo sabía. Hasta la vida me envidia la belleza.

Uhg.

—Pony salvaje, aaaah, con cuerpo de pony, aaaah. Hay vida en tu vida, aaaaah, pero igual eres pony— canto bajito mientras me inclino hacia delante con mucha pereza y recojo la caja de bombones de chocolate que, por cierto, están muy deliciosos. Pero ahora mismo no tengo ganas de comer más. Me he puesto de mal humor otra vez. Odio mi vida, ¿vale? Solo quisiera desaparecer, irme lejos, muy lejos, donde nadie me encuentre. Pero tendría que llevarme un dildo del tamaño del pene de Tom para tener con qué distraerme un par de días mientras se me pasa la idea de irme lejos, muy lejos, a muy muy lejano.

La vida es tan injusta conmigo. Ahora, ¿qué se supone que debo hacer?

Si no dejo a Evan entonces Tom se va a cabrear y no me va a alimentar, y eso sería muy malo para mí porque ya me he acostumbrado a su dosis de leche. Además de que estoy enamorado y no puedo vivir sin él, prácticamente. Amo su pene y lo amo a él. Pero no quiero dejar a Evan y tener que soportar ver a Tom fingiendo que juega a la pareja perfecta con la bruja. La cosa está crítica.

¿Y si voy detrás de él y le digo que el beso no me gustó para nada y que en lugar de enfadarse debería besarme y borrar con sus labios el beso de mi novio número dos?

Eso estaría genial, pero hay un problema…

Yo no voy detrás de ningún hombre.

Así que la situación sigue siendo crítica.

—Buah…

Mejor dejo mi orgullo y mis principios a un lado por esta vez y voy detrás de Tom. Así que eso hago, muy a mi pesar. Aunque estoy fallándome a mí mismo porque yo no tengo que rogarle nada a nadie, me ruegan a mí que es diferente. Pero aquí estoy de todas formas, caminando a pasos rápidos con la caja de bombones en las manos, intentando alcanzar a mi sexy tío Tom. O sea, a mi novio número uno. Mi chikistriquis.

No, olvidad esa última palabra.

—¡Tom!— por suerte logro divisar su silueta a varios metros de mí. Caminar rápido sirvió de algo esta vez —¡Tooooooom!

Él gira la cabeza hacia atrás, con el ceño ligeramente fruncido mientras me mira. Se detiene solo para esperarme porque le hago señas con las manos.

—¿Qué sucede?— me pregunta cuando ya estoy cerca —¿Por qué gritas?

—Tú no puedes pedirme que deje a Evan— digo intentando que mi voz no suene jadeante por el esfuerzo que he hecho caminando desde la hacienda hasta aquí. Prácticamente estamos a nada de llegar a los establos. Tom me mira escéptico —No cuando tú aún sigues con Heidi.

—Son situaciones muy diferentes.

—¿Por qué?— inquiero yo, demasiado disgustado por sus palabras —¿Porque ella va a tener al bastardito de tu hijo y Evan es solo mi novio? ¿Es eso? ¿Te importa mucho ese bebé? ¿O es que Heidi te atrae de alguna manera, mmm?

—¿Se supone que me estás haciendo un berrinche?

—¡No!— lo empujo con poca fuerza golpeándole el pecho, consiguiendo apenas que trastabille un poco hacia atrás —¡Se supone que me tienes harto con tus movidas!— exclamo otra vez —Tú no me hablas claro, Tom. Me dices que me amas, que quieres que estemos juntos, ¡pero me ocultas cosas! Y luego está Heidi y su maldito embarazo. El matrimonio que vais a tener ¡porque aún no deshaces el compromiso! Me tienes en el limbo, porque me dices unas cosas y me ocultas otras y… y… ¡me tienes con la cabeza hecha un lío!

—Respira…— me dice, visiblemente preocupado por mi exaltación. Me paso una mano por la cara y el pelo porque con la exasperación y los gestos bruscos se me han venido varios mechones a la cara —Te has puesto rojo. ¿Cómo que no te hablo claro? Sí lo he hecho.

—¡No lo haces!

—No grites, Bill— dice en un suspiro, alzando las manos al frente —A ver, dime qué es lo que tú quieres saber.

—Lo que me ocultas.

Cierra los ojos durante unos segundos, mientras coge aire y lo suelta ruidosamente. —Te dije que todavía no— es la respuesta que me da para luego abrir los ojos y mirarme fijamente —No es algo fácil, Bill. Si lo fuera ya te lo habría dicho, créeme, pero es que de todas formas no me corresponde a mí hacerlo.— y con esto me ha dejado más que confundido —Hay cosas que resolver primero, y es alguien más quien debe darte la noticia. No yo, no es mi deber…

Genial.

—Odio esto— le digo cabreado —Lo detesto, Tom. Yo quiero saber, ¿acaso eso que me ocultas lo sabe Adrianne?

—¿Por qué lo preguntas?

—¡Porque es muy obvio! Esas miraditas cuando mi madre os preguntó por la dueña de Devilish… ¡yo lo noté! Algo os traéis vosotros dos, ¿es sobre el mismo tema?

—Bill…— bufa, queriendo que deje el asunto ahí, pero no me detengo.

—¿Qué? ¡Solo dime!

—Sí, Bill, sí. Es sobre eso mismo— musita en un resoplido bajito —Y ya deja de preguntarme, ¿sí? Por favor…

Me cruzo de brazos y giro la mirada hacia otro lado que no sea su cara. Odio esto porque, por un lado, entiendo que sea algo importantísimo y que lo mejor es que yo no esté al tanto. Pero por otro lado, yo que soy muy curioso, me estreso porque quiero saber. O sea, no debo, pero quiero, y es frustrante. Nadie entiende eso. Nadie me entiende a mí.

—Oye… solo confía en mí, ¿sí?

—¿Para qué si tú no confías en mí?— musito con la voz ligeramente estrangulada. Se me pone un pucherito en los labios —Quieres que deje a Evan pero tú no quieres soltar a la perra aquella— parpadeo varias veces para espantar las lagrimitas que se me acumulan en los ojitos —Ya estoy empezando a pensar que realmente no la detestas tanto como dices.— mi voz suena achicopalada y me niego a mirarlo. Debo de sonar y verme patético para cualquiera que presencie mi escenita, pero es que sí me da sentimiento, ¿vale? Como todo. Todo me da sentimiento —Y me siento muy triste ahora…

—Pero es que esas cosas te las estás inventando tú, Billie— me dice —Porque yo no he hecho nada con ella como para que pienses siquiera que te puedo estar mintiendo con respecto a lo que tengo con ella.

—Mentiroso.

—Lo que me jode es que te hayas dejado besar por ese, es todo.

—Pero es mi novio.

—No, yo lo soy— espeta duramente —¿Crees que es bonito para mí ver cómo ese tonto te besa y cómo tú le correspondes? ¿Qué esperabas? ¿Que me echara a reír y te aplaudiera por eso?

—¿Y qué esperabas tú? ¿Que le negara el beso?

—Pues sí— admite, dando un paso cerca de mí —Eso esperaba. Es más, no debiste pedirle que viniera.

—Y yo te dije que no lo voy a dejar a menos que tú dejes a la bruja.

Tom sonríe de medio lado, ironico, negando lentamente con la cabeza por mi respuesta. —Lo sé. Pero me da rabia, ¿vale? No me gustó ver cómo parecía encantarte ese beso— dice con amargura —Es que, mierda… solo yo puedo besarte, tocarte, tenerte, no él. Él no tiene ningún derecho. Si vas a hacer cosas con él procura que yo no me entere porque entonces me voy a cabrear y me voy a querer desquitar— me advierte —Y no vas a querer saber cómo lo haré.

—Okay, follar con Evan pero sin que te enteres. Anotado.

—No me da risa, Bill— expresa con una mirada muy seria. Yo solo puedo sonreír. Mentiría si dijera que no me gusta esa posesión suya, porque me encanta, ¿vale? Me fascina que él me reclame como suyo, que me diga que solo él puede tenerme, tocarme, besarme y hacerme suyo cuantas veces quiera. Sí, eso me fascina. No sé, hace que ante mis ojos se vea más sexy, más rudo, ay —Realmente no le encuentro el chiste.

—No era uno— murmuro, acortando la distancia entre nosotros para rodearle el cuello con mis brazos y dejarle un beso sonoro en la mejilla —Yo te quiero mucho, tío Tom— le susurro con melosería —Muchísimo. Así que no te preocupes, mi amor es todo y únicamente para ti. Al igual que yo. Al igual que tú lo eres para mí, ¿o no?

—Sabes que sí— me dice, abrazándome por la cintura. Me deja un beso en la mejilla también, aferrándose a mí fuertemente pero con dulzura. Entierra su rostro en la curvatura de mi cuello y hombro, e inhala suavemente mi aroma. El olor dulzón de la loción que uso —Yo solo quiero cuidarte, ¿sí? Ahora más que nunca debo hacerlo.

—¿Y por qué?

—No me hagas preguntas.

—¿Es por mi malestar?

—Bill…

—Okay, okay… cero preguntas.

—Bueno— deja otro besito en mi mejilla para luego separarse del abrazo lo suficiente para verme a la cara —Tengo cosas que hacer y un caballo al que entrenar— dice, mirándome juguetón —Por cierto, ¿dónde está la loquita de tu amiga? No la he visto en toda la tarde.

—Por ahí con Gustav— respondo en un resoplido mientras finjo acomodarle la camiseta —¿No es muy tarde ya para que andes trabajando? ¿Acaso no hay vaqueros que se encargan de entrenar caballos? ¿Por qué tienes que hacerlo tú?

—Sí, y sí— me responde a las dos primeras preguntas con una risita —Pero este caballo es para alguien especial, y hay una fecha que se acerca, así que quiero encargarme yo mismo de que ese caballo no acabe haciéndole daño a dicha persona.

Rápidamente algo horrible me recorre todo el cuerpo. ¿Cómo que «persona especial»? Mierda. Se supone que él no debe tener a nadie especial en su vida, solo a mí y a mi abue, pero hasta ahí. ¿Quién es esa persona de la que habla? Pregunto nada más para comprar una pistola y hacerla desaparecer de la faz de la tierra por arrimada, zorra, arrastrada. ¿Acaso Tom tiene a otra por ahí? Claro, no me sorprendería para nada porque es hombre. Y los hombres mienten. Más los que respiran, esos son peores.

—Pues que te vaya bien— suelto con amargura mientras me separo de él con disgusto —Que te rinda la noche— digo con sarcasmo.

Tom solo se ríe bajito y eso me da más rabia todavía.

—Hey, mocoso…— me llama y yo apenas lo miro con mala cara sin dejar de caminar para alejarme de él. Tom me es infiel, ¿verdad? Puto. Puto, zorro —Te amo.

Awww, pero qué lindo.

Digo, digo… ¡miente!

No le creas, Billie, te está comiendo la cabeza.

—También te amo…— la sonrisa que me regala espanta todo mal pensamiento de mi mente. Suelto un pequeño suspiro mientras vuelvo la mirada al frente y me fijo por dónde camino. Ya todo está oscuro y bueno, lo que se ilumina es gracias a las luces que hay por todos lados. Yo sí amo a Tom. Me pregunto, ¿cuál es el precio que tengo que pagar por hacerlo?

Porque obviamente por todo hay un precio en esta vida. Incluso por amar.

Humm…

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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