Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 4

Observo en la pantalla de mi móvil el chat de mensajes con mi mejor amiga. Debo admitir que desde que llegué aquí no he usado mucho el móvil, solo para lo estrictamente necesario, como escuchar canciones tristes para ahogarme en mi dolor… bueno, en el que tenía, porque ahora es distinto. La mejor versión de mí volverá más chula que nunca…

Pero volviendo al tema principal, Adrianne me ha escrito todos estos días que llevo aquí, pero en ningún momento le he respondido. Es que no tenía ganas de hablar con nadie, pero ya ha llegado el momento de darle la cara.

Ahora mismo estoy debatiéndome entre leer los mensajes o simplemente llamarla. Pero me estoy inclinando más por la segunda opción, ya que son trescientos noventa y siete mensajes, donde seguramente me pone verde por no haberle contestado. Sé que si la llamo ahora, hay dos cosas posibles que pueden pasar. La primera, que me ignore y se vengue porque no le contesté antes, o la segunda, que me responda y me insulte todavía más. Creo que es más probable la segunda…

En fin, dejaré que se desahogue y después le comentaré la idea de que venga para acá. La sobornaré para que acepte. Así que, tomando valor, pulso el icono de videollamada, me acomodo un poco el pelo y me aseguro de verme presentable y sexy como siempre. Con este nuevo look he quedado de maravilla, ¿a que sí?

Me relamo los labios y me acomodo mejor en el asiento que hay junto a la ventana de mi habitación. Es como un banquito acolchado que viene pegado a la ventana, me encanta, y la iluminación es perfecta. Hace que el color miel de mis ojos resalte aún más, y eso me recuerda que a Evan le gustan.

—¿Sí? ¿Quién habla?— pregunta ella al responder mi llamada. Veo que su cara está cubierta con una mascarilla verde y lleva una toalla enrollada en el pelo. Al fondo se ve una pared rosita, lo cual me deja clarísimo que está en el spa que solemos frecuentar una vez a la semana.

—No seas tonta, soy Bill— le respondo con una risita.

—¿Bill?— frunce el ceño, como si estuviera confundida —Yo conocía a un Bill. Era una maldita perra, encantador, sexy como yo y mi mejor amigo. ¿Pero sabes qué? Un día se fue de vacaciones a Los Ángeles y se olvidó de mi existencia. Me dejó solita, nunca pudimos lanzarnos de un avión con paracaídas y creernos aves libres de jaula, porque me echó de su vida y ni me avisó para haberme puesto mona y salir por las puertas de su corazón como una diva— suelta un sollozo más falso que las tetas de la bruja plástica y se limpia una lágrima invisible —Me rompió el corazón…

Pongo los ojos en blanco al mismo tiempo que sonrío. Es muy dramática. —Adrie, perdón…— gimoteo con un pequeño puchero en los labios —Sé que estás molesta, indignada, rabiosa…

—Y dolida también— añade, señalando brevemente la pantalla con el dedo índice.

Suelto una risita baja y asiento con la cabeza. —Vale, y dolida— musito —Por no responderte a los mensajes y llamadas, pero es que me pasó algo terrible y estuve atravesando una crisis existencial donde mi pelo pagó las consecuencias— confieso con un bufido —Pero ya estoy bien, en proceso de renovación.

Ella suelta un suspiro. —Antes de que entremos en una conversación seria y profunda, mamona, me quiero desahogar— me avisa.

—Vale, adelante, desahógate…

Ella se prepara; la veo colocarse bien en la silla y aclararse la garganta antes de empezar. —¡Eres un hijo de puta, Bill Kaulitz!— explota, y juro que casi me revienta los altavoces del móvil, joder —¡Una perra desgraciada, malnacido, sin escrúpulos, egoísta, narcisista, egocéntrico que solo piensa en su ombligo!

—Adrie…— digo horrorizado. Yo no pienso en mi ombligo, aunque quizá un piercing ahí me quedaría genial, ¿no?

—¡No me interrumpas, que aún no he terminado!— me grita, señalándome con el dedo de forma acusadora —¡Te envié casi mil mensajes, mil! ¿Tienes idea de lo preocupada que estaba? ¿De las mil teorías que me hice en la cabeza? Pensé que te habían secuestrado, que te habías caído en la bañera y estabas en coma. Pensé que habías conocido a algún actor de Hollywood o que te habías fugado a Las Vegas con tu adorado Tom para casarte sin invitarme.

¿Casarme? ¿Con Tom? No creo que hubiese sido posible.

—¡Incluso pensé que habías muerto y nadie me lo había dicho!

Arqueo una ceja y la miro con toda la obviedad del mundo en mi precioso rostro. —¿En serio pensaste que había muerto, Adrie?

—¡Sí! ¡Porque esa es la única razón válida para que mi mejor amigo me ignore durante días!— continúa, gesticulando dramáticamente cada palabra que sale de su boca, acompañándolas con movimientos al aire de sus manos. Le están haciendo las uñas, porque ya he visto las postizas pegadas y limadas. Pobre de la manicurista que la esté atendiendo. —¡Días, Bill! ¡Días sin saber de ti! ¿Sabes el trauma psicológico que me has causado? ¡Voy a necesitar terapia! ¡Años de terapia por tu culpa!

Aprieto los labios para no partirme de risa o se va a cabrear más.

—¡Y ni siquiera tuviste la decencia de mandarme un emoji! ¡Un puto emoji de mierda me habría bastado para saber que seguías vivo! Pero no, el señorito Bill estaba muy ocupado en quién sabe qué como para acordarse de que tiene una mejor amiga que lo adora y se preocupa por él como una madre preocupada por su hijo único…

—¿Ya has terminado?— pregunto cuando hace una pausa para respirar.

—¡No! Déjame respirar, que me estoy asfixiando de la rabia…— toma aire exageradamente antes de mirarme con una ceja arqueada y los labios algo fruncidos, de arriba abajo. Debo admitir que ese gesto casi me hace descojonarme de la risa —Eres un egoísta. Un ser sin corazón, una criatura hermosa y vil que no merece mi amistad. Deberías estar de rodillas dándome las gracias por seguir hablándote después de lo que me hiciste. ¡Me has roto el alma, Bill! ¡El alma!

—¿Ya?— pregunto de nuevo, divertido por el asunto.

—Casi…— hace otra pausa y chasquea la lengua —Eres un…

—Adrie, preciosa, luz de mi vida, sol de mi existencia…

—¡No me vengas con esas, mamona!— me interrumpe —¡Tú también eres el sol de tu existencia y mira cómo me pagas! Con abandono emocional y negligencia amistosa…— solloza dramáticamente —Deberían meter presa a la gente como tú…

—Joder, no. No quiero volver a estar en una celda— gimoteo —¿Ya te has liberado, mamona?

Ella suelta un suspiro, cruzándose de brazos. —Sí, ya. Por ahora… aunque me reservo el derecho de seguir insultándote más tarde— se abanica la cara con la mano; sus uñas postizas vuelven a salir a la luz. Me pregunto qué diseño se hará… —Me siento como… como esas mujeres en las pelis que van al terapeuta, sueltan todo el rollo de su infancia traumática y salen del consultorio respirando aliviadas y listas para empezar de nuevo. Así me siento, purificada por la ira.

Me río abiertamente. —Estás como una cabra.

—Tú no eres diferente, ¿eh? Eres peor que yo— contraataca con un movimiento chulo de cabeza —Ahora sí, mamona, cuéntame. ¿Qué coño ha pasado? ¿Por qué no me respondías? ¿Y qué mierda le has hecho a tu pelo? Porque ahora te lo veo genial— lo examina con la mirada y luego abre la boca a más no poder —¿Esas cositas blancas son rastas?

—Sí— sonrío con orgullo por el trabajo de Jesse —También hay negras, pero no se notan mucho— le comento —Me veo increíble, ¿a que sí?

—¿Increíble? Cariño, te ves espectacular. Fantástico, divino, majestuoso— dice, con mucha impresión en la voz —Joder, te lo digo en serio. Aunque que te hayas hecho un cambio de look tan extremo no significa nada bueno… ¿cuál fue la causa? ¿Tiene que ver con Tom? ¿Te dijo algo feo sobre tu antiguo look?

Hago una mueca con los labios. —¿Qué? ¡Claro que no!— exclamo —Bueno, sí tiene que ver con Tom, pero no por las razones que piensas. Yo jamás cambiaría algo de mí para encajar en las expectativas de otros, no soy como tú.

Ella me mira indignada. —¿Cómo te atreves?— suelta con su voz rasposa, negando con la cabeza con auténtica desaprobación —¿Vas a contarme qué ha pasado?

—No puedo contártelo por llamada— admito, sintiéndome repentinamente vulnerable —Es demasiado… complicado. Y largo, y doloroso, y humillante… y muchos «y» más…

—Billie…— su voz se suaviza.

—Necesito a mi mejor amiga, y es urgente— le digo —Necesito que vengas…

—¿Quieres que vaya a Los Ángeles?

—No, ya no estoy allí— le contesto —Volví a Alemania hace unos días y ahora estoy en la finca de mi abuela, en Bielefeld.

Se queda en silencio unos segundos. Su mente parece procesar mis palabras y, antes de que pueda prevenirlo, su expresión cambia completamente al horror. Con esa mascarilla puesta parece Shrek. —¡¿Bielefeld?!— grita tan fuerte que frunzo el ceño, preocupado por su garganta —¡¿Quieres que vaya a Bielefeld?! ¡¿Acaso quieres matarme, Bill?!

—No exageres, mani…

—¡No, no, no, no!— niega con la cabeza frenéticamente —¡Yo no voy a ese sitio! ¡Es el campo! ¿Sabes lo que hay en el campo? ¡Nada! ¡Absolutamente nada! ¡Solo árboles, tierra, bichos y más árboles! ¡Y vacas! ¡Probablemente hay vacas!

—Y cerditos también, y gallinas, caballos, toros y…

—¡Da igual! El caso es que yo no soporto esos lugares y lo sabes— sigue con su drama —Soy una chica de ciudad, como tú. ¡Necesito asfalto bajo mis pies! ¡Necesito el ruido de los coches! ¡Necesito tiendas en cada esquina! ¡Necesito civilización, joder!

—Aquí también hay civilización, solo que no de nuestra altura social, claro— río ligeramente —Ven, te haré un montón de fotos con las gallinas— me burlo.

—Idiota, ¿y qué voy a hacer allí?— pregunta, horrorizada —¿Mirar cómo crece el café? ¿Contar estrellas? ¿Respirar «aire puro»?— hace comillas con los dedos —¡Yo necesito aire contaminado de ciudad para sobrevivir, es mi hábitat natural!

—Deja el drama, Adrie… solo será por un tiempo— le digo con calma, aunque ella hiperventila —Además, podrías ayudarme a ponerles mascarilla facial a los caballos.

—¿A los caballos se les pone mascarilla?— pregunta confundida, arrugando el entrecejo.

—Gustav dijo que no, pero no hay nada que Bill Kaulitz no pueda hacer— me sentí como Metro Man al decir eso, ¡ja! —Y les cortaremos el pelo, y les haremos un flequillo bonito. También les pintaremos las uñas o pezuñas… no se como se le dice, y les pondremos pestañas postizas…

—Más suave, Ana, que me duele…— le dice seguramente a la manicurista, y vuelve a mí —Con tal de que no me echen caca encima…

—No, creo que eso lo hacen las vacas…

Ella pone una mueca de asco. —Siento una preocupación legítima por mi bienestar mental y físico— protesta, esta vez sin gritar, gracias a Dios —Además, ¿qué voy a ponerme? ¿Ropa de granjera? ¿Botas de goma? ¡Mis Louboutins se van a arruinar con la tierra!

—Mira, Adrianne Stephenie Engel Hesse— la llamo, diciendo su nombre completo con apellidos incluidos —Tú vas a venir quieras o no, porque estoy pasando por un momento terrible y necesito recuperar mi versión bien chula para que vuelva a mí más chula pro max. Así que prepara tus maletas, compra los billetes para venir en tren y asume tu papel de mejor amiga al rescate, ¿entendido?

Ella se queda callada, estudiándome a través de la pantalla. Puedo ver cómo su expresión cambia de dramática a preocupada. —¿Tan malo es?— pregunta en voz baja.

—Sí— admito —Muy malo, mamona. Y tengo que recomponerme…

Suelta un suspiro largo y dramático. —Joder, Billie…

—¿Serás una buena amiga y vendrás a salvarme?

—¡No he dicho eso!— protesta al instante —Todavía estoy procesando la idea de ir a un sitio donde probablemente no hay WiFi y tenga que subirme a un árbol para tener al menos una barrita de señal…

—Hay WiFi excelente— le aclaro —Si no fuese así, estaría yo en un árbol hablando contigo. Y ni aunque lo hiciera tendría buena señal y me verías pixelado, y yo a ti. ¿Ves?

Chasquea la lengua. —¿Y tiendas?

—Hay un pueblo cerca, creo…

—¿Con tiendas de diseñador?

—Eh… no.

—¡¿Ves?! ¡Me vas a matar!— grita de nuevo —¡Voy a morir de aburrimiento! ¡Van a encontrar mi cadáver sin vida rodeado de vacas y lleno de caca!

—Es probable, pero tendrás que arriesgarte por mí…

—No me gusta que me chantajees.

—Haremos todo lo que quieras cuando volvamos a la ciudad…

—¿Lo que sea?

—Lo que sea.

—¿Incluso ir a una secta satánica para ver cómo es?

—Incluso eso.

Ella entrecierra los ojos, pensándolo. —¿Y saltar de un avión con paracaídas mientras escuchamos «To My Love», el remix, de fondo?

—Sí— acepto en un suspiro.

—¿Y también hacernos una foto en medio de las vías del tren mientras viene el tren?

Sí, está como una cabra.

—Adrianne…

—¡Estoy negociando! ¡Si voy a sacrificar mi cordura yendo al campo, al menos voy a sacar provecho!— se cruza de brazos —¿Lo haremos? Di que sí o no voy…

Sé que aunque diga que no, vendrá. Pero bueno… no tendremos dieciocho toda la vida, y una vez que cumplamos los diecinueve nuestra madurez llegará y nos veremos muy poco, porque yo me iré a Londres a estudiar y quién sabe a dónde irá ella. Joder, qué triste. No quiero alejarme así de mi mejor amiga, el destino sabe que somos puro espectáculo juntos, por eso nos quiere separar.

—Vale, sí, lo que quieras— le digo.

—¿Y me dejarás elegir tu outfit durante un mes entero cuando vuelvas?

—Ni de coña.

—¡Entonces no voy!

—¡Vale, vale! Un mes— gruño —Pero nada de chorradas.

—Todo lo que yo elijo es fabuloso, no ridículo— me corrige con toda la dignidad del mundo —Bien, trato hecho. Iré a ese infierno verde llamado Bielefeld a rescatar tu alma en pena. Pero que conste que lo hago porque te quiero, tío. Porque si fuera por mí, te dejaba pudrirte ahí entre los cafetales.

Sonrío, sintiendo cómo se me alivia el pecho. —Awww, te amo, por desgracia…

—Sí, sí, yo también te amo— dice, y veo cómo alguien le quita la mascarilla verde del rostro —Ahora dime, ¿cuándo quieres que vaya? Porque necesito prepararme mentalmente para esta tortura.

—¿Mañana?

—¡¿Mañana?!— casi se cae de la silla, porque el móvil se ha movido bruscamente —¡Bill, necesito al menos una semana para procesar el trauma anticipado!

—Ay, por Dios…

—Tres días— sugiere —Tres días para comprar ropa apropiada para el campo, para hacerme tratamientos de belleza preventivos porque seguro que el aire del campo me estropea la piel, y para despedirme de la civilización como se debe.

—Dos días.

—¿Dos días para prepararme para ir al infierno?— gime, con un puchero en los labios.

—Será más que suficiente, cariño.

Suelta otro suspiro dramático. —Vale, dos días. Pero más te vale que merezca la pena, mamona. Y quiero todos esos regalos que prometiste.

—Los tendrás— prometo —Gracias, Adrie. Eres la mejor.

—Lo sé— dice con suficiencia —Y tú eres el peor por hacerme pasar por esto. Ahora voy a volver a mi facial, porque después de esta conversación tan estresante, lo necesito. Te veo en dos días, perra.

—Te veo en dos días— confirmo, sonriendo mientras cuelgo la llamada. Me quedo mirando la pantalla en negro, sintiendo un pequeño alivio. Mi mejor amiga viene, y espero que no quiera marcharse en cuanto pise este sitio. Me encargaré de evitarlo, aunque tenga que dormirla y retenerla aquí.

Tengo que escribirle a Evan también, porque tengo mensajes suyos sin leer. Deberé inventarme alguna mentira por los días ausente…

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por unicornlitz

Escritora del Fandom

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