Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 42

By Omnisciente

El reloj que cuelga en la pared del despacho de Gordon marca las nueve de la noche. La oficina moderna estaba vacía porque Gordon estaba supervisando junto con Gustav el cargamento del alimento para los animales que llegó más tarde de lo previsto. Tenían que encargarse no solo de que los bultos llegaran en buen estado, sino de que todo estuviese completo. Charlotte sabía que eso les iba a retrasar por lo menos una hora, porque era muchísimo alimento el que había que descargar de los camiones.

Por eso, cuando Simone le pidió hablar, optó por ir allí; además, nadie las escucharía porque a esas horas los demás ya debían estar durmiendo.

La rubia se encontraba sentada en la esquina de la mesa del escritorio de su padre, con sus típicos vaqueros ajustados y una camiseta de manga larga de cuadros rosa y blancos metida por dentro del pantalón, unas botas de tacón no muy alto y el pelo recogido en un moño alto. Llevaba las mangas arremangadas y se le veía un Rolex en la muñeca derecha. Su mirada era seria, inexpresiva. Y su madre estaba frente a ella con los brazos cruzados. Su pelo ligeramente grisáceo lo llevaba perfectamente recogido en un moño bajo. Vestía un bonito vestido suelto; con las pocas energías que tenía últimamente no tenía ganas de ponerse pantalones ni nada de eso. Prefería los vestidos. Además, eran más fáciles de quitar cuando le tocaba revisión en la clínica.

—¿Vas a hablar de una vez, Simone?— pregunta la mayor, algo impaciente por el silencio de su hija. Cuando fue a buscarla a su habitación le dijo con urgencia que tenía que hablar con ella y ahora se quedaba callada, solo mirándola detenidamente.

—¿Qué hacía Bill en el sótano viendo el álbum de fotos familiares?— es la pregunta que suelta Simone con un tono de voz seco.

—Él me dijo que quería ver las cosas.

—Ya, y te creí.

—Estoy diciéndote la verdad, ¿por qué te iba a mentir?

—Ay, mamá…— Simone chasqueó la lengua sin ninguna gracia, desviando la mirada de los ojos marrones de su madre hacia los alrededores del despacho —Sé perfectamente qué estás tramando y déjame decirte que no lo vas a conseguir— le soltó, volviendo a mirarla al instante —Tú y yo habíamos quedado en algo, pero creo que ya no quieres seguir con ese trato.

Charlotte contuvo visiblemente el aliento.

—Me indigna que desconfíes de mí.

—¿Y por qué? Si sabemos perfectamente que por ese mocoso eres capaz de traicionarme hasta a mí— soltó con desdén la rubia —¿O no, mamá? ¿Vas a negarme que lo dejaste bajar al sótano porque sabías que de alguna forma iba a encontrar los álbumes? ¿O por qué coño había fotos de aquella estúpida y su familia ahí?

—Son recuerdos, Simone. Y no, no mandé al niño ahí…

—¿Al niño? Por Dios, ese ya está más que crecido—.dijo con disgusto —Odio que lo andéis tratando como si no lo estuviera. Por eso es como es. Igualito a la perra de su madre, y no solo en personalidad. Ahora él tiene una foto de esa mujer, se va a hacer miles de preguntas.

—¿No te das cuenta de que es culpa tuya, Simone?— le preguntó su madre, enfadada por la actitud de su hija —Si no fueses tan cruel con él, si hubieses aprendido a quererlo, todo sería diferente. Él no tiene la culpa de nada. Tú decidiste alejarlo del lado de su madre, tú decidiste tenerlo contigo, ¿para qué? ¿Para hacerle la vida miserable? ¿No te bastó con jodérsela a Isabella?

—¡No menciones ese nombre, mamá!— exclamó Simone sin llegar a gritar, solo alzando un poco la voz. Perdiendo un poco los estribos, tomó aire para calmarse —Y tú bien sabes que si está aquí ahora es porque era fundamental quitárselo a esa estúpida. De alguna otra forma lo que hice no habría servido de nada— murmuró —Y tampoco es que lo trate tan mal, no soy una insensible.

—Sí lo eres, él piensa que no lo quieres.

—Y no se equivoca— dice Simone con total naturalidad, negando con la cabeza —No lo quiero ni lo voy a querer nunca. Criarlo es el precio que he tenido que pagar por tener a Jhörg de mi lado, porque no es hijo mío. Es hijo de aquella zorra. Y como si la vida me odiara, salió igualito a ella, no solo en personalidad, como dije, sino en apariencia también. Son como dos gotas de agua.

Charlotte suspiró. —Bill no es malo. Por tu culpa es como es.

—No, no, no, mamá— negó Simone rápidamente, riéndose del asunto —No es culpa mía. Es culpa tuya. Si no le hubieses puesto esa protección hecha por una bruja blanca, todo habría sido diferente. Ahora no sería un rebelde altanero, no… estaría bien mansito y obediente. Un perro controlado, y no uno desatado como lo es ahora.

—No le llames así, por favor.

—¿O qué?

—No te doy las buenas hostias que mereces nada más porque con cualquier movimiento brusco se me van las luces— amenazó su madre —Pero eso no te da derecho a hablarme de esa forma.

—De malas, mamá— refunfuñó la rubia —¿Qué sabes sobre ella?

—¿Isabella?

—Sí. ¿Está aquí en el pueblo?

—No— mintió Charlotte rápidamente —Sabes que después de lo que pasó no volvió jamás.

—Y que siga así— espetó Simone —No quiero que Bill ande husmeando más en el sótano, ¿entendido? Si esto sigue, nos iremos de aquí. Yo he aceptado venir a pasar las Navidades aquí nada más porque sé lo mucho que quieres a ese mocoso y porque a Jhörg le encanta venir al pueblo donde creció. Pero si veo que todo se sale de control, me voy, porque no voy a permitir que todo lo que me costó tener me lo arruinen.

—¿Qué es lo que tienes, Simone?

—A Jhörg, mamá, qué pregunta más estúpida.

—Sí, tienes a Jhörg físicamente, pero no lo tienes como quisieras.

—Sí lo tengo.

—No, sabes bien que su amor sigue siendo para Isabella. Y que solo por el amarre que le hiciste es que él piensa que ella eres tú, pero la va a recordar y se va a quedar muy confundido. Te odiará.

—Él no va a recordarla.

—Escuchó la mención de Isabella después de diecinueve años, Simone— le recordó la mayor el suceso que ocurrió durante la cena —Si algún día la ve de nuevo, la recordará.

—No es así de fácil.

—Le vendrán recuerdos de ella. De la mujer a la que realmente ama, la verdadera madre de su hijo…

—Ya, cállate.

—Su verdadero y único amor.

—¡Qué te calles, mamá!— Simone se levanta de golpe de la mesa y se acerca a su madre de forma amenazante. Apuntándola acusadoramente con el dedo índice —Te prohíbo que vuelvas a decir esas cosas. Te prohíbo que vuelvas a mencionarla, no quiero oír el nombre de esa zorra nunca más. Suficiente tengo con verla cada vez que miro a Bill a la cara. No sabes cuánto anhelo que se largue a Londres…

—No vas a conseguir que eso pase.

—Sí lo voy a conseguir, mamá. ¿Se te olvida que la mente de Jhörg está conectada con la bruja? Solo debo hacerle una llamada y ella hará de las suyas. Si Jhörg le pide a Bill que se vaya, él lo hará porque a su padre nunca le desobedece. Ya que mis palabras se las pasa por el culo el muy cabrón…

—Estás demente, Simone.

—¿Demente?

—Sí, has perdido la cabeza— continuó diciendo su madre —Completamente.

—No es algo que me afecte, mamá. Mucho menos viniendo de ti— le aclaró —De una vez te digo que si estás planeando joder lo que conseguí hace años, te olvides de eso porque no lo vas a lograr. Jhörg es mío, y así va a ser para siempre. Él me ama a mí, y si Bill resulta ser un problema… más de lo que ya es, obvio— mencionó entre risas —Así como hice que Jhörg se olvidara de Isabella, así mismo haré que se olvide de Bill. Y le daré un hijo que será nuestro, la herencia no sería solo para Bill después de todo, sería de mi hijo…

—Que no se te olvide que si haces eso puedes hacerle un gran daño a Jhörg…

—Y a ti que no se te olvide que si no lo hice antes fue porque me rogaste que no lo hiciera, mamá— soltó Simone con brusquedad —Me dijiste que el mocoso no sería un problema, me pediste que intentara quererlo y habría sido así. Realmente le habría tenido algo de aprecio si hubiese salido igual a su padre, pero no, salió idéntico a la mierda de su madre. Pero hasta ahora Bill realmente es un gran problema, enviándolo a Londres todo seguirá bien. Ahora, si las cosas fallan, no tendré más remedio que hacer que su papi lo olvide.

—No serías capaz…

—¿Por qué no? Si hice lo mismo con Isabella, mi mejor y queridísima amiga…

—No le hagas eso al niño, sabes que él quiere mucho a su papá y…

—Me da igual. No me interesa si eso le hace daño, no me importa Bill, mamá— aclaró Simone con desgana —Como si se muere.

—Oh, por Dios…— musitó Charlotte en un gimoteo ahogado.

—Sí, eso que oyes. Si se muere no me importaría tampoco… así que bueno, ya sabes, aleja a Bill de la verdad, mamá— le sonrió dulcemente con falsedad —Hazme, hazle y hazte un favor. No quiero tener que arriesgar la vida de Jhörg al sacar a su hijo de su mente, pero si me toca, lo hago. Y tampoco quiero que sufras por ver al mocoso mal. Pero bueno… uno debe hacer sacrificios…

—Te desconozco, Simone…

—Qué mal, mamá, qué lástima…— Simone hablaba con una ironía que hizo que Charlotte se llenara de ira.

Cosa que le vino fatal, porque se le fueron las luces por unos segundos y casi se cae al suelo si no llega a mantener el equilibrio. La tos que había estado reprimiendo durante todo el día volvió en ese momento con una violencia que no dejaba espacio para disimularla. Se cubrió la boca con la mano y tosió con fuerza, sin poder evitarlo, con esa tos profunda y seca que le raspaba el pecho desde dentro. Le ardía la garganta con cada sacudida. Cuando por fin cedió, sintió el calor húmedo contra su palma y supo sin necesidad de mirar que era sangre. No era la primera vez. Llevaba meses aprendiendo a reconocer ese momento, el instante exacto en que el cuerpo le cobraba lo que la mente intentaba ignorar.

Era algo que ocurría con una frecuencia que ya no podía atribuir a la casualidad. Una consecuencia directa de la leucemia, el cáncer que había comenzado en su propia sangre y que desde entonces no había dejado de avanzar en silencio, como si fuese agua filtrándose por una grieta que nadie quería ver.

Durante el primer año había respondido bien al tratamiento. Las sesiones en la clínica eran agotadoras y los días posteriores los pasaba sin fuerzas, pero los análisis mostraban mejoría y eso alcanzaba para seguir. Sin embargo, a finales de junio de ese año algo comenzó a cambiar. Los números que el doctor revisaba con cuidado semana a semana dejaron de moverse en la dirección correcta. Y fue al mes siguiente cuando le confirmó lo que ella ya presentía, pues las células cancerosas habían dejado de responder al tratamiento. El cuerpo había encontrado la manera de resistirlo y el cáncer había continuado avanzando, lento pero sin pausa, ganando terreno en silencio.

Ahora iba a la clínica una vez por semana, o más seguido si los síntomas se volvían difíciles de manejar. El doctor le ajustaba la medicación para aliviar el dolor, para hacer que los días fueran más llevaderos, pero ambos sabían que eso ya no era curar. Era acompañar.

No había querido decirle a nadie. Había querido mostrarse bien, fuerte, saludable, pero Tom ya había estado sospechando que algo no iba bien y por eso su insistencia con que su madre fuese a que le hicieran sus chequeos. Charlotte aún no sabía cómo dar esa noticia, la noticia de que se estaba muriendo, mucho menos cómo dársela a Bill. Ella sabía que a él le afectaría más que a nadie, pues no era un secreto que para Bill, Charlotte era, más que su abuela, como una madre. Y la adoraba. Charlotte sabía que se le rompería el corazón, había querido prepararlo para el momento pero no sabía cómo. En algún momento la enfermedad la haría permanecer en cama, porque la fase terminal estaba cerca, y tendría que contarlo.

Gordon y ella eran los únicos que sabían. Nadie más.

Miraba a su hija en esos momentos y sabía que debía hacer algo antes de morirse. Debía asegurarse de que Bill se enterara de la verdad antes de abandonar el mundo.

—La verdad tarde o temprano sale a la luz— le dijo en cuanto logró recomponerse —Bill se va a enterar de todo, y va a querer conocer a su verdadera madre. Y Jhörg recordará a Isabella. Te quedarás sola por haber sido tan despiadada, ese será el precio que tendrás que pagar, quedarte sola, Simone.

—No, mamá. Ese no será mi caso, créeme que no.— tras decirle esas palabras, y sin importarle lo pálida que lucía su madre, Simone abandonó el despacho y Charlotte aprovechó esa soledad para acercarse al escritorio, rodearlo como pudo y sentarse en el sillón.

Soltó un suspiro pesado, cerrando los ojos por unos segundos. Debía tranquilizarse, estando en el estado en el que estaba no sería bueno que se estresara o se preocupara. Debía estar tranquila. Confiaba en que Tom podría conseguir que todo se supiera.

.

By Tom

—¿Te contó sobre la pelea?

La pregunta que me hace Evan me saca por unos segundos de mis pensamientos. Abro los ojos, los cuales he mantenido cerrados mientras me fumo un cigarrillo. Nos encontramos sentados en las tumbonas que rodean la piscina, yo acostado porque controlar a un caballo y enseñarle cosas es verdaderamente difícil. Evan está sentado, fumando también, pero en su móvil se reproduce una musiquilla a bajo volumen.

Suelto un pequeño suspiro.

—Él me cuenta todo— le respondo con simpleza —Y sí, obviamente me contó lo que sucedió durante la cena.

—Esa gente realmente es cruel con él— murmura Evan con un atisbo de disgusto en la voz —Lo que más me sorprendió fue que su madre no hiciera nada. El señor Wieger sí lo hizo, pero la señora Kaulitz solo abrió la boca para pedirle que se calmara. Y lo que le dijo, sobre que quería que se fuera a Londres… buff… Bill me contó una vez que su relación con su madre no era muy buena, pero no pensé que fuera tan horrible. Es como si no le importara.

—Obviamente no le importa— le comento. Me llevo un brazo detrás de la cabeza y con el otro acerco el cigarrillo a los labios para darle una calada —Ella no es su madre, así que le da igual si lo tratan mal o no.

—¿Ya lo confirmaste?

—Hace un tiempo— le afirmo, cerrando otra vez los ojos —Hablé con su verdadera madre. Ya ella sabe todo, ahora solo tenemos que hacer que ese amarre que mi hermana le hizo a Jhörg desaparezca. El problema es que no sabemos qué bruja lo hizo…

—¿Le hizo un amarre? Qué turbio…

—Simone está enferma de la cabeza— comento —Pero bueno, si te pedí que vinieras no fue precisamente para cotillear como si fuéramos amigos.

—Lo sé, pero no sé para qué me llamaste.

—Quiero que te salgas de la vida de Bill— le ordeno con tranquilidad. Le doy otra calada al cigarrillo y expulso el humo con cuidado.

—¿Y cómo hago eso? ¿Tienes un plan?

—¿Acaso tú no puedes pensar en uno?

—Oye, tú me metiste en esto y tú me sacas.

Buah.

A Evan lo conozco desde hace mucho. Es el hermano pequeño de mi mejor amigo, Guido, y obviamente cuando le dije que quería mantener a Bill vigilado en cuanto me fuera a Los Ángeles, necesitaba a alguien de absoluta confianza y me sugirió que contactara a alguien que para él haría un excelente trabajo cuidando de mi pequeño.

Cuidarlo de que ningún idiota se le acercara.

Guido me dijo que su hermano era perfecto para hacerlo, que ya había hablado con él y que estaba dispuesto. Antes de que se apareciera en la vida de mi Bill hablé con él, le advertí que no se enamorara, era la única regla que le puse. Pero el muy imbécil hizo lo que le dio la gana. Lo bueno es que cuidó de Bill todo el tiempo y me mantuvo al tanto de todo lo que hacía. Así me enteraba de las fiestas a las que Bill asistía, porque el muy canijo no me decía nada. Seguramente para que yo no me enfadara.

Evan sabe que Bill es mío, y también sabe que si no quiere morir tiene que alejarse de él. Ya no me sirve en este juego. Ya tengo a Bill conmigo como debe ser, ahora él debe desaparecer.

Y como es de mente corta, ahora tengo que hacer un plan para que se vaya de su vida. Genial.

—Le hablaré a Adrianne del tema y entre los dos buscaréis qué hacer, yo ahora mismo no tengo cabeza para armar planes— le digo rápidamente tras pensarlo un par de segundos. Realmente tengo la mente en blanco. Hay otras cosas en las que debo centrarme de verdad.

—¿Adrianne sabe?

—No, sabe poco.

—Ah, okay…

—Procura que lo que sea que vayas a hacer no lastime a Bill…

—Joder, seré cuidadoso. Como las veces en las que me lo he follado…

Rápidamente ladeo la cabeza y lo miro mal.

—¿Se supone que debo reírme?

—No se enfade…

—Más te vale controlar lo que dices, no quiero tener que llamar a tu hermano para decirle que te he tenido que matar— asevero y él pone los ojos en blanco.

—Como sea, voy a extrañar a ese sexy chico— comenta soltando un suspiro antes de llevarse el cigarrillo a los labios y darle una calada profunda —Por cierto, te iba a comentar que ese tal Oliver no me agrada para nada— dice —Deberías hacer algo al respecto.

—Es solo el asistente de Bill.

—Eso no quita que sea guapo y que intente conquistarlo— apunta con desdén, mirándome fijamente a los ojos —Solo digo. Porque con él no tienes un trato como conmigo, ¿o sí?

—No.

—Ah, pues ahí te dejo el dato, Thomasssss…

—Vete a tomar por culo, gilipollas.

Él se ríe. —Me iré, pero a dormir. El viaje fue agotador, realmente tengo que estudiar para unos exámenes. ¿Te molesta si me follo a Billie antes de irme? Como despedida.

—No lo sé, dime, ¿soportarías quedarte sin polla?

—No.

—Mhmm… ya creo que nos vamos entendiendo.

—Qué amargado, don…

—No me digas así— espeto con impaciencia —Y ya lárgate.

—Okay…— dice, alzando los brazos en modo de rendición —Me retiro. Buah…

—Idiota— murmuro mientras lo veo alejarse, fumando como loco.

Me llevo mi propio cigarrillo a la boca y aspiro profundamente. Retengo el humo unos segundos antes de expulsarlo con lentitud por la nariz. Me he quedado con Bill hasta que se durmió, no quería irme de su lado pero tenía que hacerlo o no podría dormir tranquilo sin decirle a Evan que tiene que irse sí o sí de su vida. Ya no lo necesito. Tuve que controlarme demasiado para no terminar haciéndolo mío, él tampoco colabora. Tuvo muchas oportunidades para provocarme y no desaprovechó ninguna, por suerte supe mantenerme controlado.

Dios.

Es adorable.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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