Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 43

By Bill

Estoy cansadito, pero la alarma suena y es señal de que son las once de la mañana. Tengo que despertarme porque si no vendrán a hacerlo y no me gusta que me despierten. Me quito las mantas que me cubrían, manteniendo mi cuerpecito calentito, pero hay algo raro en mí. Sí. Me siento pesado, como si estuviera cargando con un montón de peso.

Me levanto de la cama, rascándome uno de mis ojitos mientras bostezo y me desperezo entero. Camino hacia… ¿hacia dónde? Ni siquiera sé adónde voy, pero de repente aparezco en el baño, o sea, fue parpadear y ya estar ahí. Supongo que estoy tan cansado que ni me enteré de cuándo llegué. El caso es que estoy desnudo, sí, en pelotas, y con un espejo enorme delante de mí. Grandísimo. Es algo raro, en la casa no hay un espejo de ese tamaño y, ¿dónde se supone que está el váter? ¿La ducha? ¿El lavabo?

Eso no es suficiente confusión, porque cuando me fijo bien en el espejo y veo mi reflejo, el miedo me inunda el alma. O sea, estoy perfecto, mi cara sigue siendo guapa, mi cuerpo delgado, pero hay algo en mi barriga.

Mi abdomen, que siempre ha sido plano, ya no está plano. O sea, hay un bulto. ¡Está enorme! Y no solo eso, no, porque mi cinturita de avispa, esa que tanto me envidian, ¡ya no está! ¡Estoy gordo! ¡Mi cuerpo se ha deformado completamente! ¡Pareczo Peppa Pig! Solo que no soy de color rosa, mi color de piel sigue intacto, y tampoco tengo una nariz enorme, tengo la mía intacta, pero de todas formas ¡parezco uno de esos camioneros viejos que tienen una barriga enorme por toda la grasa que se meten!

—¡Dios mío!— exclamo con muchísimo horror —¡Tengo barriga de cervecero!

El grito que sale de mi garganta es inhumano, y cuando abro los ojos de golpe me incorporo en la cama de un movimiento brusco. ¿Pero qué coño acaba de pasar?

O sea, estaba en el baño y…

—Solo ha sido un sueño de mierda— bufo, y cuando consigo recomponerme de lo que ha pasado, me doy cuenta de que el despertador está sonando sin parar. Desvío la mirada al aparato, los dígitos en rojo parpadean y marcan las once y cuarto. O sea, he dormido quince minutos de más. Pero yo siento que no he dormido nada de nada, sigo cansado y los ojos se me quieren cerrar solos.

Aun así suelto un resoplido y me estiro como puedo para darle un golpe al despertador y frotarme la cara. Necesito ponerme de pie, así que me quito las sábanas y lo hago, noto el frío del suelo, pero me da igual. Busco mi neceser donde guardo el cepillo dental automático, la pasta de dientes, el hilo dental y el colutorio. La toalla que es solo para mi cara, mis cremitas para la piel y me voy al baño saliendo de mi habitación. Hice lo que tenía que hacer ahí dentro, que fue arreglarme y darme una ducha matutina con agua al clima porque no me apeteció usar agua caliente.

Por suerte aquí el agua no está fría, está al clima, o sea, ni fría ni caliente. Es fresquita. Bueno, durante el día, porque por la noche no, a menos que no haya llovido. Cuando llueve el agua se pone ultra fría por el tiempo, pero cuando no llueve se mantiene fresquita.

Me aseé muy bien, me puse mis cremitas cuando salí y mi crema corporal. Obviamente me miré la barriga al acordarme del sueño tan horrible que había tenido, Dios mío, qué puto horror. Yo con una barriga enorme, parecía barriga de cervecero o barriga de preñada. Pero yo soy hombre, así que de preñado no podía ser. Quizás de cervecero, ¿señal de que no puedo andar bebiendo como un loco cada vez que voy a un bar? Pero hace mucho que no salgo, me estoy conteniendo para soltar a mi animal interior el día de mi cumpleaños.

Seguramente ha sido la envidia. Sí, hay gente que me envidia por tener un cuerpo escultural, perfecto, divino. Quieren verme horrible y claro, esas malas vibras son tan fuertes que me han provocado ese sueño tan terrible. Pero no pasa nada, ja, yo soy más fuerte y las malas vibras rebotan cada vez que chocan contra mí, igual que mis nalgas cuando estoy perreando contra la pared.

Me sonrío a mí mismo y me lanzo un beso. —Cada día más guapo— me digo.

Uno tiene que hablarse bonito porque esperar a que lo haga alguien es demasiado estúpido. Si no te quieres a ti mismo o a ti misma, no esperes que te quiera nadie más. Como te trates, te tratarán, y si te tratas bonito y aun así te ponen los cuernos, entonces ya es culpa tuya por no haberlo hecho primero y por tu mala visión, o en el peor de los casos, porque te gustan los gilipollas.

En mi caso yo no tengo mala visión, porque Evan es una delicia y mi tío-novio Tommie es otra delicia pero más adictiva. El tamaño de sus pollas es perfecto para que mi culo aguante, y sus cuerpos trabajados… buah. Simplemente son unos machotes que cualquiera querría tener. Pero mejor que ni los miren, son míos esos dos. O bueno, tendré que dejar ir a uno de ellos. A mi Evz de ojitos azules, ¿por qué? Porque a mi Tom le ha dado por exigirme que lo deje. Mi manguito y mi limoncito. Buff, me encantan los dos porque el mango es super dulcecito y delicioso. Pero el limón lo es aún más si le echamos un poquito de sal… uaaah… exquisito. Nada más de pensarlo se me hace la boca agua y sí, eso me causa Tom cada vez que pienso en él y en su gran polla…

Se me hace la boca agua.

Así que si tuviese que elegir, lo elegiría a él. A mi Tom. Una y mil veces.

Pero en este caso yo no tengo que elegir porque sé perfectamente que quiero estar única y exclusivamente con él. Así que si él no deja a la mugrienta de su «prometida», entonces yo tendré que quitarla del medio. Total, es un personaje terciario en mi historia. Ni falta que hace.

Entro a mi habitación y cierro la puerta. Camino como todo un rey hasta mi armario y saco de ahí mi mejor outfit para hoy. Mi abuela dijo que iríamos al club de campo y tengo algo perfecto para ponerme. Sonrío al encontrarlo colgando de una percha. Es un conjunto de los tantos que me trajo mi padre de sus viajes. Es nuevo. Cojo la percha y quito las prendas para lanzarlas a la cama, busco una de mis tangas que combine con el vestuario. Pero de las que me quedan ajustadas por delante. A veces pienso que mi polla estorba, pero luego me doy cuenta de que al estimularla durante el sexo me genera más placer, así que ¿quitármela? Jamás. Amo mi polla. Que por cierto también es de buen tamaño… ja, o sea.

Unas medias para usar con las botas nuevas que también me trajo mi papá y que pegan con el outfit. Y listo. Me quito el albornoz y camino desnudo hasta la cama, me pongo la tanga, las medias y la ropa.

Un bodysuit blanco ultra escotado que me queda fenomenal, se ciñe a mi cintura y marca cada curva como debe ser. Una minifalda de mezclilla deshilachada que me queda cortita, cubre lo justo mi culo y no se nota que solo llevo falda debajo. En los pies me puse las botas, son de color celeste con brillos… Al estar listo con la ropa, me acerco al tocador para aplicarme algo de maquillaje. Algo ligero como siempre, y gloss para darles brillo a mis hermosos labios. Me lo llevaré por si se me quita… la boca de Tom borra todo de mis labios. Humm…

De accesorios decidí ponerme unas gafas de estilo futurista y un colgante de oro. Muy bonito, por cierto. Aún no me siento listo para usar el cuarzo rosa que me regaló Tommie. Es que primero la bruja tiene que desaparecer.

Me echo un poco de loción, porque me preocupa más que no se huela mi perfume al caminar que las porquerías que digan o piensen de mí a mis espaldas. O sea.

—Y sin necesitar la ciencia médica, ¡tomen perras!

Me amo. Me encanto. Me fascino.

Listo y fantástico salgo de mi habitación y bajo las escaleras con la gracia y delicadeza que me caracterizan. Soy un príncipe, por ahora, porque pronto tendré todo lo de mi papá y seré un rey. O quizás ya soy un rey. Oh sí, solo necesito la corona. En mi mente empieza a sonar Alibi de Sevdaliza y otros cantantes más que no recuerdo sus nombres. Sobre todo en la parte «Rosa, qué linda eres».

Mis amigos, que ya están despiertos, silban al verme. Menos Georg, que está ocupado lidiando con su melena, pero cuando me enfoca articula un «la santa de mi madre», lo cual es falso, su mamá no era una santa, digo, por algo se murió de sida. Y si se lo hubiera pegado su marido entonces él también estaría muerto, pero no, está vivito y coleando.

—Buenos días, estrellitas— saludo con estilo, moviendo mi manita como lo haría Barbie —Ha despertado la maravilla, el que le da color a sus vidas, la estrella, el rey.

—Qué buena entrada, Billie— confiesa Georg —Mereces un Oscar.

—Gracias, Gigi— susurro encantado, asintiendo por sus palabras porque sí, yo merezco muchos Oscars —No por nada eres el quinto miembro de «Unleashed».

Así se llama nuestro grupo desde primaria, cuando nos conocimos y prometimos ser mejores amigos hasta que la muerte nos separe. Ya más adelante el nombre lo puse yo. Desatados. Porque sí, somos perros desatados que hacemos lo que nos da la gana sin seguir las reglas de nadie. Sin vivir bajo el control de nadie y muchas cosas más.

—Qué delicia— murmura Violett —Había olvidado que eres bien vanidoso. ¡Amo tu cintura! Dime qué dieta haces para tener abdomen así, Billievelly.

—Después te doy la receta, nena— le guiño un ojo y suelto una exhalación, mirando a mi alrededor —¿Ya está el desayuno? Siento que me voy a desmayar en cualquier momento— me abanico la cara —Necesito vitaminas A, B, C y todas las letras del abecedario que existan.

—Todos ya hemos comido, pero he oído a tu abuela decir que había preparado algo exclusivamente para ti por tu estado delicado— comenta Valerie —No sabía que estabas enfermo, Billie.

—No lo estoy— contesto con honestidad —Solo fue una gripita pero ya se me ha pasado, solo que ellos siguen con que estoy enfermo y bueno… supongo que sigo teniendo malestares, lloro por todo, me siento cansado la mayoría del tiempo pero no me da fiebre.

—¡Y comes muchas cosas dulces!— apunta Adrianne, poniéndose a mi lado para mirarme con media sonrisa —Postres y más postres, ya no andas haciendo dieta. Cuando menos te lo esperes te va a salir un bulto en el abdomen, ¡ja!

—Ay no, no digas eso…

—Suena más a preñado que a otra cosa— burla Violett y yo la miro sin comprender. Ella se ríe y procede a explicarme —Mi hermana mayor tuvo recientemente una niña, y bueno, durante su embarazo se irritaba por cualquier cosa, lloraba por cualquier cosa, comía muchas cosas dulces. Eran sus antojos antes de saber que era una niña. Entre otras cosas… por eso digo que lo que dicen suena más a antojos de alguien preñado, por no decir «preñada»— y vuelve a reír suavemente.

Adrianne y yo intercambiamos una mirada. —Bueno, yo sé que no es de eso porque soy hombre— digo.

—De título nada más.

—¡Cállate, Georg! Por estas cosas varias veces has estado a punto de que te expulse de Unleashed— le recuerdo.

—¡Solo decía!— protesta.

Pongo los ojos en blanco y Adrianne se queda pensativa. —Mmm, ¿recuerdas lo que te mencioné sobre los hermafroditas? Sobre la intersexualidad en los hombres…

—Ay no, Adrianne… no vengas con tus cosas de omegas y alfas de pecho peludo— resoplo con disgusto —Yo no tengo nada de eso. Y si lo tuviera y estuviera «preñado» como insinúa Violett, ¿por dónde lo tendría? ¡No tengo vagina! Es tan ridículo.

—Pues por atrás— responde Adrianne como si nada, a lo que procedo a mirarla con horror —¿Qué? He leído mucho de eso. Lo tienen por atrás o simplemente los abren por delante. O sea, lo que se llama y conoce como «cesárea». Pero si es parto natural entonces por detrás.

N. P. S.

N. P. S.

¡N. P. S!

—¡Halaaaa!— silba Georg impresionado —Entonces, si un afrodita tiene un bebé…

—Hermafrodita, Georg— regaña Adrianne con el ceño fruncido.

—Bueno, eso. Si un chico que es intersexual puede tener bebés, y los tiene por detrás, ¿qué vendría siendo? ¿Una cagada?— Adrianne mira a Georg como si quisiera matarlo —O sea, qué insulto. Imagina Bill, que tengas un bebé, si pudieras obviamente, y lo tengas por detrás y él o ella te pregunte «papi, Billie, ¿cómo nací yo?» Y le digas «oh, cielo, pues tengo esta condición. Ajá, y te tuve por ajá y ajá»… prácticamente le estás diciendo a tu bebé que fue una cagada. Tremendo. O sea, no tendrías que decirle que fue un error porque con decirle cómo lo tuviste es suficiente…

—Georg, ¡así no funciona, pedazo de animal!— exclama Adrianne con rabia —Infórmate antes de hablar.

—¡Solo decía!— exclama él en defensa —¡O sea, piénsenlo!

—¡Piensa tú! ¡Parece que tienes el cerebro de adorno!

Violett solo se ríe por la pelea entre los otros dos y yo solo he quedado traumado. O sea, ya me han metido la duda en la cabeza. No es la primera vez que escucho que comparan mi malestar con un embarazo, ¿o también lo soñé? Y hablando de sueños, está el que tuve hoy antes de abrir los ojos, donde yo estaba con una enorme panza que me esforcé en llamar «panza de cervecero», pero si tan solo existiese la posibilidad de que yo…

Mmm, no.

Mis papás me lo habrían dicho desde chiquito. «Bill, debes cuidarte porque puedes tener bebés.»

Me siento tonto por pensar que puede ser esa una posibilidad. ¡Ja! ¿Yo con un bebé? ¡Jamás! Primero muerto antes que destruir mi cuerpo con esas cosas. No, no, no.

Como puedo me escabullo hacia el comedor, ninguno se dio cuenta porque Adrianne estaba tratando de explicarle a Georg sobre esos temas raros y Violett solo se reía cada vez más fuerte por las tonterías de Georg. Suspiro mientras entro al comedor, pero como está vacío me dirijo a la cocina. Cruzo la puerta contigua y quedo dentro de un horno. Literalmente. En este lugar hace más calor que en toda la casa, así las ventanas estén abiertas y sea espaciosa la cocina. Hay tres chicas aquí, de un lado a otro preparando el almuerzo. O eso creo. Mi abuela está ayudándoles. No sé por qué le encanta estar metida aquí, bueno, sí sé, es que a mi abuela le encanta cocinar.

Pero últimamente no la he visto con muchos ánimos.

Mi abuela toca las frutas que una de las chicas le da y asiente en aprobación mientras murmura algo y su mirada recorre a todas las chicas hasta posarse en mí. Le sonrío ligeramente y ella también lo hace, solo que alzando un poco las cejas.

—Billie— me llama dulcemente —Cariño, justo estaba por mandar a alguien a que te levantara.

—Ay, abue…— suelto un pequeño suspiro mientras la veo acercarse a mí —Es que estaba arreglándome.

—Y qué bien, cariño, porque dentro de poco nos vamos— me dice —Se nos ha pasado la hora. He pedido que hagan bocadillos, a ver si no te los comes todos tú— dice divertida. Yo pongo un mohín con los labios.

—Abue, te pasas— refunfuño —Tengo hambre, pero porque no he desayunado.

—No es bueno que te saltes la hora de la comida, Bill. Eso genera un desorden alimenticio y en tu estado eso no puede ser— dice y yo la miro confundido.

—Hablando de eso… es extraño, andan diciendo mis amigas que todo mi malestar apunta a que estoy «preñado»— le digo, con demasiado desconcierto. Mi abuela parece tensarse un poquito —Es ridículo, porque yo no podría. Y aunque pudiera lo sabría desde pequeño, ¿no? Y si lo hubiese sabido, no estaría en estas. Además, no soy tonto abue, es tan raro que cuando me llevaron al doctor me pasaron una cosa por el vientre. ¿Por qué?

Mi abuela suspira pensativa, luego se gira a mirar a las muchachas.

—Frida— llama a una de ellas. A la más mayor, que al verme me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa —Por favor, sírvele la comida a Bill y la traes al comedor, ¿sí? Y para mí una taza de café.

—Con gusto, mi señora— le responde ella.

—Gracias, Frida— le digo mientras mi abuela me guía lejos de la cocina. La oigo decir un «por nada, mi niño» que me enternece. Porque sí, hay personas que me quieren mucho. Y son más las que me quieren que las que me odian, entonces no hay razón para estar mal. Solo puedo recibir cariño, el odio y la envidia me rebotan.

Mi abuela hace que tome asiento en una de las tantas sillas de la inmensa mesa y ella se sienta frente a mí, para quedar cara a cara.

—Explícame mejor tus dudas, cariño— me pide con calma —Porque no comprendo tu punto.

Sí lo hace, solo que se hace la que no. Buff…

—Abue…— reprocho en un gimoteo —Es que tuve un sueño tan extraño. En donde me veía con una panza enorme— le explico y gesticulo moviendo mis manos para detallarle la magnitud de «enorme» —Yo pienso que es de cervecero, pero no se veía tan así. Tenía formita y todo, y ahora con todas esas cosas que dicen ya no sé qué creer. Es que si yo realmente pudiera quedar… ya sabes, mis papás me lo habrían dicho, ¿no crees? Además de que es demasiado tonto, no creo que sea real eso de que un chico pueda quedar… ya sabes.

—Entiendo, corazón— me dice en un susurro mientras asiente con la cabeza —¿Qué harías si fuese así? Si realmente estuvieses… ya sabes— musita, evitando decir la palabra «embarazado» pero no por consideración a mí y mi mente inestable. Sino por diversión. Sí, a mi abuela parece divertirle que yo evite la palabra, pero es que siento que entre más la diga, más real se hace y qué miedo.

—Pues lo evito— le respondo con facilidad —¿Por qué lo preguntas, mmm?— interrogo, achinando mis ojos para verla detenidamente —¿Hay algo que me quieras decir?

—¿Hay algo que quieras escuchar?

—P-pues…

No, no quiero oír nada al respecto. Solo de imaginar que puede ser verdad me dan escalofríos. Es que yo con un bebé… no. No viene siendo algo que yo quiera. Y es tan extraño, Dios mío, es demasiado extraño, pero ya me han metido la duda. Y con lo que me hicieron en la clínica, el hecho de que vi fugazmente una ecografía… Ay Dios… voy a entrar en pánico en uno, dos y…

—¿Por qué dudas?— me pregunta mi abue, sacándome de mi lío mental. La miro y ver la tranquilidad que transmite su mirada y la pequeña sonrisa en sus labios me calma un poco.

—E-es que… no sé— bufo con estrés —Abue, ¿yo puedo tener bebés?

—¿No sientes nada diferente dentro de ti?— me pregunta suavemente y yo me quedo aún más confundido. ¿Qué se supone que debo sentir? ¿Dolor de estómago? ¿En el vientre? ¿Qué? ¿Alguna sensación? Porque yo no siento nada. Al no sentir nada niego con la cabeza para responder a su pregunta. Mi abue suelta una pequeña risita —No deberías preocuparte de si puedes o no, si lo estás o no. Quédate tranquilo, cariño, todo estará bien.

—Pero…

—Shhh…— sisea suavemente, cortando mis palabras. Cierro la boca al instante, apretando los labios —Si estuvieras embarazado, ¿por qué querrías detenerlo?

—P-porque aún soy joven, y… me cambiará el cuerpo. Me pondré feo y…

—Hay cuidados para eso— me detiene nuevamente —Mi amor, ya vas a cumplir diecinueve años. Debes pensar las cosas dos veces y no hacer nada por impulso. Si tuvieses la posibilidad de quedar embarazadito deberías agradecerle a la vida por darte esa oportunidad. De poder tener una familia con la persona que amas, ¿o no quisieras tener eso cuando encuentres a esa persona? Las etapas del embarazo son muy bonitas si aprendes a mirarlas por el lado bueno. Todo pasa por algo, y si estuvieses embarazado sería por alguna razón extraña de la vida, ¿no crees?

—Abue, me has dejado más confundido de lo que estaba— murmuro con los ojos bien abiertos —¿Acaso me estás confirmando que estoy…?

—Solo dejo abierta la posibilidad, mi cielo— me dice rápidamente —No podemos descartarla, ¿o sí?

Antes de que yo pueda responder siquiera, llega Frida con mi desayuno/almuerzo. Y la taza de café se la trae otra chica a mi abuela. Obviamente no toco más el tema cuando se retiran. Me quedo pensando intensamente en las palabras de mi abuela pero no llego a ninguna conclusión.

Supongo que sí, solo dejó abierta la posibilidad. Ella no me está confirmando nada, ¿o sí?

¡Ahg! Come, Bill, come.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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