Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 44

By Tom

Decir que no me quedé sin aliento al ver a Bill sería mentir descaradamente porque, joder, se ve demasiado bien. Más que bien. Sexy, hostia, es que nada más le echo un vistazo de arriba abajo y me pongo peor que segundos atrás. ¿Por qué tiene que ser tan guapo, mierda?

Trato de no cabrearme cuando le da un beso corto y rápido a Evan en los labios, y mucho menos cuando este aprovecha y le suelta una palmada en el culo. Maldito imbécil. Que espere a que estemos solos, ni ganas le van a quedar de volver a hacer eso. Lo peor es que Bill solo se rio cuando pasó y su risa se cortó en cuanto se fijó en mí y en mi cara de póker. Trato de disimular porque no estamos solos. Con nosotros están mi madre, mis hermanas gemelas, los amigos de Bibi y Gustav. Jhörg no pudo venir, la mención de Isabella otra vez de verdad que lo dejó bastante jodido y decaído. Se le veía super desganado, supongo que el amarre se debilita y por alguna razón para mantenerlo deben robarle las energías. No entiendo mucho, pero supongo que es así.

Simone se quedó con él, yo sé que aprovechará la soledad para ir a verse con la bruja o hablar con ella por teléfono. Yo qué sé. Aún sigo pensando en cómo enfrentarla, porque no tengo ni puta idea, y Isabella me sugirió esperar un poco. Y sí, es sorprendente porque ella era la que más ansiaba que esto pasara rápido. Pero bueno, se entiende lo crítica que es la situación y que la vida de Jhörg prácticamente está en peligro.

Debemos ser cuidadosos.

Mi madre ya me contó sobre la charla que tuvo con Simone, y la odié con todas mis fuerzas. Si tan solo hubiese estado ahí, joder.

—No cabemos todos en el Toyota— comenta Támara, sacándome de mis pensamientos. Parpadeo un poco aturdido antes de mirarla otra vez. —¿Me oyes, tonto-Tom?— pregunta con guasa.

—Deja el rollo, Támara. Luego te digo algo y vas a llorarle a mamá como la inmadura que eres.

—Idiota— refunfuña. —Te decía que no cabemos todos en el coche.

—Ay, pues ya lo solucionaréis vosotros. Yo me voy con Bill en el Cadillac— le aclaro rápidamente. Támara al instante abre la boca indignada porque no doy una solución y simplemente paso de todo. Lo siento, pero es que yo necesito estar a solas con Bill. Es todo. —¡Billie, vamos!— le llamo y él me mira, rápidamente deja un beso fugaz en los labios de Evan y se viene corriendo de puntillas, adorablemente, hasta llegar a mí. No sé cómo, pero de verdad me estoy controlando de ir a partirle la cara a ese idiota. Y de echarle la bronca a Bill por besarlo. Mierda, no me gusta. ¿A quién le va a gustar que tu pareja se esté besando con otro? Joder. —Sube al coche.

—¿Y los demás?— me pregunta.

Yo solo me encojo de hombros. —Que se apañen. Sube— le ordeno otra vez. Él solo suelta un suspiro pequeño y rodea el coche para sentarse en el asiento del copiloto. Abro la puerta de mi lado y antes de entrar me dirijo a mi madre: —Yo me voy con Bill aquí.

—Vale, cariño— me responde. —Conduce con cuidado, ¿eh?

—Sí mamá, no te preocupes— tras decirle eso, entro y ocupo mi asiento. Cierro la puerta y cojo el cinturón de seguridad. —Póntelo— le digo a él.

—¿En serio? Eso ya no se lleva— me dice mientras me obedece de todas formas, ajustándose el cinturón al mismo tiempo que yo. —¿Estás cabreado otra vez?— pregunta, pero yo no le respondo. Solo enciendo el coche y empiezo a dar marcha atrás, doy la vuelta y luego acelero hacia delante para salir por el portón que ya estaba abierto. Voy a una velocidad suave, pero aun así las ruedas levantan el polvo de la carretera de tierra. Bill cierra su ventanilla rápidamente y enciende el aire acondicionado. —¿Por qué no me hablas? Avísame si estamos jugando a ignorarnos. Yo encantado participo, ¿vale?

Se cruza de brazos con el ceño ligeramente fruncido, haciendo un mohín pequeñito con los labios. Ladea la cabeza para mirar por la ventana y no mirarme a mí. No tiene ni derecho a enfadarse pero lo hace el muy cabroncete. O sea, va y besa a otro y luego quiere hacer como si nada, ¡muy bonito!

—Pon algo de música— le pido y él chasquea la lengua con disgusto antes de hacer lo que le dije. Se mueve hasta la radio y busca algo que poner, pero obviamente al no encontrar nada bueno decide conectar el Bluetooth de su móvil y poner las suyas. —¿No puedes poner otra cosa?

—No.

Bufido. —Vale, haz lo que te dé la gana.

—Es lo que estoy haciendo— le dedico una mirada breve pero él desvía la suya antes de que podamos hacer contacto visual. Genial. Ahora me jode que me ignore, y me jode más sentirme culpable por haberlo enfadado, ¿eso es normal? No lo creo. El que debe sentirse culpable es él, por besar a ese otro idiota delante de mí cuando le pedí que no lo hiciera, pero no. —Te ves muy lindo— murmuro.

—Ya lo sé.

—Bueno, tampoco te pases.

—¿Y qué quieres que haga?— me pregunta a la defensiva, sin mirarme todavía. —Primero me ignoras y luego me dices que me veo «lindo». O sea, ¿no tienes nada más que decir? Me esmero en arreglarme ¿para qué? ¿Para recibir esas palabras tan cutres? ¡Fijo que esperabas que me arruinaras el labial besándome! ¡Ahg! ¡Eres como esta canción!

Observo la pantalla de la radio y veo el nombre de la canción fugazmente. «Machild» de Sabrina Carpenter. Pongo los ojos en blanco. —Uf, qué insulto tan horrible, Bill.

—Eres un idiota. No me mereces— refunfuña.

—Vale— freno de golpe y las llantas derrapan con un chirrido. Menos mal que Bill se había puesto el cinturón como le pedí, si no, fijo que su frente habría dado contra el salpicadero.

—¡Pero ¿qué coño te pasa?!— exclama horrorizado. —¡Casi me golpeo, Tom!

Me desabrocho el cinturón y sin darle tiempo a que adivine mis movimientos me coloco encima de él, pulso la palanca para que el asiento se eche completamente hacia atrás y Bill queda debajo de mí, respirando rápido, con las piernas abiertas a los lados de mis caderas. La minifalda vaquera se le había subido hasta la cintura, dejando a la vista una tanga de encaje negro que apenas tapaba nada. Joder… se veía tan puta y tan mío al mismo tiempo.

Me apoyé sobre él con todo el peso de mi cuerpo, pecho contra pecho, y bajé la cabeza sin darle tiempo a nada. Capturé su boca con fuerza, casi con rabia de lo mucho que lo deseaba. Mis labios se apretaron contra los suyos, calientes y húmedos, y metí la lengua directamente, profunda, buscando la suya con hambre. El beso fue inmediato y sucio, lento y baboso al principio, saboreando cada rincón de su boca, chupando su lengua, girándola contra la mía con ganas. Luego se volvió más brutal. Lo besaba como si me lo quisiera comer, mordiéndole el labio inferior, tirando de él y volviendo a hundirme más adentro, mezclando saliva, respiraciones calientes y gemidos ahogados.

Mientras tanto, mi mano derecha bajó por su costado y se metió sin vergüenza bajo la minifalda. Acaricié sus muslos con la palma abierta, sintiendo esa piel suave y caliente que se erizaba bajo mis dedos. Los apreté fuerte, subiendo desde la rodilla hasta casi donde empezaba la tanga, rozando con las yemas el borde de encaje. Los separé un poco más para encajarme mejor entre sus piernas, apretando mi dureza contra él mientras seguía devorándole la boca. Mi lengua entraba y salía, giraba, lamía la suya con lentitud y luego la chupaba con fuerza, como si ya me estuviera follando su boca.

Bill temblaba debajo de mí, soltando esos ruiditos que me volvían loco, y yo solo podía pensar en lo rico que sabía, en lo caliente que estaba su piel bajo mis manos y en lo mucho que me costaba no bajarle más esa tanga… pero me contuve. Solo el beso. Un beso largo que no terminara nunca.

Me separo de su boca cuando siento que ya no puedo soportar la falta de aire y, a escasos centímetros de su rostro, sonrío. Billie jadea, sus labios lucen rojitos y ligeramente hinchados, y sonríe también.

—¿Sigo siendo un idiota? ¿Sigo sin merecerte, mmm?— le pregunto, dejando un beso ruidoso en sus labios. —Dime.

Suelta una pequeña risita, correspondiendo a los besitos cortos y húmedos que le doy.

—No. Ya no eres un idiota, Tommie. Pero te demoraste demasiado en hacerlo…

—Sigo cabreado.

—¿Y ahora por qué?

—¿Cómo que por qué?— me enfada más que no lo entienda.

—¿Por Evan?— pregunta.

—¿Por quién más?

—No me fijé en si estabas cuando lo besé, lo juro.— entrecierro los ojos para mirarlo detenidamente. Él solo me sonríe con cara de inocente, pasando sus manos por mi pecho. —Te digo la verdad— me dice. —Cuando me fijé tú ya estabas mirando asesinamente a Evan y a mí.

—Porque me da rabia.

—Ay…— gimotea. —Igual yo solo estaba esperando un besito tuyo.

—Bueno, ya te lo di— le recuerdo antes de recomponerme para quitarme de encima suyo. Debo volver a mi sitio antes de que los otros nos alcancen y nos vean en medio de la carretera parados. Me miré en el espejo retrovisor para quitar los restos del gloss de Bibi que se me habían extendido hasta la mejilla, joder, lo peor es que parecen dejarme una ligera marca rosa. Eso no se ve nada bien, pero bueno. —Ponte el cinturón, bebé.

—¿Ahora sí me hablas con cariño?

—No empieces. Agradece que estoy dejando mi enfado a un lado— le digo. Él vuelve a chasquear la lengua. —Te amo, bebé— musito con tono suave. Él se hace el digno, se cruza de brazos otra vez y desvía la mirada al cristal de su ventanilla. Aquí dentro ya empieza a hacer frío por el aire acondicionado. —Por cierto, te ves increíblemente sexy. Sabes que me encanta todo lo que te pones, me dejas más loco por ti. Me dan ganas de hacerte mío aquí mismo, pero mejor no nos arriesgamos.

—¿Te dan ganas de follarme?— pregunta con una pequeña sonrisita feliz en los labios.

A Bill le gustan ese tipo de halagos. O sea, no quiere escuchar que le digan que se ve lindo, no, porque él ya lo sabe. Quiere oír que se ve follable, o eso es lo que siempre quiere oír de mi parte. No hace falta que me lo diga, yo ya lo intuyo. Lo conozco tanto.

—Como no te haces una idea, bebé— le respondo. Recorro con la mirada todo su cuerpo, y sus piernas al descubierto. Mierda, yo amo sus piernas, sus muslos, su cintura… todo él. —Te ves guapísimo, ¿vale?

Aprieta los labios sin dejar de sonreír, viéndose increíblemente adorable. Mierda, mi corazón late como loco ante esa miradita.

—Gracias, Tommie— me dice con voz suave. —Tú igual te ves sexy y… me dan ganas de montarte. ¿Realmente no quieres ir a los asientos de atrás? Yo quiero follar… pero contigo.

—¿Se te olvida que vamos para un club de campo, bebé?— le pregunto. —Los demás ya debieron haber salido de la hacienda. Mejor cuando lleguemos, ¿vale?

—¿Lo prometes?

—Te lo prometo.

—Vale— suspira emocionado y saca un gloss pequeño del bolsillo de su falda. Lo abre y se pinta los labios otra vez mientras se mira en el espejo retrovisor, me gusta lo concentrado que se pone. Cuando termina comprueba que haya quedado bien, se guarda el gloss otra vez y yo pongo en marcha el coche. Mi pequeño solo se abrocha el cinturón y saca su móvil para comenzar a tomarse fotos.

En una de esas pone el móvil en vertical, donde salimos los dos. Saca la lengua, desvía la mirada y hace la foto. Yo aparezco, pero ajeno a eso. Él ve el resultado y chasquea la lengua con disgusto.

—¿Eres mi novio, Tom?— me pregunta.

—Obviamente.

—¡Entonces hazte una foto conmigo!— exclama.

—Estoy conduciendo, Billie.

—¡Solo mira a la cámara dos segundos!

Bufido y asiento. Reduzco la velocidad, él se inclina hacia mí y yo hacia él, miro a la cámara y una sonrisa me sale sola al verlo a él sonreír a la pantalla. Se ha quitado las gafas y las sujeta con la mano libre, toma la foto y suspira al ver el resultado mientras yo vuelvo a centrarme en la carretera. Lo que tengo que hacer por tener un novio berrinchudo, joder. Bello, pero berrinchudo al fin y al cabo.

—Nos vemos muy monos, más yo, pero ajá— dice feliz. Cosas que me hacen reír. —¿Se nota que somos pareja? Porque la subiré a Instagram.

—Supongo que se ve normal.

—¿Te parece insípida la foto?— me pregunta entrecerrando los ojos.

—No, quedó bien. ¿Por qué malinterpretas todo lo que digo, amorcito?

—¡Porque es lo que me das a entender!

Oh, verdad que está embarazado. Debo darle la razón, ¿no? Claro.

—Ya, discúlpame, bebé. Trataré de explicarme mejor, ¿sí?

—Sí— dice con un pucherito en los labios. Joder, qué ternura. —¿Nos vemos bien?— dice, mostrándome la foto. Obviamente la miro de inmediato, no vaya a ser que se enfade si no la veo. Asiento rápidamente con la cabeza.

—Super bien— le digo con sinceridad. —En especial tú. ¿Eres feliz estando conmigo?

—Sabes que sí— suspira. Y ya perdí la cuenta de cuántas veces lo ha hecho hasta ahora. —Me gusta que hagamos cosas de pareja, hace que sienta que vamos en serio, ¿sabes? Aunque tú te la pasas haciendo tus cosas y te olvidas de mí. Claro, como ya me tienes, ¿para qué ser romántico y darme detalles, verdad?

Me río por sus ocurrencias.

—Saldremos más a menudo, ¿sí?

—¿De verdad?

—Ajá, te llevaré a un sitio después de tu cumpleaños— le digo. —Pasaremos el día juntos. Lo prometo. No creas que porque te tengo te tengo en el olvido, siempre estás en mi mente, ¿vale? Que no tenga tiempo es otra cosa, pero siempre trato de estar contigo. Lo sabes.

—No lo suficiente. Yo quiero que estés siempre conmigo…

—Lo sé. Yo también quiero estar contigo.

—¿Nos vamos a casar?

—Obviamente.

—¿En serio?

—Sí. Vas a ser mío completamente, bebé.

—Bueno, si es contigo sí me quiero casar— me dice. —Con tal de que no me prohibas salir con mis amigas de vez en cuando, y no me controles, y ajá, todo bien Tommie. Solo te permito que me controles mientras estemos en medio del acto sexual más salvaje del mundo mundial, y me quieras coger del pelo y tratarme como tu perra… yo feliz.

—Ya veremos, bebé.

—¿Pero sí habrá sexo salvaje o qué?

Suelto una pequeña risita.

—¿Realmente quieres que te trate como mi perra? ¿Que te jale el pelo?

—Y que me escupas en la boca otra vez— agrega, mordiéndose sensual y juguetonamente el labio inferior. —Que me bofetees, y si es posible me ahorques. Pero sin matarme, obvio. Cinco dedos en mi cuello y tu polla dentro de mí, guau, ya me han dado ganas de que pase pronto.

—Quizás dentro de nueve meses…

—¿Por qué?

Me encojo de hombros, no voy a entrar en detalles.

—Solo digo, mi amor.

—Ay, me gusta cuando me dices así.

—Lo sé, mira nada más cómo te sonrojas.

—¿Estoy sonrojado?

—Sí.

—¡Ay no!— gimotea, cubriéndose las mejillas con las manos.

—Te ves lindo, mi amor.

—Aww, basta…

Me echo a reír porque nunca he visto a Bill avergonzado y se ve adorable, ¿vale? Es hermoso. Trata con todas sus fuerzas de no mirarme y morderse el labio inferior para no sonreír todavía más. Es simplemente lo más lindo que han visto mis ojos. Si me preguntaran qué es lo que más amo de él diría que su mirada. Bill es demasiado expresivo con ella. Amo el color ámbar de sus ojos, cómo se le achinan cuando sonríe y sus pestañas largas y curvadas hacen de su mirada la más hermosa del mundo.

Pueden existir muchas personas con ese color de ojos, pero a nadie podría quedarle tan jodidamente bien como a mi Bibi. Él es único.

Cuando llegamos al club de campo Billie quedó completamente maravillado. Debo aclarar que él cuando era un niño tenía permitido conocer el pueblo, pero solo una parte. Por eso todo le parecía tan aburrido, detestable y desfavorable. Porque ante sus ojos no había nada entretenido y es que en el pueblo y en la plaza no hay nada interesante. Las cosas buenas se encuentran cuando vamos al centro del pueblo, cerca de aquí se encuentra Devilish. Por eso a mi madre se le ocurrió traer a Bill aquí. No solo para que distraiga su mente, porque ya me contó sobre la conversación que tuvieron ella y él, sino también para que se divierta un poco.

En su estado de embarazo tiene que moverse, no solo estar en casa o en su habitación. Y no hay mejor forma de que se relaje que trayéndolo aquí.

El sitio es bonito. No tanto como lo es Devilish, pero es sofisticado. Ahorita mismo Bill se encuentra jugando tenis con sus amigas, no sabía que él supiera jugar pero joder, sí que sabe. Con su raqueta golpea la pelota a la perfección, se mueve sensualmente a pesar de que se está esforzando por no perder contra Adrianne y sus otras dos amigas. El muchacho que llegó con el grupo lo tienen de recogepelotas. Y tiene una cara de malhumor que me da risa. Creo que se llama Georg, o es George, no lo sé.

—¡Les voy ganando, perras!— oigo gritar a Bill. —¡Cómo recompensa me iré a coger!

Mi madre se ríe a mi lado.

—Como su abuela, me da vergüenza— comenta divertida, cosa que me hace reír a mí también. —Pero es adorable.

—Lo es…

—¡Vamos, Billie!— exclama Támara a mi otro lado, su grito hace que no solo me lleve una mano al oído, sino también que la mire mal. —¡Demuestra quién es quién!

—¡Lo que dijo ella!— apoya Nickole.

Yo solo pongo los ojos en blanco.

—Casi me dejáis sordo— murmuro, pero vuelvo a mirar a mi Bibi. Justo en el instante en que lo hago, él me mira, es breve el contacto visual pero me sonríe picaronamente. Recoge la pelota que está cerca de sus pies, inclinándose parsimoniosamente hacia adelante. Eso hace que su culo quede elevado, y como tiene una minifalda… mierda. Para colmo menea las caderas juguetonamente. Él no pierde oportunidad de provocarme.

—¡Ahí les va!— y tras exclamar eso, golpeó la pelota con su raqueta.

Me impresiona el hecho de que las tres chicas no pudieran contra él. Me pregunto quién le enseñó a Billie a jugar tan maravillosamente bien.

—¡Aaaahhhh! ¡Punto para mí, zorras!— grita como loco, victorioso por haber ganado. —¡Soy el mejor! ¡Soy el mejor!— canturreaba.

—¡Hiciste trampa, Bill!— exclama Adrianne, no queriendo aceptar su derrota. Sin embargo, su tono burlón deja claro que solo bromea. —¡¿Quién te enseñó a jugar esto si ni sabías?!

—¡Evan, perra!— responde él y bueno…

Mi mirada va directa al tipo que se encuentra detrás de la cerca de alambre que encierra el área de tenis. Tiene una sonrisa de triunfo en sus labios. Según tengo entendido, de lo poco que Guido me contó de su hermano, sabe mucho de deporte e incluso es corredor de moto. Participa en carreras, pero son carreras legales y ha ganado varias, siendo considerado el mejor de todos en eso. También sabe otras cosas, pero ni idea, no me interesa.

—¡En sus caras!— Bill sigue emocionado por haber ganado. Gritando mientras se acerca a donde nos encontramos todos. —¡Buff! Tengo sed— dice con un pucherito en los labios.

—Ve con Tom, cariño. Para que te compre algo, bueno, a ti y a tus amigos— mi madre cree que yo estoy bañado en dinero, ¿o qué? No tengo efectivo ahora, bueno, sí mi tarjeta. Tengo que ver cómo hacer para que Heidi deje de manejar mi dinero. La muy perra ya tuvo que vaciarme las cuentas. O quizás no lo ha hecho porque le cambié las contraseñas a todo. El problema es que no traigo efectivo, pero se resuelve porque tengo tarjeta. Así que no hay problema en comprarles algo de beber. Bill me mira esperando a que me levante de mi sitio, tiene las mejillas rojitas y está sudado, se ve increíblemente sexy.

—Vamos.

Vamos a la barra, fuera del área de deportes. Una chica prepara bebidas, y vende otras que ya están hechas. Obviamente todos se piden una botella pequeña de Coca-Cola, y obviamente tuve que prohibirle a Bill que se pidiera una. No es bueno que tome esas cosas durante su embarazo, así que lo convencí de que se tomara una bebida con fruta natural. Y conseguí que lo hiciera, se tomó una bebida de zumo de maracuyá.

¿Qué fue lo que le dije para que aceptara? Bueno, le prometí darle la recompensa que él quería si le ganaba a sus amigas.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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