Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 45

En este lugar hay cabañitas bien montadas que se usan para la gente que se mete a la piscina y quiere cambiarse. O para descansar, para los que vienen de turismo. En mi caso tuve que alquilarla porque, primero, no nos hemos metido ni nos vamos a meter en la piscina. Hemos venido a pasar una tarde agradable, no a meternos en una piscina. Segundo, tampoco somos turistas. Así que tuve que sobornar a uno de los empleados para que me dejara una de las cabañas.

Por dentro es muy bonita, pequeña pero bonita. Hay una cama king size, bien hecha con sábanas blancas. Hay un baño con jacuzzi; recuerdo que en la habitación de Bill, en su casa, tiene uno y lo hice mío en ese sitio. Son recuerdos que tengo muy presentes, igual que todo lo vivido con él.

—Tommie…— ronronea a mi espalda —¿Vas a ser rudo o suave? Que ya estoy reventado físicamente de jugar.

Cierro los ojos y sonrío, conteniendo las ganas de reírme por su pregunta —No hables así, que parece que me estás pagando un servicio o yo a ti, joder— digo divertido.

Bill se ríe —Si fuese prostituto, ¿me querrías?— pregunta.

—Claro— me doy la vuelta para mirarlo —Te sacaría de eso y te daría la vida de lujos que te mereces, bebé— le digo con sinceridad —Y no solo eso, sino que también te amaría muchísimo. Igual que lo hago ahora, en este preciso instante.— doy un paso hacia él, que me mira con los ojos muy abiertos y una pequeña sonrisa en los labios —Me pones fatal, de mil formas. Me encantas.

—¿Me quieres mucho?— pregunta, ya abrazándome por el cuello. Su naricita roza con la mía, sonríe más amplio mirándome fijamente a los ojos con los suyos achinados y bonitos.

—Mucho.

—¿Mucho, mucho, mucho, mucho?

—Mucho, mucho, mucho, mucho, mucho…— suelta una risita bajita, contenida. Respira hondo para dejar escapar un suspiro suave —Te quiero tanto que ni siquiera sé cómo explicarlo, tanto que hasta me asusto yo solo de pensar en lo mucho que lo hago. Te quiero tanto, y para que te hagas una idea, cuenta todas las estrellas y cuando creas que ya estás cerca, súmale una más. Así de mucho te quiero.

—Para, no me digas esas cosas.

—¿Por qué?

—Porque solo haces que sienta más por ti y no quiero— gimotea desanimado —Tengo el presentimiento de que en algún momento me vas a dejar con todo el amor en las manos y me da miedo. ¿Vale? No quiero que me hagas sufrir otra vez, que me hagas sentir mal, no quiero. No sé si ese presentimiento viene de la idea que tengo d – del amor y de esas cosas sentimentales. Pero lo siento así.

—Oh, Billie…— murmuro —¿Es que aún no lo entiendes? He hecho mucho para poder tenerte, y aún me quedan moscas que espantar para que no den la lata. De verdad no tienes ni idea de lo importante que eres para mí. Jamás voy a dejarte. Te lo dije una vez y te lo repito, nunca voy a dejarte solo.— cojo sus manos y las acerco a las mías para dejar un beso en sus nudillos, sin dejar de mirarlo —Eres mi fantasía y mi dulce condena a la vez. No puedo sin ti. Te necesito más de lo que imaginas. No sigas pensando que te voy a dejar porque eso no va a pasar, te lo prometo.

Él, con los ojitos brillantes, sonríe tembloroso —No sé de dónde me viene ese pensamiento.

—Pues espántalo, amor mío— le pido —Porque solo te atormenta. Yo estoy aquí y así será siempre, nada ni nadie va a acabar con el amor que te tengo. Nada.

—Vale…— murmura —Deberías decírmelo todos, todos los días.

—Vale, te lo diré todos los días.— acepto con un pequeño asentimiento de cabeza. Mi pequeño dibuja una sonrisa más amplia —Lo que sea, lo que me pidas, lo que desees, lo haré, ¿sí? Lo único que quiero es que estés bien, nada más. Tu paz es mi paz. Si tú estás bien, yo lo estaré. No pienses en cosas malas. Si sigues dudando de mi amor por ti, dímelo; yo me encargaré de recordarte lo mucho que significa tu sola presencia en mi vida.

—Ah, ¿sí?— se relame suavemente los labios —¿Y cómo me lo vas a recordar?

—¿Quieres un ejemplo?— le pregunto y asiente con la cabeza en respuesta. Acto seguido lo cojo entre mis brazos para sujetarlo y él enseguida me rodea la cintura con las piernas. Con el movimiento suelta una risita juguetona —Vamos a dártelo, entonces.

Camino con él en brazos hasta la cama king size y lo dejo caer suavemente sobre las sábanas blancas, sin separarme ni un segundo de su cuerpo. Mi boca busca la suya con hambre, y el beso empieza profundo, húmedo, casi desesperado.

—Mierda…— gruño contra sus labios antes de morderle el inferior con ganas y chupárselo fuerte.

Bill gime bajito, abriendo la boca para mí. Nuestras lenguas se enredan de forma sucia, compartiendo saliva, dándonos besos ruidosos y mojados que hacen que el aire de la habitación se caliente enseguida. Meto una mano bajo la minifalda de Bill y se la quito de un tirón, luego le subo el body de golpe, dejando al descubierto esa piel suave y pálida que me vuelve loco. Mi boca baja a su cuello, chupo con fuerza dejando marcas rojas bien visibles, paso la lengua por toda la línea de su mandíbula hasta llegar a la oreja y le muerdo el lóbulo despacio.

—Joder, Tommie…— jadea Bill, arqueándose contra mí.

Me quito la camisa de un tirón y me tiro encima de él, pegando mi pecho contra el suyo, piel caliente contra piel. Froto mi erección ya durísima contra la suya por encima de la ropa, presionando lento pero firme, creando esa fricción que nos hace gruñir a los dos. Bill mueve las caderas hacia arriba buscando más roce, desesperado.

—Quiero sentirte todo…— susurra mi bebé con esa voz ronca y aterciopelada que me mata.

Sonrío con malicia y le bajo la tanga de un solo movimiento. Su pene salta libre, duro, tieso y con la punta brillando de líquido preseminal. Me relamo los labios, me agacho y paso la lengua desde la base hasta la cabeza, lamiendo todo lo que chorrea.

—¡Ahm! Tom… mhmm, sí… joder, sí…— gime Billie sin cortarse ni un poco.

Me la meto entera hasta la garganta de un solo golpe, succionando fuerte mientras con las manos le aprieto los muslos. Bill agarra las sábanas con fuerza, las retuerce entre los dedos y suelta un gemido agudo y largo, moviendo las caderas sin control. Se la chupo con ganas, ruidosamente, dejando que mi saliva le caiga por los huevos y me chorree por la barbilla. Lo miro desde abajo con su polla bien metida en mi boca, caliente y palpitando contra mi lengua. Billie tiene los ojos entrecerrados, la boca abierta, jadeando, y ese rubor tan rico subiéndole por el cuello y las mejillas.

Sigo chupando lento pero profundo, girando la lengua alrededor de la cabeza, mientras mis dedos ya juegan con su entrada, rodeándola, presionando suave y luego más fuerte.

—Tom… joder… hostia…— gime él, y ese sonido me pone aún más cachondo.

Me incorporo un poco, sin dejar de masturbarlo con la mano mojada de saliva, y lo beso otra vez con fuerza. Nuestras lenguas se lamen sin control, mordiéndonos los labios, succionándonos. Le meto dos dedos de golpe y él se arquea con un quejido ahogado, clavándome las uñas en los hombros.

—Así, bebé… relájate para mí— le susurro contra la boca mientras muevo los dedos dentro, abriéndolo, curvándolos para darle justo en la próstata.

Bill jadea fuerte y mueve las caderas contra mi mano, follándose mis dedos. Su polla roza mi abdomen, dejando rastros húmedos. Lo beso más salvaje, chupándole la lengua, mordiéndole el labio inferior hasta que gime dentro de mi boca. Me bajo los pantalones y los calzoncillos de una vez, liberando mi polla que está durísima, hinchada y goteando.

Froto mi polla contra la suya, piel caliente y resbaladiza por toda la saliva y el precum mezclado. El roce es brutal, y Bill empieza a temblar debajo de mí.

—Oh… joder…— gime él —Oh, sí… quiero que me folles… ya… por favor, Tommie, métemela ya…

No me hago de rogar. Le levanto las piernas, las apoyo contra mis hombros y escupo varias veces en mi mano para mojarme bien la polla. Presiono la cabeza contra su entrada y empujo lento pero firme, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su culo caliente y apretado me va tragando poco a poco.

—Ahhh… hostia, Bill… qué puto gusto… estás tan rico por dentro— gruño entre dientes, apretando la mandíbula mientras entro más y más.

Él suelta un gemido largo y roto cuando ya estoy hasta el fondo, completamente enterrado en él.

—Fuuuuck… Tom… es enorme…— jadea con la voz temblorosa. —¡Me encanta tu pene!— exclama excitado a mil.

Suelto una risita y me quedo quieto unos segundos, disfrutando cómo sus paredes me aprietan, palpitando alrededor de toda mi longitud. Luego empiezo a moverme, primero muy lento, saliendo casi del todo hasta que solo queda la cabeza dentro y volviendo a hundirme en su culo hasta los huevos con un golpe seco. Cada vez que entro del todo, Bill suelta un gemidito agudo que me pone malo.

—Ahh… sí… así…— gime, clavándome las uñas en los brazos.

Voy acelerando poco a poco, follándolo más duro, más profundo. La cama empieza a crujir con cada embestida. Nuestros cuerpos chocan sudorosos, piel contra piel. Me agacho sobre él, lo beso con fuerza mientras le meto la polla sin parar, mordiéndole el cuello, chupándole los pezones y girando las caderas para rozarle la próstata con cada golpe.

Bill echa su cabeza hacia atrás, dejándome su cuello expuesto con pequeñas marcas rojitas, sus ojitos yacen cerrados fuertemente mientras suelta un montón de groserías entre gemidos. Me encanta verlo de esta forma, él lo sabe.

—Más… Tommie… más duro, joder…— jadea, casi suplicando.

Le agarro las caderas con fuerza, clavándole los dedos suavemente, y le doy lo que pide. Empiezo a follármelo rápido y salvaje, metiéndosela hasta el fondo con golpes secos y potentes. El sonido de piel contra piel llena toda la choza, mezclado con sus gemidos cada vez más altos y los míos. No quiero ser tan rudo como él espera, pero es que él tampoco me ayuda a evitarlo. No quiero hacerle daño al bebé, y sin embargo, quiero complacer a mi otro bebé.

—Ahh… sí… ¡joder, Tom!— grita casi, arqueándose.

Su pene se frota contra mi abdomen con cada embestida, dejando todo mojado. Siento que está a punto. Su culo se aprieta alrededor de mi polla como un puño caliente y húmedo. Meto la mano entre los dos, tomo su miembro y se lo masturbo al mismo ritmo que lo estoy follando.

—Quiero que te corras mientras te estoy follando, bebé— le digo ronco contra su boca.

—Mhmm… sí… no pares… ¡ahh!

—Vamos, Billie… córrete para mí…

Bill se tensa entero, gime mi nombre casi gritando y se corre con fuerza, chorros calientes salpican su abdomen al instante y mi mano. Su culo me aprieta tan rico que no aguanto más. Empujo profundo un par de veces más, gruñendo fuerte, y me vacío dentro de él con un gemido largo y gutural, llenándolo todo mientras tiemblo encima suyo.

Caigo sobre su cuerpo, todavía enterrado hasta el fondo dentro de él, respirando agitado contra su cuello. Lo beso suave ahora, lento, saboreando sus labios hinchados.

—Guau…— dice jadeante —Qué rico, Tommie… ¿no podemos repetir?

—No, Billie— le respondo, y él hace un pucherito con los labios, todo triste. Yo solo suelto un pequeño suspiro mientras me salgo de él con cuidado y me tumbo a su lado.

—Bfff, ¿y ahora cómo coño hago para disimular que me acaban de follar como Dios manda?— me pregunta Bill de repente, con la mirada fija en el techo de la choza. Su pregunta me hace reír, pero él frunce el ceño y luego ladea la cabeza para mirarme muy serio —¿Qué? No le veo la gracia, hablo en serio, Tom.

—¿Y qué quieres que haga yo, bonito?— le pregunto de vuelta —Tú querías que te cogiera, ya lo hice, bebé.

—Tú me chantajeaste con eso para que no bebiera Coca-Cola— refunfuña con el ceño fruncido. Mierda, se ve lindo porque está sudoroso y tiene el pelo revuelto, los labios rojos y el rimel en sus pestañas ligeramente corrido —Y obviamente me lo tenías que cumplir porque a mí no me vas a tomar por tonto. Ya no soy un niño pequeño al que engañaban prometiéndole cosas y luego nada de nada.— se levanta para sentarse en la cama, toma las sábanas con brusquedad para taparse la entrepierna, pero dejando sus piernas esbeltas al aire —Además, me diste el ejemplo de cómo me recordarás que me amas. Si así va a ser, entonces me encargaré de dudar todos los días de tu amor por mí. Así me comerás enterito nuevamente, aunque para la próxima quisiera chupartela.

—No todo el tiempo será así, Billie— es mi respuesta. Le sonrío ligeramente, extendiendo mi mano para apartar varios mechones de cabello de su frente —Esto es solo un ejemplo, puedo hacer otras cosas para demostrarte que te quiero. No solo haciéndote mío, ¿vale?

—Vale, entonces si me vas a dar flores quiero que sean ramos gigantes.— me dice, y rápidamente se sube encima de mí. Siento su miembro contra el mío, pero me enfoco mas en lo bonita que es su piel. Llevo mis manos a sus muslos y acaricio suavemente, sonriéndole —Quiero chocolates, quiero transferencias. Quiero mucho, no quiero poco, ¿vale? Muchos besos, mucho sexo, muchos detalles, ositos de peluche, globos de corazones, y pétalos de rosas en la cama decorando la habitación cuando me vayas a coger. ¿Ya he dicho transferencias?

—Sí, sí lo has dicho, mi vida.

—Si nos casamos, ¿no quieres ser el que lleve las empresas de mi padre? O sea, son mías, pero las manejarías tú cuando mi padre me las entregue— me dice —¿O prefieres seguir con tu trabajo dibujando a gente desnuda?— frunce el ceño al instante al decir esas palabras —No quiero que dibujes a gente desnuda. No quiero que veas a nadie sin ropa, eso solo tienes que hacerlo conmigo. Buff, ya me he enfadado.

—Ya te había dicho que haría lo que me pidieras— le recuerdo, apartándole un mechoncito de pelo detrás de la oreja; su carita parece iluminarse y vuelve a sonreír. Así es como quiero que sean las cosas, con Billie sonriendo todo el tiempo. Es lo único que me importa.

—Es verdad.— murmura afirmando con un movimiento rápido de su cabeza —Entonces, ¿llevarás las empresas conmigo?

—Primero tendríamos que casarnos.

—¡Sí! Por cierto, yo quiero que nuestra boda sea tan pero tan cara…— exhala, ensimismado contándome sus planes con emoción. Apoya sus manos en mi pecho y encima pone su mentón, mirándome mientras parpadea y sus pestañas se abanican de forma adorable —Quiero que sea al estilo de la realeza, creo que ya te lo había dicho, pero no importa, te lo voy a recordar…

—Si vas a usar esos vestidos que llevan las princesas en sus bodas, sí— le digo —Será como tú quieras.

—Obviamente usaré algo digno de alguien tan perfecto como yo— musita. Suelto una risita, Bill es demasiado arrogante pero de una forma que a mí me parece hasta tierna. O sea, para cualquiera podría resultar irritante, pero para mí no. —Y llevaré algo debajo para cuando tengamos sexo, algo muy, muy, muy bonito y sexy. Con colita y todo— bueno, ya me han entrado ganas de casarme ahora mismo con él —Y tendremos carroza. Muy de realeza.

—Ya lo tienes todo planeado, ¿eh? Algo me dice que me vas a dejar en la ruina.

—Sí, por eso te dije que quiero que lleves conmigo las empresas, porque te dejaré sin dinero, Tommie.

—Qué bien que me lo adviertes, bebé. Así no me da un infarto más adelante.— él solo se ríe —Pero bueno, ya nos tenemos que ir. No vaya a ser que nos estén buscando y nos encuentren aquí y en esta situación. Los dos desnudos y tú encima de mí. No queremos que eso pase, ¿o sí?

—No.— dice haciendo un pucherito con los labios —Pero yo quiero quedarme así otro ratito.

Pongo los ojos en blanco —Vale, otro ratito.

—¡Sí!— exclama bajito, en un susurro con su vocecita rasposa. Acerca su rostro al mío —Eres el mejor, Tommie, por eso te quiero.

—Ah, ¿solo me quieres?

—Te amo…

Lo abrazo por la cintura, dejándole darme muchos besitos pequeños en los labios. Mientras me murmura entre cada uno un «te amo». ¿Puedo amarlo más? Bueno, no es como si fuera imposible, mi corazón algún día estallará de todo el amor que siento por él. Expresárselo no es suficiente, se llena y se llena y ya no cabe más. Llegará el día en que se me note en la mirada y no pueda contenerlo. Si no es que ese día ya ha llegado. Hmm.

En fin, lo amo.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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