Fic TOLL de unicornlitz

Capítulo 46

Pov’s Bill

Me dieron una tremenda cogida, joder.

Todavía siento la molestia en el culo, pero me da igual. Tom y yo nos duchamos juntitos después de la sesión de besitos cortitos que nos llevó a arrinconarnos más el uno contra el otro. Si no llega a ser porque Tom recibió un mensaje de mi tía Nickole preguntándole dónde coño estábamos, nos olvidamos de que no estábamos en casa, sino en otra parte donde nos están esperando.

Me puse la ropa como pude e intenté disimular que me habían dado una buena revolcada. Es que Tommie y su mega polla, Dios mío, me deja sin aliento y con ganas de más.

—Yo amo cómo me folla Tom— suspiro enternecido. Adrianne es la única que está a mi lado. Yo no traje nada de maquillaje, solo mi gloss, y ella sí. Entonces le he pedido que me acompañe al baño para que me lo preste y bueno, aquí estamos. Con ella mirándome con cara de diversión mientras me maquilla porque yo estoy demasiado ocupado pensando en la verga de mi macho. —Tiene una polla enorme, gigante. ¿Ya te lo he dicho?

—En varias ocasiones— murmura asintiendo lentamente con la cabeza —Pero nunca quisiste darme detalles gráficos ni con una regla.

—Porque después lo visualizas y estarías viéndole la polla a mi hombre— aclaro rápidamente y ella pone los ojos en blanco —Y nadie puede vérsela, solo yo.

—Ay, Billie— suspira —Eres como una perra cuidando a su perro de las otras perras. Pero a mí no me atrae tu tío ni un poquito.

—Es que te gustan pendejos con cara horrible— le recuerdo —Aunque el hecho de que te guste mi primo Gustav ya significa que has dado un gran paso y has evolucionado en cuanto a gustos. Porque Andreas, ewww, qué asco de tío. Mi primo, ufff. Te juro que si no me gustara mi tío, me hubiese liado con Gus. Es que esa carita de inocente solo da a entender que es un salvaje en la cama. ¡Al menos tú tendrías la oportunidad de saberlo, mani!

—Tu primo me tiene cabreada— refunfuña —Así que no hablemos de él, hablemos de lo divino que te queda este gloss. Joder, es que te deja los labios muchísimo más bonitos.

—¿Pues qué hizo el tonto?— pregunto con dificultad porque anda retocándome el gloss en los labios y no quiero moverlos mucho para que no se corra. Yo quiero saber el chisme.

—Es que parece que no capta las indirectas.

—Ay, no me digas que le andas coqueteando, Adrianne…

—Pues sí.

Bufo —Tonta, lo que tienes que hacer es ir al grano. O sea, piensa un poco.

—¿Pretendes que vaya y le coma la boca sin avisarle?

—Los besos robados son los mejores, mani— le digo. Ella guarda el gloss en su estuche de cosméticos pequeño y yo me giro para verme en el gran espejo. Los baños de aquí son muy chulos. Y la forma de los lavabos aún más. Los espejos, guay, impecables. No tienen manchas como otros. Me lanzo un besito y me acomodo el pelo para ponerme las gafas sobre la cabeza —Son los más guarros y calientes, si sabes darlos, obviamente— aclaro al instante, mirándola a través del espejo —No le coquetees, la gente de aquí es un poco rara y no creo que él capte muy bien las indirectas. Tienes que ser directa, problema resuelto.

—Vale, lo anotaré en mi libreta mental— dice y luego me sonríe —Me encanta tu falda, quiero una igual pero en rosa.

—Qué horror, yo la habría preferido negra, pero aún así me queda in-cre-í-ble— digo cantando mientras me alejo, me pongo de lado y miro mi enorme culo reflejado en el espejo. Es que ajá, amo mi culo tal y como Tom lo ama. Ja. —Soy espectacular.— pongo mis manos en el borde del lavabo y me inclino hacia adelante para verme más de cerca en el espejo —Tengo los labios hinchados, Tom sí que sabe cómo besuquearme. Joder. Pero, ¿sabes qué hace del beso algo fenomenal?

—¿Qué, mani?

—Que me lo da mi tío— suelto en una risita juguetona —Es que, joder, es tan indebido y a la vez tan increíble. El solo hecho de ser prohibido ya lo hace fascinante, increíble, imposible no caer en la tentación.

—Bueno, te entiendo porque…— Adrianne va a decir algo pero justo escuchamos el sonido de la cadena del váter cuando la bajan. Mi mejor amiga y yo nos miramos porque pensábamos que no había nadie aquí dentro, pero nos equivocamos. Una de las puertas de los cubículos se abrió y de ella salió una señora mayor, una ancianita de pelo blanco ondulado. Lleva un trajecito bonito, pero la cara que pone al vernos deja claro que para ella somos dos adefesios.

O algo así.

—El diablo anda en todas partes— la oigo murmurar. Camina hasta los lavabos, apartada de nosotras, se lava las manos y sigue hablando —Ahora los jóvenes ya no tienen nada más de qué hablar, solo de sexo y de las abominaciones que hacen.

¿Y está casi muerta que viva, quién se cree?

—¿Hace cuánto que no se la meten, señora?— le pregunto porque me cabrea su comentario. O sea, ¿a mí qué cojones me importa que el diablo ande por ahí? No es como si me resultara relevante.

La doña me mira con cara de horror.

—Se nota que lleva años sin que le den una buena revolcada, en ese caso, no es culpa mía que yo sí tenga una vida sexual muy activa y usted no— Adrianne se lleva una mano a la boca para ahogar su risa —Vieja desquebrajada, vaya a tener otros quince hijos y deje de molestar. Ushhh…— pongo los ojos en blanco, tomo el estuche de cosméticos de Adrianne y a ella del brazo para salir del baño.

—¡Pero qué insolente!— la oigo gritar a la vieja.

—¡Búsquese un dildo, señora!— le grito antes de salir del baño. —¡O mejor vaya comprando su ataúd!

Ahg, me jode que haya ancianos que en lugar de preocuparse por en qué hueco del cementerio quieren que los entierren, anden metiéndose en la vida ajena como si sus comentarios de mierda me importaran. O sea.

—Te pasaste, mani— dice Adrianne entre risas.

—No me importa, que lo soporte.

En cuanto llegamos a donde estaban los demás, me di cuenta de que mis tías gemelas, Valerie y Violett, se encontraban en la piscina. ¿En qué momento se pusieron los trajes de baño? ¿Dónde los traían? ¡Ah! Cierto, ellos no venían conmigo y con Tom, así que ni idea de en qué bolso los trajeron. Pero bueno, ¿dónde está Georg? Lo busco con la mirada y lo encuentro en la barra de la choza que vende comida, atragantándose con un elote. No es por nada, pero Georg es un cerdo, cómo ama la comida ese ser. Uy…

Tiene toda la boca llena de las salsas del elote. Wuaa…

Encuentro a mi abuela charlando con mi tío Tom, y en una hay algo que le dice Tom que hace que mi abuela le dé un golpe en la cabeza y lo reprenda en voz baja. Viendo el movimiento de sus labios podría decir que articuló el nombre de mi novio «Evan», pero no creo que estén hablando de él.

El resto de la tarde la pasamos en más juegos. Incluso jugué dominó con un grupo de amigas de mi abuela que andaban por aquí, ¡les gané! Mi abue me felicitó, y me tomé una foto con todas ellas. Fueron un sol, no como la otra doña que me encontré en los baños, quién sabe quién es y qué hace por aquí en lugar de buscar un asilo donde internarse a esperar a que sus hijos le roben todo lo que tienen y luego la metan en un loquero por metiche. También hice karaoke con mis amigas, cantamos varias canciones y también bailamos la macarena. Aprovecho para agregar que también me perdí en unas cuantas ocasiones con Tom para besuquearnos como locos en cualquier lugar donde no nos vieran.

—¿Alguno de vosotros ya ha dado el chiquito?— pregunta Violett como si la pregunta fuese algo de lo más normal del mundo, mientras se echaba aire con la mano porque está haciendo mucho calor.

—¿El qué?— pregunta Adrianne confundida.

—El de atrás, muñeca— le responde Violett.

Yo me relamo los labios, estamos sentados ocupando una mesa porque acabamos de sentarnos a comernos los bocadillos que había preparado mi abuela. Sobre nosotros hay una carpa blanca que nos cubre del sol, hay más gente debajo de otras carpas, las puedo ver si echo un vistazo pero no me da la gana, ¿okay? No vine a ver gente, además, me siento fastidiado. No sé.

La mala vibra de la gente, uhm…

—Ay, ¿qué preguntas son esas, Violett?— pregunta Valerie con algo de pena, mirando de reojo a mi abuela, a mi tío y a mis tías —No seas tan imprudente, dah…

—¡Nena!— exclama Violett entre risitas —¡Son familia de Bill! Y Bill es el ser más imprudente del mundo, están libres de cualquier impresión, ¿o miento?— pregunta, echando una mirada hacia mi familia.

—No, para nada— dicen mis tías.

—Ya estamos acostumbrados— murmura mi abue. Tom solo niega con la cabeza, tiene una sonrisita ladeada en sus labios. Qué rabia, ¿qué hace sonriendo y mirando a mis amigas? Es que, es que… ¡ahg!

—¿Ves?— comenta Violett, mirando a Valerie con las cejas alzadas, divertida por el asunto.

—Es cierto— murmura Valerie, suspirando aliviada.

Yo les hago una mueca con los labios. O sea, yo soy imprudente, pero no porque quiera. Vale, me encanta ver la cara de horror en las personas cuando menciono cosas que nadie se atrevería a decir en público o así, pero es que ajá, no es como si pudiera contenerme. Yo no pienso antes de decir las cosas, simplemente lo hago y ya, consecuencias habrá para cualquier tipo de decisiones, entonces, ¿para qué pensar en ellas?

—Pero bueno, ¿quién lo ha dado ya?

—Yo no— se sincera Adrianne y yo la miro sin podérmelo creer. Bueno, no solo yo, Valerie, Violett y Georg también lo hacen. Adrianne nota nuestras miradas y frunce el ceño —¿Qué? No es como si se fuese a acabar el mundo. ¿Qué tiene que no haya dado el de atrás?

—No te creo— espeto asombrado, negando con la cabeza, casi abrumado por tal confesión —¿Realmente no lo has hecho, Adrie?

—No. Lo juro— dice, relamiéndose los labios —Es que siento que va a doler mucho. Si me dolió un infierno por delante, no quiero imaginar cómo será allá atrás. Prefiero no arriesgarme, ¿vosotros os imagináis que yo me llegue a morir por un desgarro si doy el de allí? ¿Qué dirían en los medios? «Murió mientras tenía sexo anal» buff, qué horrible, tía, no, no, no, no quiero.

Soltamos una risita en grupo —No creo, podría pasar si no te preparan bien— dice Valerie, tomando un sorbito de su agua de coco que viene preparadita, deliciosa y fría —Pero mientras haya buena estimulación, no duele tanto. Yo sí lo he hecho, no muchas veces, pero sí.

—Es que es cuestión de que el hombre sepa lo que hace— comenta Violett —Yo también lo he hecho— dice. Y luego las tres me miran a mí —¿Y tú, Billie?

Es ahí cuando Georg se ríe bajito —No pues, a quién le vienen a preguntar— dice con ironía —¡Ese no tiene más que dar que el chiquito! ¡Obviamente que lo ha hecho!— y estalla en carcajadas, golpeando la mesa. De la nada Georg se cree muy chistoso, veremos si cuando le arranque la lengua sigue riéndose. —¡La pregunta sería: «¿cuándo no lo ha dado?»! ¡Debe estar como un pozo sin fondo! ¡Dios mío!

—Eres un maldito imbécil— refunfuño molesto, cruzándome de brazos. —¿Cómo que no tengo nada más para dar? ¿Y la boca?

—¡Bibi, por Dios!— estalla mi tía Támara en risas, golpeando la mesa en el transcurso también. Yo solo puedo pensar en la mesa y esos golpes tan injustos que recibió.

Bufo más enojado ahora que hace unos segundos atrás. —¡Y no estoy como un pozo! ¡Deja de decir esas cosas, Georg! ¡Voy a matarte, ya verás!

—Pero no se enfade, su majestad.

—¡Fuuuuuuck!— le muestro mi dedo grosero y él solo se ríe más. Ay, qué rabia, ¿por qué siempre anda diciendo esas cosas? O sea, sí, Tom me jode deliciosamente, pero juro que yo no quedo como un pozo, ¿qué es eso? Dios mío.

Volteo a mirar a Tom y él ya lo estaba haciendo, es que lo oí riéndose. Entonces lo fulmino con la mirada y el imbécil me lanza un besito. Ay, lo odio. Mi abuela también estaba riéndose, al igual que mis tías. ¡Aaaahhh! Mataré a Georg. Con eso en mente me pongo de pie y tomo el tenedor de la canastita que yacía en medio de la mesa, señalo a Georg y tras gritarle un: «ya vas a ver, pedazo de mierda» salgo corriendo detrás de él. Porque como todo marica, salió corriendo antes y ahora lo ando persiguiendo.

—¡Eso Billie! ¡Dale duro!— gritaba Adrianne cuando me lancé hacia Georg y me colgué a él de su espalda. Le tapé la boca y la nariz para que no respire, se revolvía como loco para quitarme de su espalda sin conseguirlo. —¡No, Billie, no! ¡lo vas a matar!

—¡Bill!— exclama mi tía Nickole —¡Cuidado!

—¡Ay, el cerdo de Georg se fue hacia atrás!

—¡Está aplastando a Billie!

—¡Alguien que lo quite de encima!

—¡Me asfixio! ¡Socorro!— grito yo ahogadamente.

Por suerte Georg logró quitarse de encima mío, y mi Tom me ayudó a ponerme de pie al instante —¿Estás bien?— me pregunta muy preocupado.

Yo solo asiento con la cabeza —Me quedé sin aire… cof… cof…— toso dramáticamente y de la misma forma me dejo caer hacia atrás, cayendo en los brazos de mi tío que me sujeta a tiempo. Llevo mi mano a mi frente, como una damisela en apuros. —Ahora debes cargarme— le digo a Tom y él solo se ríe. —Ay, me desmayo…

—Qué mocoso…— murmura para luego hacer lo que le ordené.

Cargarme entre sus brazos. Iiiihhhh…

En fin…

Después de ese terrible y asfixiante suceso compré un sombrero, me subí a un toro robot que se mecía como loco y yo me sostuve fuerte de los cuernos. A mis amigas las botó fácilmente, a mí no, porque yo soy mejor. El toro se creía bien verga y yo le demostré que alguien más verga que yo no existe. Al final me terminó botando pero duré más que los otros. Incluso mis tías se animaron. Se subieron las dos y ni así pudieron porque una arrastró a la otra y cayeron. Ja.

Con Evan jugué golf. Él es muy bueno, e intentó enseñarme pero yo no soy bueno captando cosas y hacía todo mal. Al final pateé la pelota con mis bellas botas y cayó en el hoyo, iba a festejar por mi triunfo después de varios intentos fallidos pero Evan me dijo que eso no era válido. Así que me fui a un rincón a llorar…

Nah, mentira. Casi me lo agarro a golpes porque si yo digo que gané, pues gané y punto.

Tom y yo nos tomamos muchas fotos juntos, y me prometió llevarme a un lugar muy bonito algún día cuando tuviésemos tiempo. Recibí llamadas de Oliver, quien estaba en Devilish con los arreglos para mi cumpleaños, viendo a ver el menú de la comida que se dará, las chuches, cuadrando todo con el DJ porque el día ya casi llega. Ya casi cumplo diecinueve. Ya casi es uno de septiembre. Seré un pre-adulto. ¿O ya un adulto en toda regla?

Mañana tendré que empezar a ir yo para ver cómo van las cosas, es que quiero que todo sea perfecto. Además de que quiero volver a ver a Isadora/Isabella, no sé por qué, pero quiero hacerlo.

Mi abuela me trajo a este club de campo para que yo despejara la mente, y lo consiguió. No pensé en ese tema en todo el día, pero ahora, que vamos de vuelta a casa porque se nos hizo de noche, mirando a través del cristal de la ventana, vuelvo a pensar en ese tema. ¿Por qué tanto misterio? Ay, mejor me alejo de todo eso. Está claro que nadie me va a contar y yo no es como si pudiese averiguarlo por mi cuenta. A menos que le saque información a ella, ¿será que sí me cuenta? Puedo hacerlo. Puedo investigar con Isabella. La que fue amiga de mi mamá, aunque Simone lo niega…

Buah, creo que sí podría averiguar algo que aminore mi intriga.

—¿En qué piensas?— me pregunta Tom en cuanto nota mi silencio y me mira, encontrándome con la mirada perdida en el paisaje borroso. Él va manejando muy concentrado pero he notado que me mira de soslayo de vez en cuando. En fin… ladeo la cabeza para verlo y sonrío ligeramente.

—En nada, estoy agotado— no es mentira que esté agotado, es verdad. Me siento cansadito y me duelen los pies porque fue muy poco el tiempo que duré sentado. Incluso mi abue tuvo que regañarme en varias ocasiones porque no quería descansar un poco. —Me duelen los pies, las piernas… hmm…

—Bueno, supongo que eso es normal teniendo en cuenta que brincaste como nunca antes— dice en una risita suave —Y no encima de mí precisamente.

Lo miro divertido —¿Quieres que te brinque encima, amorcito?

—Humm, ¿qué no estabas agotado?— pregunta, ladeando la cabeza para verme a los ojos con una sonrisita ladeada que pone a mi corazón a latir como loco. Y es una tonta sonrisa, ¡usshhh! Tom me está enfermando de amor, ya estos síntomas no los conocía. Mira que sentirme así solo porque me sonría y me mire de la forma en la que lo está haciendo, ufff…

—Aún me queda alguito de batería para hacerlo, Tommie— murmuro en respuesta. Tommie se ríe mientras niega con la cabeza por lo que acabo de decir.

—Quizás cuando lleguemos a casa, amorcito— me dice, usando el mismo tonito meloso que yo usé para decirle «amorcito», cosa que me hace sonreír muy feliz.

Él vuelve la mirada a la carretera de tierra, es de noche. Las luces del coche de la parte delantera están encendidas y iluminan el camino, Tom tiene su mirada puesta al frente y se ve tan malditamente sexy así de concentrado. O sea, tiene una mandíbula muy marcada, su nariz respingona y la mirada ligeramente entrecerrada. Sus rastas negras le caen muy lindas, con una mano toma el volante y la otra la descansa sobre la palanca de cambios. Amo la ligera barba que tiene, una barba que casi no se le ve, pero se le nota lo suficiente para darle un atractivo único.

Mis ojos recorren sus brazos musculosos, tiene una camiseta negra de manga corta que le queda ajustada y mierda, es que se ve tan apetecible todo él. Tom con tatuajes quedaría increíble, se lo comentaré para que se haga uno. Mi nombre a un costado de su pecho quedaría perfecto, ¿o no?

—Oye, Tommie…— le llamo. —¿No te gustaría hacerte algunos tatuajes?— le pregunto porque mejor ahora que después.

—¿Por qué preguntas, bebé?

—No sé. Es que siento que te quedarían increíbles algunos— le comento —Oh, ¿sí quisieras? Porque yo también quiero hacerme otro, pero por aquí…— señalo el costado de mis costillas —Tengo tremenda idea, y quisiera que tú también te hagas unos porque a mí me gustaría lamerlos mientras me follas.

—Okay, lo que quieras, Bibi…

Un chillido pequeñito de emoción sale de mí mientras doy unas palmaditas rapiditas —Y mi nombre.

—Eso ya tenía pensado hacerlo hace mucho— me confiesa —Así que no será problema.

—Aiñññ, me gusta que me obedezcas, tío Tommie— le digo, lanzándole un besito cuando me mira. Él sonríe y me lanza uno también, cosa que me pone a mil de nervios y felicidad. Yo nunca pensé que estaría en esta situación, enamorado con locura de Tom. Tarde me di cuenta de que siempre lo estuve, claro que sí, no fue una atracción sexual como siempre me quise hacer creer. Era amor, solo que yo no quería sentirlo. No quería arriesgarme a entrar en ese terreno…

—Bueno, yo solo cumplo con los caprichos de mi sobrino favorito— me dice, y yo me relamo los labios gustoso.

Tom siempre me decía así antes, y que lo haga ahora…. ayyyyy, es que me pongo cachondo.

Continúa…

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por unicornlitz

Escritora del Fandom

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