Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 49
A Tom no tuve que siquiera decirle dos veces que me iría con Isadora/Isabella a su hacienda a ver qué tal era. No, se lo comenté y me dijo: «Ah, maravilloso. Ve, pero avísame para ir a buscarte». Dah, ni siquiera una interrogativa, como por ejemplo: «¿Y a qué?» O un «Pero si apenas la conoces». ¡Nada! Solo una afirmación y listo, y eso me dejó confundido porque sí, puede que ella no sea una desconocida para él, pero para mí sí, y me dejó ir con tanta facilidad.
No es como si esperara que el idiota me diera permiso, ¿eh? Solo digo que me pareció tan raro que no pusiera peros. Supongo que es porque él confía en ella y así, ¿no? Y sabe que ella no me haría nada de nada. Es más, se veía feliz cuando me oyó decirle: «Me iré con Isadora a ver su hacienda, te encargo todito».
Ni siquiera una réplica por el mero hecho de dejar todo a medias y en sus manos. Humm…
En fin, Isabella condujo todo el rato. De Devilish a su hacienda calculé un mínimo de quince minutos, y eso porque ella iba a todo dar, ¿eh? Maneja como yo manejaría si tuviese un coche, ¡a lo loco! Y bueno, por eso a mis dieciocho, casi diecinueve años, aún no tengo un coche propio. Porque mi papá me conoce y sabe que si me da un auto acabaré en un hospital por exceso de velocidad. ¡Es que me gusta así! Lo juro. Pero bueno, llegamos a su hacienda y debo decir que es muy hermosa. Es casi como ver la hacienda de mis abuelos, solo que no queda en una colina. Y la entrada es un portón automático que se abre presionando un botón de un pequeño control, o al menos así lo vi yo cuando Isabella sacó uno y presionó un botoncito y el portón se abrió automáticamente.
Todo es muy bello, hay un inmenso jardín principal, decorado con varias esculturas, en las cuales algunas echan agua como si fuesen fuentes. Hay florales, arbustos bien cortaditos, el césped bien podado. Se oye el cantar de los pajaritos, Dios, es muy hermoso. Y ni hablar de la hacienda cuando entré, ¡qué lujosidad! Por dentro no parecía una hacienda, sino como una mansión, todo se veía perfecto. Dios, y no hace calor porque hay aire acondicionado que mantiene todo fresquito. ¡Aquí sí viviría sin peros algunos!
Isabella notó mi asombro y se dispuso a darme un tour por toda la hacienda. Mostrándome cada rincón, hasta la cocina se veía impecable como toda la hacienda en sí, y me llevó a un pasillo donde había varios cuadros en la pared. Obviamente reconocí a los modelos en dichas fotografías y pinturas, no hizo falta siquiera que abriera mi boca para preguntar, Isabella pareció leer mi pregunta mental.
—Son mis padres…— dijo afirmativamente cuando nos detuvimos en un cuadro en específico, donde aparecían ambos señores posando demasiado chulos, vistiendo ropas muy bellas a pesar de ser de la época de los 70s —Esta foto fue tomada antes de que se fuesen de luna de miel, un día después de haberse casado, luna de miel donde yo fui concebida— me contó.
—Tú papá se ve muy serio, ¿eh?— le comento en voz bajita.
Isabella suelta una risita —Ay, créeme, tenía un carácter fuerte— me cuenta —Con decirte que no me dejaba salir de la hacienda por miedo a que yo saliese perjudicada, es decir, embarazada— la miro sin poderme creer lo que me dice —Era demasiado sobreprotector, demasiado estricto, pero aún así lo amaba inmensamente. Y lo sigo haciendo— logré percibir un atisbo de tristeza en su voz, y en su mirada, pero lo espanta rápido y suspira —Yo era su princesa, su ojito derecho. Y aunque me prohibía muchas cosas, en otras me complacía, y cumplía cada uno de mis caprichos. Incluso cuando quedé embarazada, en lugar de decepcionarse, amó a mi bebé desde el primer momento.
—Vaya…— susurro suavemente —Supongo que a pesar de ser muy estricto también tenía su lado amoroso, ¿o no?
—Sí, sí lo tenía— me afirmó Isabella en una risita.
—¿Y cómo se llamaban?— pregunto.
—William y Rebecca— me responde —De hecho, me inspiré en el nombre de mi papá para ponerle el nombre a mi hijo. Solo que algo diferente…
—¿Y cuál es el nombre de tu hijo?— pregunto con curiosidad.
Isabella se me queda viendo, hay algo cálido en su mirada que me transmite demasiada confianza. Me sonríe ligeramente con sus labios, ¿algo melancólica, quizás? No sabría decirlo —Billian— me dice y yo alzo mis cejas en asombro.
—Qué bonito nombre.
—¿Tú crees?
—Sí— afirmo con un pequeño asentimiento de cabeza —El mío es horrible, bueno, el segundo. Mi madre al parecer no se tomó el tiempo de buscarme un nombre digno para alguien tan lindo como yo. Me ha llamado «Bill Nikklas». ¡Nikklas es un nombre muy horrible!— exclamo con horror y Isabella hace una mueca en sus labios, estando de mi lado —No me gusta cómo suena, no queda bien para alguien como yo. Pero el nombre de tu hijo es muy bonito, «Billian»…
—Seguramente tu madre lo hizo a propósito, ¿no crees?— me pregunta con sus ojos achinados, mostrando una mirada curiosa —Porque «Nikklas» realmente es horrible. Suena como el nombre que le hubiese puesto mi ex mejor amiga a su hijo, si es que tenía uno, ¿eh?
Ay… ¿es esta la oportunidad que me está dando la vida? Porque Isabella acaba de tocar el tema que yo me moría por tocar desde que veníamos en el auto.
—¿Ex mejor amiga?
—Sí— dice en un bufido —Bueno, ni eso. Esa maldita es la culpable de la gran desgracia que vino a mi vida, te lo conté una vez, ¿no? ¿O lo soñé?— me pregunta, y su mirada se llena de confusión, puedo ver cómo frunce los labios en una mueca enojada y cómo frunce ligeramente el entrecejo, cruzándose de brazos. —Me quitó lo que tenía porque me tenía envidia, ¿puedes creerlo, Billie?— me pregunta y mierda, yo no puedo ocultar mi asombro.
No recuerdo de que hablamos, seguramente sí lo soñó.
—¿Qué te hizo?— le pregunto.
—Dañó mi relación con quien era mi pareja en ese entonces— me cuenta y yo tengo un recuerdo vago de cuando me comentó que su ex la engañó con quien consideraba su mejor amiga. ¿Cómo pude olvidar eso? —Y me alejó de mi hijo.
¿Qué?
—¿Era tu única amiga?— le pregunto.
—Sí, se suponía que éramos como hermanas, pero me traicionó— masculla con rabia —No tenía más amigas, solo a ella, y me hizo tanto daño que, ¡ahg! Decir que la odio se queda corto.
Ay… esto no me está gustando para nada.
—Dios, qué loco…— murmuro al encontrarme sin nada que decir, desvío mi mirada al suelo, sintiéndome demasiado confundido. No entiendo. Se supone que mi madre fue la única amiga de Isabella, y Isabella fue la única amiga que mi madre tuvo. Entonces mi madre traicionó a Isabella metiéndose con su novio, ¿no? Y también influyó para que su hijo no esté con ella. Pero, ¿cómo fue mi madre capaz de hacer algo así? Joder. ¿Y dónde está el ex de Isabella ahora? ¿Dónde está su hijo? Del cual me habló una vez y dijo que intentaría recuperar.
Joder. Es… demasiado confuso.
—¿Y qué pasó después?— me atrevo a preguntar después de permanecer varios segundos en silencio. —Me refiero a… a qué sucedió con tu ex pareja. ¿Dejó a tu amiga o…?
Isabella toma una bocanada de aire y la suelta en un suspiro pequeño —Siguen juntos.
N. P. S.
Pero, ¿qué?
—Mierda— murmuro tan bajito que creo que ella no ha podido oírme.
¿Cómo que siguen juntos? Debe ser un malentendido, porque si siguiesen juntos entonces su ex, ¿vendría siendo mi papá? No, no, no, debo estarme equivocando. Quizás Isabella me habla de otra amiga que tuvo después de romper su amistad con mi madre, ¿o cómo? Dios mío, no puedo con tanta información, son demasiadas cosas, y me hago tantas ideas que… en busca de algún apoyo lejos de la mirada achicopalada de Isabella, me detengo al vislumbrar un cuadro al lado de la fotografía grande de sus padres. Es una chica y sé que es ella, sentada en un sillón rojo, y su cabello negro es rizado. Dios mío… es como verme a mí mismo en esa pintura, y a la vez no. Y no sé cómo explicarlo.
—Mis padres contrataron a los mejores pintores de Alemania, y me plasmaron en una pintura. Yo no sabía cómo había quedado, solo la pude ver en mi cumpleaños número quince— me cuenta y de reojo la veo sonreír —Recuerdo que estaba enojada mientras yacía sentada en ese sillón— dice riendo ligeramente —Porque yo no quería una jodida pintura, y tenía que estar horas ahí sentada para que el pintor pudiese hacer bien su trabajo. Sin embargo, hizo lo posible para que no se me notara lo amargada.
Me siento abrumado.
—Eras muy bonita de joven— le digo con sinceridad —Y lo sigues siendo, claro.
Ella vuelve a suspirar. He perdido la cuenta de cuántas veces lo ha hecho ya —Sí, muchos me dicen que los años no me hacen nada. Y otras murmuran que me he hecho operaciones, ¿lo puedes creer?
Río un poco —Ya quisieran esas envidiosas verse como tú a los treinta.
Isabella me sonríe cuando ladeo la cabeza para verla —Son unas perras, ¿a que sí?— asiento con la cabeza en respuesta.
Sin embargo, verla me revuelve el estómago nuevamente y con toda la información que ha llegado a mi cerebro y que aún no puedo organizar, siento que un nudo se instala en mi garganta y se aprieta hasta casi asfixiarme. Su mirada, la sonrisa dulce que me dedica, podría compararla con las veces que mi abue le sonríe a sus hijos, una sonrisa maternal. Pero, ¿por qué? No, no puedo asimilarlo, quiero, pero no puedo. No logro organizar, mi mente está en medio de un enredo. Demasiados hilos entre otros y es imposible buscar la forma de desenredar ese enredo.
—Te tengo una pregunta— murmuro mientras echamos a caminar por el pasillo ya, con rumbo a fuera de la hacienda donde hay varios obreros trabajando en el patio trasero, rehaciendo la alberca que ya había ahí.
—Dime.
—¿Cómo se llamaba tu amiga?— le pregunto, sin atreverme a mirarla. Sin embargo, puedo sentir su tensión y cuando la veo de reojo la noto rígida, y con la mirada perdida, como buscando algo que responderme. Siento que he sido imprudente, pero es que necesito saber cómo se llamaba, necesito saber si era mi madre o era otra amiga. Así que espero paciente, hasta que la veo separar sus labios, y tras dudar un poco, procede a responderme:
—Ivey— me dice y la incertidumbre me llena.
Porque «Ivey» es el segundo nombre de mi madre. Simone Ivey Kaulitz.
Muerdo mi labio inferior, apretándolo fuerte con mis dientes, y no lo suelto hasta que siento dolor, para luego relamerlo para aminorar la mordida que, por suerte, no llegó a haber sangre. —Entiendo— murmuro en respuesta, asintiendo lentamente con la cabeza, algo aturdido —Lamento mucho si te hice recordar cosas feas con mis preguntas.
—No te preocupes— se apresura a decirme —Puedes preguntar lo que sea, con confianza.
Sonrío ligeramente a pesar de mi lío mental.
Joder. No me han quedado ganas de indagar más en este tema porque he quedado completamente loco e incapaz de pensar en algo con respecto a eso para ordenar mis pensamientos.
&
Después de pasar un rato con Isabella, y de sugerirle algunas cosas para la nueva alberca y otros arreglos que haría, Tom pasó por mí para llevarme a casa. En todo el trayecto traté de ocultar mi abrumación, y el hecho de que las palabras de Isabella daban vueltas en mi cabeza sin parar, llegando a dolerme de tanto pensar y pensar en ello.
En cuanto llegué a casa simplemente subí a mi habitación a dormir un poco después de darme una ducha. Necesitaba descansar. Me levantaron a las horas, justo a tiempo para la cena y ni ganas me dieron de comer. Lo hice nada más porque Tom evitó que me fuese a dormir nuevamente sin comer, diciendo que no iba a levantarme de la mesa hasta que me comiese todo, y lo dijo muy serio, ¿eh? Sin importarle que hiciera berrinche me obligó a comer todo y lo hice, pero acabé vomitándolo al rato.
Obviamente lo maldije un sinfín de veces mientras las arcadas me ahogaban y me hacían gimotear. Odio vomitar. Realmente lo detesto. Él solo estuvo ahí para sujetarme el cabello y soportar mis groserías hacia su persona, porque si no me hubiese obligado a comer, yo no habría vomitado.
Después de que me lavé la boca, me llevó a la cama y se quedó conmigo un rato, acostado a mi lado, haciéndome mimos en la cabeza mientras yo intentaba dormir. Por suerte lo conseguí, y dormí feliz entre sus brazos. De hecho, no supe nada de Evan ese día, pero al siguiente, joder… nos encontrábamos sentados afuera. Mis amigas y yo en las tumbonas, mientras Georg se daba un baño en la alberca, nosotras tomábamos el sol. Evan estaba junto a mí en la tumbona de al lado. Yo estaba tranquilo, joder, juro que estaba consiguiendo una increíble paz, hasta que él abrió su puta boca.
—Bill, quería decirte algo en lo que he estado pensando— musitó de la nada, yo no lo miré, solo permanecí con mis ojitos cerrados y solo le hice saber que le escuchaba emitiendo un ‘mhmm’. Él prosiguió —En mi opinión nuestra relación es rara.
—¿A qué te refieres? Yo raro no soy, ¿eh?
—No me refiero a ti, bebé, me refiero a nosotros— me dice —Es que siento que no congeniamos como deberíamos y que todo es una atracción sexual.
—Como debe ser, Evz…
—No, en una relación debe haber más que solo una atracción sexual— me dice —Y si no, entonces no es una relación.
—Ey, aquí quien decide si esta relación llega a su fin soy yo, así que si andas queriendo terminarme déjame decirte que acabarás muerto y me encargaré de que nunca encuentren tu cuerpo porque lo haré polvo— le advierto de una vez —Y si no es eso, entonces ve directo al grano. No me gusta que te andes con vacilaciones, Evan.
Él suspira —Quisiera que tuviésemos una relación abierta.
Y fue eso justo, lo justo, lo que hacía falta para que la paz que estaba empezando a tener se esfumara. Abrí mis ojos de golpe, sintiendo mi sangre hervir de la mera rabia, me incorporo en la tumbona y lentamente giro mi cabeza hacia él. —¿Qué has dicho, Evan?
—Es que lo nuestro no va a llegar a ningún lado— me dice —Te irás a Londres y…
—¿Y qué? ¡Prácticamente me estás pidiendo que haga la vista gorda mientras me eres infiel!— exclamo con furia, poniéndome de pie de golpe, llamando la atención de Adrianne, quien se aparta sus gafas oscuras y hace unas señas que no logro ver porque estoy enfocado en Evan. —¡¿Cómo se te ocurre?!
Es el colmo. El único que puede sugerir algo así soy yo, ¡no él! ¡¿Quién se cree?!
—Billie…
—¡No! ¡»Billie» nada, idiota!
—Solo es una sugerencia— se excusa, poniéndose de pie lentamente. Atento a cualquier ataque de mi parte que pueda prevenir —Pensé que te agradaría la idea, pues tú también podrías intentar algo con alguien más, no habría problema y…
—¡Cierra la puta boca, Evan!— grito nuevamente —¡Eres un tonto! ¡un tonto imbécil, tonto! ¡Ahg!— siento ganas de reventarle algo en la cabeza —¡Solo yo puedo pedir algo así! ¡solo yo! ¡no tú! ¡¿Cómo se te ocurre pedirme una relación abierta?! ¡yo no comparto mis putos juguetes!
—¿Lo ves? No se puede hablar contigo civilizadamente.
—¡Vete al diablo!— le muestro el dedo del medio, y me voy de ahí echando humos por las orejas. A pasos largos, enojadísimo, cabreado a nivel Dios, ¡es un maldito idiota! Joder. ¿Qué le pasa?
Maldita sea mi vida, al parecer nunca estaré tranquilo y en paz. No, estoy destinado a que me pasen cosas. Necesito algo urgente para calmar mi enojo, y pienso en tomarme un trago de algo, de cualquier bebida alcohólica, así que al entrar en la hacienda me dirijo hacia el despacho de mi abuelo y tras asegurarme de que no esté, entro y tomo una de las botellas que tiene en su mueble bar, de Whisky para ser exactos. Tomo un vasito pequeño, y lo lleno con las manos temblando de la mera impotencia. Sin embargo, al ver el vaso siento que no será suficiente. Así que opto por tomarme el Whisky de la botella. Acerco el pico a mis labios, y estoy por tomar cuando alguien me interrumpe.
—¿Qué coño haces?— la voz de Tom me hace sobresaltar, haciendo que el licor no entre en mi boca sino que resbale por mis labios. Dejo la botella sobre la barra a trompicones y me limpio la humedad con el dorso de mi mano.
Presiono mi espalda contra el borde de la barra mientras lo veo acercarse con el ceño fruncido. Muy enojado. —Yo… solo quería tomar algo— le respondo titubeante. Por alguna razón me siento como un niño que ha sido pillado rayando las paredes, queriendo esconder el crayón tras su espalda, pensando que eso será suficiente para ocultar su «crimen» ignorando los rayones en la pared. Sí, así me siento. Y más bajo la mirada encendida de mi futuro esposo.
—Ah, ¿sí?— inquiere, tomando la botella de un tirón de la barra y tapándola bruscamente —Pues toma agua, Bill.
—¿Qué hay de malo? Solo quiero un trago de Whisky…
—No puedes tomar…
—¡¿Cómo que no?!— digo exaltándome nuevamente. —Tú no puedes prohibirme eso— aclaro, picoteando su pecho con mi dedo índice, sin dejar de verlo ahora enojado yo también. —¿Quién te crees que eres?
Tom toma mi mano y la aleja de su pecho solo para dejar un besito en mis dedos a pesar de estar enojado —Tu hombre, bebé, obedece.
Mierda. Me ha gustado eso de que me bese la mano a pesar de su enojo, Dios, pero me mantengo en mi puesto de enojado e indignado. Por la diferencia de altura me veo obligado a alzar la cabeza y mirarlo desde abajo —El hecho de que seas mi novio no te da el derecho de mandonearme, Tom, yo soy libre de hacer lo que quiera— le digo, porque parece que lo ha olvidado —Primero me prohíben tomar Coca-Cola, ¿y ahora tú me prohíbes tomarme un traguito pequeñito de Whisky? Se pasan, ¿eh?
—Es por tu bien, mi cielo— me dice con voz suave, dejando más besitos en mis manos. No puedo contener la sonrisita pequeña que aparece en mis labios, una sonrisa de gusto al verlo actuar así. Ay, ya me quiero casar con este hombre. —Solo hazme caso, ¿sí? Por favorcito…
Suelto un suspiro resignado —Okay, no tomaré nadita— le aseguro y él me sonríe, todo rastro de enojo se va de sus facciones —Pero necesito algo, estoy muy enojado.
—¿Y eso por qué?
—¡Porque Evan me ha pedido una relación abierta!— grito en un susurro —¿Lo puedes creer? Es un idiota.
—Ay, bebé, pero ¿eso por qué se supone que te debe afectar?— me pregunta con cautela.
Yo lo miro mal —¿Cómo que por qué me afecta, Tom? ¡Pues es que solo yo puedo pedirle algo así! No él, ¡no le he dado ese derecho! ¡¿Quién se cree, ah?!— digo a gritos libremente esta vez —Pero claro, tú seguramente no me entiendes.
—Amor…— me dice en un suspiro, queriendo que yo me tranquilice al verme exasperado —Entiendo, ¿vale? Pero si tanto te ha molestado eso, ¿por qué no le terminas y ya?
—Tom…— musito, sintiendo cómo el 1% de mi paciencia parece haberse reducido a un 0,5%, por no decir que se me ha agotado. Cierro mis ojos, tomo una bocanada de aire, la expulso lentamente en un resoplido y abro mis ojos solo para verlo a él a la cara y recordarle lo que parece que se le olvida siempre —Yo le voy a terminar a Evan cuando tú dejes a la zorra de Heidi, ¿cuándo vas a entenderlo?
—Vale, si es por eso entonces, deja a Evan, y yo desaparezco a Heidi…
Ay, eso no me lo esperaba.
Continúa…
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