
Fic TOLL de unicornlitz
Capítulo 5
Ya ha terminado la semana que faltaba para que mi madre vuelva a Alemania junto a la bruja de silicona y a Tom. Tengo un manojo de nervios que no me deja ni comer, porque siento que no estoy preparado para ver a Tom después de todo lo que pasó, de las palabras que me dijo y que no puedo olvidar.
Tendré que ignorarle, pero no sé si podré, aunque lo voy a intentar igualmente.
Adrianne llega hoy, pero eso no me ayuda. Sé que en cuanto le cuente todo lo que pasó me va a entender, sé que me echará una mano, y de paso le ayudo yo a ella, porque no es normal que haya vuelto a perdonar a Andreas del todo y que este le haya puesto los cuernos otra vez con una tía nadaqueverienta que ni sabe pintarse las cejas como es debido. Tengo que educar mejor a mi amiga para que deje de ser tan pringada y deje de andar perdonándole todo a ese rubio oxigenado. Que viene y le promete bajarle la luna y ella va y se lo cree.
Es como decirle que puede mezclar el agua con el aceite. Además de ser una mentira, ella se traga el cuento.
En fin, ahora estoy en la pedazo de cocina con mi abuela, ayudándola a preparar galletas para comer todos por la tarde y también para recibir a Adrianne, que me escribió hace un rato para avisarme de que ya estaba en el tren esperando a que empezara a andar. Sin embargo, desde que vine a la cocina con mi abue no he hecho más que llenarme de harina, y todo por andar perdido en mis pensamientos, como ahora. Pensando en cómo se supone que voy a lograr hacer como si Tom no existiera, mientras invento alguna excusa que darle a todos cuando noten el cambio.
Porque no es ningún secreto que Tom era mi tío favorito. Más allá del deseo que tenía por tenerlo entre mis piernas, lo consideraba el mejor. Mi tío perfecto y favorito. Que acabó rompiéndome el corazón en mil pedazos, y ahora tengo que repartirlo entre cada chico guapo que se me cruce por delante, para dejar claro que si él puede hacer como si nada hubiese pasado, yo también.
Evan no tiene por qué enterarse. Yo solo estaré amando al prójimo, como dice la Biblia…
—Billie, cariño…
—¿Sí, abue?
—¿Qué te parece si decoramos las galletas con chocolate derretido?— me pregunta. Aparto la mirada de la mesa, que está cubierta de harina, y la miro —Y con algunas chispitas de colores y nueces, quedarían bien, ¿no?
Sonrío ligeramente. —Sí, supongo que sí.
Ella nota mi desánimo y suelta un suspiro suave mientras se acerca a mí. Yo solo me acomodo el gorro blanco en la cabeza y me paso la mano por la cara para asegurarme de que no tenga restos de harina. Llevo todo un atuendo de chef puesto, porque yo sí me tomo todo en serio. No me di cuenta de lo cerca que estaba mi abuela hasta que la sentí acariciarme la mejilla con mucha delicadeza.
—Me ha contado un pajarito que estás algo decaído desde que llegaste, y que por eso te pasabas mucho tiempo encerrado en tu habitación y acabaste cortándote el pelo— me dice con esa voz suave y maternal que siempre tiene cuando me habla.
—A ese pajarito voy a morderle la lengua para que deje de ser tan cotilla— resoplo, sabiendo perfectamente que ese «pajarito» es Gustav. Es el único que lo ha notado. Bueno, mi abue también, pero cuando me lo preguntó hace unos días, le dije que no me pasaba nada y que era el cansancio del viaje. Mi abuela se ríe por mis palabras, negando divertida con la cabeza.
—No me lo contó por nada malo— se apresura a aclararme —Es solo que se preocupa. Se siente responsable de cuidar a sus primos pequeños, ya que él es el mayor…
—Por dos años…— bufé con un mohín en los labios.
—Pero así es Gustav— me dice, y yo resoplo. Sí, así es Gustav. Puede ser un pelmazo a veces, pero siempre es serio y maduro cuando la situación lo requiere —¿Vas a contarme por qué has estado así? Achicopalado, con una tristeza en los ojos que no te había visto antes, y ese desánimo…
—Es solo algo pasajero, ya se me irá…
—Yo no lo creo…— aparta su mano de mi cara lentamente y me sonríe —Bill, sabes que puedes hablar conmigo de lo que sea. Si tus tíos te están diciendo cosas, o Chantelle y las demás, avísame…
—Ojalá fueran ellos, abue— le digo, volviendo a la tarea que me había dado antes de que me perdiera en mi ensimismamiento, que era separar las galletas ya hechas y tibias de la bandeja —Pero no. Sabes que si me dicen algo yo los pongo en su sitio, como he hecho desde que entré en la adolescencia— me relamo los labios —Lo que pasa es que… estoy tan harto de que todo me salga mal.
—¿Qué ha pasado, cielo?— pregunta, poniéndose a mi lado para ayudarme a sacar las galletitas también.
—¿Recuerdas que hace años, cuando era un niño, me decías que cuando creciera me iba a enamorar, a casar y a tener hijos?— le pregunto.
Ella suelta una pequeña risa. —Sí, claro que lo recuerdo. Solías hacer un mohín con la boca y refunfuñar que eso nunca iba a pasar porque era una tontería y tú no eras tonto. Que nunca te casarías porque preferías estar solo— comenta sin dejar de reír, y yo me uno —»Abue, yo solo quiero tener mi castillo y gobernar el mundo», decías…
—Todavía lo sigo queriendo…
Ambos rompemos a reír. Eso de «gobernar el mundo» era un sueño que tuve a los ocho años, cuando todavía creía en las hadas, en que las sirenas existían, y que si pedía un deseo a una estrella, como hacía la princesa Tiana en su película, se me cumpliría. Incluso creía en la magia, en los duendes y en el País de las Maravillas. Como cualquier niño: pequeñito, inocente y lleno de sueños que ahora sé que nunca se podrán cumplir porque están lejos de la realidad.
—El caso es que… digamos que sí pasó— continúo contándole —Me enamoré sin darme cuenta, y para cuando lo hice, para cuando fui consciente de ello, ya era demasiado tarde para pararlo.— muerdo mi labio inferior, que se resbala lentamente entre mis dientes —Yo sabía que nada bueno iba a salir de eso, porque soy fiel creyente de que el amor y esas cosas son una mierda que la gente idealiza y lo pinta como algo perfecto…
—Te llevaste una gran desilusión, ¿verdad?
Asiento despacio con la cabeza. —Abue, no sé cómo pude ser tan idiota. Yo… yo sabía que nada bueno podía salir, pero aun así tuve la pequeña esperanza de que fuese lo contrario. Pero era muy pequeñita…
—Ay, mi pequeño…— ella extiende los brazos y yo, sin pensarlo mucho, acudo a ellos y dejo que me abrace como solo ella sabe hacerlo, consolándome —Así que por eso has estado así, ¿eh? Ahora lo entiendo— susurra —Has vivido toda tu vida con muros contra el amor porque siempre te pareció algo estúpido, innecesario… Apareció alguien que seguramente te hizo sentir seguro, con quien sentiste una conexión y, sin darte cuenta, esos muros se derrumbaron, dejándote expuesto.
—Sí…— confirmo, aunque con Tom siempre he tenido esa seguridad. ¿Por qué justo ahora me he tenido que enamorar? —Pero, abue, yo he sentido eso con esa persona desde hace mucho, muchísimo tiempo… No tiene lógica que solo ahora me sienta así.
—¿Y estás seguro de que es algo nuevo, o simplemente te has dado cuenta de lo que ya llevabas dentro?
Su pregunta me deja confundido.
—Hijo, a veces lo que creemos tener bajo control solo estaba esperando el momento justo para florecer— me dice —Quizá lo sentías desde hace mucho, pero solo ahora tu corazón se ha permitido reconocerlo. El amor no aparece, solo se revela… aunque nos asuste. El corazón no se equivoca, solo elige caminos difíciles— me explica con mucha calma —El amor es así, Bill… a veces crece en silencio, despacio, y cuando por fin lo reconoces, ya está tan dentro de ti que duele arrancarlo. No hay lógica en eso, solo verdad.
Oh…
—Y a veces las cosas no salen como queremos, cariño— continúa ella con voz suave, acariciándome el pelo —El amor no siempre llega para quedarse; a veces solo pasa para enseñarnos algo, aunque duela. Y por mucho que intentemos entenderlo, nunca tiene sentido. Simplemente sucede.
—Pero, abue…— suspiro; no quiero ponerme a llorar, pero siento las lágrimas contenidas en mis ojos y arde —Yo no esperaba nada, de verdad que no.— mi voz se quiebra un poco —Yo sabía que las cosas no acabarían bien, que no era posible, que no debía… ¿entonces por qué duele? ¿Por qué duele tanto si desde el principio sabía que iba a salir mal?
—Porque eres humano, Billie— dice, con esa ternura que solo ella tiene —Y por más que uno se prepare para el golpe, cuando llega, duele igual. El corazón no entiende de advertencias, mi amor, solo siente.
Trago saliva, intentando mantenerme firme, pero siento ese nudo en la garganta que me deja sin aire.
—Mira, cariño… el verdadero amor no es solo esa chispa que nos hace sentir mariposas o que nos acelera el corazón. Eso es atracción, deseo, lo que todos confunden con amor. El amor de verdad…— se inclina un poco hacia mí y toma mis manos con suavidad —Es lo que permanece cuando todo se pone difícil. Es cuidar de alguien incluso cuando duele, es querer lo mejor para esa persona aunque tú no lo recibas a cambio. Es honestidad, paciencia y respeto, aunque el mundo entero te diga que es imposible.
La miro, intentando asimilar cada palabra, y siento cómo algo se mueve dentro de mí.
—Entonces… si eso es amor, abue…— digo con voz baja —¿Significa que yo sentí amor todo este tiempo, incluso sabiendo que no iba a terminar bien?
Ella asiente con suavidad y me acaricia la mejilla. —Sí, mi vida. Eso es lo que sentiste, y duele porque tu corazón se abrió de verdad. Nunca te engañes pensando que lo que duele no era real; ese dolor también es parte de amar.
Ahora creo que entiendo a qué se refería con su pregunta.
No es que el amor haya llegado de golpe, sino que siempre estuvo ahí, escondido detrás de mis muros, esperando a que me diera cuenta. Y no es solo el deseo o la atracción lo que hace que el corazón palpite rápido… es algo más profundo. Amar es cuidar sin condiciones, desear lo mejor para alguien aunque no te corresponda, sentirlo aunque te lastime, aunque sepas que no va a acabar bien.
Es esa mezcla de alegría y dolor que te deja sin aire y te hace vulnerable.
El dolor del amor siempre estará ahí.
Lo entiendo, sí, lo entiendo perfectamente… es como si mi corazón hubiera estado dormido todo este tiempo y ahora se despertara de golpe, recordándome lo que realmente significa sentir. Pero con ese despertar viene también el miedo, la impotencia, la rabia contra mí mismo por haberme permitido abrirme tanto. Porque amar así duele, duele incluso cuando no hay esperanza, incluso cuando sabes que no puedes tener lo que quieres.
Lo entiendo… y duele más de lo que jamás imaginé. Me deja expuesto, indefenso, y me recuerda todo lo que podría perder. Me hace querer gritar, llorar, huir, y al mismo tiempo quedarme atrapado en cada pensamiento que me tortura. Y aunque ahora entiendo qué es el amor, aunque por primera vez siento su verdadero peso y significado… yo ya no quiero sentirlo.
No quiero que me haga vulnerable, no quiero que me duela, no quiero que me recuerde lo que perdí antes siquiera de poder tenerlo.
Quiero que se vaya, por favor… que se vaya…
&
Cuando recibí el mensaje de Adrianne diciéndome que ya estaba aquí, en Bielefeld, no dudé ni un segundo en salir pitando hacia mi habitación para darme una ducha y quitarme toda la harina que tenía encima y arreglarme.
Mientras me duchaba, pensé en las palabras de mi abuela. Ella es tan sabia… Me encanta pedirle consejos. Mi abue siempre sabe qué decir, tiene respuesta para todo. Sabe perfectamente cuándo debe ser cariñosa y cuándo hablar en serio según la situación. Aunque conmigo hace excepciones, mi abue me quiere muchísimo, y yo a ella. Pero la verdad… ya no quiero saber nada del amor ni de esas chorradas.
Cuando terminé de ducharme, me puse un top deportivo negro, tipo crop top. Una chaqueta corta vaquera en azul clarito, con mangas largas, botones metálicos y un estilo un pelín oversized pero crop. Pantalones vaqueros de tiro alto, también en azul medio, con corte recto, algo sueltos en las piernas y con el bajo doblado, dejando ver un poco de tobillo.
El look es fresquito para mí, ¿qué más da si en media hora estoy empapado en sudor? Lo que me interesa es verme sexy y casual, con vibes noventeras pero actualizadas. Muy urbano y cómodo. Y en los pies, unas botas blancas cortas tipo combat.
Me veo bien, y con mi pelo en rastas bicolor, aún mejor. Me amo, me amo muchísimo. ¿Quién va a quererme más que yo mismo? Joder.
En cuanto estuve listo, salí de la hacienda a recibir a mi mejor amiga. Gustav fue a recogerla en el coche y, claro, cuando llegó, alguno de mis primos que andaban por ahí, de los cuales ni recuerdo el nombre, se quedaron mirando como los cotillas que son. Pero bueno, lo mejor para mí fue ver a mi mejor amiga bajar del coche con unas gafas de sol oscuras, una gorra negra, un crop top gris oscuro de manga corta, ajustado.
Una minifalda gris a juego, de cintura alta, con pliegues delante y un corte evasé que le da movimiento y volumen. Es corta, dejando las piernas al aire. Llevaba unas botas negras de plataforma ancha, sin tacón alto, y un bolso bandolera negro pequeño con correa ancha y detalles metálicos, cruzado al cuerpo. Su pelo castaño caía liso y perfecto sobre los hombros.
Pero noto algo distinto en ella, algo en su cara, y cuando me doy cuenta abro la boca a más no poder. —¡¿Te has inyectado los labios, tía mamona?!— exclamo flipando justo cuando ella sonríe y se aparta las gafas.
—Ahora tengo labios de mamadora luxuri…
Nos echamos a reír y ella corre hacia mí para abrazarme fuerte. Su gorra se le cae de la cabeza y acabamos tambaleándonos entre risas.
—Ouh, te he echado de menos…— le digo, abrazándola igual de fuerte. En cualquier momento nos vamos al suelo…
—Y yo a ti— suspira ella —Por cierto…— se separa enseguida, pone las manos sobre mis hombros y me mira con algo de seriedad —¿Por qué no me dijiste que aquí hace tanta calor como si estuviésemos en el infierno? Casi me derrito en ese coche. Si no llega a ser por el rubio que vino a buscarme, que me abrió la ventanilla, habría muerto…
—Ahora entiendo por qué es tu mejor amiga— comenta Gustav a espaldas de mi amiga, con una sonrisa burlona en la cara. Adrianne se gira para mirarle. —Sois igual de locos los dos.
—Gracias…— decimos ella y yo a la vez, con una sonrisa en la cara por el «halago» de Gustav, que solo rueda los ojos y resopla.
—Billie, tenemos que ponernos al día…— me mira mientras se cruza de brazos —Así me pondré manos a la obra para rescatar a mi mejor amigo de su drama, pero antes quiero comer, que me muero de hambre. Y quiero un matcha.
—Vamos y se lo pedimos a Frida.
—¡Sí!— exclama con un gritito contenido —¡Matcha de campo, yupiii! ¿También puedo beber leche fresca? Y no hablo de la que dan las vacas…
—Quizá te guste alguno de los trabajadores que cuidan los caballos, tienen buen cuerpo…
—Uh, vaqueros…— se pasa la lengua por los labios como un lobo hambriento —Yummy…
Adrianne podrá sufrir por Andreas, pero jamás dejará de repartir un poco de su amor al resto. Como dije: amamos al prójimo…
Continúa…
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La mejor compañía para un despecho es una buena y loquisima amiga como Adrianne Bill estará bien 🥹