Fic TOLL de Beth

Capítulo 11

Tom soltó un suspiro pesado, como si todo el peso del mundo le cayera encima de golpe. Miró a sus hombres, que seguían rodeando el coche como sombras armadas, y levantó una mano.

—Suban a la camioneta —ordenó con  voz baja pero firme—Llévense a la mujer y a la niñera a la mansión, trátenlas con cuidado. No las toquen más de lo necesario. Que no salgan de la habitación de invitados hasta que yo llegue.

Los Alfas asintieron sin dudar.

Uno abrió la puerta trasera de una de las camionetas negras y señaló a Simone y a mi madre.

Simone bajó la cabeza y entró sin resistencia, pero mi madre no se movió.

Abrazaba a Victoria con fuerza, con furia protectora.

—No la toquen —gruñó mi madre, mirando directo a Tom—Si le hacen algo a Bill o asustan más a mi nieta, te juro que desato una guerra que no vas a poder controlar. Soy Alfa, y tengo contactos. No me pongas a prueba.

Tom la miró un segundo largo, sin parpadear…luego respondió con voz calmada, casi cansada.

—No es necesario que me amenaces, Helena. Sé cuidar de mi familia.

Mi madre soltó un bufido, pero al final cedió.

Besó la cabecita de Victoria, le susurró algo al oído y la entregó con cuidado.

Luego subió ella misma, sin mirar atrás. La puerta se cerró. El motor rugió y la camioneta se alejó por la calle.

Tom se giró hacia mí.

Sus ojos dorados estaban más suaves ahora, aunque todavía había furia contenida debajo.

—Tú y yo vamos en el coche de Simone —dijo—Con Victoria.

No esperó respuesta.

Abrió la puerta del copiloto del coche de Simone y me hizo una seña para que entrara. Yo dudé un segundo, pero Victoria ya estaba mirando desde el asiento trasero con los ojitos de confusión.

No podía dejarla sola con él y subí.

Tom se sentó al volante. Arrancó despacio, sin prisa, como si ahora que nos tenía no hubiera razón para correr. Victoria iba atrás, sentada en el asiento central, abrazando su peluche de lobo blanco. Yo iba de copiloto, el cuerpo tenso, las manos apretadas en el regazo.

Por el retrovisor vi cómo Tom la miraba. Cada pocos segundos sus ojos dorados se desviaban hacia atrás, buscando a la niña en el espejo.

Al principio su expresión era dura, como siempre: mandíbula apretada, cejas fruncidas, el Alfa dominante que no dejaba pasar nada. Pero poco a poco… cambió.

Cuando Victoria levantó la vista y lo miró directamente con esos ojos desiguales, verde y dorado, iguales a los de él en uno de ellos, vi cómo los hombros de Tom se relajaban. Su mandíbula se aflojó. Los dedos que apretaban el volante se soltaron un poco.

Y cuando ella hizo un puchero y se limpió una lágrima con el dorso de la mano, vi algo que nunca pensé ver en Tom: ternura pura.

Sus ojos se aguaron.

Solo un instante, pero lo vi.

Parpadeó rápido, como si quisiera esconderlo, y volvió a mirar la carretera.

Pero no pudo evitar volver a mirarla por el retrovisor.

Cada vez que lo hacía, su expresión se suavizaba más: las comisuras de los labios subían apenas, los ojos se llenaban de algo que parecía dolor y amor al mismo tiempo.

Era como si estuviera viendo un milagro que no se atrevía a creer.

Yo lo observaba en silencio.

La furia todavía me ardía en el pecho, pero ver cómo Tom miraba a Victoria… algo en mí se quebró un poco.

No dije nada.

Solo miré por la ventana, sintiendo cómo el coche nos llevaba de vuelta a la mansión.

Pero ahora, con mi hija en el asiento trasero y Tom conduciendo con esa mirada nueva en los ojos, supe que nada sería igual.

&

Llegamos al patio de la enorme casa cuando el sol ya se estaba poniendo, tiñendo todo de un naranja rojizo que hacía que las paredes de piedra parecieran sangrar.

El coche se detuvo con un chirrido suave justo frente a la entrada principal. Yo abrí mi puerta de inmediato, queriendo bajar primero para abrirle a Victoria, para ser yo quien la tomara de la mano y la protegiera en este lugar que aún me parecía una jaula.

Pero Tom fue más rápido.

Antes de que pudiera rodear el coche, él ya estaba en la puerta trasera.

La abrió con cuidado, casi con reverencia, y se inclinó hacia Victoria.

—Ven, pequeña —le dijo en voz baja, extendiendo la mano—Te llevo adentro.

Mi hija me miró a mí primero con sus ojitos llenos de miedo pero yo asentí despacio, tragando el nudo en la garganta.

Era la forma en que siempre le había dicho que estaba bien, que podía confiar.

Ella dudó un segundo más, pero luego extendió su manita pequeña y aceptó la de Tom.

Cuando sus pies tocaron el piso de grava, no duró ni un instante ahí.

Tom se agachó, la levantó en brazos con una facilidad que me dolió en el alma, y la cargó contra su pecho como si llevara algo infinitamente precioso. Victoria se quedó quieta, abrazando su peluche de lobo blanco, la carita escondida en el cuello de él.

El caminó hacia la entrada sin mirar atrás, yo los seguí con el corazón latiéndome tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho.

Al entrar al vestíbulo principal, Tom llamó con voz firme pero suave:

—Nataly.

La Omega apareció casi de inmediato, con la cabeza baja y las manos juntas.

—Lleva a la niña a la habitación de Bill —ordenó —Quédate con ella. No dejes entrar a nadie hasta que yo diga. Y prepara un cuarto para ella… algo bonito, con juguetes, ropa, todo lo que necesite una niña de su edad. Diles a los demás Omegas que lo hagan rápido.

Nataly asintió.

—Sí, jefe.

Yo me acerqué rápido y le tomé la mano a Victoria antes de que se la llevara.

—Cuídala mucho, por favor —le dije, la voz quebrada—Es… es todo para mí.

Nataly me miró a los ojos por primera vez. Había algo suave ahí, casi compasivo.

—Claro, señor Bill. La cuidaré como si fuera mía.

Tom me tomó del brazo de repente. Fuerte. Sin darme tiempo a reaccionar.

—Vamos —gruñó, arrastrándome hacia las escaleras.

Me quejé del dolor al instante ,el agarre era demasiado, los dedos clavándose en mi piel magullada por la pelea anterior, pero él no me soltó.

Subimos las escaleras ignorando mis protestas, atravesamos el pasillo y entramos a su habitación.

Cerró la puerta de un portazo que hizo temblar el marco.

Me soltó tan brusco que tropecé hacia atrás y me apoyé en la pared para no caer.

—¿Qué mierda te pasa? —le espeté, frotándome el brazo—¿Crees que puedes arrastrarme como a un perro?

Tom se giró hacia mí con los ojos dorados encendidos.

—¿Que qué me pasa? —rugió— ¡Te escapaste, Bill! ¡Te llevaste a mi hija sin decirme una palabra! ¡Después de todo lo que pasó, de que te marqué de nuevo, de que te dije que quería arreglarlo todo! ¿Y tú decides huir como si yo fuera un monstruo?

La furia me salió en oleadas.

—¿Un monstruo? —repetí con la voz subiendo— ¡Sí, Tom! ¡Eres un monstruo! ¡Me dejaste embarazado a los quince y desapareciste! ¡Me hiciste creer que no valía nada, que nuestro amor era una mierda que se podía tirar! ¡Crecí sola con Victoria, llorando por las noches porque no sabía dónde estabas! ¡Y ahora apareces como si nada, con tu manada, tus armas, tu novia celosa, y crees que puedes reclamarme como si fuera tuyo!

Tom dio un paso hacia mí, la cara roja de rabia.

—¡Yo no desaparecí por gusto! ¡Me obligaron a irme! ¡Mi madre tenía deudas, me mandaron con mi abuela una semana y cuando volví me dijeron que te ibas a casar con otro! ¡Me rompí, Bill! ¡Me volví esto porque pensé que tú me habías dejado! ¡Porque creí que elegiste a otro Alfa en vez de a mí!

—¡Mírate! ¡Eres un narcotraficante, Tom! ¡Vives rodeado de sangre y muerte! ¿Crees que quiero eso para Victoria?

El se detuvo. La furia en sus ojos se quebró un poco. Dio otro paso, pero esta vez más lento.

—No… no quería esto —dijo, la voz más baja, casi rota— No quería convertirme en esto. Pero cuando pensé que te habías ido con otro, que me habías reemplazado… me rompí. Me metí en lo peor porque no me importaba nada. Porque sin ti no había nada—se acercó más….yo retrocedí hasta chocar con la pared otra vez—Pero ahora lo sé —siguió con la voz temblando— Sé que no había otro. Sé que Victoria es mía. Nuestra. Y cuando la vi… Bill, cuando la vi en brazos de tu madre, con esos ojos… mis ojos… sentí que volvía a respirar después de años ahogado—me miró fijo, con lágrimas acumulándose en sus ojos dorados—Te amo —susurró—Nunca dejé de amarte. Aunque te odiara por creer que me habías dejado. Aunque me odiara a mí mismo por convertirme en esto. Te amo. Y amo a esa niña aunque no la conozca. Quiero ser su padre. Quiero ser tu Alfa. Quiero arreglarlo todo.

Yo temblaba. La furia todavía ardía, pero debajo había algo que dolía más: el amor que nunca se fue del todo.

—No sé si puedo confiar en ti —dije, la voz quebrada—No después de todo.

—Lo sé. Pero no me voy a rendir. No esta vez. Te voy a demostrar que puedo ser mejor. Por ella. Por ti.

Se quedó quieto, a un metro de mí, sin tocarme. Esperando.

Y yo, por primera vez en años, no supe qué decir.

Me quedé mirándolo en silencio un momento largo, con mi pecho subiendo y bajando con respiraciones rápidas y entrecortadas.

La habitación parecía más pequeña, el aire más denso.

Él seguía ahí con los hombros tensos y los ojos dorados fijos en los míos, esperando algo que no sabía si podía darle.

Tragué saliva y hablé por fin, la voz baja pero firme.

—Si quieres conocer a Victoria… si quieres una buena vida con ella… y conmigo… tienes que cambiar muchas cosas, Tom.

Él no apartó la mirada.

Vi cómo su mandíbula se tensaba un segundo, cómo sus puños se abrían y cerraban a los lados del cuerpo.

Pero no me interrumpió.

Solo asintió despacio, una sola vez.

—Lo sé —dijo, la voz ronca— Y lo voy a hacer.

No esperó más.

Dio un paso adelante, me tomó la cara con ambas manos ,suave esta vez, sin fuerza y me besó.

Fue un beso lento, profundo, lleno de todo lo que no habíamos dicho en años: arrepentimiento, deseo, promesas rotas y otras nuevas.

Sus labios contra los míos sabían a sal y a él, a todo lo que había extrañado sin querer admitirlo.

Cerré los ojos y, por un instante, dejé que el mundo se detuviera.

Cuando se separó, su frente se apoyó contra la mía.

—Voy a cambiar —susurró—Por ella. Por ti.

Y en ese momento, no supe si creerle del todo.

Pero por primera vez en mucho tiempo… quise hacerlo.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 🙂

por Beth Kaulitz99

Escritora del Fandom

2 comentario en “Luna oculta 11”

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