Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 1
A pesar de todo tipo de intento, la llave no entraba en la cerradura, haciéndome formular en la mente una buena lista de maldiciones. Resoplé frustrado y le metí un buen puntapié a la puerta provocando solamente que los dedos debajo de la zapatilla me doliese.
Empezaba a extrañar Alemania.
<< No creo que se abra así. >> Musitó divertida una voz tan suave como el terciopelo, detrás de mí.
Me giré avergonzado y me encaré con la perfección en persona. Noté como la boca se me abrió lentamente y como los ojos me destellaron de encanto.
Un joven delgado pero fornido, revestido de una piel suave y algo bronceada y de cabello negro, peinado en trenzas, se situaba detrás de mí y de mi desordenado par de maletas negras que había dejado tiradas en el piso junto a mis pies. << Emm… ah… >> Genial, no pude articular nada inteligible o que tuviese significado alguno.
<< Déjame adivinar, eres Bill, ¿Cierto? >> Me sonrió mostrándome la perfecta hilera de dientes blancos, deslumbrándome.
Vaya, una perfecta sonrisa era enmarcada por unos labios aparentemente suaves y rosados; aquello era lo más bello que había visto en lo que había llegado a Venecia.
<< ¿El amigo de Andreas? >> Preguntó, algo dudoso.
¡Maldición! ¿Era necesario pegarme una bofetada para reaccionar? Sí, quizá sí; pero sólo me limité a sacudir ligeramente la cabeza.
<< Sí, sí. >> Me aclaré disimuladamente la garganta. << A las dos preguntas, sí. Me sonrió con más ganas, como si me conociera de hace años y me desarmó por completo. Algo nuevo para mí.
<< ¿La puerta no abre? >>
<< ¿Ah? No, no… >> Bajé la cabeza para ocultar el traicionero rubor de mis mejillas. << la llave no entra. >>
<< ¿No entra? Uhm… ¿Me permites? >> Estiró la mano con la palma extendida hacia arriba. ¿Qué me creía? ¿Un tonto?
Me atreví a levantar la vista para mirarlo. Era dueño de unos bellos ojos donde parecía que el mismísimo Picasso había creado una obra de arte. Le di la llave confiando completamente en aquel hermoso extraño.
Se acercó a la puerta de aquel departamento e intentó sólo una vez meter la llave a la cerradura, cosa que no funcionó.
<< Uhm… >> La miró. << creo que te dieron la llave equivocada…
<< ¿Tú crees? >> Dije, sarcástico.
Él río y el soplo de su risa me acarició el rostro. Me obligué a aterrizar de nuevo en la Tierra puesto que había volado más allá de la última nube del cielo. Qué emociones tan extrañas estaba experimentando.
<< ¿Eres… vecino? >> Pregunté, esperanzado, anhelando realmente que dijera que sí, que era dueño de alguno de los otros departamentos que había en este edificio.
<< No, no.
<< ¿Entonces… cómo sabes mi nombre y que soy amigo del chico que vive aquí? >> Hice una pausa frunciendo el ceño. << Andreas Gunher vive aquí, ¿cierto? >> Pregunté, receloso.
Él río aún más, como si mi ingenuidad le resultara graciosa. Bueno, quizá para él sí. << Sí, Andreas vive aquí. >> Señalo el departamento marcado con el 483 en el que antes había intentado meter la llave. << Es raro que no se encuentre. >> Dijo sorprendido. << Y bueno, él me habló de ti, me dijo que esta noche llegarías y estaba muy emocionado por la noticia. >> Me sonrió.
<< ¿Y tú eres…? >> Entrecerré los ojos
<< ¡Oh! Perdóname, qué descortés. Me llamo Tom Kaulitz. >> Me extendió la mano para saludar.
Miré su palma esperando que yo la tomase y así lo hice.
<< Bueno, Tom. Sabes mi nombre. >> Uní mi mano a la suya y estas se fusionaron como dos engranes hechos a la medida.
El calor corporal de su mano y la varonil suavidad de su piel hicieron que el rubor corriera travieso de nuevo por mis mejillas.
<< Muy bonito, por cierto. >> Sonrió haciendo referencia al nombre. El rojo se intensificó más. << ¿Qué tal el viaje? >> Preguntó.
<< Cansado. >> Suspiré. << Así que, si no te molesta, me sentaré a esperar a Andreas.>> dejé resbalar mi cuerpo por la pared beige hasta llegar al piso gris alfombrado. Vaya que era un lugar triste para vivir.
<< ¿Te molesta que lo espere contigo?
<< Por supuesto que no. >> Traté de sonar casual.
Me sonrió y se sentó a mi lado recargando su espalda en aquella pared y cruzando sus piernas en el suelo. Los jeans que traía se le ajustaron más. Desvié mi mirada ignorando el puño de pensamientos poco coherentes que mi mente había producido. Sentí hambre y busqué en mi mochila alguna comida chatarra que no había terminado en el vuelo. Afortunadamente encontré un paquetito de galletas de chocolate con un par.
<< ¿Gustas? >> Le ofrecí.
<< No, gracias. >> Me sonrió. Me miraba como si fuese algo… poco común, pero divertido.
<< Tengo hambre. >> Me encogí de hombros, un tanto cohibido.
<< Adelante. >> Me animó a morder la galleta.
Me comí una de forma rápida y me sacudí las migas que habían caído de ella. Noté que Tom me miraba.
<< ¿Extrañas Alemania?
<< Un poco. >> Admití. << Pero siempre son buenos los cambios. >>Dije mientras comenzaba a morder la otra galleta. << Espera, ¿cómo sabes que vengo de Alemania? >> Exigí saber. Este chico sí que conocía mucho de mí cuando para mí era un desconocido total. Sin embargo, no me asustó en lo absoluto.
<< Andreas me lo dijo. Me habló tanto de ti. >> Respondió.
<< Oh… >> Reí. << Espero que hayan sido cosas buenas.
<< No te preocupes. >> Sonrió. << Eres su amigo. ¿Qué cosas malas podría decir de ti? << No sé, quizá que… me encanta desayunar en pijama. >> Me encogí de hombros. << O que me encantan las galletas de chocolate con mantequilla de maní.
<< Desayunar en pijama es cómodo. >> Admitió. << Y cada quien tiene sus gustos raros, a mí me encantan los chocolates de menta.
<< Eso no es tan raro.
Ambos reímos entre tanto que yo aplacaba mi hambre mordiendo de nuevo la galleta. El sonido de nuestras risas ya no tuvo cabida de ser opacado por el grito de júbilo de una voz familiar.
<< ¡Bill! >> Gritó efusiva esa voz masculina que tanto había extrañado. Corrió hacia mí y se agachó para abrazarme. Apretó los brazos alrededor de mi cuerpo y yo le respondí, era tanto el tiempo que había estado separado de mi mejor amigo y conversaciones telefónicas no llenaban totalmente el vacío.
<< ¡Pero como has cambiado!
<< ¿Cuál cambio? Sigo igual que la última vez que nos vimos. >> Dije y me separé.
<< Por favor, tu cabello es diferente, está corto ahora. >> Observó.
<< ¿La maraña de pelos que cargo en la cabeza? Sigue igual de despeinada que hace años.>> Bromeé. << Pero tú tampoco has cambiado tanto.
Efectivamente, Andreas no había cambiado en lo absoluto.
<< Ejem… >> El chico que estaba a nuestro lado, Tom, se aclaró la garganta haciéndose notar.
Ambos lo miramos.
<< Oh, lo siento. >> Dijo Andreas dándole un rápido abrazo con uno de sus brazos. << Es que estoy emocionado. >> Dijo y la flamante sonrisa en su rostro se expandió aún más cuando me miró. << ¡Hay tantas cosas que quiero contarte! >> Me avisó.
<< ¡Yo también! << Musité emocionado.
<< Supongo que ya se conocieron. >> Volvió su atención a Tom.
<< Sí. >>Dijimos al unísono y luego reímos de nuestra sincronización.
<< ¡Ah! Esto será genial. >> Exclamó Andreas.
Se levantó del piso junto con Tom, mientras yo me quedé allí sentado.
<< ¿Pero ¿qué haces allí? Levántate, ¿por qué no entraste?
Él me extendió la mano para ayudar a levantarme. El deseo de tocar su excitante piel de nuevo me invadió al ver la palma de su mano extendida hacía mí. La tomé y me ayudó a separarme del piso.
<< Gracias. >> Murmuré.
Él sólo me sonrió, separando los dos engranes que se habían unido de nuevo. << Lo cierto, Andreas, es que me dejaste la llave equivocada. >> Me quejé, intentando mirar a mi amigo y no a la perfección que tenía a mi lado.
<< ¿La llave equivocada? >> Se sorprendió.
<< Sí. >> Le di la llave que guardaba en el bolsillo de mi chaqueta.
<< Oh, lo siento. >> Me sonrió. << Sí, me confundí. >> Buscó entre su bolso y encontró un juego de tres llaves. << Esta era. >> Se quedó en silencio un momento. << Esto me recuerda a que tengo que darle las gracias a la señora Montórfano por hacerme el favor de entregarte la llave.
<< ¿La vieja gruñona del 481? >>Pregunté, apuntando con mi dedo índice hacía dicho departamento.
<< Oye, no es tan gruñona; es linda cuando quiere. >> Se encogió de hombros. << Y digamos que casi nunca quiere, ¿verdad? >> Hice un ademán de susto. La vieja no se había comportado del todo amable conmigo. << ¿No pudiste haberme dejado la llave con otra persona menos… amargada?
Tom rio.
<< Exageras. >> Andreas negó con la cabeza y rio. << Me imagino que estás cansado así que agradéceme que ya tengo lista tu habitación. >> Me regaló una sonrisa de autosuficiencia mostrándome todos esos dientes blancos de tamaño mediano.
<< Te agradecería más si abrieras esa puerta ya. >> Bromeé.
Andreas rio e introdujo la llave a la cerradura haciendo que la puerta se abriera finalmente. Me tragué una exclamación de victoria.
<< Pasa y acomódate, en unos minutos estoy contigo. >> Anunció y me indicó que me introdujera al departamento.
Intenté levantar del suelo mi par de maletas, pero Tom se me adelantó.
<< Permíteme. >> Las tomó, una con cada mano y fue detrás de mí, acomodándolas en la orilla de la sala.
<< Gracias. >> Musité y le regalé una tímida sonrisa.
Él me la devolvió y aquel afecto me produjo una oleada de inspiración; como lo que necesita un poeta para su poesía, o un escritor para una nueva historia. Salió por la puerta y fue con Andreas de nuevo, no pude evitar mirarlo mientras caminaba hacia la salida.
El estómago me rugió y me di cuenta que aún traía la galleta mordisqueada en la mano. Me senté en una de las sillas cerca de la cocina. Mordí el pequeño pedazo que me quedaba y mastiqué perezosamente.
<< Vine a buscarte para entregarte el CD que le prestaste a mi hermano. >> Dijo Tom con su voz de terciopelo en la puerta del departamento.
<< Tom, amor. No tenías por qué preocuparte, le dije a Derek que me lo devolviera cuando quisiera. >> Contestó Andreas.
Me atraganté con la galleta. ¿Amor? ¿Cómo que amor? Oí perfectamente el chasquido de los labios de Andreas contra alguna parte de la cara de Tom mientras yo intentaba tragar el pedazo de galleta que se me había atorado en la garganta, sintiendo como me raspaba.
Continúa…
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