Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 10

La tarde había llegado y el sol se había ocultado ya en algún punto del cielo cuando volvimos del departamento. Había sido increíble haber pasado todo un día con Tom cuando no estaba en mis planes. Me sentía mal a veces de haber utilizado a Georg en varias ocasiones para sacarle ese rostro adusto y un ceño fruncido a Tom. Pero más allá de la remota culpa, me sentía bien.

<< ¡Ah! Fue un día excelente el de hoy. >> Dijo Georg, riendo complacido.

<< Lo fue. >> Concordé. << Gracias, Georg.

Besé su mejilla ligeramente coloreada por una bella pincelada rosa y crucé los dedos por que el ceño fruncido de Tom apareciera de nuevo en su bello rostro. Lo miré de reojo cuando me alejé de Georg y lo vi con las manos en sus bolsillos y la mirada baja, como si quisiera evitar ver. La fierecilla se decepcionó.

<< Hasta luego, Geo. >> Le dije.

<< Hasta luego. >> Rió, tímido, luego dio la vuelta y se introdujo al departamento de su tía. Miré a Tom, quien ahora esbozaba una linda sonrisa. ¿No le había afectado en nada mi patético intento por ponerlo celoso?

<< Qué grosero es Georg, no se despidió de mí. >> Dijo, pero mantenía aún esa sonrisa. << Es un poco despistado, no te lo tomes a mal. >> Sonreí. Abrí la puerta y él me siguió.

<< Son las seis y treinta de la tarde, ¿qué quieres hacer? >> Me preguntó. << Estuve caminando casi todo el día por la plaza, no creo que me queden ánimos de hacer algo más. >> Dije, aventándome al sofá y dejando la rosa roja sobre la mesa de centro.

<< ¿Quieres jugar cartas? >> Sugirió, sentándose a mi lado.

No, siempre me ganas. >> Hice un mohín y él rió por lo bajo.

<<Bueno, qué tal… ¿Ver una película?

<< Ya vi todas las que Andreas tiene, y me da pereza ir a rentar una. Lo siento.

<< Está bien, ¿por qué no jugamos a las diez preguntas? >> Insistió.

<<Bueno, creo que eso puedo hacerlo sentado aquí. >> Reí y me crucé las piernas sobre el sillón, acomodándome para quedar cara a cara con Tom.

<< Está bien, comienza tú. >> Dijo.

<< Me dijiste que te gustaba la música, ¿alguna vez has escrito una canción?

<< Sí, tengo algunas letras, pero no son tan buenas. >> Sonrió y bajó la cabeza.

<<Estoy seguro de que son geniales. >> Animé.

<< Siguiente pregunta. >> Rió.

<< ¿Algún día me enseñarás una?

Me miró y rió de nuevo por mi insistencia.

<< Está bien, algún día. >> Prometió.

<< Bien, veamos… >> Pensé. << ¿Tú punto más cosquilloso?

<< Uhm… el cuello. >> Dijo, como quien no quiere la cosa.

<< ¿Qué hay de tu futuro? >> Pregunté, meramente curioso. Se encogió de hombros, elegante.

<< Sólo estoy seguro de una cosa. No seré administrador como Derek. >> Rió. << A lo mejor, quizá, compositor.

<< ¿Compositor? ¡Dios, eso sería genial!

<< Gracias.

<< ¿De qué hablan las canciones que escribes?

De la vida, de mí, del amor… >> Se encogió de hombros de nuevo. La fierecilla se removió y me animó a preguntar.

<<¿Alguna vez le escribiste alguna a Andreas? >> Inquirí, temeroso por la respuesta, porque la fierecilla no sólo era terca, también era sensible. Se quedó serio por un segundo, con un semblante duro e inexpresivo. La fierecilla se removió curiosa, inquieta e impaciente.

<< Me da pena admitirlo. >> Bajó la mirada. << Pero no. >> Musitó.

<< ¿Por qué no? >> Mi ceño se frunció pero la fierecilla sonreía alegremente. << Es que… >> Elevó una de sus manos hasta su cabeza y la rascó despeinando su cabello. << Lo intenté, de verdad, pero las palabras que salían y las frases que se formaban… simplemente no me gustaban. No eran buenas.

<< Pero al menos lo intentaste, y ya sabes lo que dicen «La intención es lo que cuenta»

>> Le sonreí, aliviado y feliz.

<< Supongo. >> Asintió, riendo. <<Siguiente pregunta.

<< Está bien, veamos… ¿Qué pensaste de mí la primera vez que me viste? >>Sonrió, dejándome ver todos esos hermosos y perlados dientes.

<< Que eras Bill, el amigo de Andreas. >> Dijo.

<< No eso, eso ya lo sabías. Me refiero a la primera impresión.

<< Oh, bueno. Recuerdo que me reí porque peleabas con la puerta. >> Sonrió. << Y pensé que eras divertido; luego me seguiste la plática, entonces supe que eras sociable; para después deducir que eras agradable porque era fácil reír contigo.

Oh, vaya. Gracias. >> Musité, ligeramente ruborizado.

<< Siguiente pregunta.

<< ¿Qué extrañas más de Alemania?

<< Diría que mi familia, pero ellos viven aquí, así que… >> Pensó. << tal vez mi antigua universidad; me gustaban las fiestas. >> Rió. << Siguiente y última pregunta.

<< ¿Me las estás contando?

<< ¡Claro! El juego se llama «diez preguntas», ¿no?

<< Está bien, está bien. >> Manoteé. Pensé muy bien mi última pregunta, y sólo se me vino a la mente la que había estado pensado desde el inicio del juego, incluso mucho antes. Pero no sabía si hacerla era buena idea, sin embargo la fierecilla insistió hasta que las palabras salieron de mi boca con sumo cuidado.

<< ¿Por qué te fuiste de Alemania? >> Musité, tímido y con la voz apenas audible. Él se quedó en silencio de nuevo y luego bajó la mirada. ¡Tonto, tonto, tonto! Me decía una voz interna; si no se lo contó a Andreas, no sé porqué tenía la esperanza de que me lo contara a mí.

<< No quería estar más en ese lugar. >> Comenzó, con un tono de voz que se fue haciendo agrio conforme hablaba. Iba a conformarme con aquella respuesta, creyendo que él ya no seguiría hablando; pero su boca se abrió de nuevo… ¿Estaba dispuesto a contarme a mí… todo?

<< La razón fue un chico, Devon. >> Su mirada estaba gacha, puesta atenta en el negro cojín del sillón.

<< Él fue mi novio durante un año, estábamos bien, o eso creía yo, hasta que un día llegué a casa y mamá me dijo que Devon se había ido y me había dejado una nota, una especie de carta o algo así… >> Se quedó en silencio y respiró de forma notable varias veces, mientras que yo sólo observaba cómo su perfecto abdomen se inflaba y se desinflaba bajo la camisa que vestía; luego continuó.

<< Subí a mi habitación y me senté a leer la nota; decía que se iba, que no lo buscara y que era el fin de nuestra relación. Que lamentaba que eso tomara tanto tiempo y que se iba simplemente porque se merecía algo mejor que yo… >> Su semblante de ángel ahora parecía como si estuviese tallado en piedra, con una expresión hostil y entristecida a la vez.

<< Terminé el año que me faltaba para graduarme y salí corriendo de ese lugar tan pronto como pude; lo primero que se me ocurrió fue ir hasta Japón, pero llegué primero a Italia. Me gustó y descubrí que era lo suficientemente lejos de ese lugar, así que decidí quedarme. Mi familia se mudó al año siguiente, cerca de mi departamento. Mientras me iba esforzando en no recordar aquello ni nada de ese lugar. No te voy a negar, que sí me dolió. Yo lo quería bastante y para él simplemente no fui suficiente… >> Su voz se perdió, y luego el silencio apareció de nuevo, y supe que ya no hablaría.

<< Qué estúpido. >> Farfullé, incrédulo y él me miró.

<< ¿Disculpa?

<< Devon, es un estúpido. >> Dije. << Me disculparás pero, ¿qué no eras suficiente? ¿Qué se merecía algo más? ¿Acaso existe algo mejor que tú? >> ¡Cállate! Me gritó la voz y capté la última pregunta que había salido de mi boca, el rubor corrió traicionero y sentí vergüenza; pero Tom me miraba enternecido, y mi corazón se conmovió dentro de mí, así que seguí hablando pero ahora consciente de lo que decía.

<<Qué tonto fue. >> Musité. << Porque no vio que eres un chico increíble, talentoso, atento y divertido, además de muy lindo. >> Él esbozó una sonrisa de medio lado. <<Estoy seguro de que jamás encontró ese algo mejor porque simplemente no lo hay. >> Continué. << Qué lastima que te haya dejado ir, porque no supo que lo que dejó escapar fue como un tesoro, que ya no recuperará; por eso digo que Andreas es muy afortunado. >> En lo último de mi frase, la voz se me entristeció, pero él sonrió y aquella sonrisa le dio motivo a mi corazón para palpitar fuertemente.

<< Qué lindo eres, Bill. >> Musitó y el corazón comenzó a latirme más y más rápido, expandiéndose por todo mi pecho. << Gracias.

Sonreí apenas pude, porque aún estaba un poco atontado intentado calmar a mi bombeador de sangre.

<< ¿Sabes? >> Me dijo. << Eres a la primera persona a la que se lo digo. >> Cuando creí que mi corazón había vuelto a su tamaño normal, volvió a agrandarse completamente conmovido.

<< Gracias por tenerme la confianza. >> Murmuré.

<<Gracias por escucharme.

Le sonreí de nuevo, aún sin comprender cómo es que aquel chico lo había dejado ir. << Pero basta de mí, te toca. >> La sonrisa alegre apareció de nuevo en su rostro y esperé a que dijera la primer pregunta. << ¿Qué te inspiró a ser fotógrafo? << Mi papá. >> Dije. << Le gustaba mucho tomarnos fotos, a mí y a mi mamá y me gustaba cuando me sentaba en sus piernas y me las mostraba una por una, y luego me daba un abrazo. Me hacía sentir protegido. >> El recuerdo llegó hasta mi garganta, quebrándome la voz.

<< Seguro tu padre está muy orgulloso de ti, donde sea que él esté. >> Me acarició la rodilla con cariño y me sonrió.

<<Gracias.

<< Dime, ¿qué hay con el chico de Hamburgo? >> Inquirió y me reí por el cambio de tema tan repentino.

<< ¿Cuál chico? >> Dije, un poco confundido.

<< Del que le hablaste a Georg hoy, sobre tu amigo…

<< ¡Oh! Eso, mmm… >> Recordé mi pequeña mentira y rebusqué algunas palabras para formar la respuesta que él me pedía. << bueno, como tú dijiste, ya no importa, ya se quedó allá. >> Me preguntaba si había notado mi nerviosismo.

<< ¿Te has enamorado alguna vez? >> Su mirada se clavaba en mi rostro con intensidad, haciendo que mi corazón se trabara en sus latidos.

<< Existió un chico, Eric. >> Expliqué. << Pero, no funcionó. >> Me encogí de hombros.

<< ¿Por qué no funcionó?

<< Bueno, éramos muy distintos. Yo amaba la fotografía y el arte y él… no era muy trabajador que digamos. >> Reí. << Pero era un buen chico.

<< ¿Entonces buscas a alguien con quien puedas congeniar?

<< No lo busco, Tom. Tengo una creencia de que él sólo llegará.

<< El destino.

<< Quizá. >> Me encogí de hombros.

<< Dime, Georg es… >> Parecía como si luchara con las palabras para encontrar las adecuadas. << bueno, se nota que te llevas muy… bien con él. ¿Te gusta? >> Sin embargo, también parecía apenado por su pregunta.

La fierecilla se emocionó al oír la pregunta que esperaba. «Dile que sí, dile

que sí» me decía, pero la ignoré mandándola al rincón de donde había salido.

<< Georg es… un gran chico. Pero…

<< Tú le gustas. >> Me interrumpió.

<< No creo gustarle más que Gustav. Y la respuesta es… que quizá me agrade un poco, pero, me quedo como su amigo.

<< Eres sincero. >> Esbozó una delicada sonrisita. << Y, quiero conocer a ese chico,

Gustav. Me hablas de él y no sé ni siquiera quién es. >> Me reí.

<< Es el chico del laboratorio de fotografía. Algún día te llevaré.

<< ¿Prometido?

<< Prometido. >> Reí. << Siguiente pregunta.

<< ¿Qué te contó Derek el otro día?

<< ¡Tramposo! >> Negué con la cabeza riendo. << No te voy a decir, no seas curioso,

Kaulitz . >> Me miró y enarcó una ceja. << Perdón, Tom. >> Sonrió. << Y no te diré.

<< ¿Tiene algo que ver conmigo?

<< Contigo, conmigo, con Georg, con todos. >> Divagué. << Última pregunta.

<< ¿Ya es la última?

<< Así es, curioso. >> Asentí.

<< Está bien. Bueno, tú conoces a Andreas mejor que nadie, y me conoces bastante también a mí, ¿cierto? >> Asentí. << Bien, ¿crees realmente que Andreas y yo…? No, ya sé, ¿crees que Andreas es lo mejor para mí y yo para él? >> Abrí los ojos de par en par, ¿qué? ¿Ahora dudaba? ¿Y me preguntaba a mí?

<< Bueno, mira… >> Balbuceé y me humedecí los labios, repentinamente secos. << No se trata de lo que opine o de lo que la gente diga, aunque tú los has oído, dicen que ustedes son la pareja perfecta; pero te repito, los comentarios de la gente no importan, lo que verdaderamente importa es lo que tú y él sienten. Si lo amas, y él a ti, ¿qué importa lo demás? >> Tenía la mirada baja al igual que la cabeza que ligeramente se inclinaba hacia abajo.

<< Gracias. >> Musitó.

<< Cuando quieras, Tom.

Levantó la mirada de pronto e hizo que me corriera hacia atrás por el repentino movimiento.

<< Tengo que irme, discúlpame con Andreas, ¿sí? >> Se levantó del sofá y caminó hasta la puerta.

<< ¿Por qué te vas? >> Inquirí, desorientado, aún sentado sobre el sofá.

<< Las preguntas se acabaron, Bill. >> Sonrió. <<Hasta mañana. >> Y salió por la puerta. Dejó la habitación vacía y a mí en ella. Cuando lo capté, pude distinguir también un fiero deseo de mantener su presencia aún allí, conmigo. Giré sobre mi asiento y miré la rosa sobre la mesa, suspiré. Salí disparado a mi habitación y rebusqué en el cajón inferior de mi mueble aquellas fotos con el rostro de ángel. Me quedé sentado en suelo de la habitación, recargado en uno de los lados de mi cama, mirando lo que tenía en las manos.

¿Qué era eso que sentía en mi pecho? ¿Por qué el corazón se me aceleraba cuando no debía? ¿Por qué… sentía que Tom me gustaba? Era sumamente atractivo, sin duda y sensacional, también.

Estar a su lado era como no querer que el tiempo avanzara, querer detener las manecillas del reloj y mandarlas en sentido contrario. Su mirada angelical era como una fábrica de luces. La sonrisa que miraba en su rostro me llena de algo que es inexplicable. Él de alguna forma me hacer recordar lo que es sentir, saber que uno existe.

Tom Kaulitz , como sea; el nombre es lo de menos, porque ahora me invadía una angustia palpable que me comenzó a cortar la respiración y hacía que las manos desprendieran sudor frío.

No. Yo podía fijarme en cualquier chico, cualquiera. Excepto en uno. Arrojé las fotografías dejándolas desordenadas por todo el interior del cajón y lo cerré abruptamente. Yo no podía fijarme en Tom.

<< ¡Bill! >> La voz de Andreas apareció lejos, junto a la puerta de entrada que apenas había cerrado para introducirse al departamento y como impulsado me levanté del suelo y salí de mi habitación. Miré a Andreas.

<< Hola. >> Musité.

<< ¿Dónde está Tom? >> Preguntó, dejando su bolso sobre el sofá.

<< Se fue.

<< ¿Cómo? ¿Vino y se fue?

<< Sí. >> Me encogí de hombros. << Me dijo que lo disculpara contigo pero que tenía que irse. >> Tragué saliva escandalosamente.

<< ¿Estás bien?

<< ¿Yo? Claro, ¿Por qué no he de estarlo? >> Farfullé, queriendo sonreír.

<< Pues, te conozco y pareces nervioso.

<< ¿Nervioso? ¿Yo? >> Reí. << No, para nada.

<< Bill. >> Me miró, con esos grandes ojos color chocolate que me acusaban. << Ay, ¿sabes? Olvídalo. >> Manoteó, restándole importancia al asunto. << Vengo muy cansado hoy. >> Bostezó y luego miró hacia la mesa de centro. << ¿Y esa flor?

Abrí los ojos sorprendido.

<< Eh… emm… >> Tartamudeé.

<<¿Te la dio Georg? >> Especuló con el rostro ansioso.

<< Tom. >> Solté.

<<¿Te la dio Tom? >> Su ceño se frunció, y la voz se le bañó radicalmente de un matiz de confusión.

<< ¡No! Quiero decir que Tom te la dejó a ti, es para ti. >> Dije, mientras sentía que la fierecilla pataleaba y gritaba ¡Es mía!

<< ¿Hizo eso? >> Su semblante cambió y se volvió tierno y dulce, como era. << Qué lindo es. >> Se acercó a la rosa y la tomó para luego percibir el aroma. << Tengo que ponerla en agua. >> Sonrió y yo suspiré, aliviado y con pesar. Aliviado porque había salido del lío que por poco y se iba a armar, con pesar porque la rosa ahora estaba en las manos equivocadas, que irónicamente era en las que deberían estar.

Me senté en una de las sillas de la barra mientras veía cómo Andreas sumergía el tallo de la rosa en el agua de un florero pequeño.

<<¿Y qué tal tu día con Georg?

<< Genial. >> Musité con aplomo.

<< Ay, pero lo dices como si no te hubiese gustado. >> Su aguda voz se acercó cuando él se sentó a mi lado.

<< No, es que estoy cansado, ya me conoces. >> Sonreí.

<< No es justo, ¿sabes?

<< ¿Qué cosa? >> Lo miré.

<<Que no pueda pasar tiempo contigo, ¡eres mi mejor amigo y casi ni hablamos! Yo con mi trabajo y con… Tom.

<< Andreas, vivimos en el mismo departamento, como queríamos desde niños,

¿recuerdas?

<< Sí, y aún así casi no te veo. No es justo.

<< Está bien, tenemos los domingos. >> Dije.

<< Un día de siete. >> Hizo una mueca.

<< Me gustaría pasar más tiempo contigo, Andy ; como cuando éramos niños, pero ya no lo somos. Tú tienes trabajo y yo muchas cosas que hacer. Pero al menos lo compartimos y eso es lo que cuenta.

<<Me siento muy afortunado, ¿sabes?, tengo el mejor amigo del mundo y al novio más lindo del planeta. >> Rió. << Además del trabajo que quería. >> No sabía porqué me sentía culpable cuando él dijo «el mejor amigo del mundo» y celoso cuando dijo «el novio más lindo del planeta». Sonreí y lo abracé. Si había un amigo excelente, ese era

Andreas. No yo.

<<Tengo que dormir, Andreas.

<< ¡Ay, no! >> Exclamó como niño pequeño. << ¿No vas a cenar?

<< Estoy cansado.

<< ¡Vamos! Cena conmigo, ya van varias veces que me dejas cenando solo.

<<Está bien, está bien, ¿qué cenamos?

La sonrisa de Andreas se expandió alegre por su rostro.

Miré a través de la ventana el cielo completamente oscurecido y conté las escasas estrellas que había esa noche. Miré luego el reloj, iban a ser la una y treinta de la mañana y yo aún no podía dormir. Me acurruqué entre la cobija y suspiré.

No podía seguir ignorando a la fierecilla dentro de mí, porque sus pensamientos ya no iban en total desacuerdo con los míos. Pero aún conservaba un poco de cordura en alguna parte de mi cabeza que me decía que no podía enamorarme de Tom. Era tan intocable como el fuego, tan prohibido como romper alguna ley; era el novio de mi mejor amigo, y yo debía dar marcha atrás los pasos que no debí caminar. Con la

cabeza llena de pensamientos ilógicos logré dormir esa noche

Continúa…

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por Space_witch_111

Escritora del Fandom

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