Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 14
<< No te preocupes, Bill. >> Me dijo. << Demuestra que eres maduro que sabes cómo sobrellevar esto, a lo mejor yo me equivoco y no es más que un amor pasajero, ya sabes, esos de «verano» >> Volvió a hacer las comillas. << Aunque en vez de verano sería invierno. >> Dijo y rió por lo bajo, festejándose su pequeña broma
<<Ojalá te equivoques. >> Musité. Él rió.
<< Bill, yo no voy a decirte qué es lo que tú sientes, ¿lo amas? Eso sólo puedes contestártelo tú mismo. << Me aconsejó.
<<Gracias…
La tarde se había pasado volando, y desde que había vuelto al departamento después de tomar el café con Gustav, me quedé tirado sobre el sofá mirando el techo de la sala. ¿Yo lo amaba? ¿Cómo puede ser posible que ames a una persona en… un mes? Había un pasado un mes, o apenas iba a pasar, la cuenta exacta de los días no la llevaba, pero, yo no era de las personas que amaban en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo debía admitir que Tom se había ganado mi confianza, cariño y ternura en menos de una semana. Él era tan… especial. Como un diamante en bruto dentro de una mina, que aunque no le diera la luz del sol, brillaba con un resplandor abrumador. ¿Andreas se daría cuenta de ello? ¿Se percataría acaso de lo que tiene realmente a su lado? Me dolió el corazón cuando palpitó, no debería estar pensando aquello. Contemplé el techo por un rato más, especulando y hundiéndome en mis pensamientos, que iban de los más coherentes y razonables, hasta los más oscuros e ilógicos. Hasta que el timbre sonó, y todas las reflexiones se vinieron abajo cuando el corazón comenzó a latirme rápidamente al saber quién esperaba del otro lado. Y el placer de aquel latido era tan intenso que resultaba doloroso. Entonces comprendí que lo amaba. Y sino, terminaría haciéndolo tarde o temprano; pero estaba casi convencido de que lo que yo sentía iba más allá del simple querer, esto me lastimaba bastante pero… me gustaba. Fue cuando el timbre sonó de nuevo, insistente junto a unos golpes en la puerta, cuando recordé que Tom estaba detrás de la puerta. Y enseguida me levanté para abrirle. Pasar el tiempo con él era como no tener conciencia de la hora, no pensar ni preocuparse de nada, sentirte seguro y estar siempre riendo, aunque sabía que estaba mal. Pero cuando lo miré a mi lado, en el sofá, moviendo sus rosados labios al hablar con ese entusiasmo y encanto en él y luego reír con una melodía distinta en cada risa, mostrándome sus perlas blancas y gemelas, todas iguales de bellas; me hacía volar y tocar el cielo sin siquiera despegar los pies del suelo. Pero entonces mi tiempo se reducía a nada cuando Andreas llegaba y no me quedaba más que sonreír y caminaba hasta mi habitación y daba las buenas noches antes de desaparecer por la puerta y suspirar luego detrás de ella. Me aventé sobre la cama, como siempre lo hacía, mirando el techo que ya conocía bastante bien y especulando como lo hacía en la sala. Me resultaba irónico que los demás eran quienes hacían que me diera cuenta de mis propios sentimientos, que si estaba enamorado de él, que si estaba celoso, que si lo amaba. ¿Es que yo en verdad era tan torpe y terco? Pero más que mis problemas emocionales de los que no lograba percatarme, había otro grandísimo problema que tomar en cuenta. Andreas. Yo podría herirlo más de lo que me estaba hiriendo yo solo ahora. Él era tan frágil y yo me había convertido en el brujo de su cuento de hadas; al menos así me sentía. El día siguiente fue bastante raro, porque tenía una extraña necesidad de estar con él. Deseaba que la noche llegara sólo para poder verlo, mi alma lo ansiaba. Decidí distraerme con cualquier otra cosa, ya que esto no ayudaba mucho a mi plan de «Ignorar a Tom» cuando ayer mismo no me atreví siquiera a sostenerle la mirada por más de diez segundos. Esto no estaba funcionando.
Me asomé a la ventana y observé los autos pasar por la angosta calle, en el camino de faroles que esperaban encenderse en cualquier momento. Fui hasta mi habitación por mi cámara y volví a la ventana para capturar la escena que me había gustado, saqué sólo un par de fotografías para cuando el timbre sonó. Miré extrañado el reloj, que marcaba las seis con quince de la tarde, ¿quién podría ser a esta hora? Fui a abrir sin dejar la cámara y me sorprendió lo que vi. Era Tom quien me sonreía con lucidez y provocando que los latidos de mi corazón golpearan con ímpetu contra mi pecho. Su presencia me hizo mirar de nuevo el reloj, ¿no era muy temprano para que él estuviera allí? A lo mejor era una ilusión de mi mente y me lo estaba imaginando parado allí, lucia tan radiante pero… siempre lucia así.
<< ¿Qué haces tan temprano aquí? >> Pregunté, dejándole pasar.
<< Bueno, vine a invitarte a un lugar. >> Dijo, sin quitar aquella sonrisa encantadora.
<< ¿A mí? ¿A qué lugar? >> Mi corazón se emocionó y no pudo evitar brincar contra mi pecho.
<<Es una sorpresa.Vamos. >> Me tomó de la mano y al instante la piel ardió de un fuego que sólo su tacto ocasionaba.
<<Pero…
<< Es como una forma de decir «Lo siento» por lo del otro día. >> Musitó. Me vio la cámara en la otra mano y se apresuró a decir. << Sería un lindo lugar para tomar fotos. >> Me ánimo, sabiendo que no me negaría jamás a una oportunidad para capturar lugares maravillosos con mi cámara; pero más que nada, aceptaría porque sencillamente era él quien me invitaba.
<< Está bien, aunque te dije que lo de nuestra pequeña discusión ya estaba perdonado a pesar de que no tenías porqué disculparte. >> Admití.
<< Ya no digas eso, vamos. >> Soltó mi mano para darme oportunidad de tomar un abrigo y un bolso donde guardar mi cámara y junto a él, salí del departamento hasta su ya conocida camioneta Hybrid
<< Te va a encantar. >>Me dijo, mientras conducía por las calles de Venecia, maniobrando con el volante. Lo miré y me sonrió, suspiré.
<< ¿Qué? >> Me preguntó, visiblemente sonrojado. No dije nada, saqué mi cámara y le tomé una foto a su perfil, una perfecta pose de modelo de revista, aunque no se esforzara en lo más mínimo para hacerla.
<< ¡Oye! >> Rió, cohibido. << Si vas a hacer eso, avísame. >> Bromeó.
<<No hace falta, te des o no cuenta, sales muy bien. >> Admití, con una extraña necesidad de pelear por él contra… mi mejor amigo.
<<Gracias. >> Bajó la cabeza levemente, y lo conocía lo suficiente como para saber que lo hacía porque se sonrojaba. Aquello me encantaba y me fascinaba. Él sonrojándose por mí. Luego de fantasear por un rato que para mí fue pequeño, sentí que estacionó el auto y miré a través de la ventanilla. No veía nada fuera de lo normal. Calles y canales y gente transitando por ellos. No supe cuando se bajó pero de pronto su figura ya estaba fuera del auto y luego bajé yo. Le sonreí, pero aún no sabía dónde estaba ni dónde me llevaría. Oí cuando cerró la puerta, entre
tanto que yo buscaba y rebuscaba un lugar especial al que pudo hacer referencia
Tom. Pero no había nada.
<<Ven. >> Me tomó de la mano y me hizo estremecer. Me guió por todo el largo de la calle, hasta que al doblar la esquina, pude percatarme del ruido y las luces de la feria que se establecía a lado del puerto. Abrí la boca de asombro, jamás había estado en una feria .
<< ¿Te gusta? >> Me preguntó, mirándome atentamente, con esa bonita sonrisa en sus labios.
<< Estoy emocionado. >> Admití, observando todos y cada uno de los detalles de la feria mientras nos acercábamos a ella.
<<Andreas me mencionó que cuando eran pequeños jugaban a la feria en su cuarto. Él ya ha venido aquí, pero sé que tú no. Así que, espero que disfrutes esto.
¡Andreas! La mano se me congeló y me obligué a soltar la de Tom. No debía olvidarme de Andreas.
<< Qué lindo eres, Tom. >> Lo miré, sus ojos resplandecían con el montón de lucecitas de colores de los puestos y carpas de la feria. Me sonrió, desarmándome por completo y casi haciendo estallar a mi corazón. Nos introdujimos a la feria en donde un montón de niños jalaban de las manos a sus padres para hacerlos caminar más rápido y así alcanzar subir a los juegos.
<<Y… ¿qué quieres hacer primero? >> Me preguntó, con las manos en los bolsillos de su pantalón.
<< Uhm… ¿Hay aquí autitos chocadores? >> Él rio y me tomó del brazo para guiarme hasta ellos.Cada uno nos subimos en un auto, mientras que perseguíamos al otro para chocarlo, si es que no nos chocaba primero algún otro carrito y las risas no se dejaban de oír. Cuando bajamos, mi cabello estaba más despeinado de lo normal, mientras que el de Tom seguía intacto y perfectamente acomodado en su cabeza.
<< Eso fue divertido. >> Dijo. << Ahora, ¿a dónde quieres ir?
<<Subamos allí. >> Señalé
<< No. >> Fue lo primero que salió de su boca.
<< Vamos. No es tan malo. >> Mi intento por animarlo resultó todo lo contrario. <<¿Tan? >> Dijo, repitiendo la palabra con sarcasmo. << No, no, no, ni loco me subo a eso. >> Se dio la vuelta, para intentar escapar, pero lo detuve tomándolo por ambos brazos, de frente.
<< Pues llámame loco porque yo sí me subiré. Es sólo una montaña rusa, Tom.>> <<Una montaña rusa del tamaño del Everest.
<< No seas exagerado. >> Reí y lo tomé con más fuerza para encaminarme hasta el juego.
<<Estás loco si piensas que me voy a subir a eso. >> Dijo, intentando huir por tercera vez. <<Ya te dije que sí lo estoy y te subirás conmigo. >> No sabía porqué la última palabra me había gustado demasiado, pero antes de que lograra salir de entre la gente que hacía fila, le agarré de la muñeca, lo atraje hacía mí y le di un fuerte abrazo, haciendo imposible su escape. Me quedé quieto y me le quedé mirando, a esa distancia tan pequeña, su belleza era inconcebible.
<< Por favor, súbete conmigo. >> Pedí, con la voz más dulce. << No voy a dejarte ir hasta que me digas que sí.>> Tom asintió. Me percaté del latido tan estrepitoso de mi corazón que golpeaba contra mi pecho y también contra el suyo, que estaba pegado al mío, entonces el rubor corrió por mis mejillas ya que yo no lo soltaba aunque ya había aceptado.
<< Genial. >> Le sonreí. << Gracias.
¡Andreas, Andreas, Andreas! La voz en mi cabeza gritaba aturdida. No debía olvidarme de él.
<<Seguimos nosotros. >> Le dije, mientras lo hacía avanzar detrás de las personas que emocionadas montaban los asientos para dos de la montaña rusa
<<Bill…
<< Tranquilo, si quieres yo te protejo. >> Le sonreí.Lo hice sentar en el cuarto asiento de adelante y yo me senté a su lado.
<< No estoy muy seguro de…
<< Ya estás arriba, así que no hay vuelta atrás. >> Lo interrumpí y nos hicieron ponernos el tubo de seguridad..
<< No hay peligro de que uno se salga, ¿verdad? >> Preguntó.
<< No, pero dicen que siempre hay una primera vez. >> Reí, cínico.
<< ¡Bill!
<< Es broma. Tranquilo, ¿sí?
Entonces el carrito se empezó a mover por el riel que formaba el camino ilógico de aquella montaña. Tom estaba más nervioso y asustado de lo que llega a estar la gente cuando enfrenta su peor pesadilla. Mi cabello comenzó a moverse con velocidad por el viento producido y luego se apaciguaron cuando el carrito empezó a transitar en dirección hacia lo alto. Hasta el momento, no había sido la gran cosa, sólo vueltas tenues y velocidad media, pero ahora sabía que iba empezar lo malo, a lo que supongo que más le temía Tom: la adrenalina de caer en picada hacia abajo. El pánico lo invadió por completo cuando nos percatamos de que faltaban sólo unos pocos metros para la gran curva de la montaña. Entonces, al borde de caer por la estrafalaria bajada, tuve la necesidad de decirle a Tom que lo amaba. Como si fuera a morirse y jamás lo viera de nuevo.
<<Tom, tengo que decirte algo. >> Farfullé. Me miró, sus ojos me abrazaron también. << Yo…
Los estruendosos gritos me interrumpieron y el movimiento desagradable de mi estómago provocó que cerrara la boca. El tiempo se me había acabado. Tom ató sus brazos a mi cuerpo y escondió su cabeza en mi pecho, y luego yo apreté sus brazos más, protegiéndolo. Oía el paso de las llantas del carro sobre el metal que formaba el riel que a toda velocidad iba cayendo, los gritos combinados entre la euforia y el horror de las personas a mi alrededor y… mi corazón palpitante en el oído de Tom. Sentía que el cabello se me movía con la velocidad y que tenía el estómago en los pies. Una y otra y otra vez. Dejé de sentir el movimiento exterior, sin embargo, todo se seguía moviendo dentro de mí, la cabeza me daba vueltas y el estómago estaba apretujado en alguna parte de mi abdomen.
<< ¿Verdad que fue divertido?
Me miró, incrédulo.
<< ¿Bromeas? Casi muero estando arriba. >> Farfulló. Solté una carcajada y ese sonido hizo de mi caos interno una quietud. Lo ayudé a salir del juego sin soltarle la mano por si acaso caía.
<< ¿Ahora dónde vamos? >> Pregunté.
<< Vamos a esa banca de allá. >> Tom apuntó a una pequeña banca negra.
<< No fue para tanto. >> Le dije, sentándome con él y entonces soltó mi mano. << No para ti, pero yo quise morirme allá arriba. >> Volví a reír y luego miré a Tom, que mostraba su perfil izquierdo, como en el auto, ya que miraba hacia uno de los juegos de su lado. Me pareció tan bello, cómo su ojo conseguía ese brillo con el reflejo de las luces de colores, cómo su piel suave se volvía de oro y su sonrisa como perlas de mar. Saqué mi cámara y tomé una fotografía de él. Me miró.
<< ¿Sigues haciéndolo? >> Dijo, divertido.
<< Ya te dije que no es necesario que poses. >> Reí.
<< Ya te ríes. >> Me observó con detenimiento y… encanto. << Tu risa es linda. No pude evitar ruborizarme, aún en la oscuridad que ya pintaba el cielo, creo que él notó que mis mejillas adquirieron un tono rosado, ya que sonrió, fascinado.
<< Gracias. >> Musité, escondiendo el rubor. << ¿Ya estás mejor? >> Pregunté. Él Asintió.
<< Genial. Hay muchos juegos que nos están esperando. >> Le sonreí de gran manera. << ¿Estás loco? >> Casi se le salían los ojos de las órbitas. << No voy a volver a subirme a otro de esos. >> Dijo.
<< Exacto, a otro de esos, lo que yo entiendo como alguna otra montaña rusa. Diviértete conmigo.
<< Está bien. >> Suspiró.
Lo llevé de la mano a todos los juegos, en donde cada vez terminaba más despeinado. Él tenía razón, estar a su lado era divertido. Reíamos juntos sin ninguna razón, excepto por el puro placer de reír. Corríamos de un lado a otro, tomados de la mano para hacer fila en los juegos y mientras esperábamos nuestro turno, aprovechaba para sacar fotografías de él, sin que se diera cuenta antes, por supuesto. Me sentí libre, feliz, especial; me sentí… como jamás me había sentido. Era como olvidarte del mundo exterior y como si sólo hubiera existido Tom a mi lado, para reír conmigo, mirarme con sus ojos y hacerme la persona más feliz en toda la faz de la tierra. Él era único, encantador, todo él podría ser una canción, un poema o la rosa de un jardín. Me reía como no lo había hecho desde que mis padres murieron, simplemente el mundo desapareció para mí, me encontraba flotando entre nubes, resbalándome por un arcoiris y cayendo en los brazos de Tom. Y cada vez que sonreía y reía, su belleza era tan extrema que resultaba absurda. Su sonrisa era como un tesoro prohibido, de esos que no debes buscar, de esos que no debes encontrar; pero sin embargo, sumamente hermoso y atractivo.
Luego de que subimos a la mayoría de los juegos, decidimos tomar un descanso.
Compró un par de algodones de azúcar y nos sentamos en otra de las bancas.
<< Es divertido estar contigo. >> Me dijo, mientras comía de su algodón color azul. << No eres como Andreas, ya sabes… >> Dijo.
¡Andreas! Maldición, ¿por qué sólo me acordaba de él cuando Tom lo mencionaba?
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.