
Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 15
<<Se nos hace tarde, tenemos que irnos. >> Dije, con el pesar que no pude ocultar.
<< Cierto, el tiempo se pasa rápido, ¿no? >> Me ayudó a levantarme de la banca y arrastré los pies a su lado, para encaminarnos a su auto y volver a la realidad. << Tan rápido que no te das cuenta cuándo suceden las cosas.>> Dije, viéndome los pies al caminar; dándole doble sentido a mi frase.
<< Es cierto. >> Concordó.
Subimos de nuevo a su vehículo negro que ya empezaba a hablarme de recuerdos, como si al sentarme en el asiento grisáceo, la suavidad de éste, me contara sobre las veces que yo he estado allí, con él. Le regalé una sonrisa secreta a todos los recuerdos, pero Tom alcanzó a percibir mi mueca de labios.
<< ¿Por qué sonríes? >> Me preguntó, encendiendo el motor del vehículo. El suave ronroneo me hizo salir de mi ensoñación.
<<Porque… recordé… >> Me obligué a rebuscar palabras en mi mente. << Que hace mucho tiempo que no me divertía tanto. >> Dije, al fin. Las comisuras de sus hermosos labios se elevaron hasta formar una bonita sonrisa complacida.
<< Me alegra que te hayas divertido. >> Dijo. Volví a sonreír, como diciéndole «gracias»; luego me giré a mirar por la ventanilla polarizada, escuchando los latidos de mi corazón al pensar que estaba cerca de él. La piel se me erizó un poco, no sé si por culpa o de preocupación; quizá de ambos.
¿Pero qué estaba haciendo yo de malo? Mi único delito era haberme enamorado de Tom, porque era la persona menos indicada para aprisionar mi corazón. Su nombre debería de estar en algún Manual de lo Prohibido, en la primera página, con un aviso de «Peligro». Volví a mi pregunta, malo sería querer quedarme con él. Aunque la verdad es que sí lo deseaba, pero aunque no tuviera intensiones de hacerlo, desearlo como yo ya lo hacía, era suficientemente malo. Bastante.
<< ¿Te molesta si hago una última parada? >> Me dijo, y su voz llegó hasta mi corazón en aquel silencio que inconscientemente se había producido. Lo miré.
<< No, por supuesto que no. >> Musité. A fin de cuentas, si se me permitía estar más tiempo con él, no iba a rehusarme a tal regalo.
<< Genial. Quiero saludar a un viejo amigo. Hoy es su cumpleaños. Prometo que no tardaré. >> Estacionó la camioneta en una calle medio vacía y al instante, él ya se encontraba fuera del auto, abriéndome la puerta para que bajara. << Acompáñame. >> Me sonrió y me ayudó a bajar. Luego de cerrar la puerta, como hipnotizado lo seguí, acatando su orden con el mayor placer.
Caminamos sólo unos pocos metros; ya que, a la mitad de la calle, se situaba un bar café, a lo que pude entender por los dibujos con luz neón que sobresalían de la pared, a lado de la entrada de madera recién barnizada. Me detuve confundido, cuando Tom paró también su andar.
<< Oh, tranquilo. Aquí son muy amables. >> Musitó, como si adivinara mis pensamientos.
<< ¿Tú… alguna vez has…?
<< ¡Oh, no! >> Se rió, como si hubiese sido una buena broma. << Si te refieres a que si he tomado, jamás. >> Aclaró. El alivió corrió por mis venas. No me gustaba ningún tipo de alcohol que dañara los sentidos de las personas, aquello le había quitado la vida a mis padres, indirectamente. << Ven. >> Me tomó de la mano y no dudé en seguirlo. El montón de lucecitas de colores me encandiló los ojos y el sonido de la música electrónica retumbó en mis oídos. Personas bailando de aquí para allá, con movimientos bruscos de brazos y piernas. Tom no me soltó la mano, mucho menos para conducirme por entre las personas bailando, hasta que me llevó hacia el otro extremo y se recargó en la barra con una elegancia extraordinaria.
<< Matteo, un amico. Piaceri di vederti! >> Dijo Tom, elevando un poco la voz para que se alcanzara a oír sobre le ruido. El mozo que limpiaba algunos tarros con un trapo, detrás de la barra, se giró a la voz de Tom.
<< Tom! Che gioia di vederti qui! >> Era un sujeto alto, con el cabello color castaño y un tanto despeinado, su rostro era de aspecto viril, sin duda, aunque los labios estaban rosados. Dejó lo que estaba haciendo y se reclinó sobre la barra para darle un abrazo cariñoso a Tom.
<< Non poteva mancare il tuo compleanno. >> Su abrazo se prolongó por las palabras de Tom.
<< Oh, quanti dettagli da parte tua. >> Dijo el joven, sonriendo agradecido. La bella sonrisa de Tom apareció en su rostro, y entonces el joven por fin prestó su atención en mí. Su mirada curiosa se paseó por mi rostro, haciéndome sentir cohibido.
<< Chi è questa bello ragazzo? >> Pronunció. La sonrisa de Tom se hizo más ancha.
¡Cómo odiaba no entender italiano!
<< E ‘il migliore amico di Andreas, è venuto a vivire con lui per un po’. Ti farò conoceré, ma non parla italiano. >> Dijo Tom y me miró con… ¿ternura? << Matteo, él es Bill. Bill él es Matteo.
El sujeto me sonrió, estirando sus delgados labios rosados y alzó la mano para saludarme.
<< Hola. >> Musitó, bañando el idioma con un matiz inimitable de italiano. Sujeté su mano, respondiendo el saludo y le devolví la sonrisa. Como no hablé para nada, Matteo, volvió a la plática con Tom.
<< Okay, okay. Saluto Andreas. >> Después de unos minutos, por fin terminaron de hablar.
<< Chiaro. >> Tom sonrió, fugaz.
<<Hasta pronto, Bill. Me dio mucho gusto conocerte. >> Me dijo con su acento italiano.
<< Adiós, Matteo. >> Musité, tímido.
<<Arrivederci. >> Dijo, Tom, despidiéndose con el movimiento de mano también. << Arrivederci, Tom. >> Dijo él.
Tom me tomó de la cintura y el tacto cálido de su mano sobre mi cuerpo, llegaba incluso a través de la ropa. La piel se me erizó, como si una corriente de electricidad me recorriera el cuerpo. Me sacó de aquel lugar y pude respirar el aire fresco una vez que estaba afuera. Aquel respiro me hizo pensar en Andreas. Me sobresalté.
<<¿Qué hora es? >> Le pregunté a Tom. Sacó su celular y miró la pantalla del mismo.
<< Las ocho y cuatro. >> Contestó, como si nada.
<<¡Andreas ya está en casa!
<< Conduciré rápido. >> Dijo.
¿Esa era su respuesta? ¿Acaso me sentía más culpable yo que él? ¿Él se sentiría culpable al menos? Las preguntas revolotearon en mi cabeza con voz propia, mientras me esforzaba a mandarlas todas al rincón de mi mente, callándolas.
Subí al auto de Tom. El tiempo se me acababa; había pasado un buen rato con él, sin embargo para mí pareció sólo la prolongación de lo que dura un suspiro y ahora iba a ponerle final al día, a mi tarde con él.
Condujo hasta el departamento de Andreas, y en el camino casi no hablamos debido a que mi cabeza se encontraba hundida en pensamientos, buscando alguna manera de explicar la situación. Situación que a Tom parecía no preocuparle. Cuando llegamos y él estacionó frente al edificio, me congelé en el asiento porque aún no tenía el pretexto ideal para decirle a Andreas. Hoy era una de esas noches en las que la cabeza no me daba para más, más que para sostener el cabello. El auto se detuvo y el silencio se produjo al instante.
<< Listo, subamos rápido. >> Dijo Tom, satisfecho del tiempo que había tardado en llegar. ¿Veinte minutos se le hacía poco?
<< Espera. >> Le sujeté del brazo antes de que bajara. Me miró, intrigado. << ¿Qué vamos a decirle? >> Pregunté.
<< ¿A quién? >> Inquirió, confundido.
<< A Andreas. >> Dije, obvio.
<< ¿Por qué? >> Su ceño levemente fruncido me decía que no estaba fingiendo confusión.
<< Por la hora a la que llegamos, porque estamos juntos, querrá explicaciones. >> Intenté explicarle, desesperado, la culpa me estaba comiendo por dentro. Tom rió por lo bajo.
<< Pues le diremos la verdad, ¿no? >> Dijo. <<Que salimos a la feria y que pasé a saludar a Matteo.
<< Pero…
<< No hicimos nada malo, Bill. >> Me interrumpió, pero aún en la oscuridad de la noche pude ver el brillo ladino que sus ojos desprendían con persuasión. Y el tono de voz cínico que salía de sus labios carnosos. Tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural por no aproximarme a ellos, para acallar los ridículos latidos de mi corazón que podrían dejarme en evidencia. Tuve que obligarme a retener a la cordura para no contradecir a lo que él acababa de decir. La oscuridad sólo me hacía desearlo más. Me hacía querer acercarme de una manera casi incontrolable. Pero la voz en mi cabeza susurrando el nombre de mi mejor amigo impidió todo tipo de incoherencia que mi mente pudo haber producido.
Bill. >> Me llamó, haciendo que regresará al momento. << ¿Estás bien? >> Preguntó.
<< Sí, yo… sí. >> Tartamudeé.
<< Bien. >> Se bajó del auto y quise quitarle la oportunidad de ser caballeroso, porque todo aquello no ayudaba mucho en el asunto del enamoramiento absurdo en el que ahora estaba metido. Pero la puerta no abrió. Él rápidamente se encontró de mi lado y él mismo la abrió para ayudarme a bajar.
Subimos por las escaleras hasta el tercer piso y llegamos por fin al departamento. Tom parecía relajado más sin embargo yo seguía sintiéndome culpable. Abrí la puerta con el corazón palpitante de desazón y visualicé por un momento cómo debía ser el mundo. Derek se encontraba con Andreas y ambos miraron al instante hacía donde Tom y yo, la expresión de cada uno era distinta, la de Andreas era un rostro inquieto, preocupado, sin duda; la de Derek estaba tranquila, serena.
Me pregunté cuál sería la mía.
<< ¡Oh, allí están! >> Exclamó Andreas y corrió a abrazarnos a Tom y a mí.
Me quedé quieto, confundido. << Bill, ¿por qué no te llevaste tu celular? >> Me dijo. << Tom, ¿por qué no respondías el tuyo? >> Inquirió. Más que un amigo que se sintiera engañado o especulando alguna artimaña parecía padre preocupado. Me sentí más culpable que antes.
<< Lo siento, amor. >> Dijo Tom, y en la última palabra el corazón se me encogió adolorido. << Llevé a Bill a la feria. ¿Recuerdas que me contaste que jamás había ido a una? Bueno, quise hacer algo realmente lindo por él. >> Me miró y me sonrió, pero con una de esas sonrisas que te dan los amigos: expansiva y sin rastro alguno que me hiciera confundir. << Y además, pasé a saludar a Matteo, recuerda que hoy es su cumpleaños. Por cierto, te mandó saludos. >> Se acercó a Andreas y besó su frente.
Capté la escena desde muy cerca y el corazón aún encogido en alguna parte de mi pecho, se sacudió violenta y dolorosamente. Andreas se tranquilizó.
<<Pero debiste al menos avisarme, amor. >> Musitó y besó a Tom en los labios. Ya no pude mirar más, bajé la cabeza y me retiré con rapidez hasta llegar a donde Derek estaba, quien se encontraba también con la mirada gacha. Esa escena lo lastimaba tanto como a mí.
<< Pero, ¿te divertiste, Bill? >> Me preguntó Andreas, con una sonrisa sincera cuando se hubo desocupado de los labios de su novio.
<< Sí. >> Dije, aparentando que todo estaba bien. Andreas sonrió y luego miró a Tom.
Miré los mimos que Tom y Andreas se hacían y me sentí mal, sin hablar del ya tan lastimado bombeador de sangre bajo mi pecho. Derek me codeó y me hizo seña de que nos fuéramos de ese lugar. A ambos nos lastimaba. Lo tomé de la muñeca y le dirigí hasta mi habitación. Cuando cerré la puerta entonces supe que la atención de ambos estaba en nosotros. Lo último que quería era que Andreas y Tom pensaran mal acerca de mí y de Derek, pero tenía el corazón demasiado adolorido como para detenerme a pensar en otra cosa. Derek se sentó en mi cama y yo me quedé recargado a la puerta. Ambos nos miramos por un largo instante, como si nos comunicáramos con los ojos. Hasta que él rompió el silencio.
<< Me imagino que te divertiste mucho. >> Dijo.
<< Como nunca. >> Admití y me retiré de la puerta para sentarme a su lado. << ¿Y qué hay de ti? ¿Por qué estabas con Andreas? >> Sonrió.
<<Bueno, al no encontrarlos a ustedes aquí, me llamó a mí, y tú sabes que no desaprovecharía alguna oportunidad para estar con él y tampoco iba a dejarlo solo. >>Confesó. Me tumbé sobre la cama, suspirando.
<< ¿Te confieso algo? >> Musité. Derek se giró sobre su asiento y me miró desde arriba.
<<Dime.
<<Amo a tu hermano. >> Susurré, como si ellos pudieran oírme. Derek rió.
<< Cuánto lo siento. >> Me palmeó la pierna, cerca de la rodilla.
Conforme pasaban los días, la culpa no desparecía sino que, por el contrario, iba aumentando.
Caminé por las calles que ya conocía para llegar hasta el laboratorio de fotografía, donde se encontraba una de las pocas personas que sabían comprenderme y apoyarme. Aunque esta vez hablar con Gustav no sería tan sencillo ya que Georg me acompañaba. Se ofreció enseguida de que me encontró en el pasillo del edificio y supo que me dirigía para acá.
Lo miré.
<<¿Lo invitarás a salir? >> Pregunté.
<< ¿Crees que diga que sí? >> Dijo, nervioso.
<< Por supuesto que sí. >> Reí.
<< ¿Crees que le guste? >> Preguntó.
Eso… averígualo hoy. >> Dije. Cuando llegamos, Georg se plantó detrás de mí,
como un niño totalmente tímido pero los ojos de Gustav chispearon al verlo. Me hice a un lado para no obstruir su vista y la sonrisa entre ambos decía más que mil palabras. Me aclaré la garganta, haciéndome notar. Gustav me miró al instante. << Oh, Bill, hola. ¿Nuevas fotos? >> Le sonreí, dándolo por hecho. Les di la oportunidad a Gustav y a Georg de hablar y esperaba a que Georg realmente lo invitara a salir, mientras que yo me encontraba revelando las fotografías. Cuando terminé, las puse en una pila y las miré una por una. Eran como veinte fotografías, y la mayoría tenían una cosa en común. El hermoso rostro de Tom. Se me había vuelto como una obsesión retratarlo, era como para guardar el recuerdo o al menos tener una prueba de que los momentos a su lado habían sido reales.
Miré la hora en la pantalla del teléfono, eran las seis con treinta y cinco minutos. Tenía dos opciones a elegir, una era quedarme aquí con Gustav y Georg y así, no alimentar a este sentimiento con la compañía de Tom; la otra era apresurar el paso para alcanzar a llegar al departamento y encontrarlo, porque ese sentimiento quería ser alimentado.
La figura delicada de Gustav entró al pequeño cuarto de revelado y me hizo pegar un brinco.
<< ¡Georg me invitó a salir! >> Me dijo, entusiasmado.
<<¿En serio? ¡Genial! ¿para cuando? >> Pregunté.
<< Para hoy. >> Sonrió. << En cuanto cierre, nos iremos.
Oh. >> Entonces ahora ya no tenía opción que escoger. << Genial.
<< ¿Hablaremos otro día? >> Preguntó, lamentándose por no poder hacerlo hoy. << Seguro. Hay mucho que tienes que saber, pero sirve que así me cuentas tú también. >> Insinué.
<< Gracias. >> La bonita sonrisa de niño se expandió por su rostro.
Recogí mis cosas y guardé las fotografías en un sobre amarillo como el que había utilizado la primera vez; me despedí de Gus y Georg y salí apresurando el paso para llegar al departamento.
Cuando por fin logré visualizar el edificio, me percaté del auto negro que se estacionaba delante de él. El corazón me latió pesado.
Aún no eran las siete, ¿por qué Tom había llegado ya? Mi móvil sonó en el bolsillo de mi abrigo y con la mano libre lo tomé y contesté a la llamada sin siquiera ver quién era.
<< ¿Hola?
<< Bill, ¿dónde estás? >> La voz del otro lado me dejó el corazón pasmado para luego hacerlo latir tan fuerte, de una manera errática.
<< Voy llegando al departamento, ¿por qué? ¿Ya estás allí? >> Logré articular.
<< Sí, date prisa, tengo algo que mostrarte. >> Me dijo y luego colgó. ¿Algo que mostrarme? ¿A mí? Hice que mis pies casi corrieran, aún cuando me faltaran menos de quince metros para llegar a la puerta del edificio. Entonces pude darme cuenta del poder que tenía a Tom sobre mí. Si me decía ven, yo iba. Me adentré al edificio y subí los escalones alfombrados de dos en dos para llegar más rápido, el ascensor estaba vacío pero las escaleras me parecían un camino más dinámico. Cuando logré llegar hasta el tercer piso y las pisadas de mis pies en la alfombra resonaron en el pasillo, vi a Tom recargado en la pared. Las manos las tenía en el bolsillo de su pantalón y una sonrisa flamante adornaba su rostro.
<< Hola. >> Dije, medio agotado por el ejercicio.
<< Hola. >> Musitó, alegre. Me acerqué para abrir la puerta y luego él me siguió cuando la hube abierto por completo.
Estaba curioso, y no sólo yo, sino la fierecilla también. Dejé el sobre amarillo encima de la barra y las llaves sobre éste. Luego me giré a Tom, tratando de parecer lo más relajado posible.
<< ¿Y… qué querías mostrarme? >> Pregunté.
<< Esto. >> Sacó de su bolsillo trasero un papel doblado en cuatro partes y me lo pasó.
Me senté en una de las sillas y desdoblé el papel, haciéndolo crujir entre mis dedos. Cuando la hoja se encontraba completamente extendida en mis manos, comencé a leer aquella caligrafía alargada que se plasmaba en el papel.
«Hay algo en la forma que se mueve
Que me atrae como ningún otro amante
Hay algo en la forma en la que me coquetea
No quiero dejarlo ahora
¿Sabes? Lo creo ahora.
En algún lugar de su sonrisa, él sabe
Que no necesito otro amante
Algo en su estilo que me muestra
No quiero dejarlo ahora
¿Sabes? Lo creo ahora.
Me preguntas si mi amor crecerá
Pero no lo sé, no lo sé
Permanece cerca
Y posiblemente lo veas
Pero no lo sé, no lo sé
En algún lugar de su sonrisa, él sabe
Que todo lo que tengo que hacer es pensar en él.»
Me quedé mirando las palabras sin leer de nuevo. Yo no era estúpido. ¿Qué clase de canción era ésta? Él había escrito una canción con acordes y estribillos y era difícil escuchar a mi razón, sintiendo cómo la dura lucha contra el impulso la hacía flaquear. Pero yo no era estúpido. Algo en esas frases de caligrafía alargada susurraba mi nombre; lo sabía lo sentía. Y entonces pude escuchar un poco la voz de mi razón, de mi cordura, que me hacía pensar en Andreas más de lo que ya lo había estado haciendo. Yo amaba a su novio, no entendía cómo en tan poco tiempo, pero lo amaba, podía incluso jurarlo; pero eso no me daba el derecho de arrebatárselo. Era su joya, no la mía, y yo se la estaba robando.
Miré a Tom, que esperaba impaciente a que le dijera algo y lo único que pude deducir en aquel momento fue parte de la verdad, llegó a mí como una estrella fugaz que pasa y deja la luz en los ojos, como un soplo del viento que aclara la mente. Tom se estaba comportando como un cretino, ¿acaso estaba jugando con nosotros? Iba, me regalaba, me llevaba y hasta me escribía una canción, porque podía asegurar que esa canción era para mí; y luego llegaba y abrazaba, besaba y le entregaba su cariño a Andreas. Me sentí un títere en sus manos. ¿Pero cómo poder reclamarle? Ni siquiera tenía los argumentos bien cimentados. Mi mente era todo un caos de pensamientos, conjeturas e hipótesis absurdas.
<< ¿Y?>> Preguntó, ansioso.
<< ¿En quién te inspiraste? >> Inquirí, tratando de que mi voz sonara casual. Él no debía tener ni la más mínima sospecha de lo que pasaba por mi cabeza.
<< Sólo… me llegó la inspiración. Pero, ¿te gusta? >> Insistió, ladeando el tema. << Es… linda. >> Dije, en realidad lo era, pero sólo si lo veía de una perspectiva muy, pero muy superficial.
<< Parece como si no te hubiera gustado… >> Musitó, y a su rostro asomó una máscara de pesadumbre. Le ordené severamente a mi corazón que se callara; anhelaba besarlo y al mismo tiempo abofetearlo; deseaba salir corriendo tan lejos como me fuera posible. ¿Cómo podía él estarle haciendo esto a Andreas? Pero aún, ¿cómo podía yo estarle haciendo esto a Andreas?
<< Está preciosa, Tom, pero… >> Murmuré.
<< ¿Pero? >> Buscó mi mirada, que repentinamente se encontraba gacha. Me atreví a levantarla, sólo para poder verle el rostro y decidirme si lo que quería era abofetearlo o… besarlo. Eliminé ambas ideas de mi cabeza al instante y miré el reloj, ¿sólo habían pasado quince minutos?
<< Pero… olvidé algunas fotos con Gus y debo ir por ellas. >> Farfullé, nervioso. Optando por la opción que menos parecía una locura. Escapar. Y esperando a que se creyera mi mentira.
<< ¿Gus? ¡Oh, claro! >> Sonrió. <<Te acompaño, y así me lo presentas por fin. >> Dijo.
<< No. >> La corta palabra salió veloz, tajante. Tom se hizo para atrás, confundido. << Es que… >> Tartamudeé. << Voy a tardarme, mucho. >> Hice un énfasis innecesario para la última palabra. << Llegaré tarde y no es apropiado que hagas esperar a Andreas otra vez, así que tú quédate aquí. >> Sonreí. << Espéralo. Estás en tu casa. Tomé precipitadamente el sobre de la barra y lo apreté bajo mi brazo, las llaves las tomé con la otra mano.
<< Pero…
<< ¡Oh! Por cierto. >> Lo interrumpí. << Felicidades por escribir una canción tan… bonita.
>> Dije y salí por la puerta, huyendo como un niño asustado.
Continúa…
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