Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 17

Sentí cómo la respiración de Tom se alejó de mi cuello y cómo el alma se me desplomaba al piso. ¿Andreas habrá visto…? El silencio me hizo pensar infinidad de cosas.

<< Esto sí que está oscuro. >> Dijo y luego las luces se encendieron de nuevo. Andreas no parecía para nada sorprendido, molesto o daba alguna señal típica de una persona que se sintiera engañada. Estaba en la entrada con la mirada puesta en mí y sus ojos grandes maravillados por mi traje. Luego divisé a Tom, quien también me miraba absorto, como si estuviese fascinado y… a un metro de distancia de mí. Me preguntaba cómo podía alejarse tan rápido sin que alguien lo notara cerca siquiera.

<< Te ves precioso, Bill. >> Me dijo Andreas.

<< Gracias, t-tú también. >> Musité, con la voz temblorosa que salió de mí.

<< Démonos prisa. >> Me instó, haciendo también un gesto con la mano para que saliera por la puerta. << Vamos, amor. >> Le dijo a Tom.

Tomé mi abrigo y no le dirigí siquiera una mirada a Tom en el camino, o mejor dicho, una mirada que él notara. ¿Qué demonios había ocurrido hace unos instantes? Hubo un acercamiento demasiado… demasiado… lo que sea. A fin de cuentas, había sido demasiado para mí. ¿Es que él no se daba cuenta de lo que me hacía? Y cuando lo hacía, ¿no pensaba en Andreas? Esto estaba sobrepasando los límites, Tom no era un patán, no sé porque se comportaba como uno.

Especulé durante los cuarenta y tantos minutos que se había tomado el viaje hasta la dirección que Andreas tenía anotada en letra manuscrita en un papel doblado en cuatro.

<< Aquí es. >> Dijo Tom.

Dirigí mi vista a través de la ventana del Hybrid, en donde un hermoso jardín se expandía glorioso en el exterior de aquel salón de eventos. Del cual vislumbraban sus luces, reflejándose en los cristales de los grandísimos vitrales de la casa. Bajamos de la camioneta después de que Tom la estacionara en el aparcamiento del jardín. Miré maravillado todo a mí alrededor, vaya celebración para un cumpleaños.

Andreas tomó del brazo a Tom y por el otro lado, me tomó también a mí; y juntos nos encaminó hacía el interior de la casa. Me quedé sorprendido cuando divisé la decoración, si afuera era hermoso, cuánto más adentro.

Del techo colgaban candiles enormes, hechos de cristal y pedrería, que reflejaban poderosamente la luz y la proyectaban en miles de colores danzantes. Las paredes, adornadas con pinturas de algún artista italiano, lucian acogedoras con ese color perla que las coloreaba. El suelo era blanco, de piso que jamás había visto. El lugar era grandísimo y gente vestida de lo más elegante hablaban en pequeños grupos formados por tres o cuatro personas, con copas de cristal conteniendo vino; mientras que la música de fondo eran hermosas melodías a piano.

<< Wow. >> Musité, sorprendido.

<< Es… grande. >> Concordó Tom, viendo también los enormes candiles del lugar.

<< Andreas, il mio diamante! >> La voz ronca de un señor nos hizo voltear a verlo. Era un sujeto de aspecto opulento, alto y su cabello peinado lucia algunas cuantas canas esparcidas entre el gris.

<< Signor Vitorre, buon compleanno! >> Dijo Andreas, expandiendo su sonrisa al hombre. Él lo tomó del brazo y lo llevó entre la multitud, hablando con él. Tom y yo nos quedamos parados allí, solos. Al comprender esto, mi corazón comenzó a latir frenéticamente.

<< ¿Adónde va? >> Le pregunté, perdiendo de vista a Andreas. Se encogió de hombros.

<< Con su jefe, no sé. >> Dijo, como si nada. << ¿Quieres algo de beber? >>Me miró.

<< Me gustaría, gracias. >> Le sonreí, tímido.

No sabía si quedarme con él a solas era buena idea; después de lo que acababa de pasar, no, sin duda no lo era.

<< Está bien, siéntate allá. >> Me señaló una mesa con sillas disponibles. << Yo te la llevo.

<< Gracias. >> Me di la media vuelta, pero luego me giré de nuevo. << ¡Tom! >> Pronuncié y él se giró a mirarme. << Sin…

<< Alcohol, ya sé. >> Sonrió y luego continuó caminando entre la multitud con elegancia.

Suspiré y me fui a donde él me había dicho, me senté, un poco cohibido y luego me quité el abrigo, ya que la temperatura del interior era mucho más cálida que la de afuera. Miré a Tom en la barra y al instante desvié la vista. Podía sentir el amor que le tenía, creciendo dentro de mí, como si fuese la luz de la aurora, que va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto. Volví a mirarlo, aunque no quisiera. Él era tan bello, tan elegante, tan perfecto.

Frustrado aparté la mirada de nuevo, recordando lo que había sucedido hace unos minutos. Aquello debía tener una explicación lógica, él no podía sentir lo mismo que yo, ¿verdad?

Volví a posar mis ojos en su figura, dándome cuenta de que cada esfuerzo por no mirarlo, se convertía en un fracaso inmediato; era como si me tapara los ojos con las manos pero alcanzara a ver a través del espacio entre los dedos. Suspiré y obligué a mi vista a posarse en otra cosa.

Divisé a mi lado izquierdo cómo las parejas danzaban un vals con la música a piano y me perdí por un momento en su baile.

<< Aquí tienes. >> La voz de Tom me hizo volver y mirarlo, una vez más; me ofrecía una copa con algún líquido verdoso y transparente. Lo tomé y lo revisé, vacilante. <<

Es agua de limón. >> Rió. << Sin alcohol.

<< Gracias. >> Dije, aliviado y luego le di un sorbo.

<<¿Quieres bailar? >> Su voz de terciopelo chispeaba de entusiasmo.

<< ¿Y Andreas?

<< Nos dejó aquí. >> Se encogió de hombros. << Vamos a divertirnos, ven. >>

Me tendió la mano y aquella piel bronceada de su palma era como si me invitara a que la acariciara. La tomé, aún sabiendo perfectamente que no debería haberlo hecho. Paró a la mitad de la pista, y colocó su otra mano en mi cintura, mientras yo ponía la mía en su espalda; apretó más la mano que me sujetaba y comenzó a moverse con delicadeza en la pista y yo lo seguí.

Podía ver mi reflejo en sus bellos ojos junto a ese brillo tan propio en ellos. Me sonrió, haciendo que en mi interior mi corazón golpeteara contra mi pecho de una forma tan estruendosa. Jamás había bailado música a piano. Este momento era perfecto, aunque no debiera ser mío; sino de Andreas.

El pensamiento me estrujó el corazón y me hizo gemir con disimulo. Levanté mi cara y miré a Tom, quien también me miraba, con una sonrisa fugaz que parecía divertida. Su brazo me atrajo más hacia él, mientras seguíamos girando bajo el brillo de las luces, dejándonos llevar por la suave melodía a piano. No pude evitar perderme en sus ojos debido a la distancia a la que ahora se encontraban, quise ignorar el molesto latir ruidoso de mi corazón y concentrarme sólo en lo que estaba haciendo. Un simple baile, nada más, eso tenía que significar para mí.

Su respiración rozaba parte de mi mejilla y el cálido tacto de su mano en mi cintura parecía una caricia; aquello me hizo recordar lo de hace unas horas. Aún si quisiera alejarme, no podría; sencillamente porque no tendría las fuerzas suficientes para hacerlo. Me envolví en esa fragancia tan propia de él y cerré los ojos deseando trasportarme a otro lugar. Los mantuve cerrados por unos minutos, mientras mis pies seguían moviéndose junto con los suyos bajo el dosel de luces.

Mis labios se convirtieron en una sonrisa cuando sentí su cabeza acurrucada en mi cuello y luego abrí los ojos lentamente; a lo lejos, el rostro de Andreas apareció entre la multitud y su vista absorta posada en nosotros dos. Él notó que lo miré y sus labios se tensaron en una sonrisa, pero lo conocía tanto que sabía que detrás de aquella mueca de labios había algo más.

Me quedé quieto, como si hubiera visto un fantasma. Y luego Andreas caminó entre el tumulto de gente hasta perderse. Tom se percató de la tensión de mi cuerpo y se detuvo.

<< ¿Ocurre algo? >> Me preguntó.

<< No. >>Musité. << Ya vengo. >> Me deshice de sus brazos y corrí a buscar a mi amigo.

Qué tonto había sido, ¿cómo se me ocurre a mí estar con su novio enfrente de él? Estaba abusando de mi suerte. Me abrí paso entre la gente, desesperado por encontrarlo, hasta que lo divisé afuera, mirando hacia el cielo. Maldición, lo había lastimado, y ahora mi corazón latía angustiado. Salí al exterior con paso vacilante e instantáneamente, me acerqué a él.

<<Andreas, yo… >> ¿Qué clase de disculpa le debía? sabía que le tenía que dar alguna pero, ¿cómo?

Se giró al sonido de mi voz y me miró con ojos extraños. No era una mirada de rencor, enojo o algún sentimiento parecido; simplemente era extraña. Me sonrió.

<< ¿Crees que sea buena idea irme? >> Soltó y mis ojos se abrieron con sorpresa.

Oh, no. Volvería a huir de nuevo y todo por culpa mía.

<< ¡¿Irte?! Andreas, ¿por qué? Escucha, ¡no es lo que tú piensas! >> Mascullé, atropellando las palabras.

<< ¿De qué hablas? >> Rió, pero esa aparente diversión no llegaba a sus ojos.

<< Sé que se veía mal pero, juro que no hay nada entre Tom y yo.

<< ¿Qué? >> Volvió a reír. << Bill, ¿de qué hablas?

<< Nos viste bailando y… >> Murmuré, ahora confundido.

<<Fue sólo un baile, Bill. >> Dijo. << Eso no tiene nada de malo.

<< Ah… entonces, ¿de qué hablas tú? >> Pregunté, sintiéndome realmente estúpido. << El señor Vittore quiere que lo acompañe a la inauguración de un nuevo hospital en Verona. Soy el mejor enfermero que él tiene. >> Explicó.

<< Oh. >> Exclamé al entender. << Pero, ¿te irás? >> Inquirí, ahora captando su anterior comentario.

<< Sólo sería por dos días, pero no sé aún. >> Se encogió de hombros.

<< ¿Por qué no? digo, es una buena idea. ¿Te pagarán?

<< Sí, sería como si trabajara.

<< Entonces es genial. >> Dije. << ¿Cuándo te irías?

<< Mañana en la noche.

<< ¿Qué? ¿Tan pronto?

Se encogió de hombros una vez más.

<< Es por eso que no he decidido aún. Además, me cuesta dejarlos; a ti, a Tom, a Derek. >> Sonreí en mi mente cuando consideró a Derek.

<<Sólo serán dos días, Andreas. Pero, ¿tú quieres ir?

<< Me gustaría. ─ Asintió.

<<Entonces ve.

<< Tengo que comentarlo también con…

La puerta se abrió y de ella salió aquel joven que me tenía en sus brazos hace unos instantes.

<< …Tom. >> Terminó Andreas.

<< Andreas, aquí estás. >> Dijo, y luego me miró; como si al que buscase hubiese sido a mí ya que sus palabras habían sonado huecas.

<< Qué bueno que apareces, Tom. >> Dijo él. <<Tengo algo que decirte.

<< ¿Sobre qué? >> Inquirió él.

<< Haré un viaje de dos días a Verona con el señor Vittore por la inauguración de un nuevo hospital. >> Anunció.

<< ¿Cuándo te vas? >> Aquella pregunta que salió de los rosados y rellenos labios de Tom no pareció del todo tierna.

<< Mañana por la noche.

<< Oh. Bien.

Guardé silencio, no sabía si era mi imaginación o la conversación entre ellos carecía de calor, era una plática fría, como si ambos estuvieran molestos con el otro y nadie se pusiera a considerar los hechos. Me percaté también de que Andreas no lo discutió con Tom, sino que ya había tomado la decisión y sólo se la hizo saber. << Chicos, vamos adentro; aquí hace frío. >> Musité, dándole un doble sentido a mis palabras.

<< Claro. >> Dijo Andreas.

Entramos de nuevo y al instante él tomó la mano de Tom, cosa que hizo que la fierecilla, hasta ahora desparecida, diera señales de vida. Pero esta vez ya no parecía celosa, aunque sí lo estaba, pero se encontraba más triste que enojada. Yo tenía que entender que él le pertenecía a Andreas y nada iba a cambiar aquello.

<< ¿Bailamos? >> Le preguntó Tom y mi corazón se contrajo en mi pecho, dolido.

<<Claro. >> Aceptó él.

<< Iré a sentarme por allá. >> Dije, mientras señalaba el lugar que antes había ocupado. Andreas me sonrió con una sonrisa muy carente de alegría; mientras que

Tom ni siquiera me miró

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Space_witch_111

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!