Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 18

Me estaba confundiendo horriblemente; estaba entre el sí y el no acerca de descifrar sus sentimientos hacia mí. Juro que no lo entendía.

Cuando me senté, los miré acomodados en la pista, bailando una canción y no una melodía, aunque era igual de lenta.

Tenía que deshacerme de inmediato de todas mis especulaciones, de todo tipo de pensamiento en el que estuviera a Tom. Él no debía estar rondando en mi cabeza, vagando junto a las fantasías implacables que se desataban con cada mirada o tacto suyo.

Volví a prestar atención a ellos. Eran la pareja perfecta, sin duda. Y aunque estaba terriblemente confundido por el actuar de Tom; sí tenía una cosa en claro… no permitiría que jugara conmigo, ni mucho menos con Andreas, y por supuesto, tampoco que le rompiera el corazón.

<< Vuoi ballare con me? >> La voz de un joven de rubio cabello, algo alborotado me hizo mirarlo.

Me tendía la mano, como Tom lo había hecho antes. Pude adivinar entonces que me pedía un baile. Pero no tenía muchas ganas de bailar.

<< Lo siento, no hablo italiano. >> Dije, sonriéndole.

<< Oh, si parla alemán . Si prega di ballare con me. >> No sabía qué había dicho, pero no quitaba la mano extendida hacia mí.

Miré hacía la pista de baile y Andreas y Tom seguían allí, moviéndose al sonido de la música. Yo no tenía que quedarme aquí sentado, abandonado; además el muchacho que me pedía un baile era lindo. Sus ojos cafés y sus labios rosados y rellenos me recordaron en cierta parte a Tom.

<< Qué más da.>> Farfullé y me levanté de la silla, aceptando la invitación de baile. Él me sonrió y me condujo hasta la pista, en donde al instante atrajimos la atención de la pareja a mi lado. Andreas y Tom.

Andreas me sonrió, mientras que Tom frunció el ceño. ¿Y ahora qué pretendía? ¿Quería tenernos a ambos para él nada más? Pues estaba muy equivocado, aún así me doliera en lo más profundo de mi alma, él sólo sería de Andreas, nada más. Les di una sonrisa de autosuficiencia, sintiéndome orgulloso no sé de qué. Y volví mi mirada al chico que bailaba conmigo, mientras que la mirada de Tom no se despegaba de mí.

No podía conseguir pegar los párpados después de esa noche, daba vueltas y vueltas en mi cama, siendo la una de la madrugada; apenas había pasado una hora y media desde que habíamos llegado al departamento.

Exhalé agobiado y me levanté por un vaso de leche, para ver si así conseguía que el sueño se compadeciera de mí. Serví el líquido blanco en un vaso y luego de darle un sorbo, escuché un murmullo en la habitación de Andreas. Curioso me acerqué a su puerta, con paso sigiloso, seguro estaría hablando dormido. Cuando estuve detrás de la puerta, alcancé a percibir su voz perfectamente sobria, sin atisbo alguno de somnolencia, hablaba con alguien, pero, ¿a estas horas? ¿con quién?

Agudicé el oído, queriendo encontrarle sonido entendible a su murmullo.

<< Es que no sé qué pasa, Derek. Siento que no va muy bien…

¿Derek? ¿Estaba hablando con Derek? ¿Qué era lo que no iba bien? ¿No sabía qué cosa? Las preguntas comenzaron a formularse en mi cabeza por sí solas. Pero decidí mejor darle privacidad, a fin de cuentas esperaba a que me lo contara mañana.

Los delicados rayos de sol que apenas se colaban por mi ventana iluminaron lo suficiente mi habitación como para hacer que me despertara. Me revolví entre las sábanas y miré la hora cuando abrí por completo los ojos, iban a ser las once de la mañana. Me estiré haciendo que un montón de huesos me tronaran, luego abrí paso a un bostezo.

Me levanté perezosamente y salí de mi habitación. Me llevé una sorpresa al ver a Andreas allí, sentado en la cocina, desayunando.

<< ¿No trabajas hoy? >> Le pregunté, confundido.

<< No, el señor Vittore me dio el día para prepararme para el viaje. >> Contestó, levantando su plato de la barra.

<< Claro, lo olvidé. >> Musité, un tanto confundido porque esta vez, Andreas no había decidido despertarme con esos molestos golpes en la puerta, como era su costumbre.

<< ¿Qué desayunamos? >> Le pregunté, para no pensar en lo anterior.

<< Lo siento, yo ya desayuné. >> Me miró. << Tenía mucha hambre, además tú estabas dormido y no quise despertarte.

Eso era raro, pero traté de ocultar mi expresión de desconcierto.

<< Oh, bueno, no te preocupes. >> Musité.

<< Saldré por un rato, iré a comprar algunas cosas que me faltan para el viaje. >> Me avisó, retirándose de la cocina.

<< ¿Irás solo? >> Quise saber.

<< Sí, es que tengo que hacer miles de paradas, ya sabes. >> Se encogió de hombros y luego entró al baño para lavarse los dientes.

<< Claro. >> Murmuré, distraído. Sabía muy bien cuando Andreas quería estar solo. Recordé la conversación que tuvo anoche con Derek, pero él parecía como si no fuera a decirme nada, así que traté de ser sutil para lograr que él hablara aunque sea un poco. Oí cómo cerró la llave del agua y luego lo vi salir del baño.

<< Anoche no pude dormir. >> Empecé a decir. << Me costaba pegar los ojos. >> Bromeé, esperando a que él hiciera un comentario parecido.

<< Oh, yo creí que serías el primero en caer como piedra a la cama, siempre te cansas mucho.>> Dijo, buscando ahora su bolso.

<< Sí, pero no logré conciliar el sueño sino hasta las dos de la mañana. >> Insistí. << Qué mal. >> Fue todo lo que dijo, porque el silencio hizo presencia debido a que yo ya me había dado por vencido. Él no me contaría nada.

<< ¿A qué hora vendrás? >> Inquirí, sintiéndome pésimo por la fría conversación. Se encogió de hombros, indiferente.

<< Vendré a comer, no te preocupes. >> Me sonrió, débilmente. << Te veo al rato. >> Se dirigió a la puerta y salió por ella sin decir nada más.

Me quedé allí parado mirando la puerta de madera que se encontraba cerrada, preguntándome qué era lo que ocurría con Andreas. Qué había hablado con Derek para que estuviera actuando de esa forma. O qué había visto él anoche. En definitiva, irme sería la mejor opción.

Fui a vestirme y decidí salir, necesitaba que alguien me escuchara y qué mejor que Gustav para ello. Garabateé en un papel una disculpa para Andreas, no estaría para la comida, y luego lo pegué en el refrigerador y salí por la misma puerta por la que él había salido hace media hora.

Caminé hasta el laboratorio de fotografía, viéndome los pies mientras lo hacía. Sabía que estaba hiriendo a Andreas, aunque él no me dijera ni una palabra al respecto, lo conocía bastante para saber que lo hacía; y eso no me lo podía permitir. A los pocos minutos, divisé el laboratorio al otro lado de la calle, y corrí hacia el. Cuando entré y la oscuridad propia del lugar me acogió, visualicé dos figuras al fondo.

<< ¿Gus? >> Pregunté. Las figuras se movieron y cuando la escasa luz del exterior les dio en la cara reconocí a Georg al lado de Gustav. << ¿Georg? >> Inquirí, confundido.

<< Hola, Bill. >> Me dijeron los dos al unísono.

<< Con razón ya no te he visto. >> Bromeé con Georg e inmediatamente sus mejillas tomaron un color rosado claramente visible.

Había estado la mayor parte del tiempo con ellos dos, y me había dado gusto la noticia de que ahora eran casi inseparables; sólo le faltaba a Gustav decidir qué día le pediría que fuera su novio.

Salté de mi asiento al percatarme de la hora.

<< Demonios, es tardísimo. >> Dije, levantándome de la silla mientras que Gustav y Georg me miraron confundidos.

<< ¿Tarde para qué? >> Preguntó Georg.

<< El viaje de Andreas, ¿recuerdan? >> Les había contado la historia a la hora de la comida, Gustav me llenaba de consejos y Georg resultó ser unos excelentes oídos.

<< Oh, verdad.

<< Habla con él, Bill. Una amistad se vuelve más sólida si ambas partes hablan de lo que les preocupa. >> Me aconsejó Gustav, como toda la tarde lo había estado haciendo. Era increíble cómo podía él expresarse así, con tanta naturalidad, con tanta sabiduría.

<<Gracias, Gus. Espero tener el tiempo. >> Miré el reloj. << Y si no me doy prisa, no podré despedirme.

<< ¡Suerte! >> Agitó la mano cuando me dirigí a grandes zancadas a la puerta de salida.

<< ¡Hasta pronto, Bill! >> Dijo Georg.

Salí dándoles una sonrisa y apresuré el paso hasta el edificio. Faltaban doce minutos para que las ocho y media se dieran, Andreas tenía que partir antes de las nueve.

Mientras corría hacia mi destino, recordé a Tom; él ya debería estar allí, seguro. Eso hizo que mis pies disminuyeran su velocidad un poco. No quería llegar y encontrarme con la despedida amorosa entre ambos porque sabía muy bien que me iba a doler, incluso pensarlo ya causaba una aguda sensación de malestar en el corazón.

Por primera vez utilicé el ascensor y llegué hasta el tercer piso en tres cuartos de minuto, di grandes zancadas hasta el departamento 312 y abrí torpemente la puerta, esperando a que Andreas no se hubiese ido ya.

<< ¡Andy , lamento…! >> Mi frase se quedó inconclusa porque justo al abrir la puerta me encontré con la escena romántica que quería a toda costa evitar. La despedida amorosa entre Andreas y Tom.

<< ¡Bill! Qué bueno que llegaste antes de que partiera. Pensé que no vendrías. >> La broma no le salió como tal. Se deshizo del abrazo de Tom y se dirigió a mí para abrazarme.

Algo del perfume de él aún había quedado impregnado en sus ropas y llegó hasta mi nariz de forma tenue. Intenté sonreír y poner buena cara, aún sintiendo los horripilantes deseos de estallar en berridos y dejar salir a borbotones las pesadas lágrimas que sentía que me empañaban ya la vista.

Una gota de agua salada cayó al hombro de Andreas, una lágrima que no pude reprimir.

<<Oh, Bill no llores, o me harás llorar a mí. >> Su tono de voz se tornó cálido y tierno, como siempre había sido. Él creía que yo lloraba por su viaje. Era un buen pretexto, pero me sentía mal porque no era cierto. La verdad era que sí sentía dolor, pero era uno propio del corazón, causado por la demostración de afecto entre ellos dos.

Sonreí, esperando que no fuera muy evidente lo falso en ella.

<< Cuídate mucho, Andreas. >> Murmuré. <<Te voy a extrañar. >> Aquello había sonado honesto, porque era verdad.

<< Yo también. >> Me dijo. Luego, la mano de Tom me acarició la espalda en busca de darme consuelo. Hasta ese momento recordé su presencia y un inexplicable rencor me invadió. Lo odiaba bastante, pero de igual manera, lo amaba más de lo que podría llegar a odiarlo. No entendía cómo es que había ilusionado tanto a mi corazón y luego lo había dejado caer en un agujero sin fondo y muy oscuro.

<< Te acompaño abajo. >> Dijo él y luego tomó la pequeña maleta de Andreas, dejando mi espalda desprotegida de su calor. << ¿Vienes? >> Me preguntó a mí. Asentí y entrelacé mi brazo al de Andreas, luego bajé la cabeza. Lo que menos necesitaba era que Andreas se fuera, aunque sólo sea por dos días; sin duda serían los dos días más difíciles de mi vida, teniendo que abstenerme de todo tipo de encuentro con su novio.

Bajamos por el ascensor, mientras que nadie pronunciaba palabra alguna y mi vista seguía fija sólo en el piso del elevador. Cuando llegamos al primer piso y salimos del pequeño apartado, la camioneta de la gente del señor Vittore ya esperaba por Andreas.

Él dio un suspiro y luego se giró para ver a Tom. Lo miró por un par de segundos,

como queriéndole decir algo con sus ojos, parecía que… suplicaban. Pero Tom bajó la mirada y exhaló despacio, luego besó la frente de su novio.

<< Cuídate mucho, amor.>> Le pidió. El corazón, ya roto en miles de pedazos, se contrajo de dolor al escuchar la última palabra. Andreas sonrió débilmente. <<Te amo, Tom. >> Susurró en su oído y yo deseé con un fervor descomunal estar en alguna otra parte en ese momento. Pero él no dijo nada, esbozó una pequeña sonrisa y volvió a besar la frente de Andreas. En serio, lo odiaba.

Luego Andreas se giró hacia mí y me sonrió, con esas sonrisas que me había estado dando últimamente.

<<Te voy a extrañar. >> Le repetí, porque era lo único honesto que había en mí. << Cuídate mucho.

<< También tú. Dos días se pasan rápido. >> Me dijo. Le sonreí y luego Tom y yo lo vimos subir a la camioneta.

<< ¡Nos vemos en dos días! >> Nos dijo y se despidió con un gesto de mano. Tom y yo miramos la camioneta hasta que se perdió entre las calles oscuras.

Cerré los ojos por un instante hasta que la voz de Tom me hizo abrirlos de nuevo. << ¿Volvemos al departamento? >> Preguntó cínico. Pero yo no debía estar con él, ni siquiera verlo durante estos dos días. Andreas se merecía respeto y era lo que al menos le daría.

<< Tom, estoy muy cansado. Quiero subir y tirarme a dormir. >> Dije. << Disculpa. << No, no hay problema. Descansa. Nos vemos mañana. >> Me sonrió y algo en su confianza de que nos veríamos el siguiente día me hizo creerlo.

<< Adiós. >> Dije y sin mirarlo más subí hasta el departamento.

Al instante en el que entré, el lugar ya no era el mismo.

Se supone que ya debería haberme acostumbrado a pasar las horas solo, pero ahora por alguna razón era distinto.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Space_witch_111

Escritora del Fandom

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