Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 19

Y ahora allí, la imagen de ellos dos besándose no se borraba de mi mente y la estaca tampoco de mi corazón; tenía que luchar contra ese recuerdo, ahogarlo en algún agujero de mi mente y así llevarlo al olvido; pero entre más luchaba, más perdía y éstos se volvían más nítidos en mi cabeza.

Me dolía bastante y no entendía cómo tanto dolor podía caber en mi corazón; aún cuando éste ya no lo soportara, era algo que seguía acumulándose más y más cada vez hasta volver el corazón un pesado y luego lo desplomaba hasta mis pies, dejando así sólo un espacio vacío en la cavidad de mi pecho.

Y dolía, dolía bastante.

Había amanecido y rogaba no encontrarme con Tom, hasta ahora, casi medio día, él no había dado señal alguna de vida.

Decidí salir, así, si Tom me buscaba no me encontraría en el departamento.

Apagué también mi celular, sólo por si acaso.

El aire fresco me pegó en la cara mientras intentaba resguardar mis manos en los bolsillos de mi abrigo. Había empezado el mes de Diciembre y con él, el frío austral. Caminé por las calles que ya conocía y llegué a lugares familiares en los que ya había estado antes degustando su comida. La tarde se pasó así, pero el dolor del día anterior aún estaba allí, en alguna parte de mi interior, esperando cualquier descuido mío para vencerme. La curiosidad me invadió de pronto al recordar a Andreas, y en un intento de descifrar ese dilema, prendí mi móvil y marqué el número de Derek.

<< ¿Hola?

<< Derek, hola. >> Musité.

<<Hola, Bill.

<< ¿Tienes tiempo para hablar?

<< Claro, ¿qué pasa?

<< Es lo que quiero saber, Derek. Pasa algo con Andreas, yo lo sé. Lo escuché el otro día hablar contigo en la madrugada. >> Confesé.

<<Oh… >> Hubo un silencio después de su exclamación. Los silencios así nunca son buenos.

<<¿Derek? Si sabes algo, dímelo por favor. >> Supliqué.

<< Está preocupado.

<< ¿Preocupado de qué?

<<Bill, él no es tonto. Los cambios en la actitud de Tom lo lastiman.

<< ¿Qué quieres decir? >> Pregunté, estaba al borde de caer en la confusión. << Que él se da cuenta de que Tom no es el mismo. De que su cariño parece acabarse y pertenecerle a alguien más.

Abrí los ojos sorprendido.

<<¿Alguien más? >> Tragué saliva.

<< Tom te presta más atención que a su mismo novio, Bill. Eso es obvio. >> Dijo, con voz severa.

<< Pero… >> No daba crédito a lo que mis oídos escuchaban, aún cuando ya me lo imaginaba. << Yo no… >>Balbuceé.

<< Escucha, Bill. Sé que eres una buena persona. Sé que serías incapaz de dañar a tu mejor amigo, y conozco también a Tom, él jamás dañaría intencionalmente a una persona. Pero juntos, parece que se les olvida eso. >> Me reprendió.

<< Pero yo no…

<<Sólo no lo dañes. >> Me interrumpió. << Él se fue porque le aseguré que no era nada malo, que Tom tenía momentos así y lo convencí de que ese viaje lo relajaría, le dije que no pensara eso.

<<¿No le dijiste que…?

<< Por supuesto que no. Pero te suplico que no le hagan daño, la última vez fueron muy obvios.

<< ¿La última vez?

<< El Domingo, Andreas me dijo que los vio bailando y eso derramó las especulaciones que él mismo se estaba negando a formar. Él asegura que Tom parecía más feliz bailando contigo que con él.

<< ¿Qué… qué le dijiste? >> Pregunté, con el corazón hecho pedazos.

<< Que estaba loco. Pero ten en cuenta lo que te dije a ti, Bill. ¿Qué vale más? ¿Una amistad de toda la vida o un amor prohibido?

Guardé silencio, la respuesta era muy obvia. Andreas era como mi hermano. << Tengo que colgar. >> Me avisó. << Espero que no hagas nada malo o dejes que suceda algo así.

<< Gracias Derek.

<< No se supone que debía habértelo dicho, pero Andreas me… >> Se quedó en silencio.

<< Lo entiendo, gracias. >> Repetí, con el hilo de voz que apenas salía. Colgué la llamada y al instante me percaté que tenía una perdida. Era de Tom. El corazón me rogó adolorido que lo ayudara. Sufría, sufría bastante. Apagué el móvil antes de que una llamada volviera a entrar y lo dejé en el bolsillo de mi abrigo.

Esto estaba muy mal y era una carga que no podía soportar.

Caminé queriendo perderme, deseaba tontamente que mis pies se despegaran del cemento y me llevaran volando hasta otro planeta.

La tarde pintó su crepúsculo y antes de que el sol se ocultara, su luz anaranjada iluminaba un lugar en el que había parado mis pies. Reconocí aquel sitio y el recuerdo me trajo a Tom a la cabeza. Era el bar-café al que me había llevado el día del cumpleaños de su amigo Matteo.

Yo odiaba esos lugares, pero ahora, lo único que pasaba por mi cabeza, además de Tom y el dolor que esto me producía, era conseguir una manera de terminar con él. Me armé un valor que no conocía y arrastré mis pies hasta el interior.

Cuando ya estaba adentro, caminé esquivando a todos los demás que bailaban al ritmo de la escandalosa música y llegué hasta la barra. Él joven castaño detrás de ella, al mirarme me reconoció.

<< ¡Bill, el amigo de Tom! >> Elevó la voz para que pudiese oírlo y en lo único que encontré significado en esa frase fue el nombre de él.

<< Hola, Matteo. >> Farfullé, sentándome en una de las sillas al borde de la barra.

<< ¿Te sirvo algo?

<< ¿Qué tienes para perder la conciencia? >> Pregunté y él rió.

<< Creí que no tomabas alcohol.

<< Sólo dame algo, que me sirva para olvidar. >> Ordené, frustrado.

<<Súbito. >> Dijo, alzando las cejas y luego me dio la espalda para recopilar varias botellas del estante.

La música me tronaba en los oídos y el dolor cada vez me inundaba más el pecho. Había estado tanto tiempo esforzándome para proteger a Andreas de idiotas, engaños y esas cosas desde lo que pasó con su ex novio; y ahora, yo era el causante de su dolor, de su desconfianza y eso me dolía mucho más de lo que podía llegar a imaginar.

Irme, insistía con eso porque era la mejor opción, pero… dejar de ver a Tom me costaría mucho.

Matteo puso delante de mí un pequeño vaso y sonrió.

<< Salud. >> Dijo con ese acento italiano inconfundible.

Sin contar los chocolates envinados, jamás había pasado por mi boca el sabor a licor, y aquel líquido transparente que reposaba en el pequeño vaso de vidrio me seguía pareciendo igual de repugnante que la primera vez que supe de su existencia. Pero en esta ocasión, necesitaba aquel embriagante líquido para que borrara parte de mi memoria, o al menos, para que el insoportable dolor disminuyera.

Tomé el vaso pequeño con mis dedos y al alzarlo lo miré con repugnancia y asco, pero cerré los ojos y lo dirigí a mi boca dejando que el olor hiciera cosquillas en mi nariz y el líquido bajara por mi garganta, raspándola enseguida de que hizo contacto. Derramé todo el licor dentro de mi boca y la garganta me ardió como si tuviera una flama viva adentro. Abrí la boca e inhalé profundo, tratando de que el aire fresco entrara y aplacara el fuego. Una fuerte punzada de dolor acribilló el lado izquierdo de mi cráneo y una que otra neurona explotó. Entonces sentí el licor tocar mi estómago y como éste se revolvió dos segundos después; una presión allí dentro hizo que casi devolviera lo que había tomado. Cerré los ojos con fuerza y me llevé las manos a la boca, sólo por si acaso.

<< ¿Estás bien? >> Me preguntó Matteo detrás de la barra. Hice que el fuego de mi garganta se calmara un poco cuando volví a abrir la boca para inhalar aire y luego abrí los ojos y lo miré. Me observaba un poco preocupado mientras limpiaba un vaso. Tom aún seguía presente en mi mente y el dolor aún era perceptible.

<< Sí. >>Contesté, con la voz repentinamente ronca. <<Sírveme otro. >>Ordené.

<< ¿Seguro? >> Preguntó, un poco receloso.

<<Sírvemelo. >> Dije, tajante.

Él se arremangó una de sus mangas blancas que se había bajado traviesa antes y alzó las cejas con expresión escandalizada, pero tomó el pequeño vaso y vacío en él el licor amarillento del cual yo desconocía el nombre. Con el vaso lleno me acercó su mano y lo deposito delante de mí sobre la barra. Miré de nuevo el cristal y lo que contenía; me preguntaba cuántos vasos más de estos necesitaba para perder la conciencia o si era preferible pedir que me llenara un vaso más grande. Lo acerqué a mi boca, cerré los ojos y dejé caer parte del licor en mi garganta, que de nuevo estalló en llamas despiadadamente consumidoras; pero sin dejar que éstas se aplacaran me eché otro trago a la boca, sólo que este lo mantuve allí, repentinamente temeroso de hacerlo pasar. El nombre de Tom golpeteó junto a la punzada de mi cabeza y me obligué a abrirle camino entre el fuego a aquel líquido. Las llamas tomaron una nueva fuerza pero ahora el ardor a pesar de ser doloroso, se volvió algo placentero. Y la última parte del trago pasó por mi garganta con menos dificultad. La punzada se expandió hacia el otro extremo de mi cabeza y se convirtió en un dolor agudo. Cuando abrí los ojos, el castaño detrás de la barra me miraba intrigado.

<< Otro.>> Ordené, con aquella voz ronca que salía de entre las llamas de mi garganta. Vaso tras vaso, y el licor seguía pasando por el incendio en mi garganta; hasta que comencé a marearme al ver a las personas a mi alrededor. El dolor había desparecido o al menos, era tan grande que ya no lo sentía.

<< ¿Estás bien? >> Inquirió de nuevo Matteo.<< ¿Yo? ¡Estoy bien…! >> Mi voz se arrastraba como si mi lengua se hubiese quedado pegada en el inferior de mi boca.

<< Claro. Mmm… permíteme. >> Se alejó hasta el otro extremo de la barra y tomó el teléfono. Dejé de tomarle importancia y desvié la mirada; en realidad había dejado de tomarle importancia a todo. Me llevé ambas manos a la cabeza, con los codos apoyados sobre la barra; sentía la música meterse en mis oídos y vagabundear por el vacío en mi cabeza; allí no había cerebro,

neuronas o mente para formular pensamiento alguno; no había nada, excepto una cosa. El nombre de Tom rebotaba de un lado a otro como pelota de ping pong. Estaba sudando, de repente el calor se agolpó en mi cuerpo y las gotas de sudor perlaban mi frente. Me sentí asfixiado de pronto. Me quise levantar para ir al baño y al poner los pies sobre el suelo me desequilibré totalmente, el suelo bailó bajo mis pies y me tambaleé antes de sostenerme de la barra. No sólo el piso se movía, sino también las paredes bailaban y luego se volvían borrosas.

Trastabillé hasta llegar al baño, y luego, cuando con paso torpe pude acercarme al lavamanos me miré al espejo. Mi rostro estaba perlado por el sudor, tenía la nariz con un matiz rojizo y el cabello despeinado. Abrí la llave del agua, estaba fría e hice una cuna con mis manos para sostenerla allí; luego, cuando logré acunar suficiente, me la eché en la cara. Cerré la llave con el rostro goteando sobre el blanco mármol del lavamanos, me miré de nuevo al espejo y después tomé una toallita desechable para secarme la cara.

El rostro me parecía desconocido pero era mío. Deseaba que algo de la capacidad de mover mis pies aún estuviese en funcionamiento; pero me tambaleé igual que la primera vez; mis músculos seguían igual de torpes.

Apoyándome en la pared, logré salir de nuevo hacia el exterior donde la gente aún me mareaba. Pero luego, entre todas esas siluetas borrosas, había una que reconocería así estuviera debajo del agua o en una atmósfera llena de niebla.

¿Qué hacía Tom allí?

Lo fulminé con la mirada, frunciéndole el ceño; pero al parecer, él buscaba a alguien, sus ojos iban de aquí para allá examinando cada rostro y su cabeza se levantaba por encima de los demás queriendo encontrar a ese alguien. ¿A quién estaría buscando? ¿Justo aquí? ¿En el mismo lugar en el que yo estaba?

Me tambaleé de nuevo hasta la barra, en donde había dejado mi bolso y traté de ignorar todos los perturbadores sentimientos que me embargaron al ver a Tom allí. << ¡Hey! ¡Tú! >> Llamé a Matteo y rebusqué entre mi bolsillo trasero del pantalón dinero para pagar la cuenta; él se acercó. << ¿Cuánto es? >> La voz que salía de mi boca me era desconocida.

<< Uhm… >> Murmuró.

<< ¿Me los vas a regalar? >> Pregunté y luego me reí.

<< ¡Bill! ¡¿Qué demonios…?! >> La voz de Tom llegó hasta mis oídos por encima de todo el ruido. Se acercó y me miró.

<< ¿Tú? >> Lo miré. << ¿Tú qué haces aquí?>> Hice ademán de levantarme de la silla con un solo movimiento sobrio, pero fracasé de inmediato y tuve que sostenerme de la barra.

Tom me sujetó de la espalda, temeroso de que me cayera.

<< Usted señor, no tiene porqué tocarme. >> Retiré su mano de mi espalda y le fruncí el ceño en un gesto mal hecho.

<<Será mejor que nos vayamos, Bill. Matteo. >> Sacó su billetera y luego de ella, un par de billetes que aventó sobre la barra. <<Quédate con el cambio. Gracias por llamarme.

<< ¿Por qué pagas mi cuenta? ¿Quién te dio el permiso? >> Le miré, aún ceñudo y con voz torpe.

<< Vámonos, Bill.

<< Pues yo no me quiero ir. >> Me quejé y luego me crucé de brazos.

<< No seas ridículo, Bill. Vámonos. >> Me instó a seguir caminando pero me detuve y luego me tambaleé por el esfuerzo. << Si es necesario sacarte de aquí en brazos, lo haré. >> Me advirtió y me miró serio.

Nos quedamos mirándonos por un buen rato, retándonos el uno al otro; pero fracasé por completo luego de perderme en esos bellos ojos.

<< De acuerdo. >> Farfullé. <<Tú ganas. Siempre ganas. >> Hice un mohín y luego me di la media vuelta para dirigirme a la salida; algo que hizo que me mareara. Pude sentir una firme y fuerte mano sujetándome por la cintura, y al reconocer aquella dulzura en el tacto, la piel se me erizó y un montón de mariposas se desataron en mi estómago. Maravilloso, incluso ebrio y torpe, Tom provocaba esas reacciones en mí. Fruncí el ceño mentalmente.

Cuando llegamos afuera, después de esquivar a toda la gente y que, el aire me movió los cabellos, quité de un tirón su mano en mi cintura y lo miré enojado.

<< ¿Qué pretendes, Kaulitz ? >> Mi voz me parecía incluso más torpe.

<< Sacarte de aquí sano y salvo, vámonos. >> Me apuntó el auto negro del que era dueño, animándome a que subiera.

<< No. >> Me crucé de brazos. <<Ya me sacaste de allá adentro, ya déjame aquí. >> Le hice un gesto con la mano para que se fuera.

<< Bill, por favor, sube. >> Me rogó, serio.

Me giré y comencé a caminar con pasos torpes, sintiendo aún cómo el suelo bailaba bajo mis pies.

<< ¡Bill! >> Exclamó, ordenando que parara, pero lo ignoré. << ¡No seas terco! Seguí caminando, o al menos lo intentaba. Y de pronto sentí que mis pies se despegaron del cemento y unos fuertes brazos me elevaron.

<<¿Qué haces? ¡Suéltame! >> Intenté luchar.<< ¡Tom, déjame! >> Pero mis intentos fueron sólo fracasos.

Tom caminó los pocos metros hasta su auto y con cada uno de sus movimientos, su perfume varonil que me llevaba a flotar en un paraíso, se metía por mi nariz. Me depositó con cuidado media parte de mi cuerpo en el suelo, mis pies volvieron a tocar el piso; pero mi cintura aún estaba fuertemente ceñida por su mano. Me tenía aprisionado.

Abrió la puerta del copiloto del auto y luego volvió a cargarme como un bebé y me depositó con dulzura sobre el asiento. Se inclinó sobre mí y abrochó el cinturón de seguridad sobre mi cuerpo. Oí el chasquido del seguro al cerrar.

<< No soy un bebé. >> Mascullé. Entonces me miró, su bello rostro estaba a sólo centímetros del mío y su respiración me golpeaba el rostro. Sus ojos brillaban con la tenue luz de las lámparas que entraba por las ventanillas del auto. El puñado de mariposas de mi estómago enloqueció.

<< No seas tan terco, Bill, por favor. >> Musitó y su aliento cálido se metió por nariz, mandando al demonio todas las barreras que quise construir contra él.

Miró mis labios, pude notarlo y luego pasó saliva escandalosamente; se retiró rápidamente y su perfume se revolvió entre las partículas de aire.

Cerró la puerta con cuidado y luego caminó hasta el otro asiento del auto y subió. Aquella noche había luna nueva, por lo tanto, sólo la luz amarillenta de las lámparas alumbraban la solitaria calle de Venecia.

Encendió el motor del auto, y el suave ronroneo interrumpió la tranquilidad y el silencio.

<<Puedo acusarte de rapto.>> Farfullé, aún con esa voz torpe y ronca que salía de mí dentro.

Él rió por lo bajo, pero siguió conduciendo sin hablar. Crucé los brazos sobre el pecho y fruncí el ceño. << Puedo cuidarme solo, no necesito un niñero. >> Volví a soltar. << ¿Vas a decirme todo el camino lo que puedes hacer y no haces? >> Inquirió, con voz serena. Lo miré enojado mientras la luz de las lámparas caminaban sobre nuestros rostros y luego se iban. Su vista aún estaba puesta hacia el frente. << Normalmente no eres así conmigo. >> Me dijo. << No cabe duda de que estás ebrio.

<< Vete dando cuenta, Tom. >> Mascullé. << No todo debe de ser como tú deseas.

<< ¿Eso qué quiere decir?

<< Que te odio. >> Dije, mi labio inferior sobresalía un poco. Pensé que se iba a reír, tomándolo como un chiste debido a mi estado etílico; pero no, me miró con el ceño fruncido, intrigado.

<< ¿Qué? ¿Por qué me odias? >> Preguntó.

<< Ahora te haces el inocente. >> La voz ronca se me quebró y él me miró aún más intrigado, preocupado también.

Estacionó el auto con un movimiento rápido del volante que hizo que se me revolviera el estómago. Luego me miró.

<< ¿Qué? ¿Por qué dices eso? >> Inquirió, escrutándome con la mirada, evidentemente sorprendido y preocupado.

<< Por favor, Tom; no me digas que eres tan estúpido que no te das cuenta. >> La temblorosa voz se hizo un hilo y las lágrimas salieron finas y delicadas de mis ojos. << ¿Cuenta de qué? >> Lo miré con los ojos empañados de lágrimas y la respuesta en los labios; pero no dije nada. Me crucé de brazos de nuevo y giré mi rostro bruscamente.

<<De nada, no importa. >> Mascullé.

<<Bill, dime qué te he hecho. >> Esa no era una pregunta, sino una orden. No contesté y seguí mirando hacia el frente, a través del parabrisas del auto, contemplando la inmensidad de la oscuridad y con los ojos empañados aún.

<<¿No vas a decirme? >> Insistió y lo ignoré.

¿Qué sentido tenía decirle que lo amaba si su corazón estaba atado junto al de alguien más? Era estúpido, justo como esta misma situación.

Después de esperar algunos segundos y ver que mi silencio persistía, se recargó de nuevo en su asiento y luego suspiró. Encendió el auto de nuevo y lo puso en marcha. Seguro me veía estúpido, porque así me sentía. Dejé que las lágrimas cayeran en silencio, porque ninguno de los dos dijo nada. Miré por la ventanilla del auto y a pesar de que estaba ebrio, podía recordar el camino de regreso al departamento de Andreas; y este no era. Pero no le tomé importancia, porque a pesar de todo, me sentía seguro con Tom a mi lado.

Recargué la cabeza en el asiento y luego cerré los ojos, repentinamente cansado; quizá la rabieta de niño pequeño que había hecho minutos antes me había robado la suficiente energía como para hacerme caer en la inconsciencia.

El golpe de la puerta al cerrar me despertó y aquel dulce perfume que me traía tanta inspiración volvió a juguetear por mi nariz.

Mi cabeza descansaba sobre el duro pecho de él y mi cuerpo era cargado por sus fuertes brazos.

Luego sentí mi cuerpo descansar sobre algo blando y cálido, entonces mis ojos pudieron captar algo; aquella blanquecina luz no era alguna que me pareciera familiar y el aroma de su varonil perfume seguía jugueteando en mi nariz a pesar de que ya no sentía su cuerpo cerca. Dos segundos después de haberme percatado de ello me pregunté dónde estaba.

<< Tom. >> Musité y enseguida mis ojos se encontraron con su rostro. Estaba parado, mirándome allí acostado donde sea que yo estuviera.

<< Descansa. >> Susurró y se acercó para besarme la frente y sentí sus cálidos labios sobre mi pelo que caía por mi frente.

Pero entonces sujeté fuertemente su rostro con mis manos y conduje sus labios hasta los míos, guiado por el impulso de tenerlo así de cerca. Su cálido aliento recorrió desde mi frente hasta mis labios y luego nuestras bocas se unieron; ambas deseosas una de la otra. Un remolino de emociones junto a un huracán de sensaciones explotó dentro de todo mi interior; y una carga eléctrica se envió desde mi corazón hasta cada extremidad de mi cuerpo, y até mis dedos a su cabello. Su boca se movió junto con la mía y su aliento se metía por mi garganta en donde ardía un nuevo fuego, esta vez creado de pasión. Sus manos se apoyaron a cada lado de mi cuerpo, puesto que sentí una hendidura al mismo tiempo. Me llevó un minuto darme cuenta de que yo descansaba en una cama.

Mi cuerpo ardió entre la pasión y amor, mientras que nuestros labios aún permanecían unidos, bailando en una sincronización sin igual.

Continúa…

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por Space_witch_111

Escritora del Fandom

Un comentario en «Manual 19»

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