Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 21

El dolor de cabeza se había esfumado por completo, pero el dolor en mi corazón seguía estancado y se movía como la hoja de un cuchillo afilado. Mis maletas estaban hechas sobre la cama, la habitación había quedado tal cual la había encontrado cuando llegué. Iban a ser las seis de la tarde, pero el tiempo ya no importaba, a mí se me había acabado la estancia allí y cada movimiento del reloj me lo recordaba. Tomé mi abrigo y fui con Gustav, al menos él tendría que saber que me iba.

Caminé con paso apesadumbrado, era como si los pies me pesaran toneladas; las manos se me congelaban, sin siquiera haber tanto frío.

Llegué hasta el laboratorio pero esta vez, no había fotografías que imprimir, sino, una triste noticia que dar. Crucé la calle, tratando de respirar, no sabía que tan difícil podría ser decirle adiós a las personas que aprecias y más, si sabes que para volver a verlas pasará mucho tiempo, si es que sucede.

El ruido de la puerta de entrada se escuchó cuando la abrí y la delicada figura de Gustav se posó en mis ojos. Me dieron ganas de llorar en cuanto lo vi sonreírme. << ¡Billy, hola! >> Me saludó, con esa alegría tan angelical en él. Quise sonreír pero una traicionera lágrima fue lo único que salió. Me dolía bastante decirle adiós a una persona fantástica. << Oh, Bill, ¿qué sucede? >> Llegó hasta mí en un rápido andar y me abrazó.

<< Vengo a despedirme… >> Musité.

<< ¿Qué? ¿Adónde vas?

<< Vuelvo a Hamburgo. >> Confesé.

<< ¡¿Qué?! >> La expresión se le contrajo de desconcierto.

<< Tengo que irme, Gus. Ya no tengo nada más qué hacer aquí.

<< Pero… ¿por qué?

Respiré hondo, allí iba otra vez la historia, la dolorosa y triste historia del porqué me iba.

<< Anoche me embriagué y besé a Tom. >> Dije, no quería darle mucho detalle al asunto.

<< ¡¿Hiciste qué?! >> Sus ojos se abrieron desmesuradamente y llevó sus manos a su boca para contener el grito de sorpresa.

<<No me hagas recordarlo, soy el peor mejor amigo del planeta. >> Sollocé. << Vaya… >> Murmuró. << No puedo creerlo. >> Se quedó en silencio. << Y… ¿cómo estuvo?

<< ¿Qué cosa? >> Inquirí, confundido.

<< El beso.

<< ¡Gustav! >> Farfullé, escandalizado.

<<Lo siento, pero es que… en serio no puedo creerlo. Quiero decir, me sorprende que haya sucedido algo así, Tom tiene novio, ¿no? y tú… bueno tú jamás hubieras querido herir a tu mejor amigo, ¿verdad?

<< Es lo único que me duele, Gus. Que lo traicioné.

<< Sí pero… ¿seguro que es eso lo único?

<< ¿Qué quieres decir? >> Pregunté.

<< No lo sé… >> Se encogió de hombros. << ¿No te duele dejar a…? Tú sabes.

<< Tom. >> Me tembló la voz y Gustav asintió. << Si te digo que no, te mentiría. Lo amo. >> Confesé.

<< ¿Y qué vas a hacer? ¿Tú crees que irte arreglará las cosas?

Me reí.

<<Sabía que intentarías hacerme cambiar de opinión, pero ya no hay vuelta atrás, Gus. Me voy.

<< No puedes escapar siempre.>> Me reprochó.

<< No, pero ahora sí. De todos modos volvería, no me iba a quedar para siempre aquí.

Él suspiró, sabiendo que por supuesto, no iba a cambiar de opinión.

<<Te extrañaré tanto. >> Murmuró.

<<Yo también. Pero podemos escribirnos. >> Dije, tratando de evitar el melodrama, pensar en despedirme de una persona como Gustav me dolía en serio en lo más profundo de mi alma.

<<No será lo mismo. >> Dijo, triste.

<< Nunca voy a olvidarte, ¿de acuerdo? >> Musité.

<< ¿Y prometes que te cuidarás?

<< Lo prometo.

<<¿Cuándo sale tu avión? >> Me preguntó.

<< Mañana a las once de la mañana.

<< Le pediré permiso a mis papás y cerraré para…

<< No. >> Lo interrumpí. << Escucha, no te lo tomes a mal, pero mañana no quiero que nadie me acompañe al aeropuerto. No me gustan las despedidas, Gus… y si puedo huir de ellas, mejor.

<< ¡Pero ya no voy a volver a verte!

<< Claro que nos volveremos a ver, algún día…

<<Te voy a extrañar demasiado.

<< Ya somos dos. >> Traté de deshacer el nudo en mi garganta. << Te quiero, Gus. Gracias por todo.

<< También te quiero, Bill.

Le di un último abrazo y me retiré del lugar antes de que yo mismo me amarrara a él, sabía desde un principio que no debía de encariñarme con las personas porque dejarlas me costaría mucho, y no estaba equivocado. Dolía bastante.

Caminé hasta el edificio, mientras me limpiaba las lágrimas que resbalaban por mi mejilla. El cielo estaba oscureciendo, este había sido mi último día en Venecia. Subí por las escaleras, desganado totalmente. La despedida de Gustav no había sido para nada sencilla. No cabía más dolor en mi corazón. O eso pensaba yo. << Sólo quiero hablar con él… >> Era su voz, sin duda, la que se oía a través del pasillo con eco propio. Me quedé helado, mis pies no se movieron más y mi cuerpo quedó escondido tras la pared continua.

<< Pero él no quiere hablar contigo, pervertido. >> Esa otra voz era la de Georg, aireada. ¿Qué estaba sucediendo?

<< ¿Pervertido? >> Repitió Tom.

<< ¿Lo llevas a tu casa sabiendo que no está en sus cinco sentidos? No te hagas el santo. >>Dijo Georg.

<< Lo llevé a mi casa por eso mismo. >> Explicó. << No iba a dejarlo aquí solo en ese estado, además, yo no tenía llave de este departamento, ¿qué querías? ¿Qué lo dejara en el pasillo? >> Replicó.

<< Como sea, Bill no quiere verte.

<< Tú no decides, no tienes derecho. >> Decía Tom.

<<No decido, sólo te estoy repitiendo lo que él me dijo esta tarde. >> Refutó Georg.

<< Necesito hablar con Bill, y tú no me lo vas a impedir. >> Advirtió Tom.

<< Ojalá lo encuentres.>> La voz de Georg parecía ocultar una sonrisa malévola.

Hubo un silencio y me eché a correr al captar que la conversación entre ellos había terminado y que Tom pasaría por donde yo estaba escuchando todo. Corrí hacía el ascensor, Tom no lo tomaría, de eso estaba seguro. Las puertas se abrieron a tiempo y me escondí antes de que sus ojos me vieran. Apreté el botón para el quinto piso, sólo por si acaso y el estómago se me encogió, evidentemente más sensible, el ascensor subió un piso arriba. Cuando las puertas se abrieron de nuevo y me dejaron salir, bajé rápidamente las escaleras hasta mi piso y llamé a la puerta del departamento 308. Alguien dentro refunfuñó palabras ininteligibles y luego la tía de Georg me abrió la puerta y me puso mala cara.

<< Disculpe que la moleste, ¿está Georg? >> Pregunté.

<< ¡Georg! >> Lo llamó, luego sin decir nada más, se dio media vuelta y volvió al sofá en el que seguro estaba antes.

Georg salió de una de las habitaciones y después de que miró a su tía me captó en la puerta de entrada, esperando.

<< Oh.>> Musitó y se acercó a toda velocidad. << ¿Qué pasa, Bill? >> Dijo, saliendo un poco y cerrando la puerta tras de sí.

<< Escuché la discusión que tuviste con Tom, ¿Por qué? ¿A qué vino? >> Inquirí, desesperado. Él exhaló.

<< Venía a hablar contigo, pero le dije que tú no querías hablar con él. >> Musitó.

<<Eso lo escuché, pero ¿por qué le dijiste que yo no quería hablar con él? << Pues, ¿no es obvio? Bill, yo sé que te lastimaría más de lo que ya lo ha hecho. No quiero que te sientas culpable de nada, Tom es el que tiene la culpa aquí y quiero que lo acepte. Además ya has llorado bastante.

<< Pero…

<< A menos de que quieras despedirte de él, yo no puedo impedirlo. >> Se encogió de hombros.

<< No. >> Negué rotundamente. << Ni siquiera le diré que me voy.

<< No digas que te vas, se siente horrible. >> Musitó, bajando la mirada.

<< Gracias por todo, Geo. Por esto y por… todo. >> Reí sintiendo de nuevo esas ganas de llorar.

<< No te preocupes por mañana, yo te llevaré al aeropuerto y…

<< No. >> Me negué, amablemente. << Lo mismo que le dije a Gus te digo a ti, no me gustan las despedidas y mucho menos si son largas. Gracias por ofrecerte pero… no.

Se me quedó mirando por unos segundos.

<< Mañana imaginaré que sigues viviendo justo enfrente de mí. >> Sonrió y el corazón se me oprimió, entristecido. Extrañaría a Georg mucho más de lo que había imaginado. Me dio un último abrazo y luego me besó la mejilla. << Ya sé que van como tres veces que hacemos esto pero, no cuenta como una despedida, nos volveremos a ver algún día. >> Aseguró y algo en su voz me hizo creerlo. Sonreí.

<< Entonces hasta pronto. >> Dije, separándome de él.

<< Hasta pronto. >> Sonrió.

Entré al departamento y me esforcé por no dormir al principio. Tenía que volver a mi ritmo de vida de un día a otro.

Logré quedarme despierto hasta las tres de la mañana, porque a pesar de que los ojos me ardían de sueño y de haber llorado tanto, estar despierto provocaba que los recuerdos nítidos vagaran en mi mente; así que mejor decidí cerrarle el paso a todo eso y cerrar los ojos para intentar dormir mi última noche.

Los ruidos sonoros del exterior me despertaron. Me revolví entre las sábanas y me estiré antes de bostezar. Hoy era un nuevo día. Hoy era el día.

Me levanté como zombie de una tumba, incluso tenía el aspecto de uno. Miré el reloj, eran siete con treinta y cinco minutos.

Los ruidos siguieron escuchándose fuera y lo único que mi mente produjo fue un pensamiento con nombre propio: Andreas. La respiración se me entrecortó y el corazón me latía oprimido. No tenía cara siquiera para verlo, sostenerle la mirada y tratar de sonreírle, sabía que no podría hacerlo. Respiré hondo varías veces, tratando de calmarme, llevaba puesta la misma ropa del día anterior, arrugada por haber dormido con ella; había dejado sólo un cambio para el viaje. El viaje. Si Andreas entrara a mi habitación a despertarme vería las maletas y… esa no era una buena forma de enterarlo de que me iría, yo tenía que sacar valor y hablar con él, aún cuando no quisiera.

Me levanté rápido de la cama y me cambié de ropa, guardando en una de las maletas la que antes me había quitado. Me sorprendí de lo rápido que lo hice y salí de mi habitación, con el corazón latiendo a mil por hora.

<< ¡Hey, hola! >> La sonrisa de Andreas se expandió al verme, mientras luchaba con su pequeña maleta porque el cierre no abría.

Corrió hasta mí y me abrazó, él siempre hacía eso y me recordó al primer día que llegué a Venecia. Le correspondí tímidamente.

<< ¿Puedes creerlo? El señor Vittore quiere que trabaje hoy, aunque sea medio día. Tendré que irme a las dos. >> Hizo un mohín. Traté de hacer algo, un gesto o lo que sea, porque hablar no podía; repentinamente la voz se me había ido. << ¿Te pasa algo? >> Me miró.

<< No, no… >> Tartamudeé. <<Sí.

<< ¿Qué ocurre? >> Me preguntó.

Este era el momento, en poco más de tres horas me iría, y si no le decía ahora, quizá ya no encontraría el valor después.

<< Regreso a Alemania , Andy>>. Dije, con el nudo en mi garganta. Los ojos de Andreas se abrieron más grandes de lo que ya eran.

<< ¿Qué? Es broma, ¿no? >> Farfulló. Cuando me vio en silencio, serio y entristecido a la vez, entonces supo que no lo era. << Pero, ¡¿por qué?! Pensé que te irías después de año nuevo, ¡Apenas comenzó diciembre! >> Parloteó y los ojos se le pusieron rojos. << Tengo que irme, Andreas. >> El temblor de mi voz dieron paso a las lágrimas, podía ver llorar a todo mundo, pero nadie movía tanto mi fuero interno como lo hacía Andreas, verlo llorar a él era distinto, desgarrador.

<<¡¿Por qué?! >> Volvió a repetir.

Estaba consciente de que Andreas tenía que saberlo, pero de pronto, me volví cobarde y las piernas debajo de mi jean temblaron.

<< Sólo… ya… es que ya no tengo nada que hacer aquí, tengo que volver a Hamburgo>> Murmuré.

<< ¿Cómo que no tienes nada que hacer aquí? ¿Yo estoy pintado? ¡Claro que tienes mucho qué hacer aquí! Se supone que viniste a pasar navidad conmigo, a estar juntos en año nuevo, ¿y dices que no tienes nada qué hacer aquí? >> Explotó, con todas esas lágrimas corriendo por su rostro.

<< Andy, discúlpame. >> Supliqué. << Pero entiéndeme, tengo que irme.

<< ¡Es que no te entiendo! No logro comprenderte, ¿por qué?

Verlo así, derramando lágrimas por mí era devastador, pero aún cuando estuviera enojado y no encontrara explicación a mi huida, era preferible que verlo con el corazón roto, sin novio ni mejor amigo. Pero él tenía derecho a saber. Las lágrimas se me atoraron en la garganta y la voz no salió del nudo de ella, sólo abrí la boca, pero no hubo sonido alguno.

Llamaron a la puerta y ninguno de los dos nos movimos, sólo mis ojos se dirigieron a la puerta de madera. Los golpes insistieron, Andreas se giró y fue a abrir dejándome colapsado por la persona que estaba del otro lado.

<< Andreas, ¿por qué lloras? >> Tom lo miró preocupado, el rostro de Andreas estaba enrojecido y sus ojos no paraban de llorar. Él se dio la vuelta sin contestarle y caminó de nuevo hasta mí, cuando Tom me vio, llorando también, abrió sus ojos sorprendido y pensó lo peor.

<< Andreas…

<< ¡Dime porqué demonios te vas! >> El grito de él lo interrumpió y allí Tom pareció caer en cuenta.

<<¿Te vas? >> Me preguntó y a su rostro asomó una expresión de dolor que lo desencajó por completo. Ya no podía más, no lo soportaba. Sentía que me derrumbaría allí mismo tras la mirada de dolor de ambos, de dos personas que amaba bastante.

<< Sí… >> Obligué a mi garganta a abrirse de nuevo, sólo para contestarle a Tom. << ¿Por qué? >> Inquirió, desconcertado y cínico. Gemí, incrédulo, ¿él me preguntaba por qué? Moví la cabeza negativamente, lo odiaba.

<< Mi vuelo sale a las once. Perdóname, Andreas. >> Tomé mi abrigo y salí corriendo de allí, simplemente ya no podía soportarlo.

Corrí escaleras abajo y salí al exterior, no tenía dinero y la gente me regalaba miradas raras porque mi rostro estaba bañado en lágrimas.

Había una persona que aún no había visto, una persona que debía enterarse de que me iba y las razones de porqué me iba. Faltaba despedirme de mi mejor amigo, Derek. Lo llamé y le pedí que me recogiera, ya que yo no sabía dónde vivía y a los pocos minutos apareció en el parque en el que yo estaba sentado.

Me llevó hasta su casa, porque le pedí que lo hiciera, no quería hablar en plena calle sabiendo que me soltaría a llorar más de lo que ya lo hacía. Ni siquiera me molesté en apreciar la casa o lo que había en ella, todo lo que hice fue seguir a Derek hasta su cuarto, luego de saludar a su madre.

<< Ahora dime, ¿qué pasa? >> Me hizo sentar en su cama y él se sentó en la silla de un escritorio que tenía a lado.

<< ¡Soy un completo estúpido, Derek! >> Farfullé.

<< ¿Por qué?

<< Porque no acaté las reglas, porque le rompí el corazón a mi mejor amigo y porque como un completo cobarde, regreso a Hamburgo.

<< ¿Cómo? Espera, cuéntamelo por partes, no te entiendo. >> Gesticuló con las manos, haciendo señal de que parara. Suspiré, tratando de limpiarme las lágrimas que no se cansaban de salir.

<< Regreso a Alemania . >> No sabía porqué siempre empezaba diciendo eso.

<< ¿Por qué?

<< Esa… esa es la parte difícil. >> Dije, entre sollozos. Unos ruidos se escucharon afuera de su habitación. << ¿No deberíamos cerrar la puerta? >> Dije, temiendo que alguien pudiera oírnos.

<< Mi madre no se mete en lo que no le incumbe, no te preocupes. >> Me tranquilizó. <<Dime, ¿por qué te vas?

<< Porque soy malo, Derek. >> Sollocé más fuerte. << Si supieras, cuánto me duele… en serio.

<< Pero dime, ¿por qué? >> Su tono de voz no sólo era preocupado sino también desesperado.

<< Porque… no te hice caso, Derek. Después de que hablamos por teléfono el otro día yo… me sentí tan mal que cometí una estupidez.

<< ¿Qué hiciste, Bill? >> Sus ojos se mostraron cautelosos y seguían preocupados.

<<Me embriagué y besé a Tom.

<< ¡¿Besaste a Tom?! >> Andreas apareció de pronto por la puerta, con los ojos abiertos de incredulidad y la cara desencajada de dolor.

Continúa…

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por Space_witch_111

Escritora del Fandom

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