Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 24

Entonces me dediqué a escuchar la canción, había algo que me llamaba, como la primera vez. Algo en aquellas palabras que salían de la boca de Nena que decían mi nombre.

Me quedé quieto, mudo. Todos mis sentidos se centraban ahora en aquella melodía, en la letra, en pensar que… él la había escrito pensando en… mí.

Las piernas se me tambalearon y me sentí débil. Eran las palabras del hombre que yo amaba, eran los sentimientos que yo jamás había reconocido. Pero… ¿y si no era cómo yo creía? ¿Si aquella canción no hablaba de mí sino… de Andreas? Los pensamientos comenzaron a chocar entre sí en mi cabeza, provocando un completo caos en ella. La palabra amante era bastante clara, había utilizado la misma aquella vez que había escrito esa canción y estaba seguro que esa hablaba de mí; pero ahora, las dudas comenzaron a atormentarme cruelmente, ¿estaría él pensando en mí? ¿Me extrañaría? ¿Me amaba? Deseé llevarme las manos a la cabeza para intentar acallar las voces en mi mente, pero sólo me limité a quedarme inmóvil. Había algo en esa canción que gritaba mi nombre, estaba seguro. Pero no quería parecer tonto y hacerme burdas ilusiones aún teniendo el corazón roto y el dolor abismal en mi pecho. Sentí mis ojos humedecerse, al menos esa canción me describía también. Deseaba tener la respuesta, tener alguna especie de poder o magia que me mostrara lo que yo quería saber.

Me sentí… como si aún viviera en Venecia y él… estuviera al lado mío. La cabeza comenzó a darme vueltas, pidiéndome la razón que, ya no la hiciera escuchar; pero el corazón, batiendo adolorido contra mi pecho, me rogaba que lo dejara seguir allí, que aún sintiendo dolor, le gustaban los recuerdos.

Yo no sabía a quién obedecer, ambos eran tan fuertes y yo tan débil, pero entonces, algo se removió dentro de mí. La fierecilla que llegué a pensar que ya no existía, se movía con cautela en mi interior, escuchando atenta cada palabra en esa canción y ya no pude luchar contra ella, se había vuelto igual de vulnerable como yo, pero esa era la cuestión, ambos lo éramos y ninguno de los dos teníamos la fuerza suficiente para ganarle al otro. Simplemente me quedé allí, escuchando, inmóvil, hasta que sentí que una lágrima cayó por mi ojo y resbaló por mi mejilla. Al menos me alegraba una cosa, su sueño se había cumplido; sus canciones habían sido tocadas por un artista; al menos él era feliz, ¿no? Aún cuando la canción sonara triste, pero… es sólo una canción, escrita ya hace tiempo, estaba seguro.

De pronto me embargó la curiosidad, ¿dónde estará él? ¿Y Andreas? ¿Seguirán juntos? Entonces dejé escapar otro par de lágrimas.

Aquella canción era lo único que me hablaba de Tom y no estaba seguro de qué me decía.

No supe a qué hora llegó Natalie y se situó a mi lado. Me miró.

<< ¿Cuántas fotos has tomado? >> Me preguntó pero no respondí. Entonces me miró de verdad y notó el rastro húmedo que habían dejado las lágrimas. << ¿Qué tienes? >>Inquirió, visiblemente preocupado.

<< Es su canción. >> Musité, sin apartar la vista del artista sobre el escenario.

<< ¿Su canción? >> Repitió, sin comprender.

Desde el día en que llegué y le conté a Natalie todo, no había mencionado nada relativo a la historia de Tom y Andreas, aunque la llevara conmigo día y noche, impregnada en mi piel y no se lograra salir de mi cabeza.

<<Él escribe canciones. >> Farfullé. << Es compositor. >> Lo di por hecho. << Y esa es su canción…

<< ¿Se la escuchaste tocar alguna vez?

¿Natalie creía que no era verdad?

<< Mira la pantalla. >> Dije. << El nombre del autor. >> Especifiqué. Natalie lo hizo, justo se estaba terminando la canción.

<< ¿Tom Kaulitz? >> Preguntó, sin entender, luego de un corto silencio, abrió los ojos y me miró. << Tom Kaulitz! >> Soltó, acordándose. <<Quiero irme. >> Dije, dándome la vuelta.

<< Claro, entiendo. >> Por eso Natalie me caía tan bien, no hacía más preguntas después de que veía que ya no obtendría respuestas. <<Llévate mi camioneta. >> Sacó las llaves de su bolsillo y me las ofreció.

<<Pero tú…

<< Yo mañana paso por ella. << Me aseguró. << Mañana nos tenemos que reunir para seleccionar las fotos que presentaremos a la revista. Anda, llévatela. >> Insistió.

<<Debo conseguir un auto, ¿no? >> Suspiré y tome las llaves.

<< No estaría mal, pero ya. Mañana nos vemos.

<< Hasta mañana, Nat .

Salí de ese lugar apenas pude, trataba de contener las lágrimas después de la charla poco casual que había tenido con Natalie. Subí a su intimidante camioneta plateada y luego encendí el motor, haciéndolo rugir bajo de mí.

Conduje hasta casa, ignorando las ganas de llorar que me embargaban pero era casi imposible.

Se trataba de Tom. Bueno, todo en mi mundo se trataba de Tom, pero esta vez había sido directo, en la realidad, fuera del mundo en mi cabeza. Quise bloquear los pensamientos en ella, que si era para Andreas, que si era para mí; porque todo eso sólo me provocaba un dolor infinito, porque, ¿qué posibilidades habría si fuera mi canción?

Tom me extrañaría, pero ya había pasado un mes desde que me fui de Venecia y ya me habría venido a buscar si es que… me amaba. Entonces todas las ideas que giraban entorno a esa, se desbarataron en mi cabeza. No era mi canción. Era para Andreas, pero si se trataba de Andreas, ¿por qué mencionaba la palabra «amante»?

Giré el volante hacía la derecha, haciendo rodar las llantas de la camioneta en esa dirección.

A menos que, la canción la haya escrito pensando en mí, pero no habría venido a Alemania por aquello que le pasó con Devon. ¡Por Dios! No era un bebé, tiene veintiún años, ¿por qué no lo supera y ya? Resoplé, frustrado. Aquellas conjeturas no me llevaban a ningún lado, excepto al mismo laberinto de mi mente. Pero había alguien que sí podía hacerme saber lo que quería. Estacioné la camioneta de Natalie en la acera y bajé de ella rápidamente para subir las escaleras hasta mi casa.

Miré el reloj, eran las 12 de la noche.

Tenía que hablar con Gustav, así que esperaría hasta que amaneciera. No sabía si quería saber, pero necesitaba hacerlo. Estas especulaciones en mi cabeza causaban más dolor que la verdad, fuera cual fuera.

Nueve de la mañana. Era como si contara con un reloj despertador en la cabeza que me anunciaba la hora en la que tenía que tomar la computadora e intentar comunicarme con Gustav.

Me desperecé rápidamente y puse la laptop sobre mis piernas; la luz que desprendió al prender me encandiló un poco los ojos.

Me conecté a Internet y sentí un gran alivio cuando vi que Gustav también lo estaba. No dudé ni dos segundos en iniciarle conversación.

<< ¡Hola! >> Tecleé sobre las negras teclas, haciendo aparecer las letras sobre la ventana de conversación.

<< ¡Hey, hola! >> Me contestó al instante.

<< ¿Cómo está todo allá? >> Deseaba que Gustav entendiera a la primera lo implícito en mi pregunta.

<< Bien, supongo. Llevé a Georg ayer a un parque, desayunamos juntos y anduvimos por casi toda la ciudad. >> Podía apostar que su rostro dibujaba una sonrisa mientras tecleaba la respuesta.

<< Qué lindo, Gus. Me alegro mucho.

<< ¿Y tú? ¿Qué tal? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?

<<No lo sé. El sábado creo. Yo estoy bien… mejor. >> Me quedé con dedos indecisos sobre el teclado y luego suspiré. Tenía que preguntarlo. << Dime, Gus ¿Cómo está Andreas? ¿Cómo está… él? ¿Sabes algo de ellos?

El segundo que tardó en responder me pareció eterno.

<< Bill… dijiste que no los mencionarías.

<< Por favor, Gustav. Necesito saber algo. Mis especulaciones me hacen más daño. Por favor.

Esta vez se tardó más en contestar.

<<Según Georg, Andreas y Tom ya no están juntos. Andreas entra y sale de su departamento solo y de vez en cuando Derek lo visita.

<< ¿Y Tom?

<< Bill…

<< Dime, por favor.

Casi un minuto. ¡¿Por qué se tarda tanto en responder?!

<< Se fue.

Al momento de leerlo, los ojos se me abrieron con sorpresa. ¿Se había ido? ¿Adónde? ¿Desde cuándo?

<<¿A dónde fue? >> Tecleé despacio, letra por letra.

<< No lo sé, Bill, nadie sabe.

<< ¿Cuándo se fue? >> Volví a insistir.

<< Bill… realmente no lo sé. Cambiemos de tema, por favor.

Acepté, pero luego de ese momento mi mente se desconectó de aquella conversación y empezó a divagar, buscando posibles lugares a los que Tom se iría. Él no vendría a Hamburgo, eso estaba descartado.

Me levanté de la cama y me serví una taza de café con leche. Caminé hasta el librero y saqué de la orilla izquierda el sobre amarillo que abarcaba el último espacio en toda la hilera de libros. Caminé de nuevo hasta la mesa y lo dejé allí, indeciso de mi siguiente acción. Me le quedé mirando un buen rato, ¿qué tanto daño podía causarme mirar su rostro en aquellas fotografías? Sabía que desde que se las mostré a Natalie , no las había vuelto a sacar porque cada vez que me acordaba siquiera de Tom, el corazón latía con dolor; pero, pensarlo lejos me hacía tener la necesidad de sentirlo cerca, aunque sea en fotografías. Rocé con las yemas de mis dedos el borde del sobre y vacilé con el cordón rojo que lo mantenía cerrado. Quería verlo… pero el timbre sonó. Alguien llamaba a mi puerta, seguro era Nat . Tomé el sobre y lo puse encima de una silla y luego agarré una frazada azul y me envolví con ella. Me apenaba un poco que la gente me viera en pijama. Pero entonces me acordé de Tom, aquella vez que había llegado al departamento de Andreas y me había visto en el mismo pijama que ahora traía puesto; ignoré la punzada de dolor en el corazón y corrí escaleras abajo para abrir la puerta.

<< Nat , hola. >> Dije y sonreí.

<<Veo que estás a salvo, ¿no chocaste anoche? >> Bromeó, mirando su camioneta. Me reí.

<< Pasa. >> Abrí más la puerta y lo dejé entrar. Fue detrás de mí en las escaleras hasta que llegamos a mi habitación.

<< ¿Te acabas de despertar? >>Preguntó.

<<Quizá.>> Se rió y luego miró el sobre amarillo sobre la silla, en su mirada había un destello enigmático. La misma mirada que había puesto la primera vez que le mostré el contenido de aquel sobre.

<< ¿gustas chocolate caliente?

<< ¿Eh? >> Me miró. << Ah, sí, claro. >> Me sonrió. <<Sírvete, mientras voy a cambiarme. >> Dije, ignorando esas miradas misteriosas de Natalie. Seguro sólo se acordó de lo que había en él, nada más. Me fui a mi habitación y me vestí casual, a fin de cuentas no importaba mucho la ropa que usáramos, todo iba oculto debajo de algún abrigo que el frío invernal nos obligaba a usar. Salí y vi a Natalie sentada a la mesa, tomando de su taza de chocolate.

<< ¿Listo? >> Me preguntó, poniendo la taza a lado del sobre amarillo, sobre la mesa.

<< Listo. >> Le sonreí y me dirigí hasta él, tomé el sobre… ¿Qué no lo había dejado sobre una silla? Suspiré, a lo mejor ya me estaba volviendo loco. Coloqué el sobre en su sitio de antes, hasta el final de todos los libros que nunca abría y luego me giré hacía ella .<< Vámonos. >> Le sonreí, de nuevo.

Fuimos hasta un nuevo laboratorio de fotografías que Natalie había descubierto hace un par de días, estaba más cerca de mi casa y por lo tanto no tardamos mucho en llegar. Cuando revelamos todas nuestras fotografías, apartamos las mejores y luego, rumbo a la agencia de publicidad en donde se encontraba aquella persona de la revista, nos dirigimos.

<< ¿Ya estás mejor? >> me preguntó, dejando las bromas infantiles con las que íbamos divirtiéndonos todo el camino.

Suspiré. Ella tampoco había olvidado lo sucedido ayer.

<< Se fue. >> Musité, bajando la mirada.

<< ¿Cómo que se fue? >> Dijo, sin comprender.

<< Ya no vive en Venecia, ya no está con Andreas.

<< ¿Y tú cómo sabes?

<< Gustav me contó, o mejor dicho, le supliqué que me contara. >> Levanté la mirada. <<Él se fue.

<< ¿Adónde iría?

<< A Japón, quizá

Me encogí de hombros, aparentando indiferencia al dolor interno.

<< ¿Japón?. No estoy muy seguro si se fue para allá. Lo que sí sé es que se fue para alejarse de Andreas, de Venecia, de… mí.

<<Borrón y cuenta nueva. >> Me sonrió. << Tienes que seguir adelante, el pasado es el pasado y no podemos hacerlo parte de nuestro presente. A menos de que nos convenga o nos traiga un beneficio, mientras no, déjalo atrás.

Le regalé una sonrisa. Así era Natalie, una bruta de sentimientos pero con razón. Pero aunque la tuviera, yo no podía deshacerme tan fácil de todos esos recuerdos, ni abandonar el amor que aún sentía por Tom, era imposible ignorar la intensidad de este sentimiento. Y aún cuando quisiera, no podía, no tenía fuerzas para lograrlo.

<< Aquí es. >> Dijo Nat , estacionando la camioneta frente a un edificio futurista que abarcaba un enorme espacio en la calle, tuve que estira el cuello para alcanzar a ver su altura a través de la ventanilla de la camioneta.

<< Es inmenso. >> Farfullé, asombrado. Natalie bajó y también lo hice yo, mirando aún la fachada de aquel edificio pintado de color salmón. Con fuentes y jardines en el exterior. Me pareció algún estudio de Disney, sólo que más moderno.

<< Vamos, no queremos llegar tarde. >> Natalie me arrastró hacía el interior. Nos acercamos a la recepcionista, quien con una sonrisa amable nos dio las buenas tardes.

<< Hola, tenemos una cita con la señorita Sara, es para las fotos de la presentación de Nena. >> Dijo Nat , con todo ese profesionalismo que usaba en el trabajo.

<<Oh, claro. >> Dijo la señorita. << Por ese pasillo, en la tercera puerta. >> Señaló a su derecha.

<<Gracias. >> Sonrió Natalie y me hizo seguirla hasta donde nos habían mandado. Al ver los cuadros en la pared y las placas en las distintas puertas, me percaté de que este no era sólo un lugar en donde se editaba la revista más vendida de la ciudad, sino que, había muchas más personas dedicadas al arte en distintos aspectos. Paré cuando Nat también lo hizo. La secretaria que se encontraba afuera de la tercera puerta acomodaba unos papeles en un folder.

<< Hola, tenemos una cita con la señorita Sara . ─ Informó Natalie y la castaña, Linda, según decía su gafete de identificación, lo miró.

<< ¿Son las fotos de Nena? >> Preguntó.

<< Sí.

<< Oh, tomen asiento, en seguida los atiende. >> Nos invitó a acomodarnos en el sillón de cuero negro que se recargaba sobre la pared paralela.

<< Gracias.

Nos fuimos a sentar y oí cómo el cuero rechinó cuando dejamos caer nuestro peso. Natalie miraba hacía el otro pasillo, que cruzaba perpendicular con el que estábamos nosotros.

Miraba tanto que me hizo preguntar.

<< ¿A quién buscas? >> Bromeé.

<< ¿Eh? >> Me miró. << A nadie, espera un segundo, enseguida vuelvo. Si nos llaman, métete sin mí. >> Me dijo y se paró del sofá, tomando entre sus manos una carpeta azul que sacó de su bolso y caminando hasta donde tanto miraba para perderse luego de mi vista Natalie a veces podría llegar a ser muy extraña.

Suspiré allí, hundido en el cuero negro del sofá, aburrido. Mi mente no dejaba de rondar en torno al país lejano. Observé a Linda musitar algo en el teléfono y luego lo colgó. Me miró.

<< Pasa. >> Me sonrió.

¿Adónde había ido Natalie? Suspiré de nuevo y tomé las fotografías que estaban a mi lado, luego me encaminé hasta la oficina de la señorita Sara , la editora. Abrí la puerta con algo de recelo, repentinamente sin Natalie no me sentía muy seguro de algo que ya había hecho centenar de veces.

Tras el escritorio de roble, había una chica con pelo rubio obscuro y lacio hasta los hombros.

Los ojos remarcados con lápiz negro y los labios pintados de un rosa pálido.

<< Pasa, corazón. >> Dijo amable. << ¿Dónde está la señorita Franz? >> Preguntó al notar que venía solo.

<<Lo mismo me pregunto. Salió casi corriendo hacia el pasillo continuo.>> Me encogí de hombros y ella rió.

<< Bueno, muéstrame el trabajo que hicieron. >> Me hizo un gesto con la mano para que me acercara y me sentara en una de las sillas frente a su escritorio.

Caminé hasta ella y me senté, entregándole el sobre de fotografías. Ella las sacó del sobre y comenzó a mirarlas.

¿Adónde habrá ido Natalie? ¿Qué era tan importante como para dejarme solo en esto? A menos de que fuera algo de lo que no quería que me enterara. Sacudí levemente la cabeza. Me estaba volviendo un paranoico. Pero Natalie me daría una explicación.

Posé mi vista en la placa de metal dorado que estaba frente a mí y la leí pasivamente. Sara Alviti , Editora de la «Notes». Mantuve mi vista sobre la placa, mientras que la señorita Sara revisaba las fotografías y asentía en gesto de conformidad.

<< Son muy buenas fotografías. >> Dijo y luego me sonrió. << Hacen un muy buen trabajo. >> Abrió su cajón derecho y sacó de allí un recibo. Garabateó en el con un bolígrafo y luego me lo pasó. << Dile a Linda , la chica que está fuera, que te selle esto y que te diga dónde cobrarlo.

Miré el papel, era el pago por nuestro trabajo. Las cejas se me elevaron al ver la cantidad.

<<Fue un placer trabajar con ustedes. >> Se levantó y yo hice lo mismo, luego me tendió la mano.

<< Igualmente. >> Le sonreí.

Salí de aquella oficina y al salir vi a Nat, que apenas venía llegando.

<< ¿Ya pasaste? >> Me preguntó. Asentí con la cabeza una sola vez y luego me giré hacía Linda.

<< ¿Podrías…?

<< Oh, claro.>> Tomó el papel y lo selló y luego de firmarlo también me lo devolvió. <<Lo cobras al fondo del otro pasillo. >> Me regaló una sonrisa con sus labios rosados.

<< Gracias.

Natalie se acercó y tomó el papel.

<< ¡Vaya! ¿Todo eso para nosotros? >> Dijo, mirando la cantidad que nos pagarían. << La mitad para cada quien. >> Reí, mientras caminábamos hacía el pasillo opuesto. <<Por cierto, ¿adónde fuiste?

<< ¿Eh? >> Conocía esa expresión de desentendimiento que ponía cada vez que no quería decir algo. Entonces la incertidumbre me recorrió el cuerpo.

<< ¿Adónde fuiste, Nat? >> La miré, parando mi caminar.

<< A… saludar. >> Se encogió de hombros.

<< ¿A saludar a quién? >> Fruncí el ceño.

<< A una persona con la que ya me había encontrado antes.

<< ¿Tiene que ver conmigo?>> Por un segundo, lo que dura un latido, Tom pasó por mi pensamiento.

<< Esa persona jamás te ha visto. >> Dijo, ya más calmada e hizo que me calmara también. << Anda, ya vamos por nuestro pago. >> Me instó a seguir caminando hacía el siguiente cubículo.

No sabía porqué, pero la incertidumbre no se iba. Algo me decía que todo eso tenía que ver conmigo. O a lo mejor, de verdad me estaba convirtiendo en un paranoico. No quería hacerme falsas ilusiones en que a lo mejor, Tom también tuviera que ver en esto; pero era algo ilógico. Tom estaba muy lejos y Natalie ni siquiera lo conocía más que en fotos.

Cobramos nuestro dinero y lo repartimos mitad y mitad, luego Natalie me llevó a casa en donde las especulaciones continuaron.

Era un terco, si Natalie me conocía bien sabría que no me iba a dar muy fácil por vencido y que no me iba a quedar de brazos cruzados; además de que era un completo curioso.

Y la noche llegó rápido, pero no dispersó mis pensamientos. Tenía que separar todas las cosas que se enredaban en mi cabeza y saber en qué se relacionaban una con la otra. Tom y la canción, Natalie y su misteriosa desaparición en la mañana, Tom, Natalie.

Suspiré y me asomé por la ventana, el cielo oscurecido sostenía un cuarto menguante en lo alto y tuve que pensar en Tom, una vez más.

¿Dónde estaba? Deseaba tener una señal, un lugar, lo que sea. Quería que alguien me dijera que lo había visto, que estaba bien, quería saber cualquier cosa. Pensarlo me hacía recordarlo, a poco más de un mes de haber regresado, tenía su recuerdo nítido en mi mente: sus bellos ojos brillando con luz propia, su cabello perfectamente peinado, tan suave como espuma en los dedos, sus sonrisas tan mágicas y sus labios…

Suspiré de nuevo y me puse a pensar en Nat, ya que si seguía dándole luz verde a los pensamientos de Tom, se me iría toda la noche y terminaría llorando. Volví a concentrarme en el asunto de Nat, entonces, recordé lo que le me contestó cuando le pregunté si aquella persona tenía que ver conmigo: «Esa persona jamás te ha visto». A Natalie no le gustaba mentir a sus amigos, pero cuando no quería decir algo daba una respuesta real pero no acertada. Abrí los ojos de par en par. Entonces aquello sí tenía que ver conmigo, podía apostar a que sí. Pero… ¿de qué forma? Aquella persona tenía que ver conmigo, pero jamás me había visto… todo era tan confuso.

Volví a mirar la luna, Tom, Tom, Tom. ¿Dónde estás? ¿Estará pensando en mí? Me reí, no podía siquiera alejar un minuto mis pensamientos de él. Ya debería de saberlo, es como pedirle a un manzano que no produzca ya sus frutos. Como sea, tarde o temprano tenía que enterarme de lo que Natalie tramaba; sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.

Continúa…

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por Space_witch_111

Escritora del Fandom

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