Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 26
El olor a alcohol me invadió las fosas nasales y casi llegó hasta mi garganta, haciéndome arrugar la nariz y carraspear.
Comencé a abrir los ojos poco a divisé una silueta junto a mí.
<< Tom. >> Susurré. Pero la voz que respondió a mi llamado no fue la misma que había escuchado antes.
<< ¿Ya estás bien, Bill?
Me tallé los ojos y luego parpadeé repetidas veces para aclarar mi vista. Natalie tenía un algodón en su mano izquierda y la mirada bien puesta en cualquier cambio en mi expresión.
<<¿Dónde estoy? >> Pregunté, mirando a mi alrededor, pero al instante hubo otra pregunta más importante y volví a pasar la mirada por el lugar, pero esta vez con desesperación. << ¿Dónde está Tom?
<< Tranquilízate, dime que estás mejor. >> Insistió Nat. << Estás en la parte trasera del salón.
<< ¡Estoy bien Nat! ¿Dónde está Tom? >> El lugar estaba más oscuro que alumbrado, pero lo suficientemente claro como para examinar cada rincón. La boca comenzó a temblarme con un «No» inquieto en los labios por temor a que todo hubiese sido sólo una alucinación en mi cabeza.
Tomé a Natalie del cuello de su camisa, inclinándome hacía ella y percatándome de que estaba recostada sobre un sofá viejo con olor a humedad.
<< ¡¿Dónde está Tom?! >> Casi grité, desesperado, creyendo que me estaba volviendo loco, si es que aún no lo estaba. El silencio de Natalie me hizo pensar lo peor y sentí que el corazón se me encogía acongojado en el pecho.
<< Él está… está hablando con un chico, justo afuera de la habitación. >> Dijo y los ojos se me abrieron como platos. Mi corazón le ganó al pensamiento en mi cabeza y revivió con estruendosos latidos golpeando contra mi pecho.
Me levanté del sofá, como impulsado de éste e ignoré el lacónico mareo que me sucumbió la cabeza. Caminé hasta la puerta del lugar y estando entre abierta logré ver lo que mi corazón pedía a gritos volver a sentir. Reconocería aquella espalda entre millones y no dudé en salir a su encuentro, pero el nombre que pronunció me congeló los pies en el mismo sitio sin músculo movible alguno; trayéndome a la memoria el segundo antes de desmayarme.
<< Devon yo… >> Tartamudeó un poco, pero volver a oír el sonido de su voz fue como para un ciego volver a ver la luz del sol. << Es que no te entiendo.
<< ¿Qué es lo que no comprendes, Tom? >> La voz del chico me incitó a fijarme en él; tenía el cabello castaño y era más bajo de estatura que Tom y muchos allí. Su boca ancha al igual que su frente y su nariz chata lo hacían lucir como un muñeco. << Te lo estoy diciendo de la manera más sencilla que puedo. >> Continuó. << Terminar fue un error, ¡me afectó tanto cuando me enteré que te habías ido! >> Dijo, con fingida melancolía, hasta yo pude notarlo.
Así que él era Devon. Cuando recordé lo que Tom me había contado, casi quise salir a arrancarle los pelos con mis propias manos.
<<Bill . >> Natalie me llamó pero no me moví, seguí allí, tras la puerta, escuchando y viendo todo.
<< Devon… >> Tom tardó un momento en continuar y luego habló despacio. << cuando estábamos juntos, todo lo que yo te dije era sincero y real. Fuiste el novio que más… quise. >> Volvió a silenciar y junto a aquella falta de sonido, mi corazón se desplomó.
¿Él aún lo quería? Miré el rostro de Devon, extasiado de alegría, mientras la sonrisa le crecía cada segundo un poco más.
¿Qué sentido tenía ahora la alegría de que mi locura haya funcionado? ¿Qué había de esperanza en tenerlo justo allí si en realidad seguía lejos su corazón? No había nada si él aún quisiera a Devon. Nada.
Fue entonces que me moví, deslicé poco a poco mis pies hacía atrás y me fui sumergiendo en la humedad y oscuridad de aquel cuarto. Natalie se me quedó mirando, con una leíble expresión de confusión en el rostro.
<<¿Pasa algo malo? >> Preguntó. Me di cuenta de lo vulnerable que era hasta entonces.
<<¿Cuánto falta para que acabe la exposición? >> Le pregunté, con un hilo de voz. << No lo sé. >> Miró su reloj. << Como cuarenta y cinco minutos. >> Se encogió de hombros.
<<¿Podrías encargarte del resto? Tengo… tengo que salir de aquí. >> Miré a mi alrededor. << ¿Hay otra puerta?
<< Félix, no entiendo. >> Natalie se acercó. << El sujeto que tanto buscabas está allí.>> Señaló hacía afuera. << ¿No morías por verlo?
<< Sólo sácame de aquí. >> Rogué.
<< ¿Qué te hizo? ¿Por qué el cambio? >> Insistió.
<< ¡Nat! >> Le grité. <<Sácame de aquí. ¿Qué es esa puerta? ─>>Pregunté viendo una puerta de metal a un costado de la habitación.
<< Creo que conduce a un pasillo lateral del edificio. >> Se encogió de hombros.
<< ¿Podría dirigirme a la salida?
<< Tendrías que salir por la puerta principal, pero al menos nadie notaria que has salido de este lugar.
<< Genial. Me voy. >> Decidí. << Encárgate de lo que sea necesario. Si… si Tom pregunta por mí, dile que no me has visto, que me salí de este cuarto y no supiste a dónde fui.
<< Pues… no sé adonde vas. Así que no será tan difícil. Pero exijo que pronto me des una explicación.
<< Luego. Gracias, Nat.
Él me sonrió y salí despavorido por la otra puerta, huyendo de nuevo, huyendo de todo.
No quería oír el «Lo siento por no quererte» de Tom, ni algo como «Es que me di cuenta que amo a Devon». Ahora que lo pensaba, todo esto me había parecido un error. He allí lo que me había costado volver a verlo, un dolor aún más profundo en el alma. Como la hoja afilada de un cuchillo atravesándome el pecho.
Cuando logré salir al exterior, divisé la ciudad transitada y el alma me rogó seguir en cualquier dirección lejos y perderme.
Caminé unas pocas calles y luego decidí tomar un taxi y pedir que me llevara a casa.
Era imposible perderme en una ciudad que conocía demasiado bien.
Así como imposible también no pensar en Tom, en dónde podría estar ahora, qué estaría haciendo o pensando… con quién. Todo me torturaba, todo me causaba ganas de romper en llanto, ¿cómo podía ser tan estúpido? Mi plan había funcionado, Tom había atendido a mi llamado y yo había logrado verlo. Pero jamás me pasó por la mente relacionarlo con las demás personas, me concentré tanto sólo en Tom y yo que olvidé por completo a terceros. Las muchas otras posibilidades de que Tom no me quisiera o no pudiéramos estar juntos. De que no solamente existía Andreas en su vida, sino también alguien más. Alguien que ya había formado parte de su pasado, alguien que había dejado marcado su presente y que, si él quería, alguien que cambiaría su futuro.
Una lágrima rodó por mi mejilla, una lágrima que no pude contener; tan pesada como mi dolor, tan profunda como mi agonía. El taxi se detuvo frente a mi casa, o al menos, la fachada blanca ya desgastada que reconocí como tal. Le pagué y bajé para adentrarme a casa.
Subí y me tumbé en mi cama, a plena luz del día a llorar. Estaba enloqueciendo, me estaba volviendo un patético desquiciado. Llorar resultaba perfecto estando solo, sin preguntas, sin miradas; incluso la voz en mi cabeza guardaba silencio mientras las lágrimas seguían bajando por mis mejillas y mis sollozos se ahogaban contra la almohada. Y pensar que había perdido a la única familia que me quedaba, Andreas, por una estupidez mía, por un maldito error. En ese momento deseé fervientemente inventar una máquina que volviera el tiempo atrás, así, no iría jamás a Venecia, no hubiera conocido nunca a Tom, no estuviera amándolo con todas las ridículas fuerzas de mi corazón y no estuviera solo en todo el mundo.
Pero era suficiente, ya había llorado mucho y a causa suya. Ya no podía ser tan vulnerable a él, no debía. No cabía duda que todo en este mundo se paga, y a lo mejor era el pago a mi maldad. Lo que yo le había hecho a Andreas, ahora lo estaba sufriendo. Pero no más, no iba a dejar que aquello me tumbara, tenía que vivir con ello de ser posible, pero iba a seguir adelante. Adelante, sin nada más que mi frente en alto. Era una promesa.
Habían pasado tres días, y aunque me negara a aceptarlo y llevara puesta una armadura de fortaleza, mi corazón preguntaba por Tom.
Tres días y ¿nada? Natalie me había contado que, por supuesto, él le había preguntado a dónde había ido y cuando los hombros de Natalie se encogieron ante la interrogativa, Tom salió disparado por la puerta, sin señal alguna de Devon. Pero ya no iba a pensar en ello, o al menos intentaría no hacerlo y no darle más concesión al asunto. Tenía pensado jamás volver, quedarme en algún lugar seguro hasta que el corazón sintiera de nuevo.
Me preguntaba, ¿hasta cuándo sería libre? ¿hasta qué punto resistiría él? Mi corazón palpitaba deseoso por sentir, por vivir, por amar; tenía miedo de no encontrar todo eso en alguien más. Andaría lejos, esperando no volver a atrás, no mirar profundamente su fotografía, negándome a todo aquello que aún sentía por él. Si él apareciera, seguro mi corazón cantaría; pero mientras no lo haga y el tiempo pase; yo me haría más fuerte y evitaría derrumbarme en sentimientos vanos. Lo dejaría libre, para poder ser libre yo.
Los golpes en la puerta interrumpieron mi divagación.
<<¿Estás listo? >> La voz de Natalie era un poco reconfortante a todo mi dolor.
Desvié la vista de la vitrina para mirarlo y sonreírle, asentí.
<< Vamos. >> Tomé mi abrigo y bajé junto con Natalie hasta la recepción del hotel, para dirigirnos hacia donde David se encontraba.
Cuando llegamos, David ya estaba allí y nos regaló una extensa sonrisa al vernos. << Suban, suban, es en el cuarto piso. >> Nos dijo, dándonos la mano. Sin duda era un edificio algo grande, tenía cinco o seis pisos, no estaba muy seguro.
<<Vamos, faltan menos de treinta minutos. >> Me instó Nat, empujándome por la espalda.
Al entrar al edificio el aire acondicionado me golpeó el rostro. Afuera ya era frío, ¿por qué no mantenerse cálido adentro? Últimamente así eran mis pensamientos, triviales y sin importancia.
Natalie y yo subimos por el ascensor hasta el piso cuatro.
<< Hey, ¿cómo estás? >> Me preguntó, poco antes de que las puertas se abrieran. << Perfectamente. >> Contesté. No es que fuera mentira, pero tampoco era completa verdad. Por supuesto, físicamente estaba de maravilla, emocionalmente… bueno, era preferible no hablar de ello. Me sentía estúpido, tonto.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, lo primero que vi, más allá de la gente, fue la vista a través de las grandes ventanas; los edificios y rascacielos se expandían gloriosos.
<<Vaya… >> Exclamé. Luego otra cosa captó mi atención, era un espacio un poco más pequeño que el de la primera exposición, por lo tanto, las fotografías estaban más juntas, observándome. Quise borrar con una sacudida de cabeza el recuerdo que me vino a la mente al verlas, a fin de cuentas, volver a ver a Tom no había resultado tan bueno.
Los minutos trascurrieron rápidos y mientras veía gente ir y venir observando mis fotografías se hizo tedioso. No es que no me gustara la expresión de fascinación de la gente al verlas, pero quería exponer otra cosa, otras fotografías, algunas más recientes, algunas que no me dolieran y no hablaran en mi imaginación. Comencé a contar los segundos, no encontrando otra cosa qué hacer, y cuando le sonreía a la gente, empezaba otra vez desde cero. Así se me fue un buen rato. De pronto, entre el murmullo de la gente, escuché algo ¿Música? Mi mente preguntó y giré completamente desorientado, ¿de dónde provenía? ¿Por qué se me hacía conocida? No era el único que lo oía, todos giraban sus cabezas y comenzaron a amontonarse en las ventanas.
El corazón se me paró al escuchar la voz. Nat, que estaba también en el tumulto de gente me miró de prisa.
<< Ven a ver. >> La oí apenas decir y obligué a mis pies, de pronto, agarrotados músculos a moverse.
Como pude, me abrí paso torpemente entre la gente, porque a pesar de que mi razón iba siempre en desacuerdo con la cosa latente bajo mi pecho, esta vez sabía que era algo real, algo de lo que mi corazón no saldría lastimado después, y entonces obedecía perplejo.
Cuando por fin logré llegar hasta la grande ventana, medio atontado aún, apoyé las palmas de mis manos contra el cristal, haciendo que se humedeciera por el repentino sudor que desprendieron; posé mi vista en la azotea del edificio continúo y entonces lo vi.
En ese instante fue como si el corazón hubiera revivido o despertado de un letargo doloroso, haciéndome sentir más vivo que nunca. Porque más allá de sus estruendosos latidos con nombre propio, sabía muy en el fondo que esta vez, como ya lo había aceptado mi razón, esta vez no iba a ver decepción alguna. ¿Pero qué estaba haciendo Tom? ¿Cantaba? Me cantaba ¿a mí? Al menos me miraba, mientras seguía dándole libertad a la bella voz que poseía y me sonreía.
Unas ganas de llorar me invadieron sin explicación.
La gente que me apretujaba a mi alrededor comenzó a desaparecer, y me vi perdido en las capas de terciopelo de su voz; pegué la frente al vidrio, ¿es que su voz podría llegar a ser más hermosa? Si ya era inspiradora cuando salía de su garganta como palabras, ahora no tenía comparación.
Continúa…
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