Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 4

Los golpes en la puerta de mi habitación me despertaron, entonces me percaté de la voz de Andreas al otro lado.

<< ¡Bill, levántate ya! >> Gritó.

Me removí entre las sábanas y no hice intento alguno por abrir los ojos.

<< ¡Bill! >> Volvió a golpear la puerta. << Tom vendrá en cualquier momento.

¿Tom? Abrí los ojos, completamente despierto y aventé las sábanas hacía un lado. Salí de la cama rápido y abrí la puerta. Andreas corría de un lugar a otro en busca de algo.

<< Creía que no te levantarías nunca. >> Farfulló.

<< ¿Qué buscas? >> Pregunté.

<< Mi bolso, puedo jurar que lo dejé aquí. >> Apuntó al sofá.

Miré el reloj, faltaban veinte minutos para las seis de la mañana. ¿Cuánto se tardaría Tom en llegar? ¿Por qué me pregunto eso?

<< Busca en tu cuarto, Andy. >> Musité.

Él me miro y salió corriendo a su habitación. Unos segundos después llamaron a la puerta.

<< ¡Bill, por favor, abre! >> Me gritó Andreas desde su habitación.

Caminé perezosamente hasta la puerta y la abrí. Lo que vi me deslumbró por completo.

<< Buenos días. >> Me sonrió y aquella fierecilla enjaulada saltó de un lado a otro en su pequeña cárcel.

<< Buenos días, Tom. >> Le devolví la sonrisa. << Pasa.

Le abrí camino y me le quedé mirando mientras pasaba a mi lado. Llevaba puesta una chaqueta negra al igual que los apretados pantalones que traía. Usaba unas gafas de sol que le daba un aspecto más comercial a su rostro, parecía de esos modelos que sólo ves en televisión.

<< Bonito pijama. >> Dijo, con una sonrisa, mirando mi atuendo.

Enrojecí hasta los huesos y me mordí el labio inferior, completamente apenado.

Nadie, exceptuando a Andreas, me había visto en pijama.

<<Gracias. >> Murmuré.

<< ¿Dónde está Andreas?

<< En…

<< ¡Aquí! >> Mi amigo salió de su habitación con el bolso en la mano y me interrumpió.

<< Hola, precioso. >> Dijo él y luego se acercó para besarlo.

Desvié mi mirada, dándoles privacidad y me escabullí hasta mi habitación para darme una ducha rápida.

Privacidad, ¿eso quería darles? O ¿sólo quería calmar a la incomodidad que de pronto sentí?

<< ¡Bill! ¡Debo irme! >> Gritó Andy luego de un rato, desde algún lugar cercano a la puerta.

Salí de la habitación no sin antes tomar mi cámara fotográfica completamente cambiado.

<< Los veo más tarde, espero que se diviertan. >> Dijo. << Los amo a los dos.

<< ¡Suerte! >> Dije, pero él ya había cerrado la puerta.

Miré entonces a Tom, quien se encontraba parado mirándome a mí.

<< Creí que íbamos a desayunar en pijama. >> Musitó divertido, al notar mi cambio de ropa.

El calor corrió de nuevo por mis mejillas y bajé la cabeza.

─ Es muy temprano para desayunar. ─ Dije

Él río.

<< ¿Entonces… quieres que nos vayamos ya? El camino no es muy corto.

<< Claro. >> Sonreí.

Tomé mi mochila y coloqué mi cámara allí; luego él me abrió la puerta y me dejó pasar primero. Se deslizó después a mi lado y caminó junto a mí. Su perfume, mezcla de miel y frutos tropicales, se introdujo en mi nariz.

<< ¿Escaleras o ascensor? >> Preguntó

<< Escaleras, es el tercer piso.

Sonrió como si le hubiera gustado mi elección. Esperó a que yo me adelantara y luego me siguió muy de cerca.

Cuando salimos del edificio, caminé hacía la derecha, muy decidido.

<< ¿Adónde vas? >> Preguntó Tom y me giré a mirarlo, entonces me di cuenta que ya no me seguía, sino que estaba parado y reía.

<<A tomar un taxi o un autobús. >> Me encogí de hombros, confundido. Él río con ganas y sus carcajadas atronaron en mis oídos como la entonación de una cascada al caer al lago.

No comprendí qué era lo que le resultaba tan gracioso y fruncí el ceño.

<< No pensarás que tomaremos un taxi hasta allá, ¿verdad? >> Dijo, medio serenado. << Porque si es así, no creo que tengas el dinero suficiente para pagar todo el viaje, recuerda que no está muy cerca el lugar. >> Río de nuevo. << Y no hay autobuses hasta ese lugar, a menos que tomes tres o cuatro.

Me quedé en silencio y relacioné sus palabras con sus acciones.

<< ¿Te estás burlando? >> Volví a fruncir el ceño.

La carcajada melodiosa que aún salía de su garganta enmudeció. Su rostro se volvió serio y cauteloso.

<< No.

¿Entonces por qué te ríes? >> Enarqué una ceja.

Porque me pareció un poco gracioso… >> Bajo los anteojos de sol, su expresión era como la de un niño que es regañado por su padre.

<< Para mí no es gracioso. >> Dije severo, pareciendo enojado.

<< Lo siento Bill, yo…

Estallé en fuertes carcajadas interrumpiendo su disculpa y se me quedó mirando extrañado.

<< ¡Caíste! Creíste que me había enojado. >> Alcancé a soltar entre risas.

Su rostro dejó la seriedad y precaución y se dibujó en él una bella sonrisa.

<< Eres malo. >> Musitó y luego río.

<< Sólo a veces. >> Reí. << Pero bueno, ya hablando en serio, ¿en qué vamos a ir? << En mi auto. >> Dijo, como si fuera obvio y luego apuntó hacía el vehículo que tenía a un lado.

Era una camioneta Cadillac en color negro.

<< En tu auto… claro, debí imaginarlo. >> Reí, sintiéndome tonto.

Él me sonrió y luego me abrió la puerta del copiloto.

<< Sube. >> Me indicó.

Me acerqué y me ayudó a subir, tomando mi mano para servir como un apoyo. Algo en mi estómago se removió con ese toque.

<< Gracias. >> Dije, ruborizado.

Me sonrió de nuevo, haciendo que el color se profundizara más.

Ya pensaba que lo hacía a propósito.

Puse el estuche de la cámara sobre mis piernas. Él subió a su asiento y encendió el motor del auto para ponerlo en marcha.

<< Bonito auto. >> Dije.

<<Gracias, pero me gusta más el de mi hermano. >> Río con franqueza. << ¡Oh! Ahora que recuerdo, le encantaría conocerte.

<< ¿Qué?

<< La idea de Andreas. >> Aclaró.

<< Oh, claro. En ese caso, genial. >> Musité.

<< Te va agradar, es muy buena persona. >> Me dijo, mientras maniobraba con el volante del auto para dar vuelta en una calle.

<< ¿Tratas de hacer lo mismo que Andreas? >> Inquirí, entrecerrando los ojos y mirándolo.

<< ¿Qué? >> La nota de confusión en su voz no me pareció falsa.

<< Buscarme pareja, me dijo que él estaba libre.

Él río y se quitó las gafas de sol, dándole paso libre a la vista de sus bellos ojos.

¿Andreas hace eso?

Lo está haciendo, estoy seguro. >> Me crucé de brazos, acomodándome en el asiento.

Él volvió a reír.

<< Pues juro que no lo hago con esa intención. >> Sonrió y se detuvo en una luz roja.

<< ¿Y cómo puedo creerte? >> Inquirí, enarcando una ceja.

<< ¿No basta con que lo haya jurado? >> Preguntó, escandalizado y divertido.

<< No tanto. >> Negué con la cabeza.

Seguimos avanzando cuando la luz del semáforo cambió.

<< Bueno, creí que a lo mejor tenías pareja. >> Dijo.

<< ¿Y qué te hizo pensar eso?

<< Eres muy lindo. >> Se encogió de hombros. << No veo por qué no.

Me quedé helado y me fue imposible formular algún pensamiento en ese instante. Yo le parecía lindo a él.

El rubor corrió de nuevo por mis mejillas, pintándolas de rojo.

<< Gracias… >> Murmuré.

<< ¿Ya me crees? >> Sonrió.

<< Quizá.

Su risa estalló de nuevo y puso los ojos en blanco.

<< Sí que eres terco, ¿no?

<< No, sólo un poco duro de convencer.

<< Está bien. Esa es una cosa por la que no se me ocurrió emparejarte con mi hermano, otra es que él está enamorado de un alguien misterioso.

<< ¿Un alguien misterioso?

Se encogió de hombros.

<< Lo conozco muy bien como para saber que está enamorado, el problema es que no me quiere decir de quién.

<< Bueno, todos tenemos derecho a la privacidad. >> Me encogí de hombros y él me miró. << Un amigo me lo dijo una vez.

<< Creo que tienes razón. >> Sonrió resignado. <<Aunque me gustaría saber.

<< Eres curioso.

<< Mucho. >> Admitió.

Dio la vuelta a la calle y siguió derecho. Miré por la ventana polarizada, maravillándome con el encanto de Venecia. Sus edificios, sus calles, todo me parecía fantástico.

Qué bonito… >> Murmuré.

¿Qué es bonito? >> Preguntó y mi atención volvió a él.

<< La ciudad, la gente, todo…

<< Sí, la primera vez que visitas Venecia sueles enamorarte del lugar.

<< ¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí? >> Pregunté.

<< Casi dos años.

<< ¿Casi dos años? >> Dije sorprendido.

<< A decir verdad… año y medio.

<< Y ¿por qué… >> Me quedé a la mitad de mi interrogante, recordando las palabras de Andreas: «Me contó que era de Alemania, que allí había nacido y que había venido a Venecia por lo mismo que yo: olvidar amores del pasado, sin embargo, hasta la fecha no me ha dicho qué fue lo que pasó…»

<< Por qué, ¿qué?

<< ¿Así que… vienes de Alemania? >> Pregunté, tratando de evadir mi pregunta anterior, borrarla de la conversación o algo por el estilo.

<< Sí, allí nací. >> Respondió. << Pero, por qué ¿qué? >>Volvió a insistir.

<< Nada, sólo me equivoqué de palabras, es todo. >> Reí nervioso.

Me miró, no del todo convencido, y luego posó su atención en el objeto que tenía sobre las piernas.

<< ¿Qué es eso?

<< Oh, mi cámara.

¿Eres fotógrafo? >> Se asombró.

<< Sí, adoro serlo.

<< Te gusta el arte entonces.

Asentí con la cabeza y le sonreí.

<< ¿Sabes? A mí me gusta la música.

<< ¿Tocas algún instrumento?

<< Sí, la guitarra, el pandero, la batería y el teclado, un poco.

<< Wow, entonces eres realmente talentoso.

Él sonrió halagado por mi comentario.

Siguió conduciendo y cada movimiento que él hacía me provocaba una sensación rara de encanto, en ese momento la respuesta de la pregunta que Andreas me había hecho se escuchó en mi cabeza: sí, él era perfecto.

Luego de unos minutos más, su voz interrumpió el silencio.

<<Llegamos. >> Avisó, entusiasmado

Bajé del auto al igual que él y sentí cuando el frío me rozó los brazos.

Ven, vamos. >> Hizo un movimiento con la cabeza indicándome que lo siguiera. Nos acercamos más y pude ver el agua del canal y a otras tres personas que querían subir al negro transporte de madera. Me paré justo antes de subir. Tom me miró.

<< ¿Qué pasa? >> Preguntó.

<< He oído que las aguas de los canales de Venecia son profundas. >> Dije con temor.

Él río.

<< ¿Tienes miedo?

<<No. >> Mentí.

Él río de nuevo.

<< Ven, no tengas miedo, Bill, estas cosas son seguras. >> Me extendió la mano para que yo la tomara y su cálido tacto era algo que no podía rechazar jamás. Me tomó la mano, sujetándome fuertemente y haciéndome sentir completamente seguro, era como si el infantil miedo de antes se hubiera evaporado como el aliento frío que sale de la boca y no tarda más de tres segundos en desaparecer. Subí a la góndola y me senté, él se sentó junto a mí, mientras que las otras tres personas se sentaban delante nuestro. El bote comenzó a moverse, me entre mecí un poco. Tom me miró, y en su mirada había una ternura que brillaba, ese par de ojos que brindaban una auténtica protección con el resplandor que soltaban.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.

por Space_witch_111

Escritora del Fandom

2 comentario en “Manual 4”

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