Fic TOLL de Space_witch_111

Capítulo 5

<<¿Estás bien? >> Preguntó y su voz se llenó de dulzura.

<< Perfectamente. >> Musité atontado

Me sonrió, y aquella sonrisa hizo que miles de burbujas se inflaran en mi estómago. Miré hacía arriba, sintiéndome más seguro que hace unos segundos y me encontré con el cielo grisáceo. Luego miré hacía mis lados, los ladrillos se elevaban formando un edificio barroco y arcaico de color beige. Oía el murmullo de las personas delante de nosotros, un murmullo ininteligible para mí, su idioma era diferente al mío; mientras que el gondolero pasaba el remo por el agua y hacia mover la góndola provocando que la brisa me acariciara el rostro.

<< ¿Sabes porqué se llama el Puente de los Suspiros? >> Preguntó Tom, interrumpiendo mi análisis del paisaje.

<< ¿Por qué?

<< Bueno, este puente une al Palacio del Duque con la antigua prisión de Inquisición.

Da acceso a los calabozos del palacio y los prisioneros veían desde aquí el cielo y mar por última vez, y suspiraban.

<< Nada romántico. >> Me reí.

<< No, pero la gente le ha dado tanta fama que el nombre les sirvió a unos poetas para inspirarse en ese género literario.

Me reí, encantado por su brillante explicación.

<< ¿Por qué te ríes? >> Preguntó divertido.

<< Porque pareces de esos profesores de colegio y me haces sentir como un alumno.

<< Perché in questo caso sono felice di essere il vostro insegnante. >> Rió. No sé qué me había dicho, pero sea lo que sea me hizo ruborizar, el acento italiano adornaba su melodiosa voz de terciopelo y hacía que las burbujas en mi estómago se agrandaran más.

<< Tendré que aprender italiano. >> Mascullé.

El soplo cálido de su risa me acarició el rostro, apartando la brisa de la gélida mañana.

<< Lo que dije fue: Que en ese caso, estoy encantado de ser tu profesor. >> Dijo. << Y si quieres, puedo enseñarte italiano también.

<< Me encantaría.

Tom no sólo era un adonis en persona, sino que ¿tenía que resultar tan terriblemente encantador también?

Tomé la cámara y saqué un par de fotografías a la construcción barroca que admiraba, por accidente o casualidad, mi lente también capturó el bello rostro de oro que tenía a mi lado.

Cuando el viaje terminó y pisamos tierra firme, el estómago me rugió de hambre, recordé entonces que no había desayunado ni tomado nada. Até mis brazos alrededor de mi abdomen y rogué que se callara.

<< ¿Tienes hambre? >> Adivinó Tom.

Hice un mohín por haber sido descubierto y luego asentí sin decir nada, completamente apenado.

<< Conozco un buen restaurante aquí cerca, ven. >> Me sonrió, emocionado. O al menos eso era lo que parecía y me hizo seguirlo.

Dirigí mi mirada al auto de Tom y él volvió a adivinar mis expresiones.

<< No está tan lejos, podemos ir caminando. >> Me sonrió de nuevo, y esa sonrisa me obligó a seguirlo hipnotizado.

Apresuré mi paso y llegué hasta su lado, me sentí… tonto; él parecía un modelo de revista y yo… un adolescente común y corriente.

<< ¿Qué te gusta? Además de tomar fotografías, claro. >> Preguntó.

<< Bueno… la lluvia, oír cómo cae y golpea todo.

<< Eso es relajante… y realmente bello.

<<¿A ti? Además de la música. >> Pregunté.

<< Soy un poco intrépido, me encanta ir de aquí para allá, ya sabes, por eso me gusta viajar; ir por todo el mundo sería fantástico. >>La emoción brillaba en sus ojos haciéndolos lucir realmente encantadores.

<<Los Ángeles . >> Dije.

<< ¿Disculpa?

Me reí.

<< Los Ángeles es el lugar al que me gustaría ir, suena algo loco pero… no sé, está tan alejado de todo esto que sería ese lugar perfecto para escapar de mis problemas.

<< Eso… suena muy bien.

<< Hubiera deseado tener las posibilidades de haberlo hecho cuando mis padres…

Me quedé a mitad de la frase, sintiendo algo que de pronto me raspó el pecho.

<< ¿Cuándo tus padres…? >> Inquirió.

<<Murieron… >> Dije, en voz baja.

Su expresión cambió, aquella bella y deslumbrante expresión fue sustituida por una cara de total ternura.

<< Oh, lo siento mucho… >> Su consuelo me hizo sentir inexplicablemente mejor. <<¿Quieres contarme o prefieres no hablar del tema?

Me quedé en silencio un rato, y luego de mi boca comenzaron a salir palabras. << Murieron en un accidente automovilístico. Un idiota conducía ebrio y se pasó la luz roja… mis padres fueron los que rindieron cuentas a la muerte. >> La voz se me quebró, hablar de aquello no me era tan fácil. << Tres años de eso y aún duele mucho.

>> Admití, con un hilo de voz. << Hubiera deseado ir con ellos. >> Mascullé. << Oye, Bill. >> Se paró delante de mí e interrumpió mi caminar, me hizo alzar la vista para mirarlo, su rostro estaba serio. << No digas eso. Las cosas suceden por algo, si tú estás aquí con vida es por alguna razón.

En sus ojos había una dulzura que no me había encontrado desde que mis padres me daban mis regalos de cumpleaños o navidad, y que inexplicablemente me invadía todo y me daba una paz eficaz. Ese par de ojos en los que ahora me reflejaba me sacudieron el corazón y la tristeza que había, se alejó.

<< Gracias… >> Murmuré.

<< ¿Estás mejor? >> Preguntó. << Lamento haberte hecho hablar de eso.

Cada que él me preguntaba aquello, no podía siquiera pensar algún adjetivo negativo, no mientras tenía sus ojos reflejándome a mí.

<< Estoy… bien. >> Sonreí.

<< Bueno, démonos prisa, supongo que mueres de hambre; pero antes prométeme algo. >> Levantó una de sus cejas y la expresión divertida volvió a su rostro.

<< Dime.

<< No estarás triste hoy, yo no lo permitiré. >> Me dijo y enterneció cada parte de mí.

Sonreí.

<< Prometido.>> Musité.

Su sonrisa apareció en su rostro y mi corazón se aproximó a mi pecho.

<< Genial, entonces vamos. >> Se colocó a mi lado de nuevo y me hizo caminar junto con él.

Andreas era muy, pero muy afortunado. Ahora sí que le tenía envidia.

Seguimos caminando y tras unos minutos, me mostró un pequeño restaurante propio de un hotel, y con mis torpes ojos y mi casi nulo aprendizaje del idioma italiano pude entender un letrero en la parte superior de la negra lona que decía Bonvecchiati. La primera reacción de mi cuerpo fue sorpresa, aquel establecimiento era muy bello y parecía de verdad costoso.

<< Te encantará la comida, ya verás. >> Me dijo, con el entusiasmo palpable en su voz.

<< Ah, no es un poco… ¿caro?>>Pregunté, terriblemente avergonzado porque no contaba con demasiado dinero italiano en mi bolsillo.

<< No encontrarás mejor restaurante que este, vamos, ven. No te preocupes por el dinero. >> Me sonrió y me tomó del brazo.

Me jaló hasta allí y habló italiano al mozo quien luego de unos segundos nos acomodó en una mesa cerca de la orilla de la terraza, en donde debajo corría un canal de agua. Tomé asiento y luego Tom repitió mi acción. El mozo, un sujeto refinado nos dio un par de menús y se retiró; inmediatamente hice un mohín al no entender nada en aquella carta color vino.

<<¿Qué quieres? >> Me preguntó Tom, amablemente.

Mi mirada revoloteó una vez más por la carta ininteligible y la expresión de confusión saltó a mi rostro. La entonada carcajada de Tom rebotó en mis oídos.

<< ¿Qué tal si pedimos lasaña? ¿Te gusta? >> Inquirió.

<< Sí… >> Me sentí tonto y avergonzado, puse la carta del menú sobre la mesa, junto a la que Tom también había dejado.

Ordenó en italiano al mozo que de nuevo se había acercado y desvié mi atención hacia las aguas del canal que se abrían paso debajo de nosotros por todo el largo de la calle.

<< Grazie mille. >> La inconfundible voz de Tom me hizo voltear a mirarlo y mientras le agradecía al mozo, admiré su rostro.

Su ojos poseían un brillo especial, un brillo que opacaba ferozmente al fulgor de las estrellas y seguramente las hacía ponerse celosas; ya que este resplandor que sus ojos soltaban era tan bello y delicado y por supuesto, capaz de iluminar a toda una ciudad en tinieblas. Sus labios rosados parecían el cojín de plumas bordado en seda de alguna realeza y al estirarse, formaban una bellísima sonrisa de ensueño. Su rostro era perfecto en ese tapiz de piel bronceada, todo perfectamente proporcionado.

<< ¿Tengo algo? >> Preguntó y me hizo aterrizar.

<< Ah… no. >> El rojo corrió a mis mejillas por haber sido descubierto en mi análisis visual de aquella maravilla que era su rostro

Después de un silencio incómodo, en el acomodo de ideas, nuevas sensaciones y miles de cosas que hacían que mi estómago se moviera, una luz llegó a mi razón y pudo conectar con mi lengua y hacer salir mi voz.

<< Entonces… me decías que Derek había aceptado, ¿cuándo sería? >> Dije.

<< Bueno, si quieres, mañana mismo. >> Comentó, animado.

<< Mañana… ¿pero qué tal si le dan a Andreas el trabajo?

<< Buen punto, entonces sería quizás hasta el domingo.

<< No falta mucho, de todas formas. >> Dije, sabiendo que mañana sería viernes. El mozo llegó, colocó los platos delante de nosotros y el olor al queso fundido de la lasaña se adentró en mi nariz

Continúa…

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por Space_witch_111

Escritora del Fandom

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