Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 6
Mientras comíamos saqué varias fotografías del lugar y justamente como la vez anterior, el rostro de él apareció furtivo entre algunas.
No sabía qué pasaba, no sabía porqué cada vez que Tom hablaba me maravillaba tanto, no sabía tampoco porqué cuando me miraba algo se removía en mí, ni tampoco sabía porqué cuando mencionaba mi nombre me sentía especial. Eso me obligó a pensar en Andreas y sin saber tampoco porqué, me sentí culpable de pronto.
Todos mis intentos por hacer que él no pagara la comida fueron en vano. Me llevó de regreso hasta el departamento de Andy. Mientras, la fierecilla rogaba por encontrar alguna manera de extender el tiempo y si era posible, hacerlo parar.
Aquello daba miedo, porque yo también lo deseé.
Cuando llegamos, él subió conmigo, encaminando sus pasos con los míos << Espero que a Andy le hayan dado el trabajo. >> Dije, mientras mis pies cansados, subían desganados los escalones del edificio.
<<Yo también, sueña con eso desde hace tiempo. >> Concordó.
<< Exacto, sé que lo haría bastante feliz estar dedicando su tiempo a algo que le gusta mucho hacer. >> Sonreí.
Abrí la puerta del departamento y oí el chasquido de la llave al quitar el seguro.
Tom siguió mis pasos y se adentró también. Una rara combinación entre la extrañeza y la emoción creció repentinamente en mí. Me lo quedé mirando cuando cerró la puerta.
<< Son las tres y treinta, seguro que le dieron el empleo. >> Dijo, observando el reloj que colgaba de la pared.
<< ¿Tú crees? >> Pregunté, mientras sentía a la fierecilla celebrar de la emoción, y no precisamente por una buena razón.
<< Sí, ¿te molesta si lo espero? >> Preguntó, jugando con una manzana que había tomado de algún lugar de la cocina.
<< No, por supuesto que no. Siéntate.
La emoción en mí creció aún más, el tiempo con Tom se me había expandido, o al menos hasta que llegara Andreas.
El día terminó, Andy había llegado pasadas de las cinco de la tarde, anunciando jovialmente su empleo y Tom, luego de tres horas más tarde se había marchado. Ahora me encontraba recostado en la cama, mirando el techo de nuevo, como en la noche anterior; haciendo un análisis del día transcurrido, y trayendo a mi mente el rostro de Tom, maravillándome al recordarlo.
&
Rebusqué entre las amarillas hojas de aquel grueso libro de anuncios un buen laboratorio para imprimir las fotos que había tomado ayer. Andreas había partido temprano a su empleo, y llegaría tarde, así que tenía que buscar alguna manera de pasar el rato.
Me quejé para mis adentros por no entender nada de lo que me mostraba el libro y me pregunté entonces cómo podría encontrar el laboratorio si no sabía siquiera leer el anuncio. Definitivamente tenía que aprender italiano. Aquella idea me hizo pensar en Tom y reí como tonto al recordarlo. Pero eso abrió paso a una pregunta que me hizo fruncir el ceño… ¿Por qué?
Sin embargo no era tan tonto como para no entender absolutamente nada de ese anuncio, me ubiqué un poco al distinguir las imágenes y garabateé la dirección en un papel de aquel lugar que parecía ser lo que yo buscaba.
Salí del departamento con la dirección en mente que afortunadamente había encontrado en la guía mientras trataba de acomodar mi cámara en el estuche. Mis pies siguieron caminando entre tanto que intentaba introducir toda la cámara y de pronto mi andar se vio interrumpido al chocar con otra persona.
<< ¡Lo siento! >> Dijimos ambos al unísono.
Levanté mi rostro y me encontré con un rostro realmente inmaculado. Su piel llana y pálida hacía lucir sus ojos oscuros, las pestañas se expandían con firmeza hacia arriba. El cabello en su cabeza perfectamente intacto se encontraba acomodado y peinado, haciendo que algunos cabellos tomaran incluso un tono más brillante que el castaño que los pintaba. Sus labios rellenos y rosados, se estiraron en una bonita sonrisa.
<<Hola. >> Pronunció.
<< Hola… >> Dije, medio atontado por el bello rostro juvenil que tenía justo enfrente. << Perdóname. Es que soy un poco distraído. >> Dijo con voz calmada, ligeramente ruborizado.
<< No, no; el distraído soy yo. >> Dije y luego me reí.
<<Soy Georg, Georg Listing . >> Me estrechó la mano.
<< Bill Trumper. >> Me presenté.
<< Eres de Alemania. >> Adivinó.
<< Sí. Hamburgo, de allí vengo.
<< Soy alemán también; pero con raíces italianas. >> Explicó.
Ahora había entendido entonces, porqué me había hablado desde un principio en mi idioma; pero luego dirigí la mirada hacia la puerta del departamento en el que él iba a introducir la llave antes de que yo lo chocara.
<<¿Vives aquí? >> Balbuceé, al captar el trío de números que formaban el 483.
<< Sí, con mi tía.
La vieja gruñona con la que Andreas me había dejado la llave de su departamento era tía del lindo chico que me sonreía en este instante. Abrí los ojos ante la sorpresa.
<< ¿Eres sobrino de la señora Montórfano? >> Inquirí.
<< Sí, ¿la conoces?
<< Sí, bueno… >> Su expresión pasó a ser una mueca de confusión. << Mi amigo me dejó la llave de su departamento aquí y sólo pasé a recogerla, de allí la conozco.>> Expliqué.
<<¡Oh! Entonces, ¿eres tú el lindo chico que se mudó con Andreas? >> Preguntó, como si hubiese completado un rompecabezas en su memoria.
<< Sí y… gracias por el cumplido. >> Sonreí.
<< Oh, bueno, eres muy lindo. >> Dijo y se encogió de hombros. << ¿Vas a algún lado?
<< Sí, a un laboratorio de fotografía. ¿Sabes dónde queda la calle Squero de San Trovaso? >> Pregunté, mirando el papel arrugado en mi mano.
<< Sí, es cerca de uno de los canales hacia el norte.
<< ¿Está muy lejos?
<< No, puedes ir caminando, son como cinco cuadras desde aquí.
<< Oh, muchas gracias.
<<Puedo llevarte si quieres, tengo auto. >> Ofreció.
<< No, gracias, hoy caminaré, tengo tiempo de sobra. >> Musité, con aplomo. << Oh, está bien, ¿puedo invitarte luego un café? Para conocernos, digo, vamos a ser vecinos. >> Se encogió de hombros.
<< Claro, me encantaría.
<< Hasta luego, entonces.
<< Hasta luego. >> Dije. << Oh, y grazie mille. >> Murmuré lo que había aprendido de Tom el día de ayer, cuando agradeció al mozo.
Georg sonrió.
<< Di niente, bello ragazzo.
Volví a sonreír, encantado. Y le dije adiós con la mano; luego bajé las escaleras y me encaminé por las calles de Venecia esperando encontrar lo que buscaba.
Luego de unos minutos y de contabilizar mentalmente las cinco cuadras que Georg me había mencionado, miré hacia el pequeño recuadro blanco ubicado en el muro externo del último edificio de la cuarta calle: Squero de San Trovaso. Sonreí satisfecho al haber acertado en mi búsqueda. Tenía la calle, pero aún me faltaba el lugar, decidí caminar hacia la izquierda, en donde los número ascendían, tenía que encontrar el 237.
Afortunadamente lo encontré, además de que pude visualizar fuera del lugar el letrero con letras grandes y blancas que decía «Photo Lab» eso hasta un torpe puede entenderlo.
Crucé la acera y me adentré en el lugar solitario y oscurecido, solamente iluminado por las luces del exterior que traspasaban por el ventanal, pero aquello no redujo ni un poco los escalofríos.
<< ¡Tonta máquina! >> Gruño una voz que salió de detrás de los almacenes.
Una voz masculina.
¿Él estaba hablando alemán?
Me quedé pasmado y mis pies se quedaron congelados en el mismo lugar en donde se habían parado.
<< ¿Hola? >> Dije, un poco inseguro.
Luego, un bello chico rubio se asomó de detrás de aquellos grandes almacenes y me miró.
<< Hola. >> Me dijo, amable.
<< Ah… hola.
Hablas alemán, ¿verdad? >> Preguntó. Asentí con la cabeza una vez. << Genial, entonces, ¿En qué puedo ayudarte? >> Me regaló una sonrisa bastante extensa, llena de amabilidad.
<< Bueno, yo… >> Tartamudeé. << quería, quiero… >> Corregí. << revelar algunas fotos. << Oh, claro, ¿podrías darme un momento? Tengo problemas allá atrás con esa tonta máquina de fotocopiado. >> Hizo un mohín.
<< Claro. >> Reí.
Se perdió de mi vista en aquella densa oscuridad detrás de los almacenes de los que antes había salido, pero aún podía escuchar con claridad sus quejas hacia la máquina.
<< Eres alemán, ¿verdad? >> Dijo.
<< Uhm, sí. >> Intenté adivinar el lugar exacto del que provenía su voz, elevando mi cabeza, sólo un poco para poder ver algo. << ¿También tú?
<< En realidad… no, soy italiano, pero viví mucho tiempo en Alemania. ¿De dónde vienes?
<<Hamburgo.
<< ¿En serio? >> Saltó de pronto del lado contrario al que se había metido y me hizo pegar un brinco.
<< Sí. >> Balbuceé
<< Eso es genial. Quiero visitar Hamburgo de nuevo, pero aún tengo tiempo por quedarme aquí. >> Se encogió de hombros. << Me llamo Gustav.
<< Un gusto enorme, Gustav. Soy Bill.
<< ¡Qué bonito nombre! Me encanta. Tú puedes llamarme Gus. >> Dijo e hizo que me riera, halagado.
Gracias, Gus .
Aquel chico hizo que el tiempo que esperaba para que mis fotografías fuesen reveladas, se me pasara rápidamente; platicaba conmigo y me hacía sentir como si me conociera desde hace años, además de que el entusiasmo que aplicaba en cada palabra me hacía sentir cómodo y familiarizado. Andreas era casi igual.
<< ¿Quién es el chico de las fotografías? >> Me preguntó, mientras sacaba tales papeles del ácido cianhídrico y los colgaba en el lazo con cuidado. << ¿Un modelo?
<< No. >>Reí. << Es el novio de mi mejor amigo.
<< ¿Y lo tomaste de modelo?
<< No exactamente. >> Musité.
<< Sale en la mayoría de las fotografías. >> Alzó sus delineadas cejas con gesto de acusación. <<Y es muy lindo, debo decir.
<<¿Insinúas algo? >> Entrecerré mis ojos en él.
<< No. Para nada. >> Negó con su cabeza rápidamente e hizo que me riera.
<< Fue accidental que mi lente captara su rostro, nada más. >> Expliqué.
<< Está bien, está bien. Yo no dije nada. Pero, ¿por qué no sale tu amigo? >> Acusó, indirectamente.
<< Porque ese día sólo íbamos él y yo. >> Murmuré y sus ojos acusadores se posaron sobre mí, con cierta expresión de emoción.
<< No es lo que piensas. >> Manoteé torpemente, como diciéndole que parara sus especulaciones. << Andreas no pudo llevarme y ofreció a Tom, es todo.
<<¿Andreas? ¿Tom?
Oh, mi amigo y su novio. >> Me dio una sonrisa cómplice, que de momento no entendí.
<< Pero es bastante lindo, ¿no? >> Insistió.
<<Bueno, sí. La verdad, lo es.
Sus ojos se posaron discretos sobre mí y pude notar su sonrisa en aquel cuarto oscuro en el que estábamos revelando las fotos. Pero no dijo nada.
Había sido increíble socializar con Gustav, era el primer día que lo conocía y me trataba como si fuéramos amigos de toda la vida, algo que por supuesto, me agradó completamente. Decidí comer fuera, en algún restaurante pequeño y no tan extravagante como al que Tom me había llevado el día anterior, además no tenía el capital monetario ahora mismo para pagarme algo tan caro. Cuando llegué al departamento, vi algo que me resultó extrañamente perturbador; abrí la puerta justo en el momento equivocado, quizá si me hubiera apurado o tardado dos segundos hubiera sido mejor que llegar en el instante justo en que los labios de Andreas se aferraban a los de Tom como si fuera una cuerda atada a otra. Algo golpeó cerca de mi corazón
<< ¡Perdón! >> Dije, terriblemente incómodo cuando sus miradas se posaron en mí. Algo que jamás me había pasado cuando veía a Andreas besar así a Alex, su ex novio.
<< No te preocupes, Bill. >> Dijo él, amable y luego se acercó.
Tom sólo me sonrió.
<< ¿Dónde has estado todo el día, Bibi?
<< Matando el tiempo. >> Dije. << Sin ti aquí es aburrido. >> Hice un mohín.
<< ¿Te fuiste a vagar solo por las calles de Venecia?
<< No tuve más opciones, tampoco me iba a quedar sentado aquí mirando televisión todo el día.
<< ¿Qué hay en el sobre? >> Observó el grueso sobre amarillo
que sujetaba en mi mano izquierda, en donde Gustav me había entregado las fotos que había revelado. No tenía problema alguno en hacerle saber que eran las fotos que había tomado un día antes, el problema era que no sabía cómo explicarle porqué el rostro de su novio aparecía en la mayoría; tampoco sabía porqué tenía miedo de eso.
<< Nada importante, fotografías. >> Me encogí de hombros, nervioso.
<<¿De las que tomaste ayer?
<< Ajá.
<< ¡Quiero verlas! >> Exclamó entusiasmado.
Por instinto sujeté el sobre con más fuerza en mi mano, produciendo arruguitas en el papel y haciéndolo crujir; mientras que mis ojos se abrían con miedo.
<< No son muy buenas, Andy .
<< Cómo no van a ser buenas si eres un excelente fotógrafo. Vamos, muéstramelas. >> Insistió y quiso arrebatarme el sobre. Lo llevé inmediatamente a mi espalda, resguardándolo. ¿Qué me costaba darle el maldito sobre y explicarle que el rostro perfecto de su novio se había fugado en unas cuantas fotos? ¿Qué de malo había en eso?
<< Mm… mañana, mañana te las muestro, estoy muy cansado hoy, además, aún tengo que eliminar bastantes, hay muchas que no me gustan. >> Dije, torpemente.
<<Hay algo ahí que no quieres que vea, ¿cierto? >> Me miró con gesto acusativo. Las manos comenzaron a sudarme y el corazón a latir más acelerado de lo normal. No sabía porqué me sentía como el culpable de un delito en el momento que es interrogado y a punto de ser descubierto.
<< Sí, claro que lo hay. Fotos horribles que no quieres ver. Dame un minuto, las ordeno y te las muestro, ¿está bien?
<< Yo también quiero verlas. >> Anunció Tom, que en todo el rato sólo había estado pendiente de la plática entre Andreas y yo.
<< Denme un segundo, ya vengo. >> Me escabullí hasta mi habitación y cerré la puerta tras de mí, sin esperar palabra alguna de ellos.
Me senté sobre la cama y tomé el sobre amarillo entre mis manos; saqué de él las fotografías y lo primero en lo que mis ojos se enfocaron fue en el bello rostro que adornaba aquel papel impreso. Tom era tan bonito, a su manera. Su despampanante sonrisa era perfecta. Revisé todas las fotografías, una y otra vez.
<< Maldición. >> Farfullé. De las trece fotos que tenía en la mano, sólo tres eran antiestéticas. Tres eran las que no tenían el rostro de él adornando la imagen. El problema era que Andreas había notado el grosor del sobre y llevarle sólo tres fotos resultaba ilógico cuando juntas no formaban ni medio centímetro. Suspiré y tomé las otras diez fotografías para guardarlas en el cajón de mi escritorio, debajo de todo el montón de papeles que ya tenía allí. Salí de mi habitación con el trío de fotos en la mano, esperando no encontrar alguna otra escena que me hiciera sentir incómodo y deseoso de cubrirme los ojos. Andy y Tom hablaban tomados de las manos, él jugaba con sus dedos. Traté de ignorar la irritante punzadita junto a los latidos aplomados de mi corazón.
<< Aquí están. >> Las coloqué sobre la barra de la cocina, en donde ambos estaban.
<< ¿Sólo tres?
<< Te dije que no eran muy buenas. >> Me encogí de hombros. << Las otras están horribles. >> Mentí, porque a decir verdad, eran las más hermosas. << Además no tomé muchas.>>
Allí, Tom pudo haberme desmentido, él sabía cuántas veces había disparado el lente de mi cámara capturando las escenas; pero no dijo nada, sólo observo tranquilo cada una de las fotos sobre el azulejo de la barra. Decidí cambiar de tema, antes de obtener alguna objeción por parte de Andreas.
<< ¿Sabías que la señora Montórfano tiene un sobrino? >> Pregunté a mi amigo, mientras iba al refrigerador por un vaso de leche.
<< Sí, Georg, ¿por qué? >> Inquirió, y me sentí satisfecho de haber logrado el cambio de ruta en la conversación.
<< Hoy lo conocí. >>Dije, sirviéndome la leche en el vaso que había tomado de la alacena.
<< ¿En serio?
<< Sí, me lo encontré esta mañana, es lindo. >> Tomé de mi vaso y pude captar que la mirada de Tom se apartó de las fotografías y se posó curiosa en nosotros, en mí.
Continúa…
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