Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 8
Cuando llegamos, Gustav tardó en salir, estaba peleando con la máquina de impresión, de nuevo.
<< ¡Espera un momento, Bill! >> Gritaba desde atrás, mientras que yo no dejaba de reír. Pobre de él, esa máquina siempre le sacaba canas verdes. Georg permaneció tranquilo, observando las cosas en el local, hasta que Gustav apareció por fin detrás del mostrador.
<< ¡Listo! >> Me sonrió con esa sonrisa que se expandía tierna sobre su rostro. Cuando Gustav desvió la vista de mí, la posó en la única otra persona que estaba conmigo. Georg lo miraba embobado.
<< Oh. >> Musité. << Gus, te presento a un amigo. Georg, él es Gustav. >> Dije. << Del que tanto te he hablado; Gus, él es Georg, mi vecino.
La cara de Georg era de sorpresa, asombro y fascinación y en sus ojos existía un brillo que hace unos minutos no se encontraba allí.
<< Hola. >> Balbuceó.
<< Hola. >> Respondió Georg.
Ambos se sonrieron y luego gus me dedicó su atención a mí.
<< ¿Fotos nuevas? >> Me preguntó, entusiasmado.
<< Ya lo sabes. >> Reí e hicimos lo de siempre.
Luego de unas horas y de que Gustav y Georg se conocieran más. Decidimos él y yo que era hora de regresar. El sol ya se había puesto cuando Georg y yo caminábamos hacia el edificio.
<< Tu amigo es muy bonito. >> Musitó, ruborizado ligeramente. << Muy simpático, además. >> Me solté a reír.
<< Creo que lo pude haber adivinado. >> Admití y él enrojeció más.
<< ¿Por qué dices eso? >> Preguntó, avergonzado.
<< Por tu cara y cómo lo mirabas.
<< ¿Tan obvio era? >> Hizo un mohín.
<< Algo. >> Ambos reímos. << ¡Georg! >> Dije, de pronto, quizá hasta sacándole un susto por la forma en la que me miró. << ¡Tú sabes italiano!
<< Uhm… sí. >> Musitó sin comprender; y es que había cambiado de tema repentinamente.
<<Dime qué significa… >> Hice memoria para acomodar las palabras en orden y tratar de pronunciarlas correctamente. << «Che bella coppia che fate»
A lo mejor Tom creía que ya se me había olvidado lo que el chico de la heladería nos dijo y que no me quiso traducir, pero para mala suerte de él, yo tenía muy buena memoria.
<< Qué bella pareja hacen. >> Dijo Georg.
<<¿Disculpa? >> Georg rió.
<< Eso significa. >> Abrí los ojos ante lo poco evidente y ante la lógica de que me emparejaran a mí con Tom. Luego me solté a reír de nuevo; no sabía si avergonzado o de verás divertido. << ¿Por qué? >> Inquirió, Georg.
<< Porque… lo vi en la televisión, en una pelicula. Quería saber qué significaba. >>Inventé.
<< Claro. >> Musitó.
<<Me tengo que ir. Buenas noches, Geo. >> Dije, fingiendo un bostezo. Lo cierto era que después de mi tarde con Gustav y Georg, no estaba cansado; pero sí quería escapar de las escenas que Andreas y Tom protagonizaban en la sala. El chasquido de sus labios al juntarse, los suspiros, las caricias que se daban, todo me resultaba ahora insoportable.
<< ¿Tan pronto te irás? >> Me preguntó.
<< Sí, estoy muy cansado. >> Me pregunté si fingir otro bostezo sería muy exagerado. << Está bien, hasta mañana. Descansa, que tengas una linda noche. >> Me dijo y tuve que hacer lo imposible por reprimir un suspiro.
<< Gracias, hasta mañana.
Me dedicó una última sonrisa y al instante me vi obligado a responderla. No hacerlo sería prácticamente irrealizable.
A la mañana siguiente, el día había amanecido perfecto para ver una película, o al menos, a mí se me había antojado hacerlo. Fui a un video club cercano y renté una de terror cuyo título no entendí pero la portada sí que era aterradora. Desayuné afuera y en la tarde me cociné un para de huevos fritos. Cuando el reloj marcó las seis de la tarde y sin más planes en mi lista, decidí ver la película que había rentado y la coloqué en el DVD de Andreas. Apagué las luces y me acurruqué en el sofá pequeño tapándome con una manta violeta que estaba allí, dejando que el departamento fuese iluminado sólo por la luz exterior. Le pusé play a la película y comencé a ver cada una de las escenas que el televisor proyectaba. Había pasado casi la hora y yo me aferraba a la manta retorciéndola entre mis manos, terriblemente aterrado y con el corazón a mil por hora; jamás me había espantado viendo una película como ahora. El televisor reflejaba sobre mí aquellas imágenes del perro protagonista que dejaba salir de su hocico la rabia que infectaba como un virus al desafortunado que se cruzaba con los filosos y ensangrentados dientes del can, convirtiéndolos en reflejos del horroroso animal que los mordía.
Estaba completamente aterrado.
Unos golpes en la puerta me hicieron dar un tremendo brinco en el sofá y un alarido de espanto salió de mis labios. Comprendí luego que sólo era alguien que llamaba a la puerta. Le puse pausa a la película y salté del sofá casi adivinando quién estaría del otro lado.
<< ¡Tom! >> Grité, noventa y nueve por ciento aliviado.
<< ¿Te ocurre algo? >> Preguntó, preocupado.
<<¡Estoy viendo una película de terror horrible! >> Expliqué y lo introduje tomándolo de la mano.
<< ¿Qué película?
<< No sé, una de un perro rabioso que infecta un virus. >> Dije, atropellando las palabras, y señalé el televisor.
<< Estás viendo Infectados. No da tanto miedo. >> Rió. Fruncí el ceño.
<<¿Estás loco o no eres humano? >> Farfullé. << ¡Claro que da miedo! >> Sonrió.
<< ¿Entonces, por qué la ves? >> Inquirió, divertido.
<< Pues… porque… porque… no sé, es horrible.
<<Sí, pero aún quieres terminar de verla, ¿cierto?
<< ¡Claro! No voy a quedarme a la mitad de la trama, ¿quieres ver lo que queda conmigo?
<< Por supuesto, luego quién va a protegerte.>> Sonrió con autosuficiencia.
<< Gracioso. >> Lo fulminé con la mirada. Me acomodé de nuevo en el sofá y luego Tom se sentó en uno de los brazos de éste, pasando su brazo sobre el respaldo; ambos estábamos muy juntos y mi corazón comenzó a acelerarse. Di play a la película de nuevo, y la escena que había quedado pausada continuó moviéndose; ahora ya estaba todo más oscuro y sólo podía ver tenuemente el reflejo de la luz del televisor sobre nuestra piel.
Una escena me obligó a cerrar los ojos con fuerza y a desviar mi rostro hacia el respaldo del sofá; pero con lo que mi rostro se encontró no fue con el terciopelo del mueble, sino con un abdomen duro, revestido de una tela negra y un suave y varonil perfume tan cerca de mi nariz. Caí en la cuenta entonces de que estaba ocultando el rostro en el abdomen de Tom; me iba a retirar, completamente sonrojado y por supuesto iba a pedirle disculpas; pero entonces, unos fuertes y víriles brazos se ataron a mi alrededor haciendo que el corazón se me cayera hasta el piso. Aquello era una cárcel meramente hermosa y yo su indigno prisionero. De repente, todo el miedo se evaporó. Mi nariz aspiraba su delicioso perfume mientras que sentí sus manos acariciando mi cabello, inmediatamente la piel se me erizó. Podía oír perfectamente el latido de su corazón estallar en mis oídos; un latido raro: rítmico pero acelerado, tranquilo y rápido a la vez… «pum, pum, pum» estallando en mis oídos, y yo allí, entre sus brazos, protegido.
Me atreví a levantar el rostro y miré más de cerca el suyo; su mandíbula y cuello, su piel resplandeciendo con la tenue luz del televisor. Entonces bajó la cabeza me encontró mirándolo. Parpadeó un par de veces y su cálido aliento me golpeaba el rostro. A esa distancia tan mínima, su rostro era aún más hermoso.
Hubiera querido tener telepatía para saber qué es lo que él estaba pensando o si estaba en el mismo caso que yo, porque yo no podía pensar.
<< ¡Chicos, ya vine!
Ambos pegamos un brinco al oír la voz de Andreas y ver el rayo de luz que la puerta abierta introducía a la habitación. Nos separamos tan rápido que no pude ni procesar la información del todo bien. ¿Andreas? ¿Él qué hacía aquí? ¿Eran ya las ocho de la noche?
<< ¿Por qué está tan oscuro? >> Preguntó, y luego las luces me cegaron. Parpadeé repetidas veces, atontado y desconcertado.
<< Estábamos viendo una película. >> Explicó Tom, quien de repente se encontraba muy lejos, a diferencia de cómo lo había tenido antes. ¿Cuándo se alejó tan rápido? << ¿En serio? ¿Cuál? >> Preguntó Andreas, tratando de ver hacia el televisor y de descifrar a qué filme pertenecían esas escenas.
<< Infectados. >> Contestó Tom.
<< Bill, yo no sabía que eras masoquista. >> Bromeó Andreas y sólo entonces, cuando oí mi nombre, aterricé. << Esa película es aterradora. >> Musitó, haciendo un mohín. << ¿Por qué la rentaste?
<< Porque no sé italiano, ¿te parece una buena excusa? >> Musité, medio atontado. Aún no sabía qué había ocurrido y porqué Andreas estaba allí siendo las siete y treinta.
Él soltó una carcajada.
<<Andreas, amor, ¿Por qué llegaste temprano hoy? >> Preguntó Tom.
<< Ah, hoy salí temprano. >> Se encogió de hombros. Se acercó para besar a su novio y me giré instantáneamente, de pronto más aterrorizado por esa escena que por el filme. Oí el chasquido de sus labios al unirse y quise taparme los oídos o subirle todo el volumen a la TV con tal de que me fuera imposible captar ese tipo de sonidos. La fierecilla apareció de pronto, atenta, molesta y enfurruñada. Se movía inquieta dentro mío y me rogaba que me levantara del sofá y me largara.
Miré de reojo y pude verlos aún besándose. La fierecilla se removió y comenzó a rasguñar lastimosamente. Ahora era un sentimiento casi palpable, podía sentirlo con claridad dentro de mí, alguna especie de punzada cerca del corazón que hacía los latidos pesados, moribundos. Esto no debía hacerme daño… pero lo hacía.
Me levanté del sofá y quité la película. Hice ruido cuando el control del DVD se me cayó de la mano al presionar su botón con fuerza excesiva. Pero al menos sirvió para que Tom y Andreas se dejaran de pasar microbios y me miraran.
<<Perdón. >>Farfullé.
<< ¿No vas a terminar de verla? >> Preguntó Andreas.
<< No, recordé que tengo que arreglar mis cosas. >> Dije, mientras ponía con movimientos torpes el DVD de nuevo en su lugar.
<< Ay Bill, pero tú nunca arreglas tu habitación. >> Me acusó.
<< No me refiero a eso Andreas. >> Lo miré. <<Lo que quiero decir es que mañana saldré con Georg y me llevaré la cámara. >> No sabía de donde había salido la mentira, porque eso era, una mentira; Georg y yo no teníamos planes de nada. <<Por cierto, yo sí arreglo mi habitación, aunque no muy seguido. >> Andreas ignoró mi último comentario.
<< ¿Saldrás con Georg de nuevo? Vaya, ¿Cuántas veces son ya? >> Se emocionó y comenzó a especular.
<< No las cuento, Andy. >> Reí.
<< ¿Y a dónde irán? ¿De nuevo a tomar café? >> Miré el rostro de Tom, al lado del de su novio conjeturando y pude ver en él ese tipo de gesto que le producía cada vez que hablaba de Georg. Aquello me alentó a seguir con la mentira.
<< No, a la plaza de San Marcos. >> Dije. << Así que, si me disculpas, tengo que ir a ver qué me pongo. >> Sonreí.
<< ¿No vas a cenar? >> Inquirió Andy
<< No, no tengo hambre; pero si me da, creo que tengo una barra de granola en mi escritorio. >> Me encogí de hombros.
<< Está bien.
<< Hasta mañana, Tom. >> Dije, cordialmente y le sonreí.
<< Hasta mañana, Bill. >> Dijo, serio y sin sonrisa. Me di la media vuelta y me dirigí a mi habitación. Había calmado a la fierecilla e incluso le había dado una dosis de satisfacción, pero ahora tenía otro problema. ¿De dónde demonios había salido mi mentira? No me quedaba más que sólo cruzar los dedos para que Georg pudiera ser mi cómplice y aceptara la invitación que le iba a hacer.
Marqué rápidamente el número de Georg y me aparté de la puerta para que no pudieran oírme. Sonó un par de veces y a la tercera vez contestó.
<< ¿Bill? >> Me dijo, sorprendido por mi repentina llamada. Él siempre era el que me llamaba a mí.
<< Hola, Georg, ¿cómo estás? >> Susurré.
<< Bien. ¿Por qué hablas tan bajito? >> Me preguntó, cambiado su tono de voz al mío.
<< Porque no quiero que me oigan.
<<¿Quién?
<<Mañana te explico, ¿sí?, sólo quería preguntarte si querías salir a pasear conmigo a la plaza. >> Arrugué el suéter negro que llevaba puesto, nervioso.
<< ¡Por supuesto! ¿Mañana? >> Suspiré, aliviado.
<< Sí, gracias.
<< No, gracias a ti por invitarme.
<< Entonces, hasta mañana, buenas noches y gracias. >> Musité.
<< Hasta mañana, Bill.
Corté la llamada e hice una exclamación de victoria. Sabía que podía contar con Georg cuando fuera. Me senté sobre la cama y me incliné para abrir el cajón inferior de mi mueble. Rebusqué entre mis papeles y debajo de todos encontré lo que había guardado tanto hasta hoy. Levanté las diez fotos y miré cada una hasta encontrar una que dibujara el rostro mejor.
Cuando lo hice, la tomé entre mis manos y estudié el bello resplandor que reflejaba el rostro de Tom. Sentí en mi estómago como si un montón de burbujas se inflaran. ¿Por qué él me provocaba todo esto? Ahora empezaba a tener un miedo racional y tangible. Tom no debería provocarme ese tipo de sensaciones, porque yo sabía qué significaban. Recordé lo que había ocurrido hace rato, y no pude ni imaginarme lo que hubiera pasado si Andreas no hubiera llegado. Su rostro estaba estaba demasiado cerca. Demasiado. Sentí como las burbujas se inflaron más. Sacudí la cabeza, queriendo deshacerme del recuerdo y por consecuente la reacción. Guardé de nuevo todas las fotografías en mi cajón, debajo de todo el montón de papeles, en donde deberían estar. Me arropé para dormir y examiné el techo en total oscuridad; luché contra los pensamientos que en ese momento estaba teniendo, a mí no me podía gustar el novio de mi mejor amigo, no debía.
Continúa…
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