Fic TOLL de Space_witch_111
Capítulo 9
<< ¿Quién eres? >> Pregunté, su rostro me era conocido, sin embargo, también me parecía una persona extraña.
<< Tu otro yo. >> Me dijo. Me solté a reír.
Sí, claro. No puedes ser mi «otro yo»; ¡yo nunca me pondría esa ropa! >> Señale su atuendo.
<< Sí, bueno; pero resulta que yo hago cosas que tú normalmente no harías. Como por ejemplo, aceptar que me gusta Tom.
<< ¿Tom Kaulitz? >> Vociferé, echándome hacia atrás.
<< ¿Lo ves? >> Dijo, lo más tranquilo. << Tú no lo aceptas, yo sí.
<< Tom no me gusta, ¿estás loco? ¡es el novio de Andreas!
<< Deja la histeria, sabes que tengo razón.
<< Demente. >> Farfullé.
<< Bueno, ¿y qué si no fuera novio de Andreas? ¿Aceptarías que te gusta?
<< No. >> Él rió, su risa burlona me incómodo.
<< Claro, porque si no fuera novio de Andreas, quizá no lo hubieras conocido.
<< No me gusta Tom. >> Dije, tajante.
<< Repítelo hasta que lo creas, porque a mí no me engañas. >> Me sonrió.
<< ¡Cállate!
<< ¿Por qué? Nadie puede oírnos, sólo estamos tú y yo. Si aceptas que él te gusta, dejaré de molestarte.
<< No. >> Me crucé de brazos.
<< Como quieras. >> Se encogió de hombros. << A fin de cuentas para eso estoy yo.
<< No sé de quién seas la otra parte porque de mí no.
<< Como digas. >> Manoteó restándole importancia a mi comentario. << Pero ten en cuenta que yo, sí acepto que me gusta y no olvides que sí soy parte de ti.
El sudor perlaba mi rostro cuando me desperté jadeante entre las sábanas. Eso sí que había sido una pesadilla. Un extraño y loco sueño, nada más. Miré el reloj, eran las ocho de la mañana. Recordé los planes que tenía con Georg y salí disparado de la cama para bañarme y vestirme.
Salí entonces a buscar a Georg pasadas de las nueve y treinta, y como siempre, esa bonita sonrisa en su rostro de ángel me alegró la mañana.
<< Hola. >> Me saludó.
<< Hola.
<< ¿Listo para irnos?
<< Claro.
Enredé mi brazo al suyo y nos encaminamos a su Mustang antiguo, color negro. Puso el auto en marcha. El motor rugió bajo nosotros y las llantas comenzaron a rodar.
<<¿Por qué ayer hablabas tan bajito? ¿quién no querías que te oyera? >> Me preguntó.
Solté una delicada risita tonta, y sentí que enrojecí un poco.
<< Andreas y… Tom.
<< ¿Por qué? Déjame adivinar, las especulaciones de Andreas. >> Rió.
<< Uhm… sí, eso.
Me miró, aunque no parecía muy convencido debido a mi vacilar a la hora de responder.
Llegamos a la plaza de San Marcos y bajamos a caminar. Saqué un par de fotografías de cada monumento mientras que la gente andaba de aquí para allá, bajo el tenue y apenas visible sol de la ciudad de Venecia.
<< Georg. >> Musité, como quien no quiere la cosa.
Dime.
<< ¿Te ha gustado alguna vez alguien… prohibido? >>Me miré los pies al caminar, mientras que esperaba la respuesta de Georg.
<< ¿Prohibido?
<<Sí, alguien que no te debe gustar. >> Vacilé.
<< Mmm… >> Pensó. << a los cuatro años me enamoré de mi tía. >> Rió. Me reí también.
<< Es en serio, Georg.
<< ¿De quién pudiste haberte enamorado, Bill? ¿De un sacerdote?>> <<Enamoramiento no, Georg. Y de un sacerdote tampoco. >> Rodeé los ojos.
<< Bueno, está bien. ¿En quién te pudiste fijar?
<< Pues…
<< ¿Tom?
<< ¿Qué? >> Se me bajó la sangre de la cabeza hasta los pies y sentí como si fuera a tocar el piso. ¿Cómo sabía? ¿Cómo pudo haber adivinado tan fácil? ¿Era yo tan obvio? Miré a Georg, temeroso y con labios trémulos; pero entonces me percaté de que Georg no me miraba a mí, sino que su mirada se posaba lejos, observando un punto fijo.
<< ¿Es ese Tom? >> Preguntó, aún mirando a lo lejos. Seguí el transcurso de su mirada y pude visualizar a unos cuantos metros entre la gente que pasaba de un lado a otro, un cuerpo que me quitaba el aliento. Caí en cuenta de que mis pensamientos habían funcionado mal y que Georg no se refería a lo que yo había creído; sino que musitó el nombre de Tom porque a lo lejos lo vio.
<< Creo que sí. >> Dije. <<¿Qué hace acá?
<<A lo mejor salió a pasear, como nosotros. Hablémosle. >> Sugirió. Me tomó de la mano y me arrastró varios metros entre la gente hasta llegar a Tom. La perfecta y bien trabajada espalda de Tom, que no dejaba de lucir aún con la camisa que traía encima. Tom parecía como si buscase a alguien, ya que asomaba su cabeza sobre la de los demás.
<< ¡Tom! >> Llamó Georg, haciendo que él pegara un brinco. Se giró a mirarnos y abrió los ojos sorprendido. << Lo siento, no quería asustarte. << No… no hay problema.>>─ Tartamudeó y luego colocó su mirada en nuestras entrelazadas manos; su rostro dejó la expresión de nerviosismo y pasó a una con un ceño fruncido.
<< ¿Estás con alguien? Porque se nos ocurrió que sería buena idea que estuvieras con nosotros, digo, si quieres. >> Ofreció Georg.
<< ¿Eh? >> Subió la mirada. << Ah, sí, claro.
<<Bien. >> Sonrió Georg. << Vayamos para allá. >> Señaló hacia la izquierda. << Hay lugares que seguro te gustarán. >> Me dijo. Seguí a Georg, aún atado a su mano y Tom a mi lado. Mi corazón cantaba emocionado y palpitaba extraño, con alguna clase de latidos que yo desconocía, pero que sin embargo me llenaban de placer.
<< Qué casualidad haberte encontrado, Tom. >> Musitó Georg.
<<Ah, sí, vine porque… >> Se quedó en silencio de nuevo, repentinamente nervioso. <<porque… quería… salir un rato.
<< Nosotros igual, además de que Bill aprovecha para sacar estupendas fotografías, ¿verdad? >> Me sonrió. Le devolví la sonrisa, porque la voz se me había ido y sólo podía escuchar los escandalosos latidos de mi corazón producidos por el perfume tan varonil que Tom desprendía en cada paso que daba.<< Por cierto, Bill, no entiendo aún qué quieres decirme. >> Me dijo Georg. << No contestaste mi pregunta.
<< ¿Qué pregunta? >> Dije, con voz medio baja.
<< ¿En quién te fijaste y por qué dices que es prohibido? >> Inquirió. Abrí los ojos de par en par, casi se me salían de las órbitas. Y Tom, quien estaba a mi lado, encaminando su paso con el mío, nos miró rápidamente. Totalmente atento.
<< Emm… en… el… amm… >> Tartamudeé. Las miradas de ambos se posaban en mí y la de Tom ni siquiera parpadeaba.
<< ¿En quién? >> Volvió a preguntar Georg. Lo fulminé con la mirada queriendo taparle la boca en ese instante. Las manos comenzaron a sudarme ante la posibilidad de quedar en evidencia.
<< En… mi… amigo… que dejé en Hamburgo. >> Inventé.
<<¿Qué clase de amigo? Cualquiera podría enamorarse de un amigo. >> Inquirió. << Enamoramiento no, Georg. >> Especifiqué de nuevo. Tom sólo se mantenía en silencio pero atento. << Y es… un amigo cercano y… >> Me estrujaba el cerebro para poder seguir poniéndole palabras a mi mentira. << y… a un amigo también le gusta, entonces…
<< Tienes miedo de perder la amistad de tu amigo por haberte fijado en el mismo chico que él. >> Completó Georg.
<< ¡Exacto!
<< Bueno y ¿quién se fijó primero en el chico?
<< Él. >> Musité, con pesar.
<< Pero tú ya te fuiste de Hamburgo, ya no importa o ¿sí? >> Habló Tom, quien había estado como una estatua hasta ahora.
<< Emm… >> Murmuré.
<< Igual yo creo que lo hubieras hablado con tu amigo, en vez de especular tú solo las cosas y castigarte a ti mismo. >> Interrumpió Georg. << Digo, no era su novio y él no era tu mejor amigo. >> Se encogió de hombros. Me solté a reír y ambos me miraron.
Si Georg supiera a quién me refería ni siquiera hubiera dicho lo último.
<< ¿Qué es gracioso? >> Preguntó Tom.
<< Nada, sólo que… nada. >> Manoteé restándole importancia.
<< ¡Mira, Bill! >> Me dijo Georg. << ¿Ese lugar no te parece ideal para unas fotografías?
>> Apuntó hacia un edificio al lado de un canal que se extendía magnífico por el este.
<< Wow, qué buen gusto tienes, Geo. >> Concordé. << Creo que le tomaré una. Saqué con la mano libre la cámara de mi bolso y luego me quedé en silencio, sin actuar, tímido porque Georg aún mantenía su mano entrelazada a la mía.
<< Georg, creo que Bill necesita sus dos manos. >> Farfulló Tom. <<Oh, cierto. Discúlpame. >> Enrojeció un poco y soltó mi mano a la que inmediatamente le pegó el aire gélido del medio día. Le sonreí y apunté el lente de la cámara hacia el monumento y saqué la fotografía.
<< Un fiore per i giovani? >> Musitó alguien detrás de mí. Me giré y obtuve la imagen de una señora con un canasto de rosas rojas que le hablaba a Tom, mientras que
Georg estaba distraído mirando las palomas. Tom me miró y luego sonrió.
Entonces miró de nuevo a la señora.
<< Quanto costa una? >> Preguntó.
<< Un euro. >> Dijo la señora.
<< Dammi uno.
Ella le acercó la canasta y Tom escogió una rosa entre el montón y luego, sacó del bolsillo de su pantalón una pequeña moneda.
<< Ecco. >> Le dio la moneda y le sonrió.
<< Grazie bel giovane. >> Dijo la señora y luego me sonrió a mí para después alejarse e ir a ofrecerle sus flores a la demás gente.
No había aprendido aún italiano, pero al menos, ya estaba un poco más familiarizado con las palabras y pude entender la conversación entre Tom y la señora. Ella le había ofrecido una rosa, él le había comprado una. Simple. Seguro se la llevaría a Andreas.
<<Ten. >> Pero me la ofreció a mí y me dejó en blanco.
<< ¿Qué? >> Musité, torpe.
<< Es para ti. >> Dijo, como si hubiera adivinado mi pensamiento anterior. << Gracias. >> Tomé la rosa entre mis manos y sentí que el rubor corrió por mis mejillas pintándolas, así que desvié mi rostro y miré a Georg, quien aún seguía entretenido observando el centenar de palomas que volaban en el cielo y otras que caminaban por el suelo de la plaza. Alcé mi cámara y tomé una fotografía de su perfil justo en el momento exacto en que las palomas volaron. Una fotografía maravillosa.
Georg me miró.
<< Hey, pudiste haberme avisado. >> Dijo y yo reí.
<< No, creo que saliste más lindo así. >> Él se sonrojo de nuevo, y luego bajó la mirada percibiendo así la rosa en mi mano.
<< ¿Y esa flor? >> Preguntó.
<< Se la di yo. >> Dijo Tom, con más orgullo del necesario.
<< Rayos, entonces yo tengo que comprarte un ramo completo. >> Bromeó. << Lo haces parecer una competencia, Geo. >> Dije, queriendo seguirle la broma, pero lo cierto era que dos hermosos ángeles estaban cortejándome y el tono casual en mi voz no era muy espléndido.
<< Claro que no es una competencia. >> Dijo él. << Yo no estoy compitiendo con nadie; Tom no es un jugador, él ya tiene dueño. >> Bromeó Georg, palmeándole la espalda a Tom. Tom sólo sonrió, pero a esa sonrisa le hacía falta… ¿Alegría?
<< Me haces sentir como un trofeo. >> Dije, haciendo un mohín.
<< Non un trofeo. Tu sei un ragazzo bello e mi piace essere il vostro principe. >> Musitó. El rostro de Tom se endureció y su ceño se frunció ante las palabras que Georg había pronunciado. ¿Qué había dicho?
<< Georg dice que eres bello y que a él le gustaría ser tu principe.>> Me dijo, pero parecía molesto.
<< Stai zitto! >> Protestó Georg a Tom, enrojeciendo por completo. Miré a Georg, enternecido.
<< Qué lindo eres, Geo. Gracias. >> Dije, y él enrojeció más. Sin embargo, Tom permanecía de brazos cruzados y con rostro duro. La fierecilla apareció de pronto, bailando de alegría porque creía que lo que Tom tenía eran celos y aunque no quisiera aceptarlo, a mí también me gustaba la idea.
Continúa…
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