Mi niñero favorito 14

Fic TOLL de Medianoche

Capítulo 14: ¿Avance o retroceso?

Después de los cinco minutos que duraba el recorrido en ese canal los dos jóvenes adultos bajaron del bote para volver a unirse con el niño rubio y poder comer finalmente, el estómago del pelinegro rugía como un mismísimo león…

…Como ese león de felpa que estaba tirado en el suelo, a unos cuantos metros de la atracción del que acababa de bajar y el moreno logró ver.

—Noo… ¿Y Tom? ¿Dónde está Tom? –preguntó a su acompañante totalmente preocupado y mirando para todos lados, intentando localizarlo, no podía ser que nuevamente hubiera perdido al niño, tan solo por estupidez suya ¿cómo no se fijó antes que lo había dañado?— Anne, ¿dónde está Tom? ¡Por Dios, respóndeme!

—Hay, no lo sé, por ahí ha de andar, que eres tú su niñera ¿no? –Se colocó frente a él y le pasó los brazos por el cuello—, pero ya relájate, ya verá que en un rato vuelve… ¿o por qué no mejor nos vamos en ese ferrari rojo tuyo a no sé… tú casa, o quizá un hotel –terminó acariciando el pecho del otro, intentando excitarlo

—¿Ferrari? Oh por Dios ¡¿Cómo puedo ser tan estúpido?! –Explotó apartándose bruscamente de la rubia— ¡Claro! ¿Por qué más te acercarías a mí si no por el auto de mi amigo? Eres una puta interesada, y para colmo perdí a mi niño

—¡Pues vaya si te tardase! Y no, no es solo por el auto, sino también por una apuesta ¿cómo podría gustarme el marica de la escuela? ¡Antes muerta que salir contigo! Pedazo de rareza…

—¿Sabes qué? ¡Me importa una mierda! Mejor vete a joder a otra parte –y salió corriendo esquivando la gente, entonces paró y volteó— ¡Por cierto! ¡Se te está saliendo el relleno por el escote! –Avisó con la mera intención de dejarla en vergüenza, cosa que no habría importado a la chica de no haber sido porque era verdad y las ciertas personas que ahí se encontraban le estaban mirando.

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Quizá, salir corriendo sin mirar por dónde fue una mala idea, no entendía cómo sus pequeñas piernitas lo habían llevado a ese sitio, tan árido, con pésimo olor, lejos de las atracciones y con unos sujetos no muy lejos con cara de violadores, que le hacían querer voltear y volver por donde vino, sin embargo sentía que si actuaba de esa forma los otros saldrían corriendo con una velocidad sobrehumana tras de él y lo atraparían.

Caminó muy lentamente hacia atrás, dando cortos pasos hasta que algo le interrumpió el paso. Con miedo volteó hacia arriba, encontrándose con el desgastado rostro de un hombre de algunos 65 años, con cabello corto, barba y una sonrisa podrida. El pequeño gritó de susto e intentó salir corriendo cuando otro hombre, esta vez uno excedido de peso, le tomó por el brazo y sostuvo sin posibilidad de dejarlo ir.

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“¿Dónde se metió esta vez?” Era lo único que habitaba en su ser viéndose en aquella situación, eso junto a su famosa culpabilidad. Debería aprender a dejar de ser tan cabezota, no quería ni imaginar cómo podría terminar su pequeño Tommy si continuaba así, lo mejor era aprender a controlarse.

—Ya tuve la visita de un médico y la visita a un hospital… no quiero terminar con una visita a un cementerio –murmuró soltando las primeras lágrimas que luchaba por retener— Tommy, sal de donde quiera que te encuentres –pidió mirando al cielo con sus ojos nublados, hasta que unos sollozos muy familiares llegaron a sus oídos.

Giró rápidamente a todos lados y hasta el final de los puestos logró ver a tres sujetos ya entrados en edad, uno gordito, otro igual o más delgado que él mismo y el tercero de una complexión más aceptable, trayendo este último al niño que tanto buscaba. Ni siquiera dudó en acercarse a ellos, hacerlo sería muy tonto, pero quizá sí debió pensarse más el saludar con un buen golpe en la mandíbula de quien llevaba a su niño, haciéndolo caer por el impacto y yendo el niño a refugiarse en los brazos de su niñero. —Tal parece que ninguno de los dos mostraba señas de verdaderamente cambiar—.

—¿A dónde creen que iban con mi niño, trío de pedófilos? –Soltó muy valiente cargando a su pesadito chico en sus brazos. Mientras los otros hombres se encargaban de levantar a su compañero del suelo.

—¿Esta es tu forma de agradecernos, mendigo cabrón? El pobre chiquillo se mostraba tan amilanado que nos acercamos a él para ver que tenía.

—Y tan preocupado estabas por él… después se puso a chillar porque su “niñero” lo dejó arrecholado por una muchachilla, ¿así pos quién no cuida?

El moreno no supo que decir después, aquellos malolientes sujetos no parecían tener malas intensiones, y lo confirmó tras preguntarle a su rubio y éste habiendo contestado positivamente “ellos me ayudaron a encontrarte”, así que disculparse era lo mínimo que podía hacer.

Cuando ese trío de hombres se retiraron riéndose de lo estúpido que se vio “Robert” en la caída por el golpe del “mendigo cabrón”, como decidieron llamar a Bill, éste mencionado no pudo sino disculparse con su pequeño por haber vuelto a actuar de forma imperdonable, aunque rogando que esto se le fuera concedido. Y el niño con su más que puro corazón le dio su perdón, aunque condicionándolo.

—Quiero subirme ahí, contigo –pidió con unos ojos llenos de ilusión mientras su pequeño dedo índice señalaba la enorme noria, el mayor de ambos sonrió y asintió acercándose pronto al susodicho juego mecánico y esperar a por una canastilla que en cuestión de segundos les llevaría a lo más alto para después volverlos a bajar.

Finalmente llegaron al frente de la fila en espera de su tan ansiado lugar y éste al llegar llevó a ambos a subir rápidamente, entregando obligatoriamente dos tickets para su viaje, cerraron la canastilla y pronto comenzó a moverse, a una velocidad baja, cómoda para ambos y para los ojos del niño que se maravillaba por la grandiosa vista que se tenía desde las alturas del juego. El mayor se acercó a él y lo abrazó por la cintura, acompañándolo en su visión en un cómodo silencio que ninguno de los dos quería romper.

La canasta volvió a bajar y fue entonces que el moreno se despegó del cuerpo del infante, conteniéndose a sólo mirar el hermoso paisaje que se extendía frente a él: el rostro maravillado del niño. No pudo evitar sonreír bobamente.

Estuvieron así por unas vueltas más hasta que finalmente el aparato paró dejándolos a ambos en lo más alto y por medio de una sincronización que no se conocían se voltearon a ver, ambos comenzando a colorear sus mejillas.

Entonces como si de imanes se tratara sus rostros se comenzaron a acercar peligrosamente, cerrando sus ojos, hasta que por fin sus labios se unieron en un necesitado beso que demostraba cuánto cariño sentía el uno por el otro, ese cariño que el blondo transmitía por sus ojos y el pelinegro jamás se atrevería a describir en voz alta.

El mundo a su alrededor pareció detenerse, excepto por unos fuegos artificiales que se activaron y el sonido de unas campanas resonando. Se oirá cursi, pero era así como ellos dos se sentían, están el uno con el otro, disfrutan del sencillo y placentero tacto que brindaba estar con los labios chocados, en un sencillo y tierno gesto.

Transcurridos unos segundos se separaron y miraron con una sonrisilla tonta en el rostro, justo en el momento que les tocaría bajar de la canasta. Ya en tierra firme se tomaron de la mano –con la excusa de “para que no te me vuelvas a perder”— y caminaron hacia la zona de comida, un sitio lleno de aromas increíbles que les hizo aguar la boca, y lo mejor de todo es que lucía 100% higiénico, no sabían si porque era nuevo o por mera higiene pero rezaban porque ningún parasito entrase a su interior por medio de esa comida.

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La tarde se les pasó como agua entre las manos, siendo aproximadamente las nueve decidieron que ya debían volver a su hogar, con el auto repleto de regalitos y demás, pero sobre todo por un enorme gorila púrpura que casi ocupaba todo el espacio del vehículo, el mayor no se explicaba cómo fue que se dejó convencer por un niño para ganarlo en otro estúpido juego de tiro al blanco, y menos aún cómo fue que logró entrar en el coche, aunque parecía ser un sitio muy cómodo donde dormir, eso a juzgar por el reflejo del niño acurrucado contra él en el espejo retrovisor, viéndose envuelto en un aura de cansancio que no le dejaba ni mantener sus preciosas orbes abiertas.

—Tom, pequeño –llamó suavemente para no asustarle, le causaba una gran ternura verlo así, pero no creía que dormir sobre ese “monumento” se lo agradecería verdaderamente su cuerpo al día siguiente— hey, despierta –se estacionó dejando las luces intermitentes y volteó para moverlo.

—¿Hu? –contesto aún no en este mundo, luchando por abrir los ojos y atender a lo que su amor le decía.

—Tendrás dolores horribles el día de mañana si duermes así, ¿quieres que me detenga para dormir en el motel próximo? Solo debo desviarme un poco de la carretera.

—¿Crees que eso será más cómodo que mi enorme Gusorg? –Bueno, eso lo preguntaría más adelante, ahora realmente no le interesaba tanto ese nombre tan extraño.

—Definitivamente –respondió

—Vale –fue todo lo que dijo antes de volver a tocar a su gorila y caer nuevamente en Morfeo. El otro pronto rió y prosiguió a seguir conduciendo, buscando ese cómodo y cálido hotel del que hablaba momentos antes.

Continúa…

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por Medianoche

Escritora del Fandom

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