Mi niñero favorito 15

Fic TOLL de Medianoche

Capítulo 15: Primera vez

Durante un tiempo más estuvo conduciendo, volteando donde suponía él se escondía un motel sencillo pero que prometía un descanso más confortable que el que el auto ofrecía, además él lo corroboraba, tras haber parado ahí una vez con Georg, hace algunos meses. El lugar no era la gran cosa ni tenía camas de lujo pero por lo menos si garantizaban un descanso aceptable.

Condujo unos veinte minutos más y finalmente estacionó en el parking del lugar, al lado de otros tantos vehículos, seguro también de personas que asistieron a la inauguración del parque. Se bajó hasta colocarse en la puerta del niño y la abrió. Metió la mitad del cuerpo en el vehículo –deseando también impedir el pase del aire helado que recorría el lugar— y movió al pequeño, en un intentó mínimo por despertarlo. La verdad no quería, le parecía muy hermoso así de tranquilo, tal como un ángel.

—Tommy, vamos despierta –le sacudió un poco más— ya llegamos, baja para que descanses bien.

—¿Humm? Aquí estoy bien…

—Oh, calla y acompáñame pequeño –el niño aún entre sueños sonrió y alzó los brazos, el mayor lo tomó y sentó en el asiento. Se sacó su chaqueta y la colocó sobre el pequeño, entonces por fin hizo un gran esfuerzo para cargar al menor y llevarlo al interior de aquel “hotel de paso”, después de cerrar apropiadamente el vehículo.

Apenas dio un paso en el local su cuerpo sintió una increíble mejora, aunque el lugar seguía siendo bajo de temperatura. Se acercó al mostrador y sentó ahí al rubio que seguía durmiendo contra su cuerpo. Hizo sonar una campanilla y en cuestión de unos cortos segundos un hombre entrado en edad le atendió.

Sólo tengo disponible una matrimonial” contestó cuando le hubo pedido una habitación para dos. El moreno sin más la aceptó. El ancianito le tendió una llave dorada e indicó el número de habitación que le correspondía, para su desgracia ésta se encontraba en el tercer y último piso, y el edificio no contaba con ascensor.

Aspiró profundamente varias veces antes de comenzar a subir los escalones, realmente lo que le preocupaba era tropezar y terminar cayendo con el rubio, no tanto el hecho de tener que subir las pesadas escaleras.

Finalmente llegó al piso y a la habitación, recostó pronto al menor, acomodándolo lo mejor posible en la cama, le desprendió de su calzado y pantalón y le arropó con las finas mantas con que el edificio contaba. Él por su parte cogió su chamarra y se acomodo en el pequeño sofá que estaba ubicado a un costado del otro mueble.

—¿Bill? –llamó el pequeño de rastas rubias, esforzándose en abrir los ojos. Se los talló y luego se acomodó para buscarle.

—¿Qué sucede? –Respondió haciéndole dar un pequeño brinco en su lugar, el otro le volteó a ver y le sonrió—.

—Acuéstate conmigo –pidió moviéndose para hacerle lugar, no que no cupiera, pero así le incitaba. El pelinegro le sonrió, se desvistió hasta quedar en bóxer (como solía dormir en su hogar) y se cambió de sitio, pronto se arropó y corrió un brazo para acercar a su niño por la cintura.

—Sólo hoy no me patalees, por favor, estoy muy cansado –se burló y el otro dio un corto manotazo en el pecho del chico. Le abrazó más fuertemente y acarició su cabeza con suaves movimientos. Al cabo de unos minutos ambos cayeron rendidos, y de ser posible no despertarían en un día.

&

Eran aproximadamente las dos de la madrugada y una tormenta se había desatado, haciéndoles abrir los ojos debido a los estruendosos sonidos que emitían los fuertes vientos, los truenos y los golpeteos del agua contra el techo y la ventana.

El pequeño se abrazó fuertemente al cuerpo de su niñero y apretó los ojos, como esperando así sus temores se disiparan. No lo hacían. Entonces el mayor tomó su pequeño rostro entre sus manos y le miró directamente a los ojos sin dejar de acariciar sus rubias rastas.

—Escúchame Tom, no tienes por qué temer, mucho menos si me tienes a tu lado, yo te cuidaré, no permitiré que nada ni nadie te dañe.

—Excepto tú mismo –respondió sin pensar y pronto arrepintiéndose de lo dicho, queriendo ser convertido en avestruz para ocultar su cabeza bajo la tierra, a cambio bajo las cobijas. El pelinegro bajó las mantas de su cabeza y le miró al rostro.

Le quiso decir que lo sentía, que no lograba controlar su boca, que era como una forma de autodefensa, algo que hacía para no volver a ser lastimado, como en su niñez, y nunca percatándose de en el proceso lastimaba a terceros aún cuando le importaban mucho. Quiso decirlo pero no pudo por un nudo atorado en su garganta.

Sin embargo pareció suficiente el hecho de pensarlo pues el niño se alzó un poco y plantó un tierno pico en los labios del pelinegro, transmitiéndole sentimientos e incluso pensamientos, mismos que decían “no te preocupes, igual siempre confiaré en ti”.

Se sintió bien antes de volver a mirar a su pasado, no era algo que le deseara a alguien más, menos a su pequeñín. Se separó de él y le acarició la mejilla, mirándole con arrepentimiento. El otro lo notó pero no supo qué decir, o si debería hacerlo. Al final ni movió los labios.

—No quiero mancharte, no quiero que vivas como yo, con mi dolor, sin tu… —pausó e inspiró profundamente, no podía ni mencionarlo, como si con tan sólo pronunciar esas nueve letras la inocencia de Tom también sería arrancada—. No quiero que te pase lo que me pasó a mí, no quiero hacerte el daño que a mí me hicieron.

—No sé de qué hablas… y probablemente no lo entienda ahora… solo sé que verdaderamente te quiero y me gustas, y sé que, aunque llegues a ser malo conmigo, no es intencional y no me harías daño por gusto, ni a mí ni a nadie, sólo eres un poco torpe.

—No sabes cuánto puedes llegar a equivocarte –Tom cerró los ojos y alzó su rostro para poder juntar sus labios con los del otro, teniéndolos así durante largos minutos.

—Y tú no sabes cuánto te llego a querer –susurró contra sus labios antes de volver a unirlos.

Sólo en cuestión de tiempo ambos se encontraron colaborando gustosamente en el beso. El moreno con las manos en automático sobre el cuerpo de su pequeño, paseándolas por todo el talle, piernas y brazos. Por supuesto que el rubio no se quedaba atrás y participaba acariciando la piel de la espalda del otro.

Unos minutos después el mayor intentó parar todo aquello, por miedo otra vez, sin embargo tuvo un pequeño pero el más importante obstáculo: el niño negándose a separarse y a cambio empujando al otro hasta colocarse a horcajadas sobre él.

Corrió sus pequeñas manos por el pecho del mayor acariciando la blanquecina y tersa piel que tanto le llamaba tocar, sin apartar sus labios de los otros, empezando un ligero vaivén sobre el cuerpo contrario. Mientras el pelinegro le comenzó a acariciar con más ánimos toda su espalda, hasta que decidió deshacerse de esa estorbosa camisa que cargaba el niño, dejándolo solo con sus calzoncillos puestos. Cambió los lugares, dejando al pequeño debajo de su cuerpo, y se dispuso a repartirle besos de mariposa en todo su ser.

Desde su boquita, bajando delicadamente por su mentón y cuello hasta llegar al pecho, donde plantó un beso en cada una de sus tetillas, acto que causó un delicioso estremecimiento en el pequeño, y volviéndose a deslizar por el vientre del otro, sus caderas, muslos y piernas, hasta terminar en los pies. Sonrió maliciosamente y decidió jugar ahí.

Tomó uno y pronto lo dirigió a su boca, dando un lametazo a los dedos y después introduciendo el primero en su boca.

—Ah… —gimió fuerte el niño apretando los ojos y curvando su espalda en ese mismo instante, y empezando a lanzar más gemidos conforme el mayor seguía su labor en sus extremidades inferiores—. Humm… Bill… te quiero –el mayor dejó su labor y se precipitó a besar esos rosados labios que le terminarían volviendo loco.

—Yo a ti… y me arrepiento bastante –confesó con los ojos vidriosos, pero no por eso se detuvieron, al contrario, volvieron a unirse de una forma más húmeda y hambrienta.

Estuvieron así durante bastante tiempo más, besándose, acariciándose, estimulándose, excitándose… En cuestión de tiempo ambos estaban totalmente desnudos, friccionando sus cuerpos tanto como podían.

—Quiero que me hagas tuyo, Bill –susurró un poco temeroso de ser rechazado, y tal como esperaba el moreno paró en seco y le miró con terror marcado en sus bellos orbes, pero antes de que se separara el rastudo le abrazó del cuello y le besó precipitadamente impidiéndole al moreno articular palabra alguna, finalmente sólo pudo soltar fragmentos que al pequeño le dio a entender algo como “no quiero dañarte”, a cambio recibió un “confío en ti”.

Estuvieron sosteniéndose la mirada por largos minutos, con los rostros sonrojados y sus pieles algo perladas, comenzando a sentir el frío de la tormenta, que no notaban al verse la pequeña habitación elevada de temperatura, tanto así que los vidrios mostraban una fina mancha de paño.

—Como me gustaría no quererte ni desearte tanto pequeño cabrón.

Se volvieron a unir con besos y caricias que luego de unos minutos el mayor interrumpió para llevarse unos dedos a la boca con el fin de humedecerlos y con ellos totalmente empapados preparar lo mejor posible a su pequeño amante, alistándolo para recibir algo más grande dentro de él.

Ubicó el primero de sus finos y largos dedos en la entrada del menor, empezando a presionar un poco, luchando contra el anillo de músculos que querían evitarle el pase, pero tampoco sin precipitarse y así causarle daño alguno. En esos instantes el otro apretó fuertemente los ojos, tensando de inmediato todo su ser, era incómodo y doloroso sentir algo externo dentro de su cuerpo. Inspiró fuertemente varias veces y gimió alto cuando esa extremidad se movió dentro de sí, lo que pronto alertó al moreno.

—Pararé ahora, te estoy lastimando –confirmó empezando a sacar el dedo, que comparado con su amigo quedaba bastante pequeño (no que lo presumiera pero sí era un gran orgullo para él), sin embargo el otro reaccionó y gritó para evitarlo.

—Sólo… no seas brusco –El otro accedió, condicionándolo que apenas no lo soportara le detuviera, aún sabiendo que jamás le pararía, le conocía suficiente como para saber que nadie le quitaba una idea de la cabeza sin haberla cumplido. Sonrió en su interior por esto, eran muy parecidos en ese aspecto.

Cuando terminó la fase de preparación el pelinegro se acomodó mejor entre el cuerpo del otro y colocó su miembro justo en la entrada recién dilatada, presionó un poco logrando apenas entrar y el rubio se tensó nuevamente ante tal invasión. No se lo imaginaba “tan grande”.

Apretó en sus puños la manta debajo de su cuerpo y cerró los ojos esperando poco a poco que el otro entrara. Listo en su interior Bill esperó que el rubio se adaptara y empezó a besarle delicadamente los labios, sintiendo como poco a poco el cuerpo que le aprisionaba cálida y deliciosamente se destensaba, permitiéndole a sí mismo evitar correrse tan pronto en su interior.

Minutos después el menor se movió contra el mayor en medio del beso, indicándole que podía comenzar a moverse. El moreno lo hizo muy despacio, queriendo evitar por todos los medios posibles dañar Tom, quien cerraba los ojos queriendo ahuyentar el dolor que le invadía junto a una nueva sensación que experimentaba que iba ganándose terreno dentro de su ser.

—¡Ahh! –gritó arañando la espalda del otro cuando logró tocar un punto en su interior que lo hacía delirar. El otro en cambio se asustó pensando que lo lastimó y planeaba salir, pero nuevamente su rubio lo detuvo— a—ahí o—otra—a ve—z mmm… —una sonrisa se le dibujó y con más confianza le volvió a embestir suavemente pero aumentando lentamente su ritmo.

Cuando se sintió próximo en correrse tomó el miembro del niño y empezó a masturbarlo, brindándole otra maravillosa sensación que pronto lo llevó al clímax, contrayendo sus músculos y a su vez haciendo terminar al otro.

Tras limpiarse se acostaron cómoda y cálidamente, el pelinegro teniendo a su rastudito acostado en su pecho, a quien brindó unas tiernas caricias más antes de caer dormidos los dos.

Tom descansó pensando en que si su amor siempre le quitaría el miedo a las tormentas de esa forma, deseaba tenerlas más a menudo.

Mientras Bill podía odiarse cuanto quisiera. Se había convertido en lo que más odiaba.

Continúa…

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por Medianoche

Escritora del Fandom

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