Mi niñero favorito 17

Fic TOLL de Medianoche

Capítulo 17: De problemas, flechas & fotografías

Después de un tiempo de pensar en ese terrible episodio de su vida volvió en sí y notó que estaban por llegar a la casa de su amigo Georg ¿cuánto tiempo estuvo en “trance”? Se acomodó como es debido en el asiento y esperó, gritando cada vez que había un bordo o un bache y sus pompitas “rebotaban” duramente.

Finalmente llegaron a su destino y el pelinegro estacionó fuera del garaje de su amigo. Bajaron del auto y tocaron a la puerta, un despeinado y somnoliento Georg les atendió momentos más tarde.

—Viejo ¿Qué horas son estas de joder a la gente?

—Son las once, muy temprano, lo lamento –dijo burlonamente.

—¿Podemos pasar? –Gritó el niño— quiero usar el baño –terminó poniéndose las manos en su hombría y apretando cuanto podía las piernas. El castaño le miró con ojos grandes y abrió más la puerta para dejarle entrar, pronto el niño corrió al interior.

—¡A la izquierda! –gritó al verlo frente a las escaleras no sabiendo a donde ir. Se rió limpiamente—. ¿Qué hace un gorila en mi auto? –preguntó al ver el peluche pero en vez de una respuesta el pelinegro lo atacó bruscamente, acorralándolo contra la pared.

—Necesito tu ayuda –dijo mostrando sus ojos cristalizándose.

—¿Qué pasa?

—Pasa que soy la peor escoria del mundo

—¿Alguna novedad? –Intentó bromear pero cambio recibió una fría pero lastimera mirada – ¿Qué sucedió?

—Lo hice Georg, lo hice… soy de lo peor… arranqué la inocencia de un pequeño… soy una mierda, demonios…

—Espera ¡¿Qué?! ¿Tú…? ¿Tú le a….? ¿Cómo sucedió? Porque según tengo entendido tú detestas a muerte a los putos pedófilos… —El moreno sólo asentía sin poder contener las lágrimas en sus ojos. Su amigo pronto le abrazó y apretó contra su pecho— Demonios Bill… si alguien se entera…

—¿Dirás algo? –Se preocupó alzando el rostro para mirar a su amigo a los ojos— Demonios, hazlo… ¿qué tal si lo vuelvo a hacer? ¿Y qué pasaría si después de 23 chicos comienzo también a matarlos? Dios soy una mierda… Georg entrégame…

—Yo… jamás podría… ¿pero cómo sucedió? ¿Lo obligaste? ¡DEMONIOS! ¡¿LO OBLIGASTE?!

—¡NO! Yo… sería incapaz… sólo… no sé Georg… Georg tengo miedo –siguió sollozando contra el pecho de su amigo—. Lo lastimé, le hice daño, le hice sangrar… Jamás me lo perdonaré…

—Tranquilo pequeño –le consoló con suaves movimientos en la espalda, mientras el niño rubio los miraba desde una esquina de la casa, sintiéndose miserable, por su culpa su moreno tenía los nervios destrozados, si no le hubiera instado a seguir…

Rápidamente y como pudo se movió de su lugar y abrazó las piernas de su niñero.

“Te quiero.” Dijo sencillamente y su abrazo fue correspondido con gran fuerza hasta el punto de casi asfixiarse.

Momentos más tarde el castaño de ojos verdes sintió que era momento de romper esa melosa atmosfera y planeando rápidamente les invitó a pasear al centro para divertirse un rato, nunca percatándose de su atuendo y ya con la puerta abierta, listo para salir a la calle a punto de salir hacia su auto, motivo por el cual el niño rió.

Llevaba un pants bastante grande, verde con franjas blancas, una playera de Nena que alguna vez le regaló el moreno sólo para fastidiarlo, completamente descalzo y su cabello se encontraba revuelto. Pero tan galán como era respondió que así se vea muy sexy. El niño rió con más ganas y casi se sintió ofendido.

“Pues bien chico sexy, ¿por qué no te arreglas en lo que yo me maquillo en tu baño? No vaya ser que un grupo de mujeres ochentonas urgidas te vean y secuestren para hacerte no sé qué tanto.” Salió de boca del moreno, un poco compuesto de su pasado estado.

Se rieron un poco más y anduvieron a hacer lo que dijeron, el pequeño acompañando al pelinegro en el baño, mirando atentamente cada uno de sus movimientos al maquillarse y al arreglar su precioso cabello, sólo entonces reparó en la ropa que vestía, más específicamente en su chaleco, ese chaleco negro con estrellas blancas… el que muchas veces le vio puesto cuando andaba en patineta con sus amigos…

En varias ocasiones se imaginó a sí mismo en una tabla de skate paseando en el parque al lado del ser más hermoso que conocía, quizá tomados de las manos o comiendo un helado.

—Quiero que me enseñes a andar en patineta –dijo en voz alta no realmente deseándolo.

—¿Cómo sabes que sé eso? –preguntó separándose de su labor en el espejo y mirando al niño. Esa era una de sus más ocultas pasiones, eso y cantar, solo lo practicaba con amigos, donde gente no le viera, generalmente en un parque abandonado a las afueras de la ciudad, en muy pocas ocasiones lo hicieron detrás de su casa en una rampa improvisada.

—Yo… —pero ni tiempo tuvo de pensar una excusa cuando el más grande llegó avisando que ya estaba y era hora de irse, el moreno asintió recogiendo sus cosas, olvidando momentáneamente lo acontecido apenas unos segundos con el sonrojado rubio, mientras Georg le regalaba un guiño de complicidad.

Él lo sabía, sabía cuánto hacía el niño por llamar la atención de su querido amigo pelinegro, lo sabía desde hace bastante tiempo.

La primera vez que miró al niño se quedó fascinado por su carita tan linda, pero más aún por cómo veía al moreno, quien se encontraba al otro lado de la barda de su casa, coqueteando con Simone vivamente, aún cuando en ese entonces tenían relación sentimental alguna, aunque complicada, pero así fueron ellos, casi era una relación abierta.

Después comenzó a creer que el niño gustaba de Bill cuando en una ocasión se encontraba en casa de su novio. Thomas estaba en el patio delantero haciendo un desastre total con el precioso jardín de la rubia, misma que no podía controlar a su hijo de ningún modo, al otro lado de la cerca un divertido pelinegro se reía por las travesuras que el blondo hacía con una gran sonrisa, y así hubiera seguido de no ser por la bocaza del moreno.

—¿Ya entiendes a lo que me refiero? Si me aceptaras como pareja, pondría a ese niño en su lugar, sería la mejor figura paterna que pudiera tener –Tras esas palabras el niño se metió corriendo a la casa, dejando a Simone sin saber qué hacer, o si podía hacer algo por salvar sus plantas, pero algo que sólo él pudo notar le rompió el corazón, la mirada de desilusión del pequeño, la mirada que uno pone cuando se siente rechazado…

—¡Por Dios Bill! –Fue lo que le gritó molestó metiéndole un golpe involuntario en su mejilla, acto del que tanto Bill como su vecina se sorprendieron, pero lo atribuyeron al hecho de que se sintió celoso y molesto, muy dentro en su interior escondió el verdadero motivo: Se sentía furioso por haber lastimado de una manera bastante dura al niño—. Lo siento… yo no quise… —Se excusó después de percatarse de lo que hizo.

Pronto el pelinegro lo quiso contentar, de una manera que él sabía le gustaría al otro. El castaño quiso contenerse pero era hombre, y por sobre eso, la relación que el pequeño deseaba era imposible, así que solo disfrutó. O eso quiso hacer.

Cuando entraron a la sala se abalanzaron el uno por el otro, terminando en el sofá con Georg atacando como lobo hambriento el cuello del otro, cuando miró por la ventana, al otro lado, en la otra casa, un niño con muy corta edad miraba la escena que se desarrollaba en casa de su vecino, llorando a lágrima viva, fue ahí que Georg confirmó su teoría: Thomas estaba enamorado de Bill.

Ese día no consiguió una erección, todo por saber que un pequeño corazón inocente salía afectado por todo esto. En los días siguientes su relación como pareja se vio totalmente despedazada, terminaron a voluntad del mayor, aún cuando este sabía que con su ruptura no hacía nada. El niño no se ganaba el corazón de su amor platónico, incluso seguiría sufriendo de la misma formas. Y en lo que ambos enfriaban sus sentimientos se dejaron de frecuentar, entonces el ojiverde dejó de saber del remolino blondo, jamás le volvió a ver, aunque sabía que seguía viviendo donde mismo.

&

El día por las plazas principales de la ciudad fue fantástico y hubiera sido mejor de no ser por los repentinos quejidos del menor, sollozando por su dolor anal, pero ninguno de los otros se quejaba, mucho menos el moreno, que sabía eso era su culpa.

Siendo cerca de las cuatro el estómago de los tres sonó animando a Georg a una comida en su casa, el día anterior su madre le había visitado y dejado bastante comida que el castaño no podría acabarse solo, eso y contar con poder divertirse más con los otros le parecía una razón demasiado buena como para hacerlo, decir que la comida estaba deliciosa sobraba, después de todo su madre era la iniciadora de una cadena de restaurantes bastante exitosa con recetas secretas, manejada en la cocina únicamente por familiares “para guardar los secretos”. De ahí que el ojiverde casi nadara en dinero.

Llegaron pronto a la casa y como si estuvieran en una carrera corrieron a la cocina para devorar cuanto hubiera en el refrigerador. Arreglaron una apetitosa mesa y se sentaron, el pequeño en mullidos almohadones para “hacerle a sus nalguitas una estancia más cómoda”. Acabaron todo y se fueron a la sala a platicar un rato más, el mayor con una cerveza y los otros dos con un jugo de naranja.

—Vamos Tom, no me digas que saliste mariquita, anda un trago nada más –le insistía el castaño con la risa desbordándosele, pareciera que ya estaba ebrio.

—Que no Georg, para, aléjale eso a mi niño –grito enojado el pelinegro dando un manotazo a la bebida y tirándola de la mano de Georg

—Hombre, eso no era necesario… —dijo lastimero viendo tirado todo el contenido— caray, que el niño quería probar…

—No es así, y será mejor que nos vayamos, mañana nos llevas las cosas por favor, y haces lo que te pedí

—que sí Billa… espera, espera –gritó viéndolos ir a la puerta— ¿no me regalan una foto? Es que se ven taaan lindos juntos… vamos ¿sí? –se agachó hasta quedar a la altura del niño y le picó una mejilla, haciéndolo reír— ¿sí? ¿sí?

—Pero ya no me piques –sonrió el castaño y sacó su cámara de un cajón de la sala, los otros dos se acomodaron.

—Te mato si la publicas en el diario de la escuela –amenazó el pelinegro con una pequeña sonrisa ladina. Colocó su mano derecha en el hombro del niño y con el otro le abrazó, el niño con una sonrisilla un poco tímida.

—¡Digan whisky! –y un “clic” se oyó; después de la inmortalización del momento salieron los invitados tomados de la mano.

&

—Creo que Georg es raro ¿por qué te gusta? –platicaban ya a unos cuantos pasos de llegar a la casa del pequeño, ignorando los dos vehículo con tinte azul aparcados cerca de su acera

—Georg no es raro… sólo es… Georg… y no me gusta, créeme, nosotros no funcionamos así

—Seguro es porque te gustan todas las chicas que ves –soltó recordando a la tipa del parque de atracciones, Bill se sintió mal para lo quiso disimular. Se paró en seco y le miró.

—Humm… eso dolió pequeña sabandija… creo que tendré que castigarte –y sin darle oportunidad a nada lo tomó y comenzó a hacerle cosquillas en el estómago corriendo a la entrada del hogar, provocándole unas carcajadas enormes. Al entrar por la puerta abierta, que ignoraron debido al momento, se dirigió a la sala y depositó al niño en el sofá, donde tuvo mayor oportunidad de atacarlo.

—Para jajajajaja, ya jaja Bill…. Yaa…. Jajajaja… ya… ya…

—¿A, sí? ¿Quieres que pare? –preguntó muy cerca del rostro del otro, mirándole a los ojos, volviendo a olvidar sus temores y con deseo de besar esos deliciosos labios que le hacían perder la cordura. El blondo le sostuvo la mirada fijamente y se hubiera acercado de no ser por unos pies que no pertenecían a ninguno de los dos

—Bill –susurró con miedo, el otro siguió su mirada y espantado se levantó, encontrándose con dos mujeres de edad considerable viéndole molestas, muy molestas— ¡Abuela! ….tía Marcia…

—Señoras… esto…

—¡¿Qué se supone que le estabas haciendo a mi angelito?! –Gritó la más vieja de ambas— ¡¿Y quién eres tú?! –Se acercó a él y comenzó a golpearlo con su bolso— ¡Policías! ¡Policías! –Y en eso tres hombres uniformados bajaron corriendo las escaleras y se aproximaron para detener las agresiones de la mujer— ¡Llévensela! ¡Ésa fea mujer fue quien secuestro a mi angelito!

—¡Fea mujer! ¡Fea mujer mi ver…!

—¡Grosero! –Y la otra de las mujeres le pego la cachetada más fuerte de su vida, incluso más de lo que se los daba Georg—

—Damas, por favor… chico ¿nos acompaña por favor afuera?

—¿Qué? ¿Pero por qué? ¡Yo no hice nada!

—¡Por favor! –y se lo llevaron al jardín a la fuerza, dejando a Tom casi asfixiándose entre los brazos de su abuela, llorando por su niñero “se lo llevaron, se lo llevaron por mi culpa, porque lo amo… porque me amó….”

Continúa…

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por Medianoche

Escritora del Fandom

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