Mi niñero favorito 7

Fic TOLL de Medianoche

Capítulo 7: De gustar y de esperanzas

El amigo del pelinegro resultó siendo Georg, un compañero de clase pero dos años mayor que él, fue a buscar al moreno a su casa pero al no encontrarlo optó por preguntar a la vecina, por si sabía algo de él, cuánto se sorprendió al ver a Bill abrir la puerta, entonces su cerebro reaccionó ¿finalmente se le había hecho a su moreno amigo el tirarse a su vecina? Y como siempre Georg no se quedo con la boca cerrada. Tras la explicación no aceptada del pelinegro, el ojiverde corrió a molestarlo como solo ellos dos, dándose unas fuertes palmadas en los glúteos.

No era ignorado en la escuela ala que asistían que algo hubo entre ellos, siendo la pareja “bomba”, como todos los catalogaron. Ya eran dos años que terminaron en buenos términos, aunque si necesitaban “algo más” el otro estaba ahí. Todos decían que Bill era el pasivo ¿qué pasaría si se enteraran que no era así? probablemente nunca lo sabrían, y no había por qué indagar ese hecho.

—¿Quién es él? ¿Qué hace aquí? –refunfuña el rubio de rastas después de 10 segundos de ver a ambos chicos golpeándose el culo

—Él, mocoso, es Georg, y comerá hoy con nosotros

—¡No lo quiero en mi casa! ¡¡Que se marche!! –reclama acercando un poco su rostro al del mayor

—Él no se va, tú jugarás con Andreas, Gigi y yo tenemos tareas –grita acercando un poco más el suyo dejándolo a pocos centímetros del contrario, hecho que no pasó desapercibido a los otros dos pares de ojos

—Me tropecé ¡perdón! –Gritó Georg entre risas tras empujar a Bill contra el niño, uniendo sus labios de forma de brutal y dejando un terrible dolor de dientes que ninguno trató de disimular

—¡Que se marche!

—¡Pues bien! NOS vamos –tomó al chico de brazo y se lo llevó fuera de la casa, hacia la suya propia.

&

Habían pasado 30 minutos desde que salieron y 10 desde que los rubios se dispusieron a espiarlos con unos binoculares y un telescopio, en ese lapso les vieron comer pizza y beber sodas, de dieta para Bill

—¡Esto es aburrido Tom! Y tengo hambre, el sexy no terminó de cocinar, y tú no estás más enfermos, pidamos pizza también –gruñó el platinado pero siendo ignorado olímpicamente por el otro. Resopló y sentándose en un sofá a su lado se dispuso a llamar a la pizzería más cercana

El tiempo seguía pasando y ahora el reloj decía que eran las 4:30, el timbre sonó y Andreas corrió como alma que lleva el diablo, su tan ansiada pizza con extra queso había llegado. Tomó un jugo del frigorífico, un par de vasos desechables y servilletas –que no utilizaría por limpiarse con la manga de su playera—, con ello encima anduvo al cuarto de Tom, a quien llamó para que bajara del ático, este se separó de los lentes únicamente porque no le gustó lo que veía. Su amor platónico besando a ese tipo de cabellera sedosa… ¿y si era eso? Tom haría algo al respecto, de eso estaba seguro.

Bajó resoplando esa escalerilla hecha de sogas, y se echó a la cama, Andreas lo miró en silencio y con una rebanada en la boca, estaba claro que Tom realmente gustaba del pelinegro, no sabía si en verdad lo amaba, pues aún era joven, pero eso sí, le gustaba mucho.

Él siempre lo dijo, su amigo era tonto, no sabía elegir nada, y de eso se rió, incluso él pensaba que era adorable el rastudo, y el moreno un idiota por no verlo. Esperaba que esa tonta apuesta sirviera para dar un empujoncito al rastudo y ayudarlo con el moreno, aunque le doliera en el alma perder sus tan adorados dinosaurios.

Tomó la caja y se le echo en la pansa que mostraba una pequeña curvatura, aspecto por el cual Andreas le llamaba osito, según él por pachoncito. Se sentó a su lado y le regaló una sonrisa que el rastudo agradeció enormemente, por eso adoraba a su platinado, le comprendía y daba espacio cuando lo necesitaba.

Se sentó y tomó una rebanada que comió casi en un segundo, seguro sobrevivía con pizza únicamente.

Por otro lado –en la otra casa— los dos chicos daban el beso por finalizado.

—Creo que debo volver a casa del trapeador, aún no termino la comida

—Eso no te importó hace un momento

—Y a ti no debería importarte ahora

—Bill –habló acomodándose en el sillón para verle mejor— ¿Qué piensas del hijo de Simone?

—¿Que será mi futuro hijastro?…. ¿A dónde quieres llegar?

—A que no lo ilusiones, ese niño te quiere…

—Lo sé…. Soy fácil de adorar

—Le gustas –confirmó— No lo ilusiones que lo lastimarás, apenas tiene 10, es muy joven para sufrir el dolor del amor…

—No sé de qué demonios hablas –estalló poniéndose de pie ante él— ¡A ese niño le gusta una chica! ¡Y yo tengo un pene que tu culo reconoce muy bien! No seas idiota Georg

—El idiota eres tú ¡Sólo no lo hagas sufrir! Es lo único que te digo ¿de acuerdo? –Se puso en pie, tomó sus cosas y salió

—¡Gustar a ese niñato! ¡Por Dios! ¿Desde cuándo nacen gays? Juu…. A ese Georg lo han bateado fuerte, le diré que deje el equipo de beisbol

&

Cuando el reloj marcó las 5:30 la madre del platinado fue a recoger a su hijo, dejando solos nuevamente a Bill y Tom. El primero se dispuso a asear las zonas afectadas por la suciedad y el segundo a hacer su tarea.

Mientras tanto el pelinegro seguía dándole vueltas a lo que su gorila amigo le dijo ¿gustar al niño? ¡Por supuesto que no! ¿Pero ya se habría insinuado? El recuerdo del restaurant lo atacó, Tom se lo quería comer, y Tom le dijo que mejor se veían sus ropas oscuras ¿significarían algo? ¡No! Sólo un niño inocente que dice las cosas sin pensar, sí eso era…

—¿Entonces por qué gemía mi nombre? –Se preguntó soltando la escoba y sentándose en la cama del rubio y luego se acostó, notando esa puerta otra vez, aquella que nunca recordó cuando buscaba a Tom ¿Qué habría ahí que el rubio no quería que pasara? ¿Debería desafiarlo?

Se puso de pie ¿sí? ¿No?…. Sí…

—Bill —quizá en otra oportunidad, el pelinegro volteó— luces cansado ¿tienes sueño?

—Uh… —carraspeó— ¿pasó algo?

—¿Me ayudas? Matemáticas, no le entiendo

—C-claro

—¡Gracias! –Corrió a él para abrazarlo— te quiero –finalizó, encendiendo una alarma en la cabeza del mayor “te quiero” ¿podría significar un “me gustas”?

“¡Claro que no! Georg estaba fumado” Pensó. Sonrió y abrazó al pequeño en un lindo gesto. Él también comenzaba a quererlo, y mucho.

Lo tomó como quien toma un portafolio bajo el brazo y se dirigió a las escaleras, escuchando la dulce risa del niño.

Pareciera que el moreno era un flaco debilucho, pero nada de eso, la natación le daba cierta fortaleza y unos finos músculos. También el lanzamiento de disco y bola le ayudaban a desarrollar su fuerza.

Llegó a la sala y aventó al niño al sofá casi sin cuidado, aún así el niño reía contento ¿y cómo no si su más grande sueño se hacía realidad? Tenía al pelinegro a su lado, cuidándolo como nadie más, ni siquiera su madre, haciéndolo reír y ayudándolo. Con un poco de suerte lo enamoraría y serían una feliz pareja…

No era tonto, sabía que podría meter en problemas al moreno si eso pasaba y alguien se enteraba, pero la esperanza jamás había matado a nadie. O al menos él no se había enterado de esa noticia.

Continúa…

Gracias por la visita.

por Medianoche

Escritora del Fandom

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