
Fic TOLL de Medianoche
Capítulo 8: ¿Y ahora qué?
—Yo me voy a dormir –avisó el niño a su niñero, parado en el marco de la puerta, tallándose los ojos y vestido solo con una bata de baño, pequeña para él, apenas si le cubría desde un cuarto de muslo— Perdón –se disculpó al notarlo hablar por teléfono, el otro inmediatamente colgó
—Descuida –respondió casi naturalmente, se sentó en la cama y extendió a “Mr. Teddy” hacia el niño. Este frunció el ceño— ¿No lo quieres?
—No… eso es para niños, yo ya soy un adulto –contestó mordiéndose el labio inferior. Él amaba a Mr. Teddy, y juraba que siempre lo haría, pero mientras se duchaba había tomado una decisión: ser un hombre, un hombre que Bill quisiera, un hombre para Bill. Haría cualquier cosa por ganárselo, dejar sus juguetes se incluía en esa lista, aunque conllevara separarse de su incondicional oso de felpa, ese que lo acompañó en muchas tormentas y juegos de sombras tenebrosas.
—Mañana me gustaría limpiar mi habitación ¿me ayudarías? –formuló pensando en deshacerse de TODOS sus juguetes de una buena vez, ¿qué mejor que con Bill para que notara su cambio de niño a hombre? Aunque pedir ayuda quizá no hubiera sido muy buena idea. Ya se mordía la lengua por haberlo dicho.
—Bien…. –Dijo algo desconcertado ¿Qué niño, y cabe recalcar VARON, gusta de limpiar su pieza? Tom era especial, de eso no le cabía ni la más minúscula duda. Deshizo la cama y volteó— uh… ¿te quedas? –Preguntó no muy seguro. Ahora… ¿Tom debería rechazarlo? es decir, él ya era todo un hombre desde que salió de la ducha, debería negarlo, ¡Pero moría por hacerlo!
Sin pensarlo más corrió a la cama mostrando una amplia sonrisa, ¿qué tan seguido el amor de tu vida te invita a dormir con él? Se subió y comenzó a saltar en ella, dando vista al mayor de su trasero —que quedaba al aire cuando su única vestimenta se elevaba—.
El moreno se acercó a él y lo tomó por detrás, de la cintura, deteniendo sus saltos y dejándolo de rodillas en la cama, con las piernas separadas y medianamente visibles, también con el hombro izquierdo de su bata caído mostrando su hombro y parte del pecho. El niño se sonrojó notoriamente.
—Te puedes caer –susurró cerca del oído del niño, provocando tener una piel de “gallina”. Hizo amago de separarse pero unas pequeñas manos sobre las suyas se lo impidieron.
“No te apartes” pidió con las mejillas ardiendo y la mirada gacha. El mayor pegó más sus cuerpos y dio un rápido beso en la mejilla del menor, este suspiro y armándose de un valor que no supo de dónde sacó, tomó las manos del más grande y las deslizó por su barriguita y sus piernas, enseñando al tacto del moreno su piel tan suavecita.
Una de las manos la hizo seguir recorriendo sus piernas mientras la otra era dirigida por el torso del pequeño, pasando por el pecho un par de veces, finalmente esa mano terminó acariciando su cuello y detrás de su oreja derecha.
Mientras tanto el moreno se disponía a pasear sus labios por la mejilla, cuello y hombro del rubio, degustando su piel, soltando jadeos y robando gemidos. Giró un poco el rostro y con la punta de su nariz acarició detrás de la otra oreja, ya se había enterado que ese era un punto débil del pequeño, así como sus piernas y vientre, siendo esta última su favorita por esa pancita tan adorable, algo que para ser honestos envidiaba, ya que se pensaba un “saco de huesos” él mismo.
Pronto su pantalón comenzó a sentirse apretado y seguro pasaría igual en el otro si el rastudo estuviera vestido.
—Me gustas… Bill –confesó finalmente el rubio con las lágrimas atacando sus ojos, presentía que sería rechazado.
El pelinegro no supo qué hacer, quería al niño, sí, pero como quien quiere a un hermano menor… ¿aunque qué chico se deja manipular por su hermanito? ¿Quién se da el lujo de ese tacto? ¿Qué hermano despierta por el otro? Él, si hermanos fueran.
Y ahora era cuando el arrepentimiento le golpeaba ¡Jamás debió tocar al niño! Eso estaba más que claro, no estaría en ese dilema, debió separarse ¡No debió ofrecerle dormir juntos! Le hubiera dicho un simple “buenas noches”
¡¿Y por qué no entendía que el “hubiera” no existe?!
Apenas pudo abrir la boca para decir algo cuando el teléfono le salvó. Se alejó del de rastas y tomó el auricular mientras el niño salía corriendo con lágrimas surcando sus suaves mejillas.
Ahora el pelinegro podría darse el lujo de sentirse plenamente pésimo y enfermo.
&
—¿Tom? –Llamó el pelinegro abriendo lentamente la puerta. La llamada había finalizado, era Simone que quería hablar con su pequeño, recibiendo la misma respuesta de siempre “ya se durmió” ¡Y qué casualidad! Pero ella no replicaba, ni siquiera lo dudaba, o eso parecía, más aparentaba ser una madre desobligada, apostaba a que si llamaba a las tres de la tarde y le decía lo mismo se lo tragaría igual.
La luz de la luna entraba por la ventana, iluminando un bulto de mantas que temblaba ligeramente y emitía unos sollozos casi inaudibles. A paso lento y temeroso se acercó a él y se sentó lentamente a su lado, el capullo disminuyó sus temblores y sollozos, pero seguían presentes.
—Tom… —susurró lentamente, queriéndole acariciar la espalda, el rubio apenas sintió un ligero peso sobre sí se separó bruscamente y se escondió más si podía dentro de ese capullo de mantas que parecía lo escudaban de la crueldad de la vida, del dolor que le provocó ese rechazo.
—¡¡¡NO!!!
—Tom… —intento decir pero un nudo en la garganta se lo impidió. Se aclaró y siguió— Tenemos que hablar…
—¡No estoy!
—Tommy…
—¡No me llames Tommy! –Se exasperó deshaciéndose de las mantas que formaban su capullo, descubriendo sus hinchados ojos rojos y su mueca de destrozo— ¡No tienes derecho! ¿Qué quieres? ¿No es suficiente ya todo?
—Tom… —Sollozó haciendo el intento de abrazarlo pero siendo repelido por un manotazo. Esa mirada de profunda tristeza y desilusión le podía ¿por qué tenía que ser tan idiota? Debió escuchar a Georg, pero era tan estúpido.
Se abalanzó sobre el minúsculo cuerpo que lo rechazaba, sin importar cuántos golpes le lanzaba para alejarlo, y lo apretó contra su pecho, rompiendo a llorar él mismo, se sentía tan mal por hacer sufrir a ese niño al que consideraba un ángel mismo.
—Lo lamento Tom, discúlpame –pidió acariciando la espalda del menor que simplemente decidió dejarse hacer por el otro, llorando esta vez en el pecho del mayor, abrazándolo por la cintura, extrañando también a su confidente de tantos años, Mr. Teddy, que le escuchó incondicionalmente y sin embargo él lo rechazó para ser todo un hombre y terminar siendo bateado.
—Perdóname por ser un niñato de diez años, si pudiera adelantaría el tiempo para ser un hombre para ti –confesó sin poder evitarlo, sintiendo a la vez la satisfacción de deshacerse de un peso que lo molestaba y de dejar en claro sus sentimientos, sin tabúes de ningún tipo
—No Tom –respondió y le levantó el rostro para verlo a los ojos— Así eres perfecto, así me gustas –dijo sorprendiéndose a sí mismo siendo invadido de pronto par la compresión en un golpe a su cabeza: No molestaba a su vecina por ninguna cita, no la buscaba con cualquier excusa tonta para verla sino para mirarlo a él, por eso la buscaba antes o después de clases, cuando salía su mamá y él se quedaba. Por él se saltaba las clases para llegar a la hora del timbre de la escuela del menor a “recordar viejos tiempos”. Él era su razón.
—Te quiero Tommy –habló otra vez, acariciando la cintura desnuda del menor (al llegar a su habitación el rastudo corrió a la cama sin preocuparse por la ropa, y su bata se había corrido hasta su cintura)—, tal como eres. Con tu edad, con tus juegos y tus incoherencias, con tus acosos desde la cocina –el menor se sonrojó ¿acaso le había visto en alguna ocasión?— Con tus ojitos castaños, tus horrendas rastas rubias –recorrió con delicadeza toda la espalda del niño— y con tu maltratado oso de felpa –finalizó tendiéndole el peluche que mantenía cerca de su cuerpo, inmediatamente el rubio lo abrazó—
“Te quiero tal como eres, con tus pros y tus contras, no es necesario que crezcas para mí, porque así podría crecer contigo” dijo por última vez y atrapó los labios del menor con un beso de puro contacto, simples labios contra labios durante no más de cinco segundos. Se separó y aventó al pequeño de espaldas a la cama, iniciando un conjunto de risas y una guerra de cosquillas en la que el menor llevaba las de perder, pero en un momento en que se vio libre de huir se levantó y corrió por la casa, intentando huir del pelinegro que lo seguía muy de cerca, entonces decidió entrar a la cocina, haciendo frenar al mayor de golpe.
—¡Ni creas que entraré a un lugar donde estés tú, intentando huir de mí, cerca de botellas con salsa de tomate! ¡Me niego! –Se cruzó de brazos y pasó de largo hacia la sala con un paso chulo, el menor se asomó y le vio sentado en un sillón con semblante molesto. Con cierto temor se acercó a él hasta posarse en su delante donde precipitadamente fue tomado y tumbado en el sillón, nuevamente con una invasión de cosquillas que le hacían desgarrar la garganta a carcajadas
—¡Ya para Bill! ¡Ya! Jajajajaja ya… yaaajajaja para, para…. –pedía siendo finalmente escuchado y aplastado por un cojín y el cuerpo del mayor— Ñee, ni que pesaras tanto
—¿Ah, no? –Se puso de pie y luego se sentó “sobre” el menor, en realidad sólo le pasó las piernas sobre la pansa, no es que tuviera la verdadera intención de aplastarlo y lastimarlo
—Ahora ya ni te siento
—Es que dormí tu cuerpo ¡Muajaja!
—Estás loco –se burló tiernamente regalándole una sonrisa genuina, el otro acercó su rostro y le miró a los ojos
—pero así me quieres ¿no? –jugó sonriendo también antes de cerrar sus ojos y terminar de cortar esa distancia agonizante que separa sus labios de los adictivos del menor, mismo que lo recibió con el gusto pintado en la cara. Pasó sus brazos por el cuello del mayor y acarició lo que sus manos alcanzaban.
Ahora una pregunta le rondaba la cabeza ¿Qué eran?
Continúa…
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