
Fic TOLL de Medianoche
Capítulo 9: Porque él es mío
(Aparece el caballero medieval)
La mañana siguiente amanecieron ambos abrazados en el sillón y con los rayos del sol colándose por la ventana, dando directo en los ojos del mayor quien perezosamente se movió de su lugar para al fin levantarse, siempre cuidando de no mover al niño y despertarlo. Intento fallido.
—¿Bill? ¿A dónde vas? –preguntó somnoliento, volteándose a verlo y tallándose los ojos. El pelinegro se acomodó a su altura y le besó en la frente
—buen día, iré a ducharme y luego el desayuno
—¿Ducharás el desayuno?
—Muy gracioso, ahora duerme, te despierto más tarde –besó otra vez su frente y dio media vuelta para perderse por las escaleras hasta que el rubio lo detuvo
—¿Puedo bañarme contigo? –el mayor giró de nuevo y le alzó una ceja, incluso se había dormido con solo la bata de patitos chillones. Quiero oler bonito
—Uh… como quieras –le extendió una mano y el pequeño corrió a tomarla y subir junto a él hasta el cuarto de baño, donde se desprendieron de sus prendas, quedando el menor desnudo y el pelinegro con sus entallados bóxers negros.
Templaron el agua y ya a buena temperatura se introdujeron dentro de la ducha, empapándose prontamente de cabeza a pies. El mayor de los dos cerró la llave y tomó la botella de jabón con la figura del hombre araña, vertió un poco sobre una esponja con la que talló el blanquecino cuerpo del otro, con suma delicadeza, deslizándolo suavemente por la piel, dejando un rastro de espuma que más tarde el agua se llevaría. Más tarde cogió el shampoo –a juego del jabón líquido— y comenzó tallar la cabecita del otro con suma ternura, todo el tiempo riéndose ambos.
Abrió la llave de la regadera y se deshizo de todo jabón existente en el rastudo. Ya limpio volvió a cerrar y se sentó como indio en el suelo de la ducha, dando instrucciones al chico de que le tocaba lavarlo. Inmediatamente el otro acepto.
—Uhh… Kya… —gritaba tallando la espalda del moreno
—¿Ya te cansaste?
—Nopo, es solo que siento que lavo ropa y no me gusta lavar ropa –el otro pronto volteó y lo fulminó con la mirada
—Amaneciste muy graciosito ¿no crees?
—Tú me pones de buen humor –respondió sonriendo y el otro se derritió. Estiró su cuerpo y alcanzó los labios del rubio en un casto beso. Le sonrió por última vez y regreso a su posición inicial ordenando limpiar bien todo su cuerpo.
Finalizada esa tarea, y sin enjuagar aún ese cuerpo que tanto amaba, tomó el otro bote de shampoo –el de Bill— y vertió un buen chorro de este directamente en la cabeza el mayor, talló hasta formar una considerable capa e de espuma y de ahí lograr jugar con el cabello formando graciosos peinados.
Bill de improviso volteó con la clara intención de reñir al niño de mal tocar su cabello pero ocasionó que el pequeño fallará en su apoyo y cayera sobre el moreno, empujándolo de vientre y casi en su entrepierna, muy cerca.
El moreno no pudo suprimir un gemido y el pequeño un grito de susto. La había cagado –según él—. Se apoyó para levantar su cuerpo, sin embargo cayó debido al jabón que entre ambos poseían, presionando ahora sí ese miembro que quería despertar y el moreno gritó alto.
Pasó sus grandes y finas manos a los costados del rubio –que quería llorar— y comenzó a moverlo sobre sí, iniciando un delicioso vaivén que despertaba a ambas partes.
El pelinegro se acomodó mejor al niño encima y este apoyó sus manitas en el pecho contrario, conservando cierto temor, empezando a frotarse contra el casi rígido miembro del otro, al ver que querían lo mismo.
El pelinegro estiró su cuerpo hasta alcanzar el rostro del rubio y lo acercó al suyo para devorar los labios del otro. Coló una de sus manos a la espalda y la deslizó por ella hasta llegar a las descubiertas nalgas del rastudo. Dejó esa —un poco— inocente boca y comenzó a comer el cuello y escuchar adorables gemidos parecidos a los de una gatito
—Ugh… Bill… nya… uhmm…
—Tom… ¿te gusta pequeño? ¿Quieres que siga? –El niño no pudo ni contestar pues su garganta solo reaccionaba a soltar gemidos eróticos para el mayor. El moreno sonrió de gusto y volvió a besar al pequeño pero más castamente
Thomas miró directamente a los ojos del otro, mostrando su vista invadida de lujuria. Invirtió sus lugares y permitió que el mayor le comiera el cuerpo entero a besos mientras sus pequeñas manos acariciaban el cuello de su moreno con relajantes movimientos y ocasionales arañazos que sucedían cuando el otro acertaba a estimular sus sitios más erógenos. El moreno se separó de la piel que besaba para poder mirar el rostro sonrojado y jadeante del menor. Se acercó y le plató un pico en los labios.
—Eres precioso…
—Uhh… Bill… me duele… ngh… —el mayor sonrió y bajó su rostro a la altura de la entrepierna del otro. Sopló en la rosada cabeza y la introdujo a su boca sorpresivamente— ¡AHHH! –Gritó arqueando su espalda y más cuando el otro aspiró para lograr hacer más estrecha su cavidad y a la vez darle más placer al pequeño, después sacó el pene de su boca y dio una larga lamida al miembro una y otra vez.
Jamás se imaginó haciendo una felación a alguna persona —ni hombre ni mujer—. Con Georg sí que había tenido sexo, pero nunca oral.
—¡NGH! –gritó el niño llenando la boca del otro con su semen, arqueando mas su espalda (si es que era posible) y coloreando más sus mejillas de un adorable rojo. Al terminar recostó otra vez su espalda e intentó recuperar el aliento mientras el mayor se embelesaba admirando la belleza del pequeño. Acercó sus labios a la mejilla del pequeño y plantó un ligero beso ahí.
—Te quiero Tommy, —susurró antes de dejarle otro beso y antes de fijarse de que había caído dormido. Sonrió bobamente y se dispuso a llevar al niño a una cama cómoda donde durmiera.
Lo llevó a la habitación de huéspedes y tras acomodarlo y cobijarlo se dirigió a sí mismo al baño a quitarse el jabón que pasó a segundo plano después de disfrutar al pequeño.
En cuanto entró a la ducha y abrió la llave se dispuso a deshacerse de esa dolorosa erección bajo sus bóxers. Se deshizo de la prenda y automáticamente llevó ahí una de sus manos, empezando a deslizarla por lo largo de su miembro. Llevó la imagen de su Tommy llegando al orgasmo y pronto se dirigió a sí mismo al clímax. Se limpió con el agua que seguía cayendo en cascada sobre él y comenzó a quitarse el jabón de su ser.
Solo hasta entonces se sintió invadido de culpabilidad ¿qué sucederá si alguien se entera? Esperaba que ese momento jamás llegara.
Se terminó de limpiar y continuó a vestirse en “su” habitación. Se salió cubriéndose con una toalla en la cintura.
Al llegar al cuarto arregló su ropa luego comenzó a secarse, recordando esa noche de tormenta, la que los ayudó a unirse.
&
—Tom, ya casi es hora de irnos –gritó el pelinegro al pie de las escaleras. Casi a la velocidad de la luz
Tom llegó saltando a sus brazos desde el segundo escalón, haciéndole perder el equilibrio. Ambos cayeron pero fuerte fue el golpe que recibió el mayor. El rastudo se puso de pie con una gran sonrisa y corrió a la cocina antes de que el moreno le reclamara, sin embargo este solo se puso de pie también sonriendo. Se dirigió a la cocina y sirvió cereal al rubio en un tazón de Spiderman –Bill comenzaba a creer que le encantaba ese personaje—. Cuando el menor terminó de desayunar y se lavó los dientes fueron a la casa del otro directo al garaje de donde saco una hermosa Herley Davidson, color negro, el único regalo de su padre.
Tendió el casco al rubio –que le quedó bastante grande— y se subieron al vehículo que pronto se colocó en las calles a una velocidad moderada. En cuestión de 15 minutos ya se encontraban en esa zona escolar. Estacionó en el parking de la escuela y bajó para luego ayudar al niño, se quitó el casco y lo entregó a su dueño.
—anda Thomas… a sacar 10
—Ju… ¿vendrás por mí? Mi mamá lo hace
—Claro, y después al mandado –se montó en su vehículo y colocó el casco. Giró y se despidió con un gesto de mano.
En cuanto se alejó el niño suspiró y se encaminó a las instalaciones escolares, temeroso de con qué encontrarse dentro –o más bien, con quién—.
—¡Oye Rastafari! –Gritó un chico rubio, rellenito y con un par de anteojos, su peor pesadilla. Pronto el aludido empezó a correr en dirección contraria a él, sin embargo el otro (mayor por un año) pronto le dio alcance y lo estrelló contra un árbol, medianamente escondido de ojos ajenos.
—ahora sí, dime qué hacías
—Iba a mi salón
—¿Por qué llegaste con mi novio? ¿No sabes que Bill es mío?
—Gustav, suéltame…
—¡Te pregunté algo!
—¡No! ¡Bill es mío! –y con un coraje que nunca antes había mostrado contra él, utilizó su puño derecho para proyectarlo contra la cara del mayor y más tarde su pierna izquierda fue llevada a la zona más noble de otro.
Prontamente el rubio con gafas se contrajo de dolor en el suelo, y Tom como tonto se quedó viéndolo.
Tras un periodo de tiempo el mayor se incorporó y tal como un toro embravecido, atacó sin miramientos al rastudo, iniciando una pelea brava y con sangre donde Thomas tenía las de perder. En poco menos de 5 minutos una gran muchedumbre se colocó alrededor de ellos coreando “pelea” y a favor del llamado Gustav.
Pero el rastudo no se quedaría siendo golpeado nuevamente ¡YA NO MÁS! Defendería su honor y dignidad y, por supuesto, el amor de Bill, tal como un caballero medieval haría por su princesa
Continúa…
Gracias por la visita.